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9 DE OCTUBRE – ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE DOS GRANDES!!!!

 


 

 

 

Un aporte de Daniel Massara

Hoy 9 de octubre se cumplen 45 años del asesinato del Che Guevara. El 12, se conmemora el bicentenario de la muerte de Juan José Castelli. Coincidencias, divergencias y estilos de vida política de dos argentinos paradigmáticos.
Juan José Castelli murió de cáncer de lengua mientras esperaba ser enjuiciado por parte del Triunvirato luego de su derrota militar en la batalla de Guaqui. Fue el 12 de oct

ubre de 1812. Ernesto Guevara fue asesinado en La Higuera, luego de haber sido detenido por las fuerzas militares conjuntas estadounidenses y bolivianas. Fue el 9 de octubre de 1967. Uno y otro fueron dos enormes luchadores argentinos, con una fuerte impronta latinoamericana en su forma de hacer política. A ambos les cabe la pregunta final de La revolución es un sueño eterno, la novela del escritor Andrés Rivera: “Entre tantas preguntas sin responder, una será respondida: ¿qué revolución compensará las penas de los hombres?”.
Pacho O’Donnell (escritor, historiador, psicoanalista, presidente del Instituto Dorrego) analiza las realidades de 1812 y 1967 y el clima social que los tuvo como protagonistas indiscutidos de los cambios por los que lucharon.
–¿Qué dos Argentinas, que dos Latinoaméricas había en uno y otro momento de aquellas historias de Castelli y de Guevara?
–Siempre me han resultado difíciles las traslaciones. Por ejemplo, el Che es solamente explicable por la Guerra Fría. Castelli también tiene su condicionante de la época. Por ejemplo, el hecho de que él haya conducido un ejército es simplemente porque Saavedra era un vendedor de vajillas. Castelli no tenía nada de militar, no había ningún militar del lado patriota. Tanto Castelli como Guevara están enancados sobre el dilema inevitable de toda la historia argentina y también de la historia planetaria, que es el conflicto de los intereses de las mayorías populares y los intereses de las minorías dominantes.
–Así como el Che estaba condicionado por la Guerra Fría, ¿Castelli podría ser un reflejo de la Revolución Francesa?
–Yo creo que se abusa demasiado de la explicación, de la influencia de la Revolución Francesa en Mayo, y se dejan de lado otras influencias. Por empezar con la influencia intelectual, fueron muy importantes los tomistas hispánicos, los jesuitas que realmente influyeron mucho, digamos, que fueron los generadores de aquello que defiende justamente Castelli: la idea de que la soberanía es del pueblo y que el pueblo se la da al rey. Y cuando el rey no está por incapaz, por preso o por muerto, la soberanía retrocede, retrograda al pueblo. Siempre que explicamos Mayo dejamos de lado la participación de los sectores populares. Mayo no se puede explicar si uno no tiene en cuenta ese grupo de choque que fueron los Infernales de French y Beruti, o la participación de los Patricios, que eran la chusma en armas después de la primera invasión inglesa. Además, en los antecedentes de Mayo de la historia extranjerizante, elitista, que invita a participar solamente a los “grandes hombres”, se deja de lado la extraordinaria influencia que seguramente han tenido las rebeliones indígenas. Tenemos una historia de rebeliones muy fuertes antes de Mayo y contra la colonización que son desde Túpac Amaru hasta Túpac Catari, pasando por las rebeliones calchaquíes, cientos de miles de indios movilizados. Inclusive la insurrección del 25 de mayo de 1809. Potosí, Chuquisaca: fue una rebelión, digamos, acaudillada por criollos pero básicamente de bases indígenas, de pueblos originarios. Entonces, diría que Castelli, que era un tipo que tuvo formación universitaria, estaba muy imbuido de aquello que le da la tierra, porque él está en el Alto Perú, apoyado por los altoperuanos. Lo que sí puede enunciarse como influencia francesa fueron sus errores.
–¿Por ejemplo?
–Uno, evidente: él diagnostica, y lo hace correctamente, que la Iglesia Católica ha sido una socia absolutamente indispensable de la colonización hispánica, la encargada de dar su ideología, su razón de ser, su caparazón. Entonces, él, como anticlerical extraordinario de nuestra historia lleva adelante, al mismo tiempo que una acción militar, una acción descatolizadora en la sociedad. Pero eso, llevó a obrar con ciertos impulsos poco políticos, diríamos, a tomar actitudes francamente heréticas. Y Goyeneche, que era un tipo inteligente, transforma la guerra de nuestra independencia en una guerra religiosa. Recordemos que Goyeneche era americano, por eso nunca digo “los españoles”. No había españoles, los defensores del rey eran todos americanos. Goyeneche era peruano, combatió con Pío Tristán, con Belgrano. Prácticamente, la guerra de la Independencia fue una guerra civil. Y religiosa, claro. Tal es así, que cuando Goyeneche logra que Castelli se retire de Potosí, antes de ir a ocupar la Casa de Gobierno la hace exorcizar.
–¿Por eso las acusaciones a Castelli en el juicio durante el cual muere son básicamente contra su impronta antieclesiástica?
–Claro. Es tan herética la acción, cobra una dimensión tan herética, que hasta explica el hipercatolicismo posterior de Belgrano. Belgrano tiene que convencer a los altoperuanos que no es un hereje endemoniado. Se la pasaba en misa, rezando, porque tenía que ir limpiando la imagen que había dejado Castelli. Una vez le preguntaron a Belgrano si era porteño, y él respondió “no, yo soy cristiano”.
–Más allá de no adscribir a la interpolación entre personajes distanciados en el tiempo, usted mencionaba el apoyo popular bajo la Revolución de Mayo. En contrapartida, hubo un escaso apoyo popular hacia el Che en Bolivia.
–La campaña del Che en Bolivia es un error que está condicionado por muchas razones. Él tiene que irse de Cuba. No quiere quedarse. Vuelve a Cuba desde Praga.
–Después del enfrentamiento con el Partido Comunista de la Unión Soviética.
–Exacto. Y no quiere volver. Y lo convencen que vuelva para preparar lo que él ha pensado como una expedición hacia la Argentina. Acepta ir totalmente clandestino, disfrazado. Tal es así que se encuentra con sus hijos y ellos no lo reconocen. Quiere irse, no quiere quedarse en Cuba. Siente que Fidel lo ha traicionado. Será peor cuando Fidel lee aquella carta famosa que él había dejado para leerla solamente en caso de morir. Fidel transgrede la instrucción del Che porque sabe que el Che está vivo, pero lo hace para desmentir un cable de la agencia alemana que señalaba la muerte de Guevara como similar a la de Camilo Cienfuegos. Él sale a leer esa carta para demostrar que el Che está vivo, pero el Che lo vive como una gran traición. Había perdido la interna política. Cuba, de alguna manera inevitablemente, había optado por la dependencia a Moscú. Él tenía que irse a algún lado. Y la expedición a Bolivia aparece además como alternativa de último momento. Una elección equivocada del lugar. Inclusive contra los principios de su manual del guerrillero, porque llega a un lugar inhóspito, sin gente, sin animales, con una selva demasiado tupida. Es casi una contradicción a sus propios principios.
–Con sindicatos fuertes y movilizados como los mineros que no estaban ahí por donde ellos entran a Bolivia.
–Claro. Inclusive los mineros intentan entrar en contacto con él pero es imposible. No tienen forma de comunicarse. El aparato de radio a válvula que llevaban se rompió a los pocos días. Y, lo peor de todo: el mecanismo de atracción de los campesinos durante la experiencia en Cuba había sido diciéndoles que ellos iban a ser dueños de las tierras. El lugar que elige el Che es un lugar donde los campesinos son dueños de sus tierras, otorgadas por la revolución de Paz Estenssoro. Tal es así que la campaña de la CIA y del gobierno boliviano está basada en que los guerrilleros quieren sacarles la tierra. Más allá de que informan que hay paraguayos en esa invasión, haciendo foco en el recuerdo triste de la guerra boliviano paraguaya. Todo había sido muy desafortunado, con muy pocas chances de éxito.
–¿Son inevitables ambas muertes? Más allá del cáncer de Castelli, parecen muy pocas sus probabilidades de seguir vivo en las condiciones de enjuiciamiento en que estaba en 1812.
–Tendríamos que decir: Artigas desterrado, Dorrego asesinado –no fusilado sino asesinado–, San Martín exiliado, Pancho Ramírez asesinado. ¡Qué podemos decir! Es el destino de los que se identifican con los intereses populares. Lamentablemente es así, los intereses de las grandes mayorías, en ciertos momentos, logran algún intérprete como para conseguir la fuerza necesaria para hacer valer aquello que desean, que merecen. Pero generalmente en nuestra historia se han impuesto los sectores más oligárquicos, más reaccionarios, más conservadores, asociados con los poderes extranjeros, ya sean imperios o grandes holdings financieros, económicos, periodísticos. Los dos estaban marcados por una altísima probabilidad de infortunio. En el caso del Che, es notable. Yo he entrevistado a muchísima gente, entre ellos, Benigno, extraordinario personaje exiliado en París por su pelea con Fidel. Él dice que el Che tenía clara idea de que ésa era su última batalla, que ya no había más. Inclusive en lo personal, las actitudes eran muy distintas con las que ha tenido en Cuba y en el Congo. Hay una cosa extraordinaria en la última entrada de su diario, 7 de octubre de 1967, cuando él sabía que estaba todo terminado. Días antes, uno de sus colaboradores, dice que estaban tan cercados que no podían abrir una lata de sardinas porque los iban a escuchar. Ya no eran los soldaditos bolivianos de los que habla al principio de su diario. Allí estaban los Rangers. El 7 de octubre, el Che escribe: “Se cumplieron los once meses de nuestra inauguración guerrillera sin complicaciones, bucólicamente”, mientras otros combatientes escribieron en sus libretas cosas como “los soldados pasan frente a nosotros y escuchamos su conversación en este mismo momento. Estamos rodeados por todas partes”. Ellos están escuchando la conversación. Y Guevara escribe “sin complicaciones, bucólicamente”.
–¿Por qué, teniendo los dos cierto apoyo popular, no hubo una manifestación de inmediato, ni con Castelli para sacarlo de las garras del Triunvirato ni con el Che?
–En Castelli, por la complejidad porteña de ese momento. Castelli venía muy metido en la interna del morenismo contra el saavedrismo, cuando llegan el 6 y 7 de abril y se frena el golpe morenista. Saavedra es el gran protagonista de aquel 17 de octubre en 1811. Saavedra era el verdadero líder popular y Castelli se había identificado con el golpe. Los sectores populares estaban con Saavedra. En el caso del Che es muy interesante. Yo he hablado con mucha gente… Y alguno de ellos ha dicho: “¿Por qué no comunicamos que el Che estaba en Bolivia?”. Esa fue nuestra gran equivocación. Hubiera habido una movilización, hubieran venido los bolivianos de los partidos de izquierda. Porque el Che no tenía ninguna forma de comunicarse.
–Si lo hubieran comunicado, ¿no lo hubieran matado?
–Es posible que no, hubiese sido interesante. Muchos pensaban que si decían que el Cheestaba en Bolivia, los Estados Unidos hubieran intervenido. Pero no comprenden que los Estados Unidos ya habían intervenido porque el Ejército ya lo sabía. Y dicen: “Nosotros fuimos tan idiotas que no nos dimos cuenta que el ejército ya lo sabía. Porque ya se los había dicho Régis Debray”. Lo fueron cazando como a una fiera: cercándolo poco a poco, como un proceso de demolición. Y en ese sentido es interesante qué paso con Debray. Qué le pasó al Che con Debray. Yo una de las cosas que replanteé en este libro –algo que ya estaba en el anterior libro– es la argentinidad del Che. Estoy harto de que la gente del mundo se crea que es cubano. Porque lo hemos regalado. Ya es hora de que lo reivindiquemos como propio. El Che era argentino. Y es muy argentina su relación con Régis Debray: una admiración desmedida por la intelectualidad francesa. Y eso le hace cometer sus dos mayores errores. Por empezar, el de incorporarlo a su columna: cuando Debray venía de París, ahí en la selva boliviana el tipo no soportaba los mosquitos, no soportaba el calor, el miedo, al tercer día ya jodía de que quería irse, que quería salir para comunicar al mundo. Y el Che comete un segundo gran error: lo hace salir. Y allí Debray cae preso. Otro error: le dice a la retaguardia que lo esperen, que le da la salida a Debray y vuelve. En el momento que fue, entró una columna del ejército y la retaguardia tuvo que volverse. A partir de ahí no se encontraron nunca más. Como no tenían ningún walkie talkie, la columna del Che, que ya era realmente débil, queda partida en dos. Es muy interesante cómo el Che se deja llevar por esa cosa argentina del intelectual francés.
–Algo que también le pasa a Castelli con el jacobinismo francés. Siguiendo su línea de pensamiento podríamos decir que lo que los une el error ante lo intelectual francés.
–Es un detalle interesante, por cierto.
–¿Quién puede haber sido el Régis Debray de Castelli?
–Castelli cae por su derrota militar de Guaqui… Pero sería muy interesante averiguar quién denuncia sus supuestas prácticas heréticas. Pero no, esa información no está. Había una interna, sí. Una cosa fascinante es que la batalla de Guaqui se decide por la interna política en Buenos Aires. Hay jefes que no se mueven, que permanecen al frente de sus tropas estáticos porque son saavedristas. Castelli había dicho que, luego de derrotar a los españoles, bajaba hasta Buenos Aires para meterle una patada en el culo a Saavedra y a todos aquellos que lo acusaban de estar en combinación con la portuguesa Infanta Carlota. Entonces, todo eso generaba un enfrentamiento que se decide en la batalla. Así que, sí, Castelli tenía enemigos políticos. Muchos.
–¿Pueden estar en pie de igualdad Castelli y el Che en la historia de la región?
–No estoy muy de acuerdo en la similitud entre Castelli y el Che. Los dos eligieron, a pesar de sus orígenes bastante burgueses y demás, la identificación clara con las penurias de los humildes. Un personaje que tiene que ver mucho con el Che es Monteagudo. Monteagudo era un teórico de la Revolución, él tenía muy claro todo, tenía el fuego revolucionario, si tenía que estar con Alvear o con Bolívar o con San Martín, lo hacía, tenía una capacidad de seducción magistral. Además, poseía una visión americanista extraordinaria, el congreso en Panamá… Creo que el Che tiene algo de Castelli y algo bastante de Monteagudo. El Che era un teórico, un doctrinario. Una persona muy próxima al Che, casi como un hermano suyo, me lo confesó: “El Che es muy resaltado en Cuba como guerrillero, porque no quieren recordarlo como teórico”.
–Sin embargo, su andamiaje teórico puede verse en sus libros…
–Exacto. Allí hay críticas al pseudomarxismo del sistema bolchevique, y preanuncia, con una claridad diáfana, la caída del mundo comunista si Moscú seguía en la dirección que llevaban. O sea, que él ha sido un crítico; el Che muere perseguido tanto por la CIA como por la KGB. Están molestos con él tanto Estados Unidos como la Unión Soviética. Los yanquis, porque Guevara rompía el acuerdo de la Guerra Fría, de la paz concertada entre las dos potencias. Los rusos, porque el Che rompía el proyecto de exclusividad marxista en Latinoamérica.HLVS COMANDANTE!!!
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APUNTES A LA CACEROLA

LOS RETAZOS DE UN JUEVES CULINARIO

  
      Las protestas del jueves sacudieron la modorra de la escena política, más allá de las histerias y las matemáticas antojadizas. Muchos o pocos, se hicieron notar. La gente, la sociedad, los argentinos, los ciudadanos son distintas maneras de objetivación a las que apelaron los oportunistas de siempre. Caceroleros, gorilas 2.0, golpistas, clarinistas fueron las diferentes etiquetas que pusimos los del otro lado. Porque es así, hay un lado y otro lado. Los unos quieren un país y los otros, otro. Y los dos países son inconciliables, como podrá verificarse con una recorrida apretada por la historia de nuestro país. Y el autor de estos apuntes está muy lejos de suponer que esos dos proyectos se encuentran en polos absolutamente opuestos. Al contrario, comparten una franja estrecha de un espectro ideológico que no se aparta de los principios del capitalismo. Con matices, claro.
El kirchnerismo propone un capitalismo amigable, con un creciente control de la economía, con un disciplinamiento basado en el compromiso social de los empresarios, con tímidas apelaciones a la responsabilidad tributaria y con una lenta pero constante redistribución del ingreso. A pesar de algunas contradicciones, el proyecto en curso ha alcanzado reducir los índices de desocupación, pobreza e indigencia y sobre todo, la desigualdad entre el diez por ciento más rico y el diez por ciento más pobre, que ha bajado a la mitad. En 2001, después de la crisis, los más ricos ganaban treinta veces más que los más pobres. En cambio, hoy los más ricos ganan quince veces más que los más pobres. Y aunque todavía falta mucho, esto es un buen argumento para pensar que vamos por el buen camino.
Desde hace un tiempo, los que se oponen al Gobierno Nacional se autodenominan el 46 por ciento y en eso basan su fortaleza. Sin embargo, es difícil de sostener esa idea. Ese 46 por ciento es sólo una suma de porcentajes variados que no alcanzan la unidad, ni la alcanzarán nunca, salvo que apelen a un cóctel de compleja digestión. Porque en esa paleta porcentual hay de todo, sin otro objetivo común más que desterrar al kirchnerismo. A la hora de presentar un programa de gobierno ante la sociedad, seguramente apelarán a generalidades que no constituirán una trayectoria. Ese 46 no comparte la misma idea de país. Y es lógico que eso ocurra. De un lado está el país propuesto por el kirchnerismo y todos los que lo apoyamos; del otro lado están los que ocultan el país que quieren porque no se atreven a describirlo; en el medio, están los desmemoriados, los asustadizos, los desclasados, los turistas, los oscilantes, los distraídos, los veletas y los nostálgicos perpetuos de cualquier momento menos del presente. Ah, y están también los que dicen que tienen que volver los militares para  poner orden,aunque uno no sabe en qué sitio meterlos.
Los que se animaron a capitalizar de manera despiadada la movida del jueves pertenecen a las no-fuerzas no-políticas que no juntan ni para un torneo de truco. Y, con un olfato tan afinado como el de Ernesto Sanz, sólo Esteban Bullrich, el ministro de Educación porteño, se animó a hablar de algo concreto: la AUH. Claro, en medio de las protestas callejeras, aparecieron expresiones de rechazo a esta medida que muchos todavía no alcanzan a comprender. No es un plan, un subsidio ni una dádiva, sino un derecho que cada niño tiene a recibir lo básico para su crecimiento. Para los confundidos, es el equivalente al salario familiar que reciben los empleados registrados, pero para los que trabajan de manera informal o están desempleados. No es“una política del fracaso”, como señaló el ministro macrista, sino de inclusión, palabra de inalcanzable comprensión para los que siempre han estado más que incluidos. Y como contraprestación, los menores beneficiados deben asistir a la escuela y cumplir con los controles sanitarios.
Ante el reciente incremento de la asignación, Bullrich declaró que “genera un problema para toda la sociedad”. En principio, que en un país como el nuestro haya pobreza, es una vergüenza y solucionarlo debe ser un compromiso de toda la sociedad. Pero no conforme con esto, el ministro advirtió que, en el hipotético caso de que Macri alcance la presidencia en 2015, dejaría sin efecto la AUH, en función de propuestas de trabajo quizá ligadas a la flexibilización o cosas peores. Esa es la interpretación que hizo del último cacerolazo y es el modelo de país que propone. Para evitar confusiones, el otro lado.
Y eso que el ministro de Planificación, Julio De Vido aseguró que “no hay ningún dirigente político que se anime a ponerse al frente de esas consignas contra la Presidenta y contra este modelo inclusivo que lleva adelante”. El diputado bonaerense, Fernando Chino Navarro, advirtió que “no es prioritario para la Presidenta ni para nadie del Gobierno, ni para nadie que piense sensatamente en los destinos de la nación ver cómo resolvemos el problema de los dólares para viajar en vacaciones”. Y menos aún, faltó decir, a costa de abandonar las medidas de inclusión que se están llevando adelante.
En medio de su transitar oscilante, el socialista Hermes Binner aseguró que si el Gobierno “no atiende las demandas de la gente, las protestas van a volver con más fuerza que el jueves pasado”. Esto, sin precisar si las demandas son tales, o sólo excusas. Pero, apelando como siempre a las abstracciones republicanas, agregó que el kirchnerismo  “está transformando un sistema presidencialista en un sistema hiperpresidencialista con tendencia hegemónica” y que por ello “va en sentido contrario de lo que la gente quiere”.Y ahí está la clave y también la trampa. Lo que Binner llama arteramente hiperpresidencialismo es ni más ni menos que el Estado presente como control de las bestias y armonizador de las relaciones, amparando siempre a los más vulnerables. Lo que muchos detractores llaman el “Estado Paternalista” o cosas peores. Que es lo que molesta, de más está decir. Por supuesto, por no cargar torpezas sobre torpezas, nada dirá este ignoto profesor de provincias sobre la poco feliz frase “en sentido contrario de lo que la gente quiere”. Precisamente él, que porta tan sólo un 17 por ciento de aceptación en declive.
Estas minorías que se expresaron de manera legítima en las protestas del jueves culinario exigen ser escuchados en sus demandas. Pero a la vez, no son capaces de escuchar las razones de las medidas que tanto molestan. Muchos de los que tuvieron un micrófono expresaron ideas en contra de la Cadena Nacional. Los que reclaman ser escuchados no son capaces de escuchar. Que las minorías no se dispongan a escuchar a las mayorías es una ecuación de difícil resultado. Un gobierno democrático es de mayorías, con respeto del derecho de las minorías. Pero minorías vulnerables, no poderosas. En este caso, son esas minorías las que no respetan a las mayorías.
Mientras tanto, el FAP comenzará este fin de semana con su campaña de recolección de firmas para evitar la reforma de la constitución que habilite un tercer mandato de CFK. No quieren que Cristina se eternice en el poder. Claro, nadie junta firmas para cortar con la permanencia eterna de los que pretenden gobernar el país desde las sombras de sus infectas madrigueras en su propio beneficio. Esos eternos a los que nadie vota, no molestan a estas nobles fuerzas republicanas.

Cacerolazo y Democracia

 

 

 

 

 

 

 

Por Agustín Lewit

¿Democracia o diktadura? Por una verdadera República, digamos basta. Ni un K más.” Esa es la consigna con la que un sector de la sociedad –difícil identificar su filiación política– convoca a movilizarse hoy para expresar su descontento hacia el gobierno nacional.
La frase, que comenzó a circular por las redes sociales y que rápidamente fue levantada y fogoneada desde distintos medios opositores, está cargada de múltiples sentidos.

Lo primero que llama la atención es la antinomia con la que se abre la consigna: ¿democracia o diktadura? Por parte de quienes convocan, el llamado estaría motivado a dirimir la contienda entre la “tiranía cristinista” –autoritaria, déspota, monárquica– y una Democracia con mayúsculas, que parece no precisar mayores definiciones.
Es un buen ejercicio imaginar aquello que la consigna no dice, pero supone. Desde qué concepción de democracia ese sector llama a movilizarse, cuál es la forma de gobierno que imaginan y detenernos en los elementos que son vividos por ellos como rasgos dictatoriales.
Un modo de descifrar lo que entienden por democracia, es leerla a la par del concepto que ellos mismos ponen a continuación: “Una verdadera república”. Con la aparición de ese nuevo término parece aclararse el asunto: la democracia que suponen verdadera es una que asuma la forma republicana, entendiéndose por ello la tan preciada calidad institucional, la mesura política, la búsqueda de consensos, etcétera. Esa antítesis entre una democracia republicana y su contracara fallada tiene largos antecedentes en los debates políticos argentinos y latinoamericanos. Junto al surgimiento de experiencias de gobiernos populares en la región en el siglo XX, surgieron sus detractores, pertenecientes a los sectores más acomodados y con la mira siempre puesta en el Viejo Continente, que veían en la avanzada popular el peligro de la permanencia de sus privilegios. Esa visión descalificadora de los gobiernos populares logró hacer mella en sectores medios y en fracciones de la izquierda. Las nuevas experiencias y los aportes lúcidos de algunos intelectuales han enseñado a leer los populismos más como expresiones políticas propias de nuestra región, que conjugan particularidades, tradiciones y características de esta parte del mundo, que como las formas desviadas y distorsionadas de los buenos gobiernos.
Del “devenir dictatorial” del gobierno kirchnerista es preocupante el uso liviano que hacen de un concepto denso para la historia argentina, en particular, uso que es posible sólo a condición de vaciar de contenido el concepto. Resulta curioso, por no decir sospechoso o sintomático, que llamen dictadura a un gobierno electo y reelecto con amplísimo apoyo popular y, fundamental aun, que ha consagrado derechos de mayorías y de minorías en un proceso de amplitud democrática sin antecedentes casi en nuestra historia nacional. El hecho de que puedan convocar a movilizarse en contra del gobierno, son la prueba más cabal de la existencia plena de un sistema democrático.
Sería positivo que quienes decidan movilizarse se preocupen menos por expresar su odio antikirchnerista y se dediquen más a plantear posicionamientos: qué tipo de economía defienden, su opinión sobre los Derechos Humanos, su posición frente a la desigualdad social, etcétera Que puedan conformar una oposición política que represente un proyecto alternativo. Los que no nos movilicemos, deberíamos evitar lecturas moralizantes, que entienden la contienda política, entre razones verdaderas y erradas, y comprender que del otro lado hay intereses por defender. Y que si los sectores más acomodados sienten la necesidad de salir a las calles a defenderse, es por que sus privilegios, como mínimo, han comenzado a ser cuestionados. Cada uno sabrá posicionarse.

 CACEROLAS

 

 

 

 

 

Por Enrique Lacolla

La frivolidad y la inconsistencia de los reclamos del cacerolazo no debe disimularnos la existencia de una ancha franja de población que no sabe lo que quiere y que por lo tanto puede ser manipulada a discreción por el sistema oligárquico-imperialista.

 

En la noche del pasado jueves cantidades considerables de gente, perteneciente a lo que podría llamarse clase media acomodada, salió a protestar contra el gobierno. Las manifestaciones tuvieron bastante entidad en Buenos Aires y en Córdoba, y asimismo en algunos otros centros urbanos del interior. Las reivindicaciones de los “protestantes” fueron de una escualidez y una estulticia manifiestas. No es que se desee menospreciar al público que concurrió a esa convocatoria fogoneada desde los medios monopólicos y hecha circular por Facebook, pero los reclamos enarbolados por los manifestantes, cuando se dignaban hacerlo y no se limitaban a vocear insultos contra la Presidenta, eran de una puerilidad extrema. Reivindicar la libertad de expresión, clamar contra la “Diktadura”, gimotear en torno a la prohibición de comprar dólares y protestar por la falta de seguridad son caballitos de batalla del establishment comunicacional, que se autodestruyen a poco que se reflexione sobre ellos. ¿Acaso sus desaforadas expresiones de rechazo al gobierno son censuradas? ¿No es libre la prensa monopólica de verter ríos de información tergiversada o mentirosa y a veces hasta procaz, día tras día en periódicos, radios y canales de televisión? ¿No contaron los manifestantes con la custodia de los efectivos policiales que arreglaron su libre circulación por las calles de las ciudades? ¿No son muy inferiores los índices de delincuencia en las metrópolis argentinas respecto de los que se registran en otras ciudades latinoamericanas?

Esos gritos y esos cacerolazos son exteriorizaciones de una rabia ciega y tonta. Pues si en los casos de las empresas monopólicas de prensa que alientan este tipo de expresiones resultan del temor ante la inminente entrada en vigencia de la ley de medios que permitiría airear la atmósfera, viciada por el discurso único neoliberal que el país padece desde hace décadas, en el de la gente del común que se dedica a golpear cacerolas su actitud equivale a escupir al cielo. De haber seguido el país en manos de los que lo vaciaron y torcieron tan absurdamente su rumbo entre 1976 y 2001, esa clase media privilegiada no dispondría de los posibles de los que hoy goza y se vería sometida a un ajuste similar al que castiga en este momento a los países de la UE. Sin hablar de que en estos momentos la inseguridad que tanto temen alcanzaría niveles récord.

No vamos a asumir una actitud de defensa acrítica del gobierno. Hemos puntualizado muchas veces los aspectos que falta asumir para hacer que la experiencia iniciada en 2003 no naufrague miserablemente. Tenemos todavía la economía más extranjerizada de América latina y la renuencia del Ejecutivo a asumir una real profundización del “modelo” es un factor negativo y peligroso que pende sobre el futuro. Pero cuando vemos a los caceroleros vocear un odio y una bronca que trasudan resentimiento de clase y de raza, no hay duda acerca del lado del que se ha de estar. Esto es, al lado de un Ejecutivo que ha paliado la pobreza extrema, que ha controlado la pauta cambiaria, que ha renacionalizado las AFJP, que ha recuperado YPF y Aerolíneas y que tiene una política exterior en general irreprochable y muy volcada hacia la integración latinoamericana.

El problema es que el propio gobierno es el que debe hacer las cuentas con lo que ha hecho, con lo que le falta por hacer y con la capacidad de resistencia que debe tener para no terminar siendo víctima de una propaganda mentirosa y turbia, pero que cuela su mensaje en los sectores intelectualmente más débiles y más manejables de esta sociedad.

El regreso de Frankenstein y el error de Cristina

Se está configurando un frente opositor que querría ser destituyente si tuviese la fuerza suficiente para organizarse como tal, cosa que no ocurre. En él se vinculan los monopolios de prensa, el sector empresario transnacionalizado, con el añadido de la Rural; y políticos conservadores de diversa laya, muy interesados en ser diligentes servidores de los poderes de la economía global. Macri, De la Sota, el arco opositor en general y los desprendimientos del Frente para la Victoria se agitan en procura de una oportunidad.

Aquí empieza a medirse el error monumental de Cristina cuando decidió romper con el sector sindical liderado por Hugo Moyano. Se ha quedado sin una fuerza capaz de tener presencia en la calle, y que fuera también capaz de articularse como un actor social provisto del peso suficiente para dar vuelta las cosas en las urnas.

El gobierno no negoció lo que podía haber negociado con Moyano. Pero lo peor es que esto ha redundado en un desastre a dos puntas. Pues lejos de empujar al líder camionero a tomar el relevo con una asunción realista de sus posibilidades y a realizar un esfuerzo por interpretar el papel de la clase trabajadora como punta de lanza de la transformación del país, lo ha lanzado a encerrarse en la reivindicación sólo gremial y a juntarse con lo más negro del espectro opositor. No es codeándose con Macri, el Momo Venegas o Miguel del Sel que va a recuperar presencia. Moyano se está encerrando precisamente al querer abrir el juego hacia fuerzas que lo desprecian, lo temen y pretenden usarlo. Su conducta linda ya con el despropósito. Podrá aducir que no le han dejado otro camino, pero no es cierto; su falta de disposición a hablar sobre los problemas estratégicos que aquejan al país y en los cuales todos estamos directamente involucrados, es su responsabilidad, y equivale también a un renuncio que deja huérfana de protagonismo a la clase obrera.

Las manifestaciones del jueves no son, en sí mismas, otra cosa que un episodio, una efervescencia pasajera que no debería ser importante. Esas gentes son la espuma de la sociedad, no tienen peso orgánico. Pero, confrontadas a la inacción de gobierno se convierten en un factor a tomar en cuenta, pues detrás de ellas actúa el establishment que vive en connubio con el imperialismo. Se constata un debilitamiento de la presencia estatal. La Presidenta dilata las cosas esperando que se resuelvan por sí solas. Ella también se encierra en un discurso en el que se escucha sólo a sí misma. Mientras tanto el intendente de Buenos Aires la desafía deliberadamente, el gobernador De la Sota dispone aumentos en el combustible que exceden sus atribuciones constitucionales y el fantasma de la rebelión de las provincias-emiratos petroleras amenaza con sabotear el principio de unidad de la Nación y el de la centralidad que deben tener sus políticas en materia de recursos estratégicos.

¿Qué es la “sintonía fina”?

La Presidenta usó en su campaña el leit motiv: “Hay que profundizar el modelo”. Pero no bien ganó las elecciones puso en circulación otro môt d’ordre, un tanto enigmático: “Llegó la hora de hacer sintonía fina”. Después de lo ocurrido en los meses que precedieron y sucedieron al acto electoral el sentido de esa expresión se ha clarificado bastante y no en la dirección que desearíamos. La procuración de un modelo desarrollista fundado en el acuerdo con una burguesía a la que se califica de nacional, es en buena medida una ilusión que es difícil que resista la prueba de las tensiones que resultarían de la puesta en marcha de un plan de reformas estructurales. Y entonces otra vez tendríamos a los sectores de clase media desnacionalizada saliendo a hacer barullo en las calles y a incentivar su propia histeria, que por cierto alcanzaría niveles de paranoia si las débiles agrupaciones juveniles que ha organizado el gobierno quisieran contrapesarlas.

El kirchnerismo tampoco ha logrado (o se ha preocupado de elaborar) una política militar que se gane a las fuerzas armadas incorporándolas a un proyecto nacional que las incluya. Resabios del pasado, rémoras psicológicas o incapacidad para formular la síntesis conceptual que se requiere para comprender el papel que las FF.AA. cumplen en las sociedades no plenamente integradas todavía, las han dejado a su libre albedrío mental. Ojala que desde su propia situación puedan elaborar una síntesis patriótica de su historia, que evalúe el contradictorio papel que jugaron en el pasado y las preserve de las tentaciones aventureras en el futuro.

Cubrir la brecha

El alboroto suscitado esta semana va a crecer, probablemente, en los meses venideros, a medida que se aproxime la fecha de la entrada en vigencia de la ley de medios. La persistente presencia de la Presidenta en las pantallas de la televisión, que tanto exaspera a sus opositores, deviene en gran parte de la necesidad de cubrir esa brecha, que va a ser explotada al máximo por la corporación mediática. Pero esa persistencia presidencial, expediente necesario en las actuales circunstancias, debería ser meditada y ponderada con una prestación más equilibrada de la misma. Un mayor concisión, una menor disposición a efectuar digresiones marginales, que consienten explayar el dominio de la tribuna pero que a la postre se hacen molestas, deberían ser tomadas en cuenta por la mandataria. No está Cristina en el parlamento, está ejerciendo el rol de primera autoridad del país, e irse por las ramas en alocuciones que tocan temas centrales no le sienta bien. Quizá el lucimiento que le da el hablar improvisando debería ser reemplazado por la sobriedad del discurso escrito, que lleva al centro del asunto sin demoras y consiente su exposición puntual y categórica.

Pero esto es también, me temo, una digresión. Lo que queremos señalar en esta nota es que las manifestaciones del pasado jueves, por vacuo que sea su contenido, expresan el hormigueo del descontento de sectores inorgánicos que no saben lo que quieren –salvo, por supuesto, el linchamiento moral de la Presidente-, pero que pueden llegar a brindar un halo popular a las maquinaciones del sistema, experto en manipulaciones.

Quizá la única forma de salir al cruce de la tormenta que se está formando sea la organización, fuera del aparato oficial, de una organización que recoja los datos progresivos que ha aportado el kirchnerismo y los empuje a un estadio más alto. Marchar juntos, pero no mezclados (viejo tópico marxista) sería una forma de fortalecer un programa nacional. Sería más fácil si desde el gobierno se asumieran como propios los mecanismos para realizar el cambio, pero si eso no ocurre hay que conformar una fuerza nueva que sea capaz de recoger la herencia del pasado y de transformarla con miras a al futuro. Hay una esperanza de que esto no sea tan urgente todavía, y esta surge del hecho de que Cristina Fernández y su círculo han sido capaces, cuando se han visto acorralados, de operar políticas reactivas que dan pábulo a la esperanza de que se decidan a asumir el papel que les compete. Pero siempre, al poco tiempo de tomadas, esas actitudes tienden a diluirse con arreglos o con declaraciones que les quitan filo. Esperemos que la próxima vez no ocurra así y mientras tanto preparémonos a cubrir esta otra brecha, la que va desde el país que fenece al país que está por nacer.

QUIEN FUE JOSÉ DE SAN MARTÍN

                        Y QUE

CONTÓ DE ÉL LA HISTORIA OFICIAL

Generación tras generación se ha contado una historia tergiversada basada en los conceptos del mitrismo que eligió presentarlo a la posteridad como un héroe digno de estar al lado de Rivadavia y de otros próceres unitarios.


Por: Norberto Galasso

La Historia oficial nos enseñó que era el Padre de la Patria. Nos contó que nació en Yapeyú –aunque no nos dijo que hablase, además de castellano, el guaraní, propio de esa zona– que después estuvo dos años en Buenos Aires y al cumplir los seis, se fue con su familia a España. Mitre poco nos dijo sobre su estadía allí, salvo que a los once años ingresó al ejército español como cadete en Murcia, y menos aun nos relató datos fundamentales para conocerlo: dónde y qué estudió, si bailó y tuvo novia, si corrió peligros en muchas batallas, si lo deslumbró la Revolución Francesa de 1789 o la insurrección popular en la península ante la invasión napoleónica, en mayo de 1808. Nos recordó en cambio que sobresalió en las luchas de Arjonilla y Bailén y de repente, siendo teniente coronel de caballería de ese ejército en el que ya había peleado más de 20 años, nos dijo que decidió, de repente, regresar al Río de la Plata para sumarse a una revolución antiespañola que había estallado el 25 de mayo de 1810. ¡Qué hombre extraño!, ¿no es cierto?

Habiendo aprendido a leer, a sumar y restar, a conocer de la geografía y la historia españolas, impregnado de esa cultura, habiendo combatido largamente bajo la bandera española, acostumbrado a repetir refranes o giros lingüísticos hispanos, ¡venir a dar su vida peleándole al ejército del cual había formado parte tantos años! Pero lo hizo tan bien, enseñó Mitre, que merecía colocárselo junto a grandes patriotas como Rivadavia y otros próceres unitarios y colmarlo de halagos en las fiestas escolares. Él quería, según Mitre, liberar a los países de América del “yugo español” –al cual había defendido 22 años– y que cada uno se declarara país independiente, aunque no explica por qué razón se fue a pelear a Chile –en vez de defender a Buenos Aires acosada por los montoneros artiguistas– y después se hizo protector del Perú, como si fuera un apátrida, un aventurero o peor aun, un mercenario, pero sí nos señaló que hubiera hecho más proezas si no se hubiese cruzado en su camino un tal Bolívar que le quitó la gloria de dar el golpe final al ejército español en el Perú, maniobra de la cual fue víctima, dada su generosidad, que debe llevarlo a la condición de “Santo de la Espada” (según Ricardo Rojas) y no de ambicioso expansionista que quería unir a Hispanoamérica como aquel venezolano “pícaro y mujeriego”.

Esta leyenda sobre San Martín fue repetida generación tras generación, puesto que Mitre había sido consagrado Padre de la Historia por la clase dominante y después lo sucedieron aquellos a los que todo “le vene” bien, con tal de estar en la Academia y tener espacios en los medios de comunicación (y a quien le acomode el sayo, que se lo ponga, sea liberal o revisionista “a la violeta”).

Pero en 1997, Juan Bautista Sejean aterrizó en el tema sorpresivamente y publicó San Martín y la tercera invasión inglesa, sosteniendo que la única explicación de que un veterano del ejército español viniese al Río de la Plata a sumarse a una revolución antiespañola y, por tanto, a combatir al ejército al cual había pertenecido hasta pocos días antes, sólo puede residir en que fue sobornado por los ingleses, al pasar por Londres en 1811. Y lo sostuvo contundentemente: “Parece muy difícil afirmar que San Martín no fue un agente inglés” (pág. 129). Lo cual significa: el Padre de la Patria de los argentinos fue un agente inglés. ¡Qué osadía! ¿No es cierto? Pero no hubo refutación alguna por parte de academias, universidades y otras instituciones llamadas “de bien público”, a tal punto que el mismo Sejean, al año siguiente publicó Prohibido discutir sobre San Martín, donde afirmó que había supuesto “que se iba a desatar un intenso y apasionante debate… pero no fue así. En forma unánime optaron por el silencio” (pág. 13 y 15). Para la misma época, alguien sostuvo que San Martín no era hijo de Gregoria Matorras sino de la guaraní Rosa Guarú y don Diego de Alvear, es decir: no sólo hijo extramatrimonial sino, además, hijo de india… Y esto provocó diversas refutaciones porque para buena parte de la gente “léida” de la Argentina es denigrante ser hijo de india, pero no lo es ser agente inglés. En verdad, quienes así piensan merecen tener un Padre de la Patria de nacionalidad inglesa y por supuesto es razonable que voten en las elecciones a los candidatos que promociona Clarín o concluyan en que las Malvinas son inglesas.

Sin embargo, tanto Mitre como Sejean –así como sus seguidores y asimismo, los revisionistas rosistas– habían caído en la maniobra mitrista, de tipo colonial. Formado en España, en lo cultural, como hombre y como político, y fuertemente influido por lo que él llamaba “El Evangelio de los Derechos del Hombre”, es decir, la Revolución Francesa, San Martín era americano por nacimiento, pero muy hispano (por batallas, amores, estudios, en fin, sentimiento y pensamiento), un indohispano diríamos, un liberal revolucionario como los de las Juntas Populares de 1808 en España, como eran también los de las juntas populares liberales de América surgidas entre 1809 y 1811 (que ahora se sabe que no eran antiespañolas ni separatistas como pretendía Mitre, sino, como sostuvo Alberdi, constituían un amplio movimiento democrático de España y de América contra el absolutismo monárquico).

San Martín regresó, pues, en 1812, no por soborno alguno (fue enemigo a muerte de Rivadavia que era la expresión de los ingleses), tampoco por “un llamado de las fuerzas telúricas” como se ha sostenido ingenuamente, ni tampoco en el caso de haber sido hijo de Rosa Guarú (pues junto con él asumieron las banderas democráticas de Mayo muchos españoles de nacimiento, como Larrea, Matheu, Álvarez Jonte, Arenales, Blas Parera y tantos otros), así como hubo americanos de nacimiento que sirvieron a los ejércitos contrarrevolucionarios del absolutismo (como Pío Tristán, Goyeneche, Michelena, Olañeta y tantos otros). Pero Mitre quiso, por sobre todo, mostrar una Revolución de Mayo antiespañola, separatista, por el comercio libre (y por tanto pro inglesa) y de ahí sus discípulos sacaron que San Martín (siendo como Moreno defensor del indio, expropiador, revolucionario) fuera el antecedente de Rivadavia, proclamado por Mitre “el más grande hombre civil de los argentinos” (por ser elitista, pro británico y antilatinoamericano). Y entonces los alumnos se confunden: no entienden a San Martín (quien admiraba a Bolívar y tenía en Europa tres retratos suyos, uno delante de su propia cama) metido en una revolución para remplazar un virrey por una Junta Popular, permaneciendo la región adherida a España hasta 1814 en que se hunde la revolución democrática española y entonces sí resulta necesaria la independencia de 1816, por la que San Martín bregó para no someterse a la monarquía (ahora se sabe que hasta 1814 flameó la bandera española en el Fuerte de Buenos Aires).

La Biblioteca de Mayo, del año 1960, explica todas estas cosas, pero muestra la falsedad del mitrismo. ¿Y quién le pone el cascabel al gato, es decir al diario La Nación? Se ha repetido muchas veces lo que decía Homero Manzi: “Mitre se dejó un diario de guardaespaldas.” Y Alberdi, Manuel Ugarte, José León Suárez, Augusto Barcia Trelles, Julio V. González y tantos otros que dijeron la verdad en distintos épocas, fueron lapidados por el mitrismo, amordazados. Sumidos en el más profundo de los silencios, convertidos en “Malditos”.

Pero en esta época en que queremos ser nosotros mismos, no sumisos a la reina de Inglaterra ni al FMI de los yanquis, es preciso tener en claro quién era San Martín: era, junto a Bolívar, no sólo el Padre de nuestra Patria sino un Libertador que quería la América Latina que estamos gestando hoy con la Unasur, la CELAC, etc., y por eso, hay que decir bien alto que la OEA se ha muerto, enterrada en la misma fosa del mitrismo y de todos aquellos historiadores –sean liberales, “modernos” o revisionistas– que no se atreven a decir quién es el verdadero San Martín: nacional, en tanto le legó su espada a Rosas por defender la soberanía y fue enemigo de Rivadavia expresión del imperio inglés; latinoamericano, en tanto luchó por la liberación y unificación de varios países, admiró a Bolívar y respetó a los pueblos originarios a quienes llamaba “nuestros paisanos, los indios”; popular en tanto escribió “odio todo lo que es lujo y aristocracia”; intervencionista en economía (como lo demostró en Perú) y hasta expropiador (como lo demostró en Cuyo).

Con un Padre de la Patria con estas virtudes, ¿cómo no nos vamos a encaminar ahora hacia una América Latina libre, unida e igualitaria?

 

Lo imborrable de la historia

Por Felipe Pigna *

 

Desde su muerte se ha escrito mucho sobre Eva Perón. No pocos autores se han dedicado a subestimarla, a estudiarla como un fenómeno folklórico, como ocurre con las tradiciones y los mitos populares. Porque la historia del poder tiene una especie de fascinación por convertir a los protagonistas del lado popular de la historia en “mitos”, desvalorizándolos y arrojando desde ese rótulo sospechas sobre sus verdaderas ideas y acciones. No ocurre lo mismo, para dar un solo ejemplo, con el general de La Nación, Bartolomé Mitre, general mítico que no ganó en su vida una sola batalla. Pero, más allá y por encima de la voluntad de sus enemigos, Evita fue un sujeto político y compartió con Perón el liderazgo carismático del peronismo, demostró una gran capacidad de conducción y construcción política, llegando a manejar dos de las tres ramas del movimiento: la femenina y la sindical. A esta influencia decisiva se sumó su tarea social en la fundación, que la ubicó definitivamente en los sentimientos y en las razones de sus descamisados, llegando con su obra y también con su proselitismo hasta los últimos rincones del país.

Contra ese poder innovador y disruptivo construido por Evita con el imprescindible aval de Perón, fue que se alzaron las voces de sus enemigos más peligrosos, que le dejaban al resto de los opositores las críticas por su pasado de actriz, sus modos, su lujosa vestimenta y su “insolencia”. Advertían el peligro que para sus intereses representaba “esa mujer” que no se detenía ante nada y no confiaban en que Perón pudiera convertirse en su barrera de contención en la medida en que le fuera útil a su proyecto político y no intentara volar más alto que él.

La historia liberal clásica, devenida últimamente en la autodenominada “historia social”, ni siquiera hace el esfuerzo por comprender históricamente al peronismo, sino que lo estudia como un “fenómeno” al que intenta escamotear o disimular en sus libros como parte del proceso de los “populismos latinoamericanos”. Comprender no quiere decir justificar, sino exactamente entender la complejidad de un período que cambió la historia y atravesó la producción política contemporánea. Se parte en esos textos de una ajenidad aparentemente dada por la pertenencia al campo intelectual y a partir de allí se procede a juzgar aquel proceso como una anormalidad institucional y social. En cambio, a las etapas anteriores se las estudia indulgentemente desde la perspectiva de la historia institucional, pasando por alto el fraude, la miseria, la marginación y la represión de esos períodos modélicos que se rescatan acríticamente; así ocurre con la Argentina de 1910, puesta como ejemplo de épocas añoradas durante los debates del bicentenario por los más eminentes representantes actuales de la llamada “historia social”. Esa indulgencia con el modelo liberal agroexportador triunfante en 1910, que excluía, según las estadísticas oficiales, a más de la mitad de la población, que vivía en la miseria, se vuelve aguda crítica frente al peronismo y sus protagonistas en general y a Eva Perón en particular. Se la ve, en el mejor de los casos, como un emergente, como un producto de Perón, fanatizado e incapaz de producir política.

Se hace imprescindible tratar a Evita como a un sujeto político y han aparecido algunas obras, elogiosas o críticas de su trayectoria, en las que ya aparece algo fundamental: el protagonismo político de Evita, su capacidad de conducción y de elaboración política, la mayoría de las veces complementaria de la de Perón, pero a veces voluntariamente y otras involuntariamente, en competencia con el líder.

El odio de sus encarnizados enemigos la sobrevivió. Dinamitaron el lugar donde murió para evitar que se convirtiera en un sitio de culto, prohibieron su foto, su nombre y su voz, pasaron con sus tanques por las casitas de la Ciudad Infantil hasta convertirla en ruinas, abandonaron la construcción del hospital de niños más grande de América porque llevaría su nombre, echaron a los ancianos de los hogares modelo, quemaron hasta las frazadas de la fundación, destrozaron pulmotores porque tenían el escudo con su cara, secuestraron e hicieron desaparecer su cuerpo por 16 años. Pero como sospechaban los autores de tanta barbarie, todo fue inútil.

* Historiador, autor de Evita. Jirones de su vida.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“Por encima de la voluntad de sus enemigos, Evita fue un sujeto político y compartió con Perón el liderazgo carismático del peronismo.”

 

Nos marca el camino

Por Milagro Sala *

La figura de Evita se acrecienta con el tiempo y se convierte en un símbolo para aquellos a los que nos preocupa la situación social, económica y existencial de los sectores más pobres y necesitados de nuestra sociedad.

En este mundo globalizado donde las corporaciones financieras dirigen la economía de los gobiernos de los países más importantes del planeta y el valor central son los bancos y el dinero, una figura como la de Evita –que privilegia al ser humano y, en particular, a los seres humanos menos favorecidos como son los niños y los ancianos– llega a tener una trascendencia tan extraordinaria que es difícil de imaginar.

Porque hoy los bancos se han convertido en templos donde sus fieles devotos son los operadores de Bolsa que dictan las leyes de un mercado convertido en un dios que domina al mundo.

Nunca antes la humanidad tuvo que soportar un desprecio tan absoluto de valores como la bondad, el amor, la compasión, la solidaridad, el afecto, el respeto hacia los abuelos, la belleza del dar sin recibir… sólo el dinero parece ser lo importante para esos constructores de la sociedad deshumanizada, cruel y egoísta que vivimos.

El sentido de la vida es un misterio que vive en el corazón del ser humano. Y ese corazón puede latir en plenitud sólo cuando se ha conseguido solucionar las necesidades básicas materiales y espirituales para todos. Evita hizo ese esfuerzo y lo pagó con su vida.

Nosotros, desde la Tupac Amaru, tratamos de continuar ese camino con su ejemplo y tenemos muy en claro que debemos hacer un esfuerzo cotidiano con fuerza, con imaginación pero también con alegría de vivir, incluyendo a todos y sin olvidar a nuestros hermanos de los pueblos originarios cuya espiritualidad y ceremonias tenemos muy presente en todas las actividades.

Las alegorías de la Tupac Amaru se complementan con las figuras del Che Guevara y con el gran patriota indígena latinoamericano José Gabriel Condorcanqui, Tupac Amaru II, precursor de todos los alzamientos posteriores que lograron la independencia de la colonización española en el subcontinente andino y en cuya memoria dimos el nombre a nuestra organización barrial.

Sobre Tupac se puede decir también que es el hombre que, en su rebeldía en contra de la explotación y la discriminación de nuestros pueblos, se hizo cargo de la visión indígena, de la cultura de los pueblos originarios, del Abia Yala precolombino en acción, cuya genética nos toca. Porque antes de la llegada de los españoles nosotros gozábamos de un inmenso territorio que no estaba dividido en países ni en fronteras cerradas. Un territorio cuyos habitantes respetaban la tierra, el agua, el aire y el fuego y que, mucho antes del invento de la ecología, protegían sus recursos naturales a los que consideraban sagrados.

En cuanto al Che rescatamos su lucha inclaudicable, su militancia, su visión revolucionaria y en particular una frase: “Hay que ser duros, sin perder la ternura jamás”. Es de todos conocido el espíritu del Che y su empecinamiento en lograr la liberación de Latinoamérica. Al igual que Evita, dejó su vida en el camino. Puede discutirse su metodología de lucha –que no compartimos–, pero no se puede discutir que en su mente, la justicia social, la extinción de la pobreza y de la indigencia del ser humano eran un valor principal.

Para nosotros, entonces, esas tres figuras representan lo mejor y lo más puro de la lucha del futuro y en su síntesis estamos uniendo el sentido y la satisfacción de las necesidades insatisfechas más profundas de los habitantes la tierra latinoamericana.

Hoy, día en el que se conmemora la muerte de Evita, le rendimos homenaje una vez más, como hacemos todos los días replicando su ejemplo.

* Organización Barrial Tupac Amaru.

 

“Una figura como la
de Evita llega a tener
una trascendencia
tan extraordinaria que
es difícil de imaginar.”

 

El emplazamiento

Por Horacio González *

Es nuestro misterio embalsamado. Cuando algo toma la forma absoluta del ritual, la manera ya consumada del mármol, parecería que el pensamiento es conminado a una obligatoria eternidad. Pero aunque ninguna cultura se pensó eterna, todas han deseado inventar sus materiales para la perduración. En un recordable libro de Octavio Paz se dice que sobre el teocali de las viejas culturas se levantaron iglesias de otros credos y ello seguiría siendo así, precisamente porque los lugares de emplazamiento no cambian. Siempre es el mismo sitio, la misma piedra, el mismo cimiento que, aun creyéndose fundador, se sobrepone al cimiento anterior. La cultura social argentina quizá tiene en Evita, y en la aparente facilidad para pronunciar su nombre, el signo de que lo perdurable no es otra cosa que la búsqueda de una explicación para la angustia de no saber que estaba antes o lo que se emplazará después. Evita es un punto de encuentro de muchísimas sensibilidades, cada una con su materia, la arcilla, el bronce, el fonógrafo con su voz última, sus escritos espectrales que arrastran tantas otras autorías invisibles –lo que al padre Benítez, su confesor, no le convencía; un confesor busca la voz originaria temblorosa, genuina–, y algunas imágenes del cine argentino que se superponen en una extraña fusión –la máxima posible– con la historia nacional. Se la estudió a Evita de muchas maneras, con las cualidades propias de un mito, cuáles son las de la fijeza de una agonía y la posibilidad de correrlo aquí y allá hacia múltiples paisajes. En las villas de los pobres, los salones abastecidos, el palco dictaminador, en la entraña de la enfermedad calcinante, en el voto en su extenuado camastro con un joven Viñas actuando de fiscal electoral, en la escena de renuncia extrema, en un cementerio italiano con el nombre de una señora De Magistris, el primer piso de la residencia de Madrid, donde vivía un Perón que bajo ese ataúd tejía y destejía los nudos arácnidos de la política nacional, y también asomada como ausencia desesperante en un gran cuento de Walsh, como una limítrofe forma del habitar en otro cuento de Perlongher, como un motivo de la novelística de grandes públicos, como en la Santa Evita de Tomás Eloy Martínez y antes, en las especulaciones de los existencialistas argentinos sobre la potencia de la bastardía. Se le atribuyeron santidades, látigos, furias y dulzuras. Yace en el lugar o en el momento liminar en que la política debe elegir su tabla elemental de sentimientos. Hernán Benítez, ya citado, pensaba en una Evita confesional que no prestara su palabra a escritores sustitutos, folletines encantados y efigies que cubrieran la ciudad. No fue así, y quizás este viejo e interesante cura se equivocaba, porque en la situación de Evita el nombre se convertía en una efigie que circulaba en préstamos sustitutos, en réplicas incesantes y efectos de representación que escapaban del cristianismo social de Estado que él hubiera preferido. Había en cambio algo más interesante, que asimismo pertenecía al orden de un evangelismo de los marginales, un llanto colectivo que desafiaba los acostumbrados pudores –Martínez Estrada, un gran opositor, lloró ante las imágenes de su sepelio–, una piedad que no inhibía la lengua de la confrontación política, que Evita –con este nombre o el que prefiramos para mencionarla– expuso de esa forma tan recordable, que le permitió llegar a la escisión más escurridiza del ser político –poder decir leales, poder decir traidores–, y también presidir ahora el lento tránsito, crepuscular, de la Avenida 9 de Julio.

* Sociólogo, director de la Biblioteca Nacional.

“Yace en el lugar
o en el momento
liminar en que la
política debe elegir
su tabla elemental
de sentimientos.”

 

 

La textura del texto

Por Mario Goloboff *

¿Qué hace a la grandeza de un texto en la vasta historia literaria occidental? ¿Qué a la de las grandes obras del siglo XX? ¿A Ulises, En busca del tiempo perdido, La conciencia de Zeno, La montaña mágica, El castillo, El hombre sin atributos, los relatos de William Faulkner, los de Jorge Luis Borges, el cuento “El Aleph” o “El sur” (“que es acaso mi mejor cuento…”)? ¿Puede que sólo el motivo, lo que acostumbra llamarse “el tema”? Difícilmente, ya que si los hechos o la figura, por ejemplo, son demasiado importantes su tratamiento suele devenir imposible: no conozco ningún texto de creación que esté a la altura de César Augusto Sandino o del Che Guevara; sobre Buenaventura Durruti dijo alguna vez Ilya Ehrenburg que era un ser tan inmenso que jamás podría dar lugar a una buena novela, cosa que, hasta hoy, se ha cumplido. ¿Qué ha hecho, entonces, a la grandeza de “Esa mujer”, este gran texto de Rodolfo Walsh?

Si no puede ser sólo el motivo, lo que parece evidente en general lo es también en particular, ya que la personalidad o la memoria de Evita han provocado numerosos textos de creación, y es cierto que allí están, pugnantes, presentes, siempre vivos, los de Tomás Eloy Martínez, los de David Viñas, José Pablo Feinmann, Eduardo Mignogna, Copi, Néstor Perlongher, Osvaldo y Leónidas Lamborghini… aunque nunca tan redondos, tan perfectos en su hechura como “Esa mujer”. Parece dudoso igualmente que se trate de su actualidad o temporalidad o contemporaneidad o efecto. Tampoco del peso de la firma, porque, como se ve, la acompañan otras no menos prestigiosas. El secreto debe estar, pues, en otro lado, en ese otro lugar de la literatura que nunca se explora dentro de la maraña de lo anecdótico, sobre todo cuando hay fuertes referentes de tipo político, social, ambiental, doméstico. En ese otro espacio que es la textura del texto, y que, aquí, va desde el evasivo título hasta el evasivo final; en esa materia plástica, ambigua de la escritura, residiría tal vez el secreto de su perfección…

Lo que llamo “evasivo título” puede, en efecto, explorarse: el pronombre-adjetivo demostrativo (en clara función adjetiva) se justifica gramaticalmente cuando se refiere a objeto o persona que está más cerca de quien escucha que de quien habla. ¿Cómo es esto? ¿La persona de quien el autor habla estaba más cerca del coronel que del periodista? ¿A quién le habla, entonces, ese título: al coronel, a un lector anónimo y desconocido, a un lector interior? Y por qué el distante “esa” y no “esta” o “aquella”, mucho más evocativo, tal vez más poético? ¿Por el matiz algo peyorativo del “esa”? “Ella no significa nada para mí…”, se dice al principio del cuento. ¿Qué guiño nos hace el narrador? El título, por otra parte, está anticipando lo que será casi genético en el relato, algo muy cercano a la figura retórica de la elusión: no se nombra al personaje que es central en esta historia; por miedo, superstición u odio nadie se anima “a tenerla en boca”, su nombre no aparece jamás en el texto: ni Eva, ni Perón, ni Duarte, ni Evita: completamente eludido, ausente.

Cuento, así, antológico, no por la importancia del motivo tácito –el hurto y ocultamiento del cadáver de Eva Perón–, sino por la maestría del narrar. Reúne los componentes del policial, del de intriga y suspense, del emotivo y social, del político. Reúne los caracteres del género testimonial, de denuncia, y el del reportaje supuestamente objetivo. Reúne también las cualidades de Rodolfo Walsh: parece una concentración de todas sus vertientes literarias y productivas, que vienen de lejos y van más allá del solamente consagrarlo como periodista comprometido –que, claro, lo fue–, militante crítico y lúcido –que también lo fue–, pertinaz e indoblegable –que quién negaría que lo fue–.

Pero, en el relato, se condensa el trabajo de un escritor, como lo subrayaba en su comentario el propio Walsh: “El cuento titulado ‘Esa mujer’ se refiere, desde luego, a un episodio histórico que todos en la Argentina recuerdan. La conversación que reproduce es, en lo esencial, verdadera /…/ Comencé a escribir ‘Esa mujer’ en 1961, la terminé en 1964, pero no tardé tres años, sino dos días: un día de 1961, un día de 1964. No he descubierto las leyes que hacen que ciertos temas se resistan durante lustros enteros a muchos cambios de enfoque y de técnica, mientras que otros se escriben casi solos”.

Un periodista investiga el itinerario de aquel cuerpo, especialmente en el tiempo que va desde el golpe del ’55 hasta su destino en un cementerio religioso italiano. Y lo hace entrevistando a quien de toda evidencia (en la enunciación del relato) fue uno de sus últimos captores o encomendados del mismo: “Día por medio llueve en un jardín donde todo se pudre, las rosas, el pino, el cinturón franciscano /…/ ¡La enterré parada, como Facundo, porque era un macho!”. El diálogo es así de tenso, huidizo, sobreentendido, y el entrevistado se muestra narcisista, delirante, cambiante, culposo pero no del todo, ya que se dice portador y salvador de un símbolo, de un mensaje histórico. Real o fingido, el diálogo no puede ser más literario y hasta cinematográfico: hay luces plateadas que se reflejan en ese décimo piso, hay titubeos de la escena, alcohol de por medio, ironías y desconciertos del entrevistador; la historia misma, con toda su contundencia, parece deshacerse entre los dedos. Y hay más de una emblemática y ambigua revelación, para los personajes y para el lector.

A mediados de los ’60, uno de los mayores críticos literarios que dio América latina, el uruguayo Angel Rama, saludaba la existencia entre nosotros de un potente y original escritor, Rodolfo Walsh. En el célebre semanario Marcha, en nota cuyo título podría signar hasta hoy la vida y la obra del autor (“Walsh en el tiempo del desprecio”), destacaba los orígenes literarios de su conciencia crítica. Porque se trató siempre de una inteligencia finísima y de un lector perspicaz, y se ven en sus textos trazas de tales lecturas. Tempranamente pensó sobre ellas: “Dos mil quinientos años de literatura policial” (La Nación, 14/2/1954), “¡Vuelve Sherlock Holmes!”, “El genio del anónimo” y “Un estremecimiento, por favor” (Leoplán: 20/5/1953, 3/2/1954 y 18/5/1955). En el primero aparecen mencionados Las Mil y Una Noches, la Gesta Romanorum, el Roman de Renard, los Canterbury Tales, el Decameron, el Popol Vuh, el Zadig…

Así, entre las numerosas enseñanzas que nos dejó Rodolfo Walsh quizá se pueda rescatar ésta, acaso mínima aunque nada desechable: para llegar a la defensa y apoyo de las más nobles causas humanas hay muchos caminos; el de la frecuentación de la gran literatura sería uno de ellos, y no el peor.

* Escritor, docente universitario.

“La personalidad o la memoria de Evita han provocado numerosos textos de creación (…) aunque nunca tan perfectos en su hechura como ‘Esa mujer’.”


 

 SI NO GANO, NO JUEGO

Por Gustavo Rosa*
Una frase como ésta puede aplicarse a numerosas situaciones y personas, desde el pibe que pone la pelota para el picadito en el baldío hasta un líder sindical que quiere renovar su mandato. Amo a este club pero me siento vacío, no tengo nada más para darle al club”, declaró Riquelme después de que el equipo en el que jugaba perdió la Copa Libertadores. Los acostumbrados al estrellato se estrellan con más estruendo porque no están acostumbrados a perder“¿Por qué dejaste de jugar en Boca?”, preguntarán, en el futuro, sus nietos. “Porque perdí”, responderá el envejecido abuelo Juan Román. Una respuesta similar recibirán los nietitos de Hugo Moyano, pero ante una pregunta diferente: “¿por qué rompiste la CGT?”. Los banqueros privados también juegan así, a ganar siempre y se enojan, no cuando pierden, si no cuando ganan menos. El Jefe de Gobierno porteño cuando no gana, cierra. O remata. Y algunos legisladores de la oposición hacen más o menos lo mismo: como no ganaron, embarran la cancha y con ese fin, dibujan una realidadinsostenible. Por supuesto que hay caprichos y caprichos. El de Riquelme es anecdótico. Los otros caprichos tienen una incidencia mayor en la vida política nacional. Pero no llegan a ser escollos, apenas una molestia que, de tan reiterada, resulta una caricatura.
No conforme con la parodia de protesta del miércoles 27, el sector moyanista está decidido a llevar su debilidad al límite. El Ministerio de Trabajo no logró conciliar las partes que se empeñan a desintegrar la CGT antes de renovar sus autoridades. El ministro Carlos Tomada, en conferencia de prensa, explicó que “los sectores en disputa destacaron la necesidad de la unidad del movimiento obrero”, a pesar de que cada uno de ellos contribuye con su atomización. Los seguidores de Hugo Moyano se negaron a suspender la convocatoria al congreso nacional del 12 de julio, condición de los opositores para retirar las impugnaciones. “Nosotros seguimos adelante con el congreso del 12 de julio”, confirmó el judicial Julio Piumato, más allá de las consecuencias que esa decisión puede traer. O no. Tal vez no sea tan malo tener diferentes organismos que representen a los trabajadores. Quizá la ruptura puede conducir a una reformulación de las organizaciones sindicales, con una participación directa de los representados.
En diálogo con Página/12, Ricardo Pignanelli, secretario del Smata, consideró que  “Moyano no se va a resignar a ser uno más dentro de la CGT y esto lleva a la fractura”. “Resulta que hoy todos los que eran sus enemigos son sus mejores amigos”, sintetizó el mecánico. “¿Cómo le explico yo a mis compañeros que el año pasado fuimos a la cancha de River a apoyar el modelo y hoy, con la crisis que hay en el mundo, mando a todos los trabajadores en contra del Gobierno?”, se preguntó. Por supuesto, en contradicción con lo que quiere demostrar el camionero, el que cambió en poco más de un año fue él y no el Gobierno Nacional. Hay dos moyanos bien contrapuestos y es difícil –y hasta innecesario- dilucidar cuál es el verdadero. Eso sí: los dos están agotados“Tiene que haber un cambio positivo, un cambio para que la CGT, más allá de los reclamos, lleve propuestas y debate, entendimiento, asuma el rol que tiene que asumir la CGT según los momentos que pasa el país –resumió Pignanelli- La defensa del modelo es fundamental para eso”.
Aunque muchos se pregunten –con evidente cinismo- cuál es el modelo, salta a la vista que, con tropiezos y algunas contradicciones, existe un sendero a seguir. Hay objetivos evidentes y decisiones que conducen a un país desarrollado e inclusivo. De no ser así, no estaríamos presenciando tantas transformaciones. Eso transmitió el jefe de gabinete, Juan Manuel Abal Medina, en un informe de gestión del Gobierno ante la Cámara de Diputados, durante casi cinco horas. El crecimiento del PBI en un 95,4 por ciento en nueve años, la creación de cinco millones de puestos de trabajo, el acceso de muchos al agua potable y cloacas, 1369 nuevas escuelas, 2,5 millones de nuevos jubilados, los más de 3 millones de niños que acceden a la AUH y el millón de netbooks repartidas. Una mezquina síntesis de medidas impensables después de la explosión de 2001. Pero los negadores no le temen al ridículo. En lugar de proponer sobre lo construido, como muestra de madurez política, niegan todo. El jefe del bloque de la UCR, Ricardo Gil Lavedra, cuestionó que Abal Medina no haya mencionado la palabra ‘inflación’ y destacó que “el relato, la exposición (del ministro) mejor dicho, es un cuento de hadas, no existe”. Y como fundamento de su negación, afirmó que “el mundo está mejor”y cuestionó los controles a importaciones, exportaciones y la compra de dólares. Que el mundo está mejor, más que un cuento de hadas, es una historia de monstruos. Y lo otro, es la defensa de un sector que no representa a la mayoría de los argentinos.
“El país que describe el jefe de Gabinete no tiene nada que ver con el país que siente la gran mayoría de los argentinos”, expresó el jefe del interbloque Frente Peronista, Enrique Thomas, que se refirió a “la inseguridad, la inflación, el uso de los fondos de la Anses y la distribución de la pauta oficial”. Más que la sensación de la mayoría de los argentinos, expresó la agenda de los medios hegemónicos con fecha de vencimiento. Difícil imaginar a un ciudadano común preocupado por la pauta publicitaria que el Gobierno destina a los medios, que sólo representa un cinco por ciento de la totalidad de la torta. El diputado Thomas fue el que presentó la medida cautelar para impedir la aplicación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual para beneficiar al Grupo Clarín. El Jefe de Gabinete no se dejó amilanar y advirtió que “hay sectores minoritarios, pero peligrosos, a los que les interesa que a la Argentina le vaya mal”, a los que calificó como “profetas del desánimo”.
Desánimo que no hace mella en el ánimo de La Presidenta, que anunció que los bancos privados estarán obligados a otorgar créditos por el equivalente al cinco por ciento de sus depósitos. Con la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, ahora la política puede actuar sobre el sistema financiero. Esta nueva medida promueve que los bancos otorguen unos 15000 millones de pesos en préstamos a la producción, con una tasa fija que no podrá superar el 15 por ciento anual y un plazo mínimo de tres años. Además, la mitad de estos créditos deberán estar orientados a las Pymes, lo que permitirá un desarrollo de los sectores medios de la producción. “No me vengan con el cuento de que nadie les va a pedir crédito –anticipó CFK- Si los bancos ponen condiciones y tasas para que no les venga a pedir nadie, eso es lo que va a pasar. El Banco Central les va a establecer las condiciones con las que tienen que lanzar los préstamos para la producción”. Para que quede clara la ecuación: crédito, producción, trabajo, consumo. Cuatro palabras que resumen lo que otros niegan: el modelo. Y como eje indiscutible, la inclusión.

Mientras la esperanza blanca bonaerense fracciona en cuatro partes el medio aguinaldo y el insustancial líder porteño cierra la Unidad de Terapia Infantil de un hospital y remata la concesión del zoológico, con edificios declarados patrimonio histórico, el modelo K apunta al crecimiento. En todas sus dimensiones. Después de quince años, se condenó a los responsables delplan sistemático de robo de bebés durante la dictadura. Casi todos los que se oponen a este modelo, no celebran estos fallos. Memoria completa y pacificación del país, dicen. Claro, a muchos, el agua les está llegando al cuello. Esa necesidad de pacificación apunta a terminar con los juicios. La semana que viene comenzará el juicio en Jujuy por la “Noche del apagón”, que involucra a los dueños del Ingenio Ledesma. Con lentitud, los beneficiados de la dictadura comenzarán a ser juzgados por su responsabilidad en el secuestro y desaparición de militantes y delegados gremiales. Beneficiados e impulsores de un modelo económico que buscó imponerse a sangre y fuego.La impunidad los abandona y por eso están desesperados. Lo único que altera la paz es su avidez desmedida, que no cesa de explotar los recursos del país en beneficio de sus golosos bolsillos.

* Periodista, Licenciado en Letras y estudiante interruptus de Filosofía. Docente de enseñanza media y terciario.
Autor del blog http://www.apuntesdiscontinuos.blogspot.com.ar/

 

              PURO HUMO

 

 

 

 

 

 

 

Por Luis Bruschtein

El cacerolazo se hizo famoso cuando las señoras de la clase media alta se movilizaron en el Chile de los años ‘70 contra el gobierno socialista de Salvador Allende. Aquí también se usa como protesta y este jueves y viernes se produjeron cacerolazos emparentados con aquellos chilenos. Pese a que lo usan los ricos cuando se toma como protesta la imagen de una olla vacía, lo primero que se piensa es en la falta de alimentos. Para ser redundantes: una cacerola vacía tendría que ser una protesta contra el hambre. Uno quiere pensar que la olla vacía la muestra el que no tiene con qué llenarla. Por eso resulta patético que suenen en Recoleta o Barrio Norte, que es donde no tienen ningún problema para atiborrarla. Que una señora recoleta cacerolee es lo más parecido a una broma si uno pudiera reírse sin indignarse. Hubo muy poco cacerolazo. Fue más lo que intentaron mostrar TN y algún otro medio empeñado en exagerar la protesta opositora, que lo que realmente hubo. Pero ni siquiera cuando esos medios enumeraban los barrios donde se habían producido cacerolazos, ni siquiera cuando ellos hacían la lista, se les ocurrió incluir algún barrio humilde. Las pocas señoras que mostraban las ollas, son las que más tienen para llenarlas y es poco probable que lo hayan hecho en solidaridad con las ollas no tan opulentas de los barrios más humildes.

En realidad, el gran cacerolazo convocado por la supuesta mayoría silenciosa fue más silencioso que mayoría. Fue un intento de las usinas de inteligencia más duras de la oposición para tratar de hacer un puente otra vez entre una protesta ciudadana con los nuevos enojos de la Mesa de Enlace bonaerense, esta vez molestos por el revalúo de sus tierras, cuyo valor fiscal permanecía inmóvil desde hace décadas.

Fueron sintomáticos dos hechos: el primero fue que fracasó el intento de los ruralistas de convocar a una protesta a nivel nacional. Y el segundo fue la escasa convocatoria que tuvo el promocionado cacerolazo. Si se quiso reescenificar la protesta masiva de la época de la 125, el fracaso fue de proporciones importantes.

Otra vez la oposición sintió los rebencazos de la oposición mediática cuando dio quórum en la Legislatura bonaerense para discutir el revalúo de los campos. La operación esta vez fue mostrar una fotografía no muy clara del celular de José Ottavis, dirigente de La Cámpora, e inventarle un texto. Sobre la base de una foto real, pero borrosa, se especuló con un contexto en que el oficialismo supuestamente había comprado la presencia de los legisladores opositores, para el caso, los radicales y los peronistas disidentes. El oficialismo aparecía pagando las coimas o siendo complacientes con ellas, pero el golpe era contra los legisladores de la oposición que supuestamente las recibían.

Ottavis explicó que otra legisladora de su bancada le contaba en un mensaje telefónico lo que se estaba diciendo en su pueblo. Era una versión que se había hecho correr para castigar a los legisladores opositores. Esa versión de pago chico fue la tapa de Clarín y se reprodujo hasta el cansancio por los noticieros del multimedio. Esa operación ya se había intentado cuando se dijo que el oficialismo había comprado el voto de los diputados radicales que votaron a favor de la expropiación de la mayoría accionaria de YPF. Cuando la oposición transgrede la norma que le imponen los grandes medios, es castigada con el mismo tipo de denuncias furiosas, pero nunca probadas sobre corrupción. Ya se sabe que la mejor forma de obstruir y oponerse sin discutir política es hablar de corrupción, con lo que se les hace un gran favor a los corruptos.

Toda la discusión alrededor del famoso mensaje del celular de Ottavis fue puro humo, algo que se ha convertido en moneda de cambio desde que la principal fuerza de oposición al oficialismo son los grandes medios de comunicación, que funcionan como corporación opositora.

Y hablando de moneda de cambio, también fue puro humo toda la discusión alrededor del dólar. Todo lo que se dice del dólar resulta controvertido. Los mismos que hablan de pesificación también hablan de devaluación, todo al mismo tiempo y sin explicar los motivos en una economía que tiene los índices macro bastante estabilizados. Pero cualquier cosa que se hable del dólar sensibiliza la piel de un sector de la clase media.

Todo está relacionado con todo, y entre los puntos que convocaban al cacerolazo también estaban las nuevas medidas de control de cambios. Si el cacerolazo representó ese malestar, podría pensarse que es bastante reducido. Pero lo real es que la problemática del dólar sensibilizó a una gran parte de la clase media. Sin embargo, la discusión fue también puro humo, como todas las veces que se indujo temor en ese sector en los últimos nueve años. En ese lapso hubo más de una pequeña corrida hacia el dólar, inducida por los medios y por los especuladores. Y sin embargo, cada vez que la hubo, cuando parecía que era inminente la devaluación o el corralito que se habían anunciado, el humo se desvanecía, no se producía ningún movimiento, no se anunciaba ninguna medida y los que habían corrido a comprar dólares se los tenían que guardar en algún lugar.

Una y otra vez se repitió la misma historia y por eso sorprende que todavía tenga efecto. Como dice el dicho: el ser humano (o la dólar) es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. Estas versiones surgen con mensajes de Internet que nunca se sabe bien de dónde vienen y que piden ser reenviados y que te avisan con urgencia que compres dólares o los retires de los bancos porque tienen información de primerísima mano porque conocen a la esposa de un hermano del ministro. A veces es el mismo empleado del banco el que transmite esas falsas advertencias. Cuando ese movimiento lo realizan los grandes capitales, ya no se trata de miedo sino de especulación y muchas veces son ellos los que inducen el miedo para hacer negocio con la especulación.

En definitiva, entre una cosa y la otra pareciera que el deporte favorito de los argentinos fuera hacer humo, hablar del humo, hacerse mala sangre por el humo y cuando el humo se disipa, preguntarse íntimamente qué clase de estúpidos somos por haberle dedicado tanta energía al cuete. Es la sensación que ha dejado cada una de esas pequeñas corridas al final, cuando ya pasó la angustia, cuando viene la vergüenza por el desborde de rabia o por la histeria descontrolada. Todo pasó y solamente queda la sensación de haber sido tomado otra vez por tonto.

Lo único que le da visos de consistencia al humo y al vendedor de humo es la construcción virtual que hacen los medios, frente a la cual muchas veces los ciudadanos quedan inermes, sobre todo cuando se apela a una supuesta inseguridad personal y familiar o al temor a perder los ahorros. Son humos de pesadillas que producen resentimiento, individuos que sospechan de todo, ciudadanos en estado de violencia explosiva, gente nerviosa.

El público de los cacerolazos fue muy parecido, si no el mismo, al que participó la semana pasada en el abrazo a los tribunales organizado por el macrismo. Y ayer, en uno de esos cacerolazos en Barrio Norte, fue agredido otra vez el cámara del programa 6, 7, 8. Son todas personas de buen pasar económico, pero cargadas con toda esa furia que en realidad no tiene ninguna explicación sólida: están en buena posición económica, viven en barrios privilegiados, pueden expresar libremente lo que piensan, no han sido agredidos ni reprimidos, ni ellos ni sus familias. Toda esa furia –una furia que nunca expresaron las Madres de Plaza de Mayo, que en todo caso sí tienen motivos más reales– está sustentada en puro humo, es carga ideológica, es una representación cultural primitiva.

La derecha, los medios y los periodistas de la oposición producen puro humo en la radio, en la televisión y en los diarios. Es hora de que en vez de humo se atrevan a exponer lo que piensan: que están contra de la renacionalización de YPF, la Asignación Universal, el matrimonio igualitario o la cárcel de los represores. Todas esas medidas representan un planeta que está propuesto desde el oficialismo. La derecha tiene que salir del humo y mostrar claramente el mundo que propone. El humo ya resulta molesto y en la política hay un hueco grande donde deberían estar las propuestas de la derecha.

Juan Martín Fresneda: Cuando el hijo es el padre del hombre

Por: Jorge Giles
Ayer alumbró el futuro.

Estaba allí, en la mirada de los pibes que en el Congreso se emocionaban con Cristina hablando de Néstor, de la vida, de la victoria después de las derrotas.

Me acordé de Carlos Fuentes, el escritor latinoamericano fallecido ayer, que supo escribir palabras tan bellas y profundas como estas: “Hay que llegar a saber que los hijos, vivos o muertos, felices o desdichados, activos o pasivos, tienen lo que el padre no tiene. Son más que el padre y más que ellos mismos. Nuestros hijos son los fantasmas de nuestra descendencia. El hijo es el padre del hombre”.

No se porqué este último renglón me llevó, como un caminito luminoso en medio de la nostalgia, hasta esos pibes que ayer acompañaron a la Presidenta y hasta Martín Fresneda, el nuevo Secretario de Derechos Humanos de la Nación que asumió ayer.

El hijo es el padre del hombre.

Martín es uno de los fundadores de la agrupación Hijos y su padre, Tomás Fresneda, fue uno de los abogados desaparecidos en aquellos días trágicos de julio de 1977 conocidos como La Noche de las Corbatas junto a otros colegas y a su esposa, María de las Mercedes Argañaraz.

Mientras camino cada vez más lento sobre las hojas que caen en este otoño, se me ocurre que estos datos nos llevan irremediablemente hasta ese dolor inconcluso que acuna en su alma este pueblo que somos.

Sin embargo, después de los 30 mil desaparecidos y los crímenes cometidos por la dictadura cívico-militar, no podríamos decir ni pensar lo mismo que esta otra frase del escritor que perdimos ayer: “La muerte espera al más valiente, al más rico, al más bello. Pero los iguala al más cobarde, al más pobre, al más feo, no en el simple hecho de morir, ni siquiera en la conciencia de la muerte, sino en la ignorancia de la muerte. Sabemos que un día vendrá, pero nunca sabemos lo que es”.

En el país del terrorismo de Estado y en el país de la exclusión, no todos morían con la misma igualdad de oportunidades.

Seguramente Tomás, María, Norberto Centeno, los hijos de Hebe, de Nora, de Taty, de Estela, los padres de Juan y de Horacio, sólo querían vivir en un país de justicia y pan, de justicia y juguetes, de justicia y canciones, de justicia y amor.

Lo cierto es que Martín, hijo de Tomás, abogado en la causa contra Videla, Menéndez y otros genocidas, militante de Hijos, es decir de la memoria, cubrirá el vacío que dejó Duhalde con su muerte y así, la Argentina da una vuelta completa sobre el reloj de su historia.Esta asunción lo confirma.

Es la Argentina que ayer en el Congreso inauguró un Salón para esa Juventud que enarbola orgullosa la sentencia implacable de Néstor Kirchner: “Cambio es el nombre del futuro”.

Varios diarios Argentinos e incluso la Presidente Cristina Kirchner en el acto de esta tarde de promulgación de la Ley de Expropiación de YPF se hicieron eco del articulo del Premio Nobel de Economía en el año 2008 Paul Krugman del 3 de Mayo en el The New York Times.
Violencia es Mentir  va mas allá y les trae a ustedes el articulo firmado por Matthew Yglesias sobre el estado de situación de la crisis en España y Grecia y la comparación del camino exitoso tomado por Argentina al cual hace referencia Krugman en su articulo.
Esperamos que este aporte les sirva para tener una propia mirada sobre lo que esta pasando en Argentina y el mundo.  

El Euro está matando el sur de Europa

Por 

Lo que España (y Portugal, y Grecia, etc) podrían aprender de forma predeterminada el éxito de la Argentina y la devaluación.

España se encuentra en una crisis económica completa. Su tasa de desempleo del 24,4 por ciento es más alta que la tasa de desempleo en los EE.UU. durante la peor parte de la Gran Depresión. Y no hay trato española Nueva vuelta de la esquina esperando para cambiar las cosas. El prolongado período de desempleo masivo se va a degradar la capacidad de los trabajadores y evitar que los jóvenes adquieren habilidades. Los españoles más capaces y audaces que emigrar al extranjero, y las empresas españolas (racional) no invierten en la mejora de la productividad de sus trabajadores. Este sombrío panorama hará que los inversores más reacios a euros de préstamo para el gobierno español, lo que forzará a más rondas de aumentos de impuestos y los recortes presupuestarios, lo que más le aplastan la economía española. Un país que estaba en auge hace unos años ahora parece condenada al fracaso.

Pero tal vez hay una salida, una sugerida por la experiencia reciente de Argentina, una nación que está actualmente disfrutando de pleno empleo .

España y Argentina se enfrentaban a problemas similares en esencia. Ambas surgieron de la dictadura con la reputación de clima agradable, buena comida, gente divertida, mala gestión macroeconómica y la baja productividad. Y después de un poco tambaleante, ambos dieron con una solución similar: externalización de la gestión macroeconómica.

La estrategia de Argentina era un tipo de cambio fijo , un firme compromiso consagrado en la ley que los pesos argentinos siempre sería intercambiable a una tasa fija con dólares americanos. La estrategia de España era unirse al euro, técnicamente un proyecto conjunto de todos los países miembros, pero entiende universalmente como una forma para países como España e Italia y Portugal para inscribirse para el alemán-el estilo de gestión macroeconómica. Para subrayar el punto, el Banco Central Europeo se encuentra en Frankfurt, sede del Bundesbank alemán, en lugar de en la capital de la Unión Europea de Bruselas.

En ambos países ha funcionado. Nada sobre el tipo de cambio fijo en Argentina o en la unión monetaria en España cambió la estructura básica de la economía medianamente bien del país. Sus bases industriales todavía eran de segunda categoría, sus sectores de servicios ineficientes. Sin embargo, la estabilidad monetaria básica más un buen clima y una cultura europea accesible puede ir una manera larga. Las uniones monetarias provocó auges de la inversión, el capital extranjero se vierte en el, al fomento del empleo y los salarios. ¡Tres hurras por la estabilidad.

Pero cuando la economía mundial con un obstáculo en el año 2001, surgieron problemas para la Argentina. No relacionadas riesgos ocultos fueron revelados en el resto del paisaje de inversión global y en todas partes la gente se puso nerviosa. El capital extranjero comenzaron a abandonar la Argentina, la reducción de la inversión, el empleo y los ingresos. Esto a su vez reducido drásticamente los ingresos del gobierno argentino de impuestos y condujo a las convocatorias de consolidación presupuestaria fuerte.Subas de los impuestos y recortes de gastos, sin embargo, debilitó aún más la demanda interna de Argentina y ha exacerbado la crisis social. En diciembre de 2001, las cosas llegaron a un punto. El FMI se negó a liberar previamente acordados fondos de rescate, argumentando que la Argentina se welshing sus compromisos fiscales. Los manifestantes y los alborotadores lanzaron a las calles. El partido del presidente Fernando de la Rúa recibió una paliza en las urnas. Argentina dejó de pagar su deuda externa, se rompió el vínculo rígido entre el peso y el dólar, y se volvió a aplicar una política monetaria independiente.

Flash-forward de 10 años, y se puede ver un montón de lecciones de precaución en la experiencia de default argentino. Separados de los mercados financieros internacionales, el gobierno no tenía más remedio que vivir dentro de sus posibilidades. Con el valor de la moneda se desplomó, los hogares de la Argentina no tuvo más remedio que alejarse de la importación de cosas que el gasto en bienes de producción local o servicios. Los extranjeros repente se encontró material argentino barato, por lo que las exportaciones y el turismo se dispararon. Así es como la austeridad se supone que funciona. Su sociedad consume menos, pero produce más.

Default y la devaluación eran apenas una de las partes. Se destruyó el sistema bancario del país y acabó con los ahorros de muchos argentinos. Pero lo hizo el trabajo. Argentina ha crecido rápidamente en los años siguientes y su tasa de desempleo ha disminuido de manera constante a un 6,7 por ciento, una tasa que envidiar a los Estados Unidos.

Eso no es una panacea. El abandono de la paridad con el dólar ha cimentado la reputación de Argentina como un mal lugar para invertir su dinero. Los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner han aplicado una serie de políticas energéticas dudosas , y emiten un fuerte aire de amiguismo dinástica. Para todos nuestros problemas, Estados Unidos es mucho más rica y goza de instituciones mucho mejor que la Argentina y no hay sustituto para las buenas instituciones.

Entonces, ¿cuál es la lección para España? Montándose sobre el dólar en última instancia, no la Argentina, debido a paridad fija con el dólar de repente no convertir a Argentina en los Estados Unidos. Del mismo modo, la adopción de políticas macroeconómicas realizadas en Frankfurt y Berlín no da fundamentos España de Alemania, que sólo sillas de montar en España con las políticas que se diseñan para Alemania. Una unión monetaria no es lo mismo que un tipo de cambio fijo, y desenrollar el euro causaría aún más a corto plazo el caos de la morosidad de la Argentina. Sin embargo, un país económicamente soberana al menos tiene la oportunidad de hacer las cosas bien, mientras que un país encadenado a las políticas macroeconómicas de otra nación es, básicamente, que dejan la esperanza de la caridad. Si los funcionarios en España y en otros lugares no están considerando la posibilidad de dejar la zona del euro, que deberían ser.

ARGENTINA RECUPERÓ YPF!!!!

LA EXPROPIACIÓN ES LEY!!!!!

 ¡¡¡¡¡VAMOS POR TODO!!!!!

Banderas históricas y sintonía fina


Por Mario Wainfeld

El proyecto de ley que se anunció ayer al mediodía, que ya entró al Congreso, establece la “Soberanía hidrocarburífera de la República Argentina” y define como de interés público, entre otros objetivos, el autoabastecimiento energético. O sea, va más allá de su aspecto más resonante y candente: la expropiación del 51 por ciento de las acciones de Repsol y la inmediata intervención de la empresa. Ciñéndose exclusivamente a ese primer paso, se trata de una de las medidas más ambiciosas y fundacionales de los gobiernos kirchneristas.

Por su rango, ambición y contenido simbólico se la puede emparentar con decisiones previas de los presidentes Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner: la negociación de la deuda externa, el desendeudamiento con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la reestatización del sistema jubilatorio.

Todos esos precedentes fueron tomados al vaivén de las necesidades, criticados acerbamente desde el establishment económico, implicaron riesgos enormes. Hoy día son vigas de estructura de un proyecto que lleva casi nueve años, de impar sustentabilidad económica y gobernabilidad política. Le valieron al Frente para la Victoria (FpV) un record de vigencia de su legitimidad política. Las referencias dan cuenta de la congruencia de la movida aunque no garantizan su resultado, que dependerá de múltiples avatares, en especial del desempeño estatal en la nueva epopeya.

En términos de identidad político-ideológica, la decisión consolida el frente interno del kirchnerismo, se enarbola una clásica bandera nacional y popular. Sin ir más lejos, la CGT conducida por Hugo Moyano y la CTA de Hugo Yasky ya adhirieron con fervor.

En su discurso de casi una hora, la presidenta Cristina se permitió digresiones sobre la Cumbre de Cartagena de Indias, la interpretación de su encuentro con su par norteamericano Barack Obama y hasta el sideral precio de la yerba mate. Como es (su) regla, dedicó párrafos críticos a los medios dominantes y a un buen sector del empresariado local. Esas alusiones forman parte de la crónica picante de estas semanas. Posiblemente se olviden en meses o en años. Quién le dice, en semanas. La trascendencia histórica de la ley irá mucho más allá.

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Dentro de la ley: La norma encuadra perfectamente en la legalidad vigente. La Constitución Nacional, bastante liberal en lo económico, prescribe en los dos primeros párrafos del artículo 14: “La propiedad es inviolable y ningún habitante de la nación puede ser privado de ella sino en virtud de sentencia fundada en ley. La expropiación por causa de utilidad pública debe ser calificada por ley y previamente indemnizada”. El derecho de propiedad, pues, no es absoluto. La expropiación es uno de los modos, regulados, de limitarlo. El proyecto de ley determina el interés público, fija metas e incluye la indemnización. La norma aplicable es una ley de expropiación relativamente reciente.

El Senado debe ser la Cámara iniciadora porque hay comprometidos intereses de las provincias, representadas en paridad en ese cuerpo.

Las críticas a la acción emprendida pueden versar sobre múltiples aspectos, no por desprolijidades o vulneraciones legales, aunque se vocifere el sambenito de la “seguridad jurídica”.

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Nación y Provincias: El 51 por ciento que pasará a propiedad estatal argentina se repartirá entre el Estado nacional y las provincias petroleras. Las 23 provincias y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires serán parte del Consejo Federal de Hidrocarburos a formarse. Para que la mayoría nacional valga (en la empresa y en el organismo de gestión) deberá haber acuerdo entre Nación y provincias. Ese es el contexto estratégico en que funcionará el nuevo diagrama.

En el corto plazo, aunque nada diga la norma ni haya habido menciones en el discurso, deberá atenderse a las necesidades inminentes de las provincias petroleras, que atraviesan en promedio una desafiante coyuntura financiera. Es de cajón que no podrán (no aceptarán) quedar en condiciones inferiores a las que les aseguraba el statu quo previo. Ese aspecto, central en el corto plazo, formó parte de las conversaciones entre funcionarios de Nación (incluida a veces la misma Presidenta) y gobernadores. El nivel de consenso se medirá en el Senado y en las respuestas de los mandatarios provinciales.

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España en llamas: En un mundo interconectado, los acontecimientos se comparten en “tiempo real”. Las acciones de Repsol se desmoronaron en Wall Street y en la Bolsa de Buenos Aires. Son datos significativos, que conviene matizar. Mucho de timba y de reflejos especulativos hay en esos vaivenes.

Más determinante fue la reacción en España, que aunó al oficialista Partido Popular, al opositor Partido Socialista Español, a la Corona y a los medios locales. Los dos candidatos que compitieron en elecciones generales recientes, el presidente Mariano Rajoy y su derrotado-goleado Alfredo Pérez Rubalcaba, unificaron sus voces y presencias.

La conmoción y la unidad son lógicas. Repsol es la máxima multinacional española. Los antagonismos ceden a principios comunes, tal como pasa en comunidades afiatadas, donde los cipayos no existen o son una rareza. En otros pagos, las proporciones son diferentes.

El proyecto buscó centrarse en las acciones de peninsulares preservando en general la propiedad de propietarios de otras nacionalidades. Pero hay intereses generales de la Unión Europea (UE) en jaque, en medio de una asfixiante crisis económica y financiera. España es uno de los eslabones débiles de una cadena que se muestra frágil, aspirará (y, todo lo indica, obtendrá) la solidaridad de los socios mayoritarios de la UE.

El precio de la expropiación, a fijarse por un Tribunal de Tasación en juicio, será un leit motiv de los próximos meses. En teoría, no está cerrada la hipótesis de un acuerdo, en la práctica suena imposible. O casi, siendo muy cautos.

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Los medios y el Duce: Los medios on line españoles hicieron tronar el escarmiento, en consonancia con sus ediciones impresas de las últimas semanas. Los titulares, los artículos y los comentarios de los lectores adjetivaron y sustantivaron de lo lindo sobre la Argentina, el peronismo y la Presidenta, no siempre en ese orden de prelación. Cabe reconocer que los lectores españoles insultan menos que sus homólogos argentinos cuando despotrican en los grandes medios. Aunque las comparaciones tienen un repertorio similar. Juan Domingo Perón fue comparado con Mussolini. Cristina Kirchner con Fidel Castro o Hugo Chávez.

La Presidenta evocó con elogios al ex presidente radical Hipólito Yrigoyen. Quizá por ir a la raíz histórica de su anuncio, acaso un cachito para interpelar a los dirigentes actuales de la Unión Cívica Radical. Los hispanos no se la tomaron con Yrigoyen, al menos hasta donde llegó la lectura de este cronista.

La lectura de los on line del diario argentino La Nación y el español El País mostraron un mismo error mientras comenzaba el discurso de Cristina Kirchner: anunciaron la expropiación del ciento por ciento de Repsol. La metida de pata pudo derivar de la alusión a un 51 por ciento nacional y un 49 provincial de la parte expropiada. El cronista, que es poco conspirativo y piensa que el error acecha a la tarea periodística, cree que pudo ser una coincidencia. Lectores más suspicaces (o sutiles) pueden imaginar afinidades ideológicas o cosas así.

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Miradas en Palacio: La Presidenta designó al ministro Julio De Vido como interventor transitorio en YPF, mediante Decreto de Necesidad y Urgencia. El hombre asumió en cuestión de horas. Es de manual impedir que una empresa con pésimas credenciales y tradición vaciadora quede con manos libres mientras se sustancia la expropiación.

Cristina Kirchner también mentó, encomiásticamente, al viceministro de Economía, Axel Kicillof, una figura ascendente que deberá laborar codo con codo junto a De Vido en esta gestión.

Guillermo Moreno fue otro funcionario aludido, parte en broma, parte para interpelar a las empresas que envasan y procesan yerba.

Las menciones serán objeto de análisis por los estudiosos de Palacio.

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Entrega, pergaminos y sintonía fina: A los que hablen de aventurerismo habrá que recordarles que Repsol es una empresa de un país no petrolero con cero experticia previa en la materia. Y que la participación estatal en las grandes petroleras es regla dominante en casi todo el mundo.

La entrega de YPF fue una de las mayores defecciones del peronismo en su etapa menemista. La misma fuerza, en su etapa kirchnerista, va por revertir el desaguisado. La discusión sobre el justicialismo siempre está en el tapete, hoy no es el día.

Destruir es más sencillo que reconstruir. Laburar para intereses minoritarios más fácil que consagrarse a los mayoritarios. La propuesta oficial conmueve los corazones de militantes y ciudadanos afines a su pensamiento. Pero las banderas correctas no bastan para sostener consensos sociales por largo tiempo. La dimensión gruesa está y es saludable. Las mayorías ciudadanas, sin usar esa jerga, se alinearán según funcione la sintonía fina. Esto es, la gestión estatal, los resultados, el equilibrio entre los importantes costos económicos inmediatos de la movida y los que exijan otros objetivos irrenunciables e impostergables del Gobierno.

El cambio de rumbo elegido es el mejor dentro de lo disponible. La enorme audacia, pura matriz K. Los frutos, como todo en esta vida, se irán viendo con el tiempo. Cuesta imaginar, hasta siendo muy fantasioso, que sean peores que los de Repsol, una empresa que nunca debió tener los privilegios y la patente de corso que usufructuó.

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