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Banderas históricas y sintonía fina


Por Mario Wainfeld

El proyecto de ley que se anunció ayer al mediodía, que ya entró al Congreso, establece la “Soberanía hidrocarburífera de la República Argentina” y define como de interés público, entre otros objetivos, el autoabastecimiento energético. O sea, va más allá de su aspecto más resonante y candente: la expropiación del 51 por ciento de las acciones de Repsol y la inmediata intervención de la empresa. Ciñéndose exclusivamente a ese primer paso, se trata de una de las medidas más ambiciosas y fundacionales de los gobiernos kirchneristas.

Por su rango, ambición y contenido simbólico se la puede emparentar con decisiones previas de los presidentes Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner: la negociación de la deuda externa, el desendeudamiento con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la reestatización del sistema jubilatorio.

Todos esos precedentes fueron tomados al vaivén de las necesidades, criticados acerbamente desde el establishment económico, implicaron riesgos enormes. Hoy día son vigas de estructura de un proyecto que lleva casi nueve años, de impar sustentabilidad económica y gobernabilidad política. Le valieron al Frente para la Victoria (FpV) un record de vigencia de su legitimidad política. Las referencias dan cuenta de la congruencia de la movida aunque no garantizan su resultado, que dependerá de múltiples avatares, en especial del desempeño estatal en la nueva epopeya.

En términos de identidad político-ideológica, la decisión consolida el frente interno del kirchnerismo, se enarbola una clásica bandera nacional y popular. Sin ir más lejos, la CGT conducida por Hugo Moyano y la CTA de Hugo Yasky ya adhirieron con fervor.

En su discurso de casi una hora, la presidenta Cristina se permitió digresiones sobre la Cumbre de Cartagena de Indias, la interpretación de su encuentro con su par norteamericano Barack Obama y hasta el sideral precio de la yerba mate. Como es (su) regla, dedicó párrafos críticos a los medios dominantes y a un buen sector del empresariado local. Esas alusiones forman parte de la crónica picante de estas semanas. Posiblemente se olviden en meses o en años. Quién le dice, en semanas. La trascendencia histórica de la ley irá mucho más allá.

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Dentro de la ley: La norma encuadra perfectamente en la legalidad vigente. La Constitución Nacional, bastante liberal en lo económico, prescribe en los dos primeros párrafos del artículo 14: “La propiedad es inviolable y ningún habitante de la nación puede ser privado de ella sino en virtud de sentencia fundada en ley. La expropiación por causa de utilidad pública debe ser calificada por ley y previamente indemnizada”. El derecho de propiedad, pues, no es absoluto. La expropiación es uno de los modos, regulados, de limitarlo. El proyecto de ley determina el interés público, fija metas e incluye la indemnización. La norma aplicable es una ley de expropiación relativamente reciente.

El Senado debe ser la Cámara iniciadora porque hay comprometidos intereses de las provincias, representadas en paridad en ese cuerpo.

Las críticas a la acción emprendida pueden versar sobre múltiples aspectos, no por desprolijidades o vulneraciones legales, aunque se vocifere el sambenito de la “seguridad jurídica”.

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Nación y Provincias: El 51 por ciento que pasará a propiedad estatal argentina se repartirá entre el Estado nacional y las provincias petroleras. Las 23 provincias y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires serán parte del Consejo Federal de Hidrocarburos a formarse. Para que la mayoría nacional valga (en la empresa y en el organismo de gestión) deberá haber acuerdo entre Nación y provincias. Ese es el contexto estratégico en que funcionará el nuevo diagrama.

En el corto plazo, aunque nada diga la norma ni haya habido menciones en el discurso, deberá atenderse a las necesidades inminentes de las provincias petroleras, que atraviesan en promedio una desafiante coyuntura financiera. Es de cajón que no podrán (no aceptarán) quedar en condiciones inferiores a las que les aseguraba el statu quo previo. Ese aspecto, central en el corto plazo, formó parte de las conversaciones entre funcionarios de Nación (incluida a veces la misma Presidenta) y gobernadores. El nivel de consenso se medirá en el Senado y en las respuestas de los mandatarios provinciales.

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España en llamas: En un mundo interconectado, los acontecimientos se comparten en “tiempo real”. Las acciones de Repsol se desmoronaron en Wall Street y en la Bolsa de Buenos Aires. Son datos significativos, que conviene matizar. Mucho de timba y de reflejos especulativos hay en esos vaivenes.

Más determinante fue la reacción en España, que aunó al oficialista Partido Popular, al opositor Partido Socialista Español, a la Corona y a los medios locales. Los dos candidatos que compitieron en elecciones generales recientes, el presidente Mariano Rajoy y su derrotado-goleado Alfredo Pérez Rubalcaba, unificaron sus voces y presencias.

La conmoción y la unidad son lógicas. Repsol es la máxima multinacional española. Los antagonismos ceden a principios comunes, tal como pasa en comunidades afiatadas, donde los cipayos no existen o son una rareza. En otros pagos, las proporciones son diferentes.

El proyecto buscó centrarse en las acciones de peninsulares preservando en general la propiedad de propietarios de otras nacionalidades. Pero hay intereses generales de la Unión Europea (UE) en jaque, en medio de una asfixiante crisis económica y financiera. España es uno de los eslabones débiles de una cadena que se muestra frágil, aspirará (y, todo lo indica, obtendrá) la solidaridad de los socios mayoritarios de la UE.

El precio de la expropiación, a fijarse por un Tribunal de Tasación en juicio, será un leit motiv de los próximos meses. En teoría, no está cerrada la hipótesis de un acuerdo, en la práctica suena imposible. O casi, siendo muy cautos.

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Los medios y el Duce: Los medios on line españoles hicieron tronar el escarmiento, en consonancia con sus ediciones impresas de las últimas semanas. Los titulares, los artículos y los comentarios de los lectores adjetivaron y sustantivaron de lo lindo sobre la Argentina, el peronismo y la Presidenta, no siempre en ese orden de prelación. Cabe reconocer que los lectores españoles insultan menos que sus homólogos argentinos cuando despotrican en los grandes medios. Aunque las comparaciones tienen un repertorio similar. Juan Domingo Perón fue comparado con Mussolini. Cristina Kirchner con Fidel Castro o Hugo Chávez.

La Presidenta evocó con elogios al ex presidente radical Hipólito Yrigoyen. Quizá por ir a la raíz histórica de su anuncio, acaso un cachito para interpelar a los dirigentes actuales de la Unión Cívica Radical. Los hispanos no se la tomaron con Yrigoyen, al menos hasta donde llegó la lectura de este cronista.

La lectura de los on line del diario argentino La Nación y el español El País mostraron un mismo error mientras comenzaba el discurso de Cristina Kirchner: anunciaron la expropiación del ciento por ciento de Repsol. La metida de pata pudo derivar de la alusión a un 51 por ciento nacional y un 49 provincial de la parte expropiada. El cronista, que es poco conspirativo y piensa que el error acecha a la tarea periodística, cree que pudo ser una coincidencia. Lectores más suspicaces (o sutiles) pueden imaginar afinidades ideológicas o cosas así.

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Miradas en Palacio: La Presidenta designó al ministro Julio De Vido como interventor transitorio en YPF, mediante Decreto de Necesidad y Urgencia. El hombre asumió en cuestión de horas. Es de manual impedir que una empresa con pésimas credenciales y tradición vaciadora quede con manos libres mientras se sustancia la expropiación.

Cristina Kirchner también mentó, encomiásticamente, al viceministro de Economía, Axel Kicillof, una figura ascendente que deberá laborar codo con codo junto a De Vido en esta gestión.

Guillermo Moreno fue otro funcionario aludido, parte en broma, parte para interpelar a las empresas que envasan y procesan yerba.

Las menciones serán objeto de análisis por los estudiosos de Palacio.

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Entrega, pergaminos y sintonía fina: A los que hablen de aventurerismo habrá que recordarles que Repsol es una empresa de un país no petrolero con cero experticia previa en la materia. Y que la participación estatal en las grandes petroleras es regla dominante en casi todo el mundo.

La entrega de YPF fue una de las mayores defecciones del peronismo en su etapa menemista. La misma fuerza, en su etapa kirchnerista, va por revertir el desaguisado. La discusión sobre el justicialismo siempre está en el tapete, hoy no es el día.

Destruir es más sencillo que reconstruir. Laburar para intereses minoritarios más fácil que consagrarse a los mayoritarios. La propuesta oficial conmueve los corazones de militantes y ciudadanos afines a su pensamiento. Pero las banderas correctas no bastan para sostener consensos sociales por largo tiempo. La dimensión gruesa está y es saludable. Las mayorías ciudadanas, sin usar esa jerga, se alinearán según funcione la sintonía fina. Esto es, la gestión estatal, los resultados, el equilibrio entre los importantes costos económicos inmediatos de la movida y los que exijan otros objetivos irrenunciables e impostergables del Gobierno.

El cambio de rumbo elegido es el mejor dentro de lo disponible. La enorme audacia, pura matriz K. Los frutos, como todo en esta vida, se irán viendo con el tiempo. Cuesta imaginar, hasta siendo muy fantasioso, que sean peores que los de Repsol, una empresa que nunca debió tener los privilegios y la patente de corso que usufructuó.

mwainfeld@pagina12.com.ar


 

 

 

 

 

 

 
por  Fernando J. Pisani

 

El “para todos” es algo que molesta a las élites, y más que a las élites, a aquellos que en su fuero interno se consideran superiores a otros, por color de piel, cultura, herencia familiar, dinero o inteligencia. Y molesta a aquello que la voz popular denominó “gorilismo”, que se ha ido renovando generación tras generación, permaneciendo su esencia inmutable.

Una notebook para cada chico, el “futbol para todos”, una educación secundaria para todos y todas (recordemos que la ley de educación promulgada por Nestor KIrchner establece la obligatoriedad del secundario), la futura “Señal digital para todos”, así como otros “para todos”, y peor aún si es “para todas y todos”, deben ser combatidos, denigrados, calumniados, en lo posible erradicados.

Un ejemplo del gorilismo actual es una nueva campaña por internet y redes sociales: bajo el título “¿Coincidencia?” se divulga una foto donde se lo ve repartiendo radios a Goebbels, el jerarca nazi encargado de la propaganda del Tercer Reich, famoso por aquella frase “Miente, miente, que siempre algo queda”.

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La imagen va acompañada por el siguiente mensaje:

“¿Pura coincidencia?   El 29 de octubre de 1938, Goebbels repartía radios a un costo ínfimo para los alemanes, tenía la particularidad que sólo se podía sintonizar la emisora oficial ¿saben cómo se llamó el programa?… “RADIOS PARA TODOS”, cualquier parecido con la realidad argentina actual es pura… ¿coincidencia?

Mas allá de que da pena ver cómo ciertas personas destilan veneno y se consumen con un odio que los afecta más a ellos que a los destinatarios de sus calumnias, es interesante hacer un análisis de dicho texto y encontrar las diferencias y similitudes con la Argentina de hoy.

Comencemos porque los aparatos de radio y televisores que tenemos en Argentina acceden a decenas y cientos de señales, no a  una como bajo el Tercer Reich. Y lo que este gorilaje evade es que la mayoría de esas señales radiales y televisivas están controladas por muy poco medios que forman parte del poder económico, ideológico y político que ha dominado a la Argentina durante décadas y décadas. También evade que el actual gobierno hizo suyo un reclamo y lucha de décadas y hoy tenemos una nueva Ley de Medios Audiovisutales que promueve que haya más señales, más voces, más diversidad y son los anti-K y pro monopolios mediáticos los que se han opuesto a dicha ley y quieren conservar el actual status quo, con un moder concentrado en el manejo de la información y la desinformación.

Lo hemos visto y padecido con claridad cuando la disputa con las corporaciones agropecuarias contra la Resolución 125, en el 2008, y en muchos casos más: no importa si la radio o si el programa hablaba del tiempo, de chismes, de música o era un informativo, la prédica en contra del gobierno y a favor de las multinacionales, -directa o indirectamente, abiertamente o a media lengua-, era incansable, tenaz y monocorde. Incluso hoy lo vemos con el tema de la inflación, el control a la venta de dólares, etc, etc.

Estos medios hegemónicos son los continuadores de Goebbels en lo que hace al marketing de las posturas neoliberales, de derecha, racistas, discriminatorias, anti kircheristas.

El poder de esas corporaciones mediáticas, que obviamente exceden lo mediático desde hace bastantes años, construyendo discursos, contruyendo “realidades”, fortaleciendo políticas, impregnando lo cultural, está expandido en cientos de cuestiones cotidianas que consideramos como naturales pero no lo son. Vamos a un bar y en el televisor está sintonizado en TN (grupo Clarín); buscamos un diario y el que está en dicho bar es Clarin y si es en ciudades que tienen diarios, seguramente estará también el diario local, que será socio del grupo Clarín, o del grupo Vila. Y si hay otros diarios son Ole (también del grupo Clarin) y La Nación, socio de Clarin en su negocio de Papel Prensa y en la defensa de los privilegios de la minoría propietaria de grandes extensiones de tierra, de los grandes bancos, de las grandes corporaciones industriales, extractivas y de servicios.

Que esos diarios estén en los bares no es responsabilidad directa de Clarín, lo que es cierto, pues el del bar podría comprar otro diario o sintonizar otra señal de TV, pero no lo hace, no se lo cuestiona, no se lo pregunta, y la mayoría de los parroquianos tampoco. Forma parte de los dispositivos de dominación.

En la Alemania nazi, aquellas radios sólo sintonizaban una emisora, hoy se pueden sintonizar muchísimas, pero la mayoría de lo que emiten coincide en un mismo mensaje: en contra del actual gobierno democrático que gobierna argentina y en contra de cualquier alternativa, aquí o en otros países, que pueda tender a un cuestionamiento a su dominación o a la de sus colegas, competidores o socios.

Claro que como ahora el kirchnerismo gana con una mayoría absoluta de votos, es demasiado para digerir para cierta gente: los gorilas  apelan y apelarán a cualquier recurso con tal de cambiar esa situación.

“En ralidad esas clases bajas rara vez votan bien. Porque no tienen cultura hoy la votan a “ella”, que les da la posibilidad de tener un plasma, o le regala una netbook a sus hijos”

Y para defender a los monopolios mediáticos, a la hegemonía informativa que ejercen ciertas corporaciones, dirán:

“es falso que sean monopólicos, es falso lo de la hegemonía, ¿no perdieron acaso las elecciones? ¿No ganó acaso la viuda con el 53% de los votos?”

Ocurre que el proceso electoral no fue una guerra de medios oficialistas vs medios opositores. Si hubiera sido así el gobierno no hubiera pasado ni el 8% de los votos, habida cuenta las audiencias de cada medio y el ranking de lo que miden los programas. Sin ir muy lejos, el ejemplo máximo de “programa oficialista” es “6,7,8”, que se trasmite  una hora y media cuatro o cinco días a la semana, y mide 2.3% de audiencia y el canal del Estado tiene un ranking diario de 1.3% (http://www.ibope.com.ar/consultas/television.asp, día 1 de noviembre de 2011)

Lo que aquí se enfrentaron son un discurso elaborado por los medios, sus formadores de opinión y toda la oposición, frente a la defensa de realizaciones concretas de un gobierno, frente a una coherencia concreta entre el decir y el hacer en ciertos temas, defendiendo intereses afines a los de las grandes mayorías de la población. Y el recuerdo aún fresco de a dónde condujeron el país todos los opositores frente a cómo lo está conduciendo el kirchnerismo.

Los medios siguen siendo hegemónicos y el Grupo Clarín sigue teniendo el poder de un monopolio, aunque eso hoy no les permite o asegura  bajar o condicionar un gobierno,  aunque lo han intentado y lo seguirán intentando. Si hoy no triunfaron en sus designos es porque Nestor Kirchner, Cristina y sus equipos, tuvieron la sabiduría y la valentía de enfrentarlo, aún con el 22% de los votos y también porque en la sociedad hubo una minoría que los acompañó y apoyó a pesar de todo. Pero no nos confiemos con el 54%, siguen siendo muy poderosos.

La gente que se dedica a repartir este tipo de mensaje por email y por las redes sociales, conciente o inconcientemente, responde al modelo racista, elitista, discriminatorio.

A varios de ellos lo del “Fútbol para todos”, por poner un ejemplo de una de las medidas menos importantes que tomó el gobierno, les ha molestado porque han “dejado de pertenecer”. Para muchos de ellos el “status”, su status, es un bien sagrado, lo cultivan, lo defienden, se pavonean con él. “Sí, YO veo los partidos en directo desde mi casa, YO tengo codificado, la mayoría no”

Tienen una concepción de la democracia que los lleva a decir, al igual que a Piñera con la educación: “lo más democrático es que se tenga que pagar para ver fútbol y siguen con la cantinela que “el Estado gasta en eso cuando hay tantas necesidades más importantes” (y obviamente se opondrán también cuando el estado gasta en esas necesidades más importantes, dirán que el estado derrocha, hace clientelismo, etc), y argumentarán también “por qué yo, que no veo futbol, debo pagar de mis impuestos para que otros lo vean y así hasta el cansancio.

Finalicemos con un equívoco sobre Goebbels que es muy extendido. Al principio de este texto, se ha mencionado aquella frase atribuida a Goebbels de “miente, miente, miente, que siempre algo queda”, dando a entender que la recomendación de Goebbels era mentir y mentir, así algo siempre queda.

Si bien suele ser cierto que la repetición de una mentira sistemática termina instalándola como verdad o creando la duda, y hace mucho daño, a veces también se le vuelve en contra del que la hace, como es el caso de esta gente que está calumniando al kircherismo.

Pero en realidad Goebbels no dijo eso, y lo que dijo y recomendó, es justamente lo que hacen los gorilas, los antiperonistas, los antikircherista, los macarthistas de ayer, hoy y de siempre.

Lo de Goebbels es peor, si se puede. Él decía, para poner en evidencia lo malignos y mentirosos que eran los judios, que para ellos una de sus máximas era que “Una mentira repetida mil veces… se transforma en verdad”

Cámbiese la palabra “judios” por “Nestor Kirchner”, “Cristina Fernandez”, “kirchnerismo”, etc y quedará en evidencia la actitud discriminatoria, calumniadora, y si pudieran, represora. ¿Pura coincidencia?

A propósito del artículo “El error de la prensa militante”, de Silvio Waisbord, publicado por La Nación el 12 de enero.
 

Silvio Waisbord es un reconocido académico de los medios, argentino, que escribió bastante sobre los medios latinoamericanos, mayormente en inglés. Tuve la oportunidad de entrar en contacto con sus libros en Londres, estudiando precisamente política y comunicación.

Su producción, como ahora la crítica a la prensa militante que reproduce el diario La Nación, cae en una falacia fundamental: confunde poder con Gobierno, y se olvida de las corporaciones y trasnacionales. El punto ciego es, justamente, el de los negocios y los intereses comerciales permanentes, el poder consolidado que no va a elecciones.

Como el diario que lo publica -que tiene el mérito o la incoherencia de reconocerse a sí mismo como Tribuna de Doctrina-, Waisbord naturaliza sus premisas liberales como si estuvieran fuera del campo de disputa. La política mirada desde arriba, se llama un libro de Sidicaro que señala con justeza esa arrogancia aristocrática del periodismo -y, agregamos, la academia- “independiente”, que responde al statu quo.

Desarraigado de su tierra y los intereses nacionales, y aun continentales, Waisbord combate contra molinos de viento imaginarios a la vez que ignora cambios sustanciales en la relación entre medios y democracia. Por ejemplo, no emite opinión sobre el modelo novedoso que la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (LSCA) significa no sólo para el desarrollo nacional sino también para las libertades del resto de la humanidad.

Se pregunta por ejemplo si la prensa militante ignora lo complejo de una sociedad de múltiples demandas, necesidades, conflictos e intereses, cuando es precisamente al revés. Es la LSCA la que vino a garantizar la pluralidad y diversidad de voces, y a posibilitar que actores históricamente silenciados tengan posibilidades de emitir.

Y es desde los intereses concentrados de los medios “profesionales” -aglutinados en entidades como la SIP a nivel continental y ADEPA a nivel nacional-, que se la resiste.

Pero esa militancia corporativa que escamotea o tergiversa la información de manera escandalosa no es la que preocupa a Waisbord. Tampoco sus intentos desestabilizadores, o su aval confabulatorio a sectores netamente golpistas. En cambio, le preocupan los medios comunitarios, los de los pueblos originarios, las radios y los periódicos barriales, la organización popular.

Desde su limbo teórico, Waisbord no se hace cargo de que es la tribuna liberal-conservadora la que prescinde del conflicto en nombre de un falso consenso que perpetúa las desigualdades. En el continente más inequitativo del planeta, resulta más interesante que plantearse inquietudes abstractas, preguntar por el rol de los medios en la producción y reproducción de la desigualdad.

En ese sentido, resulta mucho más lúcida y perspicaz la línea de Damián Loreti, uno de los padres de la LSCA, desde el derecho a la información, o de investigadores como Martín Becerra y Guillermo Mastrini, que exponen el grado de concentración desde la economía política de los medios.

Como bien dijera el militante de la prensa Rodolfo Walsh, “el campo del intelectual es por definición la conciencia. Un intelectual que no comprende lo que pasa en su tiempo y en su país es una contradicción andante, y el que comprendiendo no actúa tendrá un lugar en la antología del llanto pero no en la historia viva de su tierra”.

No casualmente, además, Silvio Waisbord tiene un primo que se dice periodista serio, al que admira mucho, y que se llama Alfredo Leuco.

(*)Psicólogo, comunicador, Master en Política y Comunicación. Y militante.