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Papa Francisco y el “Diario de Guerra”: Los videos del testimonio ante la Justicia

Una investigación de SAM FERGUSON

Desde que se convirtió en Papa Francisco la semana pasada, las preguntas han circulado sobre la relación de Jorge Bergoglio con junta de Argentina durante el transcurso de la “guerra sucia”, un período de la dictadura militar entre 1976 y 1983. Durante este tiempo, el gobierno por la fuerza “desaparecieron” más de 9.000 personas. El periodista Horacio Verbitsky ha acusado Papa Francis, entonces el padre Jorge Bergolgio, de los rumores de que dos sacerdotes teología de la liberación dentro de la orden de los jesuitas, Orlando Yorio y Francisco Jalics, eran izquierdistas, efectivamente señalización a los militares que los sacerdotes no tenían protección Iglesia. Bergoglio ha negado estas acusaciones, diciendo que en realidad trató de proteger a los sacerdotes: En primer lugar, alentando a que dejen su trabajo en los barrios bajos, que los estaba poniendo en peligro, en segundo lugar, por alojarlos después del golpe de Estado para proporcionar protección, y en tercer lugar , utilizando de nuevo los canales para tratar de salvarlos después de su secuestro.

En 2010, Bergoglio fue llamado como testigo en una investigación criminal de dieciocho oficiales en la Escuela de Mecánica de la Armada, la prisión secreta donde Yorio y Jalics fueron llevaron. Se enfrentó a las preguntas formuladas por varios abogados de derechos humanos y tres jueces. Sus cuatro horas y media de  testimonio abarcaron temas tales como su larga relación con los sacerdotes, los pasos que él afirma haber adoptado para proteger a los sacerdotes, y los encuentros que tuvo con altos funcionarios del gobierno para lograr su liberación. En la audiencia también brevemente descubre  relación del Papa Francisco con Esther Ballestrino de Careaga, uno de los miembros fundadores de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, un grupo de mujeres que protestaron por la desaparición de sus hijos en el apogeo de la dictadura. A continuación, presentamos cuatro clips importantes (en español) de su testimonio.

En este clip, Bergoglio describe los pasos que tomó para asegurar la liberación de su amiga Esther Ballestrino de Careaga, a los activistas de derechos humanos y fundador de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, que fue desaparecida en diciembre de 1977 junto con otros once activistas de derechos humanos. Sus restos fueron identificados en 2005 después de haber sido enterrado en una fosa común en 1977, cuando su cuerpo llegó a la orilla, los huesos mostró signos compatibles con un fuerte impacto de una caída, como ser expulsado de un avión. En el intercambio, Bergoglio comienza explicando la “gran amistad” que tenía con Ballestrino de Careaga se remonta a la década de 1950. Fiscal Luis Zamora Bergoglio pide lo que hizo cuando descubrió que Ballestrino de Careaga había desaparecido. Bergoglio dice que “me duele mucho”, y que trató de ponerse en contacto con la familia, que era “una especie de oculto” porque la hija de Ballestrino de Careaga, Ana María ya había sido secretamente secuestrados. Él testifica que él también trató de contactar a otros que pudieran tener información sobre el paradero de Ballestrino de Careaga . Cuando le preguntaron si en contacto con las autoridades, Bergoglio dice que no lo hizo, porque las relaciones judiciales fueron manejados por el Arzobispado. (En ese momento, era jefe de la Compañía de Jesús en la Argentina, un lugar situado fuera de la jerarquía de la Iglesia institucional.) Zamora cierra el encuentro preguntando si, dada su amistad, Bergoglio debería haber hecho más para Ballestrino de Careaga. Bergoglio responde: “Hice lo que pude”.

Los críticos de Bergoglio  alegan que él estaba en una campaña ideológica para borrar de izquierda como los sacerdotes Yorio y Jalics de la Iglesia. Bergoglio explica que “todo sacerdote que trabajaba con los pobres era un objetivo para la sospecha y la acusación de algunos sectores”, y dice que él rechazó los rumores que circulan dentro de la orden de los jesuitas, de ‘zurdos’, un término despectivo para referirse a un izquierdista antes y después de los golpe . Añade que viajó a La Rioja en 1973 a “intervenir en el caso de los dos jesuitas que trabajaban allí con los pobres” y también “objetos de estos comentarios desagradables”. Presionado por Zamora para obtener información sobre el origen de los rumores, los estados Bergoglio que vino de los segmentos de la orden “frente a este tipo de trabajo pastoral”.

“¿Tienen un nombre y un apellido?” Zamora pide.

Bergoglio responde: “No, sólo los sectores”.

Zamora sigue presionando para Bergoglio específico nombres: “no te acuerdas de ninguna información concreta: un obispo, un cardenal” Bergoglio y no ofrece ningún tipo. También dice que él no se dio por los rumores de “mucha importancia”. Sólo se planteó en las conversaciones de rutina como un tema entre muchos recuerda, Bergoglio. Cuando Zamora señala que Carlos Mugica, sacerdote radical, habían sido descritas en términos similares antes de ser abatido a tiros en mayo de 1974, da marcha atrás Bergoglio. Afirma que él no aceptó los rumores como verdaderos-de hecho, eran “calumnia grave” y “pecado”, dice-, pero poco pudieron hacer para enfrentarlos porque “fue aceptada ya como un hecho.”

En este clip, Bergoglio testifica acerca del momento se enteró de que el Yorio y Jalics sacerdotes habían sido secuestrados. Él explica que se enteró del incidente después de una llamada telefónica de uno de los vecinos del sacerdote. Él dice que le dijeron que “hubo una redada y que habían tomado los sacerdotes presos, así como muchas personas laicas”. Él dice que él actuó de inmediato para tratar de averiguar donde los sacerdotes habían sido tomadas. Finalmente, se dice que escuchó que la Armada había tomado, la información que pasa a “todos los miembros de la Compañía de Jesús [la orden de los jesuitas]”, el Arzobispado, y el embajador del Vaticano.

Al preguntarle cómo se descubrió que era la Armada, Bergoglio dijo que era “vox populi”. En respuesta a una pregunta formulada por el presidente del tribunal, Daniel Obligado, Bergoglio describe sus dos reuniones con Emilio Massera, el jefe de la Armada. Durante la primera reunión, él dice que fue a informar a Massera, que los sacerdotes habían sido detenidos y quería asegurar el Almirante que los sacerdotes no estaban involucrados en nada “raro” (raro). En el momento de la segunda reunión, él dice que era “casi seguro” que la Marina había secuestrado a los sacerdotes, a partir de las conversaciones que mantuvo con personas no especificadas, y describe un “feo” reunión. Le dijo a Massera: “Quiero que aparezcan”, y luego “se levantó y se fue.” En uno de los intercambios más tensos durante el testimonio Zamora Bergoglio presiona para obtener información sobre cómo descubrió que los sacerdotes fueron tomadas por la Marina de Guerra, información que estaba estrechamente vigilado y no habrían estado a disposición del público. Bergoglio insiste en que fue un rumor general de que estaba dando vueltas.

Zamora: Tal vez usted puede decirnos lo que estaba pasando a su alrededor como vox populi, porque públicamente la gente no podía saberlo.
Bergoglio: La gente que pide una dijo que era la Armada, que era de Infantería de Marina.
Zamora: ¿A quién le pregunto?
Bergoglio: Las personas que tenían influencia, la gente que se podía consultar, que tenían conexiones con los jueces, con un tipo militar, con un policía, con el Ministerio del Interior. Todo apuntaba a la Armada.
Zamora: ¿Recuerda algún nombre de estas personas que tan fácilmente accesibles poder?
Bergoglio: No.
Zamora: ¿Eran superiores eclesiásticos? El Cardenal?
Bergoglio: Fue todo el mundo que se podía ir en un momento de desesperación, ¿sabes? Eran amigos, conocidos, “Tengo un conocido que voy a averiguarlo.” Este tipo de cosas.
Zamora: El hecho de que fueron secuestrados por la Marina es una pieza muy importante de información. Vamos a ver si usted puede probar difícil Bergoglio señor. Esta es una pieza muy importante de información que usted nos está dando que puede ayudar a comprender el origen, identificar a los que se habla, que usted cree que son dignos de confianza, como usted ha indicado a Massera, que era una fuente seria, no sólo nadie , ¿sí?
Bergoglio: Se dijo como todo el mundo estuvo de acuerdo “vox populi”.. No es que una persona que dijo. Todo el mundo dijo: “Fue la infantería de Marina.” No recuerdo bien si se identifican los agentes que participaron en la operación de la infantería naval, creo que también se identificaron como un grupo de tareas de la Armada.

Este último intercambio entre Bergoglio y el juez Herman Castelli se refiere Bergoglio encuentros con Yorio y Jalics después de su liberación. “¿Sabe usted, basado en sus conversaciones con Jalics y Yorio, lo que piensan acerca de su comportamiento en cuanto a su secuestro?” Castelli pide. Bergoglio dice que habló con Jalics en varias ocasiones durante su visita a la Argentina desde Alemania, donde fijó su residencia después de haber sido liberado. Él dice que Jalics era “entendimiento” y no quería volver a vivir lo que pasó porque él “sufrió mucho”. Bergoglio añade que ni Yorio ni Jalics “me dijeron que podía haber hecho más” y que “no me eches la culpa.” Cuando el juez Castelli le pregunta si alguna vez escuchó las críticas de nadie más que los sacerdotes, Bergoglio dice que pensó Yorio había dicho “que tal vez había dejado sin protección un poco, que yo no había hecho lo suficiente. No recuerdo si esto es exactamente lo que era, pero era que no había protegido lo suficiente, y no protegerlos yo los había dejado sin protección, no la palabra “entregado” [literalmente “entregado”, con connotaciones de “delató” o “delató”] en al menos nunca he oído esta palabra, él no lo dijo, pero estaba cerca de esto. “Más tarde [no aquí en video], Bergoglio dice Yorio había sido “condicionados por el sufrimiento que tuvo que pasar”.

Traducción Propia mediante Google Traductor.
Sepan disculpar las imperfecciones.

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Sam Ferguson es profesor residente en el Centro de Schell de Derechos Humanos Internacionales en la Escuela de Derecho de Yale y ex becario Fulbright. Está escribiendo un libro, “Lo que queda de una guerra sucia”, sobre los juicios de derechos humanos en Argentina.

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Mas sobre Sam Ferguson: Es un miembro de la clase de la Escuela de Derecho de Yale de 2009. Mientras que en la escuela de derecho, era un profesor asistente de profesor Reva Siegel, presidente de programación de la Sociedad Americana Constitución, y uno de los organizadores del Simposio Bernstein. También participó en el Programa Vínculos, en Argentina. Sam recibió un BA en Filosofía con los más altos honores de la Universidad de California en Berkeley. Como miembro Robina, Sam pasó un año en Buenos Aires, investigar y escribir un libro, restos de una guerra sucia , sobre una serie de juicios de derechos humanos en Argentina contra el último gobierno militar de ese país. De 1976 a 1983, entre 10.000 y 30.000 personas fueron víctimas de desaparición forzada, muchos arrojados vivos de aviones en el Atlántico Sur. Sam siguió el juicio contra 18 agentes de la tristemente célebre Escuela Argentina de Mecánica de la Armada, a veces llamado el Auschwitz del sur, asistiendo a más de 500 horas del ensayo, llevar a cabo cientos de entrevistas y la revisión de miles de páginas de documentos oficiales relacionados con el caso. Se le concedió una entrevista a Antonio Pernias, quien está acusado de ser el jefe torturador de la escuela. Después de un año en Buenos Aires, Sam trabajó para el juez William Fletcher de la Corte de Apelaciones del 9 º Circuito en San Francisco, California. En la actualidad vive en Brooklyn, Nueva York, donde está terminando el libro.

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DOCUMENTO DE  INTELIGENCIA DE MARINA DONDE SE PRUEBA QUE BERGOGLIO ERA INFORMADOR DE LAS ACTIVIDADES DE LOS RELIGIOSOS.

Documento de Inteligencia de la Marina donde se prueba que Bergoglio era informante

Cuando estemos mal

 

 

 

 

Por Delsio Evar Gamboa

Corría el año ‘88. El país había dejado de pagar su deuda externa y se declaraba en recatada moratoria. La hiperinflación doblegaba al gobierno, aquel que llegó con la recuperada democracia. El que en sus comienzos puso sobre el tapete los Derechos Humanos y, aunque muy tibiamente, procuró instalar un modelo de inclusión social que fue tenazmente combatido por las Corporaciones, el Grupo Clarín y la Sociedad Rural. Sí, la misma que aún integra la ex sediciosa Mesa de Enlace, y la misma que en su Exposición anual, abucheó, silbó y cubrió de bosta de vaca al Presidente Alfonsín cuando éste se negaba a aceptar los designios de la Patria Ganadera.

El gobierno apuraba su retirada adelantando para mayo las elecciones previstas para octubre. El déficit fiscal se multiplicaba y la inflación se hiperinflacionaba. La timba de la City porteña ponía y sacaba ministros: “Les hablé con el corazón y me contestaron con el bolsillo” confesó uno antes de caer. Las Casas de Cambio desbordaban de gente que no bien cobraba el sueldo corría a comprar dólares, para luego revenderlos con la ilusión de salvarse. El dragón financiero terminó devorándolos. Semanas enteras de “Feriados bancarios” para que no se retirara la plata. Semanas enteras sin energía. Los canales de TV transmitían sólo 4 horas por día. En los supermercados iban remarcando los precios de todos los productos sin esperar a que el repositor los acomodara en las góndolas. La pobreza llegaba al 53 %; la inflación mensual era del 80 % que proyectada, -según los economistas- en el año superaba el 12 mil por ciento.
Por otro lado, un monstruoso efecto succión transfería fortunas descomunales hacia el exterior. Así como de los bancos de los pueblos y ciudades del interior, se llevaban en camiones blindados y en bolsas apiladas, los ahorros de la gente hacia los centros de poder financiero, dejando en su lugar un papelito pintado que rezaba “Plazo fijo”. Cualquiera “ganaba” más especulando que produciendo. La usura los comía vivos. El que tenía un crédito, más pagaba, más debía. Es decir, vivían pagando y morían debiendo. No había paritarias, ni convenios, ni trabajo. Fueron los comienzos de los primeros cartoneros de la modernidad, que en grupos familiares revolvían los tachos de basura buscando cartones y comida.
A pesar que Alfonsín les pidió por favor que lo dejaran terminar su mandato, Clarín y Duhalde, con saqueos armados y un golpe de mercado, lo empujaron para que cayera seis meses antes de la peor manera. Y eso que Clarín sólo tenía el diario y no la parafernalia multimediática que ahora tiene.
En la década siguiente, para darnos la ilusión de vivir “en el Primer Mundo”, el menemato regaló, malvendió, cedió y transfirió a favor de capitales extranjeros, y éstos aceptaron de conformidad, un país completo denominado República Argentina, con todo lo plantado, edificado y adherido al suelo. Doy fe.
En consecuencia, al comienzo del nuevo siglo la malaria reinaba en todo su esplendor. Los sueldos que venían congelados desde hacía 10 años estaban en el subsuelo. Igual, a los jubilados y empleados estatales les rebajaron los haberes. Al PAMI le podaron el 30% en los gastos de personal, y 3000 empleados fueron de patitas a la calle.
Se inventaron las Ferias de Trueque; en realidad el trueque ya existía en la antigüedad, fue cosa de los fenicios, y resultaron útiles para que muchos argentinos de clase media y baja gambetearan la pobreza en la casa de pensión, -como dice el tango- y de paso, le hacían un gol al hambre, que era la única producción que crecía. De lástima, España, -vaya paradoja- nos mandaba alimentos que al llegar, eran bloqueados en la Aduana. El gobierno de entonces, no sólo no tenía los conceptos bien puestos sobre la mesa,  sino que lo poco que hizo, lo hizo mal, y con el “Corralito” se puso la cocarda.
Para frenar la conmoción social, declaró el Estado de Sitio, mediante el cual Mestre y Aguad, republicanísimos y democratísimos ellos, reprimieron a discreción y le tomaron el gusto a la sangre -y a la plata- de los Correntinos cuando fueron interventores allá. Hazaña épica y muy humanitaria que poco después -al momento de abordar el helicóptero blanco para nunca más volver- repetiría De La Rúa, ordenando reprimir a los manifestantes de Plaza de Mayo, donde 36 de ellos murieron acribillados por la espalda, como siempre ocurre cuando los represores matan en defensa propia.
Luego de un “casting” por el que desfilaron y se probaron el traje de presidentes, cinco candidatos en una semana para elegir, siempre con el visto bueno de las corporaciones, el próximo mandamenos. Resultó finalista un gordito petizo, chueco y cabezón de apellido Duhalde y hombre del Grupo Clarín, el que de entrada nomás -porque debía 4 mil millones- le ordenó devaluar un 40% la moneda, pesificar las deudas y decretar un “Corralón”.“¡El que depositó dólares recibirá dólares!”mintió con sinceridad, y se dedicó a reprimir manifestaciones de protesta donde “su mejor policía”, asesinó a sangre fría a Kosteki y Santillán, sin olvidarnos de Cabezas y la masacre de Ramallo. Y nos ilusionó al finalizar un discurso con un mensaje esperanzador: “¡Que sea lo que Dios quiera!”. . .  Remember?
Yo sí me acuerdo. Por eso, y a pesar de todo lo que puedan decir de Alfonsín, como que mediante las circulares A-695; A696 y A697, del 1º de Julio de 1985, terminó de consumar la estatización de la deuda externa de las Empresas privadas que impuso Cavallo en la dictadura, que llevó el endeudamiento del país con el exterior, que era del 53% del PBI en el año 1983, al 82% en 1985. O que arrugó con los milicos y les promulgó la Ley de Obediencia Debida y Punto Final, después de asegurarnos que “la casa estaba en orden”. No obstante eso, o a pesar de eso, no se puede dejar de rendir un reconocimiento al ex presidente.
Y si existiera la posibilidad de que los muertos pudieran contactarse con los de acá, Alfonsín se permitiría interpelar a sus celebrantes. Le quitaría los trajes y las corbatas y a patadones, le borraría la raya del trasero al papanatas de su hijo, para que deje de bastardear su legado político. A Cleto Cobos -como hizo con “Lilita”- lo rajaría por traidor, y a Gerardo Morales por inepto. A sus correligionarios les diría que no permitan que el partido se rompa, aunque se doble, que no se hagan eco de los inflacionistas y los pronosticadores de catástrofes que ofician de asustadores seriales. Porque la “temible” inflación de hoy, comparada con aquella gigantesca y desmesurada que supo haber, es apenas una “jodita para Tinelli”.
Por eso, lo que hasta hace poco eran sólo utopías, ahora son una virtuosa realidad. Ya no más Relaciones carnales; FMI; Deuda externa; Riesgo País; Default; Impunidad y demás vejámenes.
Todo eso quedó atrás. Hoy gozamos de Independencia Económica, Soberanía Política y Justicia Social. Derechos Humanos plenos, con procesos judiciales como aquel memorable Juicio a las Juntas, con un Modelo de país que significa Patria, Igualdad y Libertad al que, por supuesto, se oponen las Corporaciones, el Grupo Clarín y la Sociedad Rural, es decir, los mismos que voltearon a Alfonsín. Nada nuevo bajo el sol. Salvo las rutas, los shoppings  y los hoteles colmados, con millones de pibes cobrando todos los meses su Asignación, y con una tremenda caja de más de 45 mil palos verdes, a los que se les echará mano cada vez que haga falta para beneficiar al pueblo argentino, por más que chillen y pataleen quienes endeudaron al país y hambrearon a la gente en exclusivo beneficio propio.
Hoy la realidad es muy distinta. Cada vez que habla la presidenta -al contrario de todos sus antecesores que sólo comunicaban despidos, más ajustes, más impuestos, más rebaja de sueldos, de beneficios y otras maldades- siempre es para dar muy buenas noticias. Se inauguran obras todos los días a lo largo y a lo ancho del país como jamás en su historia. Tantas, que parafraseando por el absurdo lo que históricamente se exigió a los políticos, no faltarán los que digan . . . ¡Basta de obras, queremos promesas!
Y cuando estemos mal . . . ¡Que estemos como ahora!!!

Juan Martín Fresneda: Cuando el hijo es el padre del hombre

Por: Jorge Giles
Ayer alumbró el futuro.

Estaba allí, en la mirada de los pibes que en el Congreso se emocionaban con Cristina hablando de Néstor, de la vida, de la victoria después de las derrotas.

Me acordé de Carlos Fuentes, el escritor latinoamericano fallecido ayer, que supo escribir palabras tan bellas y profundas como estas: “Hay que llegar a saber que los hijos, vivos o muertos, felices o desdichados, activos o pasivos, tienen lo que el padre no tiene. Son más que el padre y más que ellos mismos. Nuestros hijos son los fantasmas de nuestra descendencia. El hijo es el padre del hombre”.

No se porqué este último renglón me llevó, como un caminito luminoso en medio de la nostalgia, hasta esos pibes que ayer acompañaron a la Presidenta y hasta Martín Fresneda, el nuevo Secretario de Derechos Humanos de la Nación que asumió ayer.

El hijo es el padre del hombre.

Martín es uno de los fundadores de la agrupación Hijos y su padre, Tomás Fresneda, fue uno de los abogados desaparecidos en aquellos días trágicos de julio de 1977 conocidos como La Noche de las Corbatas junto a otros colegas y a su esposa, María de las Mercedes Argañaraz.

Mientras camino cada vez más lento sobre las hojas que caen en este otoño, se me ocurre que estos datos nos llevan irremediablemente hasta ese dolor inconcluso que acuna en su alma este pueblo que somos.

Sin embargo, después de los 30 mil desaparecidos y los crímenes cometidos por la dictadura cívico-militar, no podríamos decir ni pensar lo mismo que esta otra frase del escritor que perdimos ayer: “La muerte espera al más valiente, al más rico, al más bello. Pero los iguala al más cobarde, al más pobre, al más feo, no en el simple hecho de morir, ni siquiera en la conciencia de la muerte, sino en la ignorancia de la muerte. Sabemos que un día vendrá, pero nunca sabemos lo que es”.

En el país del terrorismo de Estado y en el país de la exclusión, no todos morían con la misma igualdad de oportunidades.

Seguramente Tomás, María, Norberto Centeno, los hijos de Hebe, de Nora, de Taty, de Estela, los padres de Juan y de Horacio, sólo querían vivir en un país de justicia y pan, de justicia y juguetes, de justicia y canciones, de justicia y amor.

Lo cierto es que Martín, hijo de Tomás, abogado en la causa contra Videla, Menéndez y otros genocidas, militante de Hijos, es decir de la memoria, cubrirá el vacío que dejó Duhalde con su muerte y así, la Argentina da una vuelta completa sobre el reloj de su historia.Esta asunción lo confirma.

Es la Argentina que ayer en el Congreso inauguró un Salón para esa Juventud que enarbola orgullosa la sentencia implacable de Néstor Kirchner: “Cambio es el nombre del futuro”.

Una victoria para Marta

 Por Alejandra Dandan

Los restos de la mujer, identificados por el EAAF, fueron enterrados en Moreno, donde ella había sido secuestrada. Antes se colocaron baldosas en homenaje a ella y a otros dos desaparecidos. Un cajón multicolor, música y el recuerdo de sus familiares y amigos.

 LA CEREMONIA DE DESPEDIDA DE MARTA TABOADA, MILITANTE Y ABOGADA DESAPARECIDA EN 1976. -“Este momento en que estamos juntos se parece mucho a La Victoria, dijo Marta Dillon, hija de Marta Taboada.-Imagen: Gonzalo Martínez
 

Marta Taboada revolea la melena y encara a una patrulla del Ejército. Su cartera cerrada con panfletos. La imagen vuelta al presente en el habla de uno de sus antiguos compañeros del Frente Revolucionario 17 de Octubre, hoy secretario de Estado. La puerta de la casa vieja donde vivió con sus hijos. La calle de un barrio de Moreno. Un pibe que se da cuenta de que uno de los que está entre los muchos que están ahí, frente a esa casa, que son muchos, puede terminar de contarle de un operativo en el que participó su padre desaparecido. Una carretilla vestida con la bandera argentina. El cajón. La urna con los restos de huesos de Marta Taboada. Unos barquitos de papel de su bisnieto que nadan sobre la pequeña urna de colores entre una estampita de una María Auxiliadora del ’77. La hoz a pocos centímetros de la estrella guevarista. El pelo de la Evita guerrillera. Otra vez el cajón. Y su hija, Marta Dillon –compañera de Página/12–, que con sus hermanos Andrés, Juan y Santiago esperan ante esa casa colocar tres baldosas para ella y otros dos compañeros. “No voy decir mucho”, dijo Marta Dillon cuando empezó. “Hay momentos que se parecen mucho a esa victoria que nombramos siempre, creo que este momento en que estamos juntos se parece mucho a La Victoria. Que todavía falta un montón, falta saber quién disparó, quién cargó los cuerpos en esa esquina de Ciudadela, quién firmó las partidas de defunción como NN con datos falsos. Un montón, pero estamos trabajando para eso.”

Frente a la puerta de la casa de la calle Joly, a unas cuadras del centro de Moreno, se reunieron los hijos de Marta Taboada, de Juan Carlos Arroyo, “El Negro” y de Gladys Porcel de Puggioni para marcar las veredas. Los tres militantes del FR17 de Octubre desaparecieron el 28 de octubre de 1976. Los huesos de Marta Taboada, recuperados por el trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense, siguieron silenciosamente esa primera parte de una ceremonia religiosamente política antes de volver a un auto para encabezar, como en todos los funerales, la caravana al cementerio. Estaban quienes tenían que estar. Eduardo Luis Duhalde negándose la condición de funcionario para quedarse ahí con su mujer, a estarse al lado de esa que fue su compañera de militancia, la apoderada de sus peores momentos de clandestinidad. La mujer que en medio de la dictadura se calzó un auto para sacar del país a “Martita” pero también al hijo más chico del secretario de Derechos Humanos. La mujer que alguna vez, ante una patrulla del Ejército, sacudió la melena y le preguntó a uno de los militares si quería revisar su cartera. El hombre dijo que no, que no hacía falta, aunque ella tenía la cartera llena de panfletos. “No tenía límites en esa entrega”, dijo Duhalde, micrófono en mano, poco después, cuando recordó que la vio por última vez un mes antes de su propio exilio y le pidió “encarecidamente que se cuidara”, porque tenía “más solidaridad que buen tino”, con “un corazón tan inmenso que superaba a muchos militantes de la época”.

Los funerales adquirieron la lógica de las manifestaciones políticas. Comenzaron en pleno centro de Moreno, ante la municipalidad. Un espacio ocupado con los resultados de una reconstrucción reciente de las vidas de los desaparecidos políticos locales. Con fotos que estuvieron enterradas durante la dictadura. Imágenes de las asambleas obreras de Grafa. Paneles de los desaparecidos de Moreno zona norte. Paneles que nombran ahora a quienes hasta hace poco permanecían sin identidad, en un lugar donde el trabajo de la Secretaría de Derechos Humanos local y de los sobrevivientes logró entender que no fueron 38 personas como se creía sino más de 100. Matrimonios. Embarazadas. Desaparecidos de Paso del Rey. De Moreno sur y La Reja. De Trujui y Cuartel V. Imágenes del Mundial 1978. Los centros clandestinos. Los Trabajadores de Educación y Cultura entre los que estaba el escritor Domingo Osvaldo Balbi o Marta Taboada, docente y abogada.

Protegida por la bandera negra de HIJOS en la primera línea, la carretilla con el cuerpo de Marta avanzó por las calles del centro. Ella, que en la urna era “mamá, abuela, bisabuela, amante”, iba adelante seguida por banderas de La Cámpora Moreno; la agrupación John W. Cooke. Lila Pastoriza, Eduardo Jozami, Graciela Daleo, Judith Said. Lohana Berkins y Marlene Wayar, militantes de esa diversidad sexual a las que Marta Dillon les agradeció especialmente la presencia. Carlitos y Camilo de HIJOS a quien la hija de Marta Taboada nombró como “hermanos y hermanas que me cambiaron la vida”. Nora Cortiñas. Lita Boitano. Gastón Concalves. Juana Muniz Barreto. Los hijos de Paco Urondo. Otros. Muchos. Abertina Carri, la compañera de Marta.

El “todo guardado en la memoria” de León Gieco se escuchó más fuerte. Frente a la vieja casa transformada en Jardín de Infantes, Raquel Robles de HIJOS sostuvo el micrófono en las manos como sosteniendo casi sin lágrimas lo que sucedía alrededor. Leyó adhesiones y volvió a leer más porque dijo que habían esperado más de treinta años para ese momento. “Marta creyó hasta el final que valía la pena dar la vida”, se oyó de alguna de ellas. “Tenemos que tener bien claro que la Justicia llega un poco lerda pero llega”, decía en un mensaje la madre del Negrito Floreal Avellaneda. Los HIJOS de Bahía Blanca mandaron “un cálido abrazo hermanador”. Y el Colectivo Militante de Moreno habló de utopías que siguen latiendo.

En la puerta, el hijo de Gladys de Puggioni tomó la palabra. Tupac Vladimir Puggioni vivió en esa casa a los 4 o 5 años. Ahora dirigente de los Descamisados de Salta, hermano de alguien llamado Fidel Cristo y nieto de una abuela que con cada golpe de Estado corría a la plaza del pueblo para retirar y esconder un busto de Eva. “Eran unos jóvenes y estamos poniendo placas a esos jóvenes”, dijo. Nombró a Néstor Kirchner. Todo el mundo aplaudió. Tupac dijo que hay miles de cosas que faltan, que lo sabemos y dijo también que “esta juventud que hay acá entierra a estos jóvenes”. También dijo “hasta la victoria siempre”. Y luego el nombre de sus asesinados. Detrás de los cuales esos muchos decían –decíamos– ahora y siempre.

Habló “El Indio” Domiciano Rivero. Campesino, obrero, hombre que pasó a la semiclandestinidad en mayo de 1978 y quien pasó los siguientes seis años en el exilio de Brasil porque quedarse en América latina le permitía, dijo, vivir de algún modo el mismo proceso. “Hace años no pensábamos que ni la mitad de lo que hay hoy iba a ser posible”, explicó. “Y es bueno ver que creo que se hubiese divertido mucho La Negra con lo de hoy”. Alentado de algún modo por esa voz de los HIJOS que les pedían a los viejos compañeros de militancia hablar de la vida de sus desaparecidos, El Indio se puso a contar algunas anécdotas. Que Marta tenía muchos ovarios. Que alguna vez lo cargó en un Citröen destartalado para llevarlo al teatro mientras estaban clandestinos. Que era la primera obra de teatro que él veía en su vida. Que le dijo que le gustó, pero no entendió ni medio a los actores. “Me cuesta mucho todo esto –dijo en un momento– porque el dolor nos sigue cruzando, sin flaquezas, pero nos sigue cruzando.” Y recordó que Marta Dillon hace tiempo se preguntaba si era cierto aquello que se dice de su madre, que era audaz, que era sensual. “Y sí que lo era”, dijo él. Porque alguna vez, esa mujer, en el ’76, “cuando ya nos asesinaban, mientras charlábamos cómo hacer, si salir o no, y mientras nos iba sacando a patadas el Ejército”, le dijo: “Negro: no sotros somos la contención”. “Es decir –replicó él–: estaba dispuesta a dejarse la vida.”

Marta habló en ese momento. También Camilo, de HIJOS. Dijo que ese cuerpo también era una parte de “nuestros queridos viejos”. Tomó la palabra Duhalde y dijo que era un día de “dolorosa alegría con aires de victoria porque rescatamos a Marta de las tinieblas y de aquello que Videla decía de que los desaparecidos son eso, desaparecidos, no están”. Miguel Fernández, secretario de Derechos Humanos de Moreno, se nombró como sobreviviente. Habló de la necesidad de empezar a contar las historias. Como datos, como herencia. Un alumno de Marta Taboada estaba entre los que se habían acercado. Ella estaba ahí, ahora en la urna.

El vía crucis siguió camino al cementerio de Moreno por la Ruta 7, su ruta, santuarios del Gauchito Gil, los recreos sindicales. Adentro, esperaba el padre Luis entre las banderas brillantes sobre el fondo del cielo de cenizas. El padre Luis, un cura, pero un cura raro. Ahí estaba hablando de darse la mano y de cantar la misma canción que Mugica y Angelelli cantaban en sus misas. El cajoncito ahora estaba en medio del pasto. Se oían palabras de Jesús subversivo y de liberación. En la ronda, hablaron Nora Cortiñas y Lita Boitano. Hablaron de las cosas pendientes, de la edad, de las Madres. De lo que después de ellas quedará por hacer con aquellos que todavía no se encontraron. La hermana de Marta Taboada habló luego de que lo hicieran Andrés, Santiago y Juan como pudieron, con las tripas en el alma. El agua bendita pasó de mano en mano y cada quien pudo echar algunas lágrimas benditas sobre el cajón de esa madre.

Se oyó otra vez Marta Taboada, presente. Ahora y siempre. Todo el mundo caminó entonces hacia el lugar final, la bóveda de los Taboada donde los restos de Marta, sus huesos, quedaron bien acomodados al lado de los de su padre. Marta Dillon colocó algo más, tal vez un vaso. Los barquitos de papel dejaron de verse, cerrados por una tapa, finalmente. Una cuchillada de amor, quién dijo que todo está perdido, tanta sangre que se llevó el río, pecho, siempre, sacar el alma, iba sonando una canción.

MARTA TABOADA, MILITANTE Y ABOGADA DESAPARECIDA EN 1976