Category: Economia y Política


VERGÜENZA CORDOBESA

Por Mariano Saravia

Tengo miedo del encuentro con el pasado que vuelve a enfrentarse con mi vida. Y es que Córdoba atrasa, pero mucho más que lo que dice el tango Volver. “Sentir, que es un soplo la vida, que 20 años no es nada”, cantaba el gran Carlitos. Sin embargo, en Córdoba el atraso es mayor, podríamos cantar que 30 años no es nada. Porque siguen los viejos fastasmas que apestan de tanto pus y tanta carroña acumulada. En 1983, José Manuel De la Sota incorporaba a la política partidaria a Domingo Felipe Cavallo. Digo a la política partidaria porque en política ya había participado, durante la dictadura cívico militar. Primero siendo repatriado de Harvard por la Fundación Mediterránea, luego estatizando la deuda privada junto a Carlos Melconian, como funcionarios del Banco Central en las postrimerías de la dictadura genocida.

Pero en ese 1983, justo hace 30 años, con la recuperación de la democracia, De la Sota le hacía un favor grande a Cavallo reinventándolo, lavándole la cara, disfrazándolo de democrático y haciéndolo su asesor económico. Más tarde, en 1987, De la Sota lo haría diputado nacional a este paladín del Consenso de Washington. El resto, es más conocido, desde 1989 como canciller de Carlos Saúl Menem (declarado delincuente por la Justicia argentina, con una pena de siete años de prisión por traficante de armas) y a partir de 1991, superministro de Economía inventor de la Convertibilidad, la condena a muerte del pueblo argentino, que por suerte no terminó de matarlo.

En esa tarea de desindustrializar a la Argentina, Cavallo tuvo un lugarteniente fundamental, el entonces secretario de Industria Juan Schiaretti. Hoy los dos están procesados por la Justicia por el supuesto cobro de sobresueldos de parte del propio jefe del grupo: Menem.

Hoy, 30 años después, confirmamos aquella sentencia de Carlos Marx: “La historia se repite, primero como tragedia, y luego como farsa”. Hoy estamos en la parte de la farsa, con los mismos actores, mucho más decrépitos y fétidos que entonces, pero igual de dañinos.

Esta vez no es De la Sota el que lo lleva de la mano a Cavallo, sino “el Adolfo” y “el Alberto” Rodríguez Saá, dos aprendices de neoliberales que hicieron también su buen daño, tanto en San Luis como en la Argentina durante la semana que gobernaron, ya que fueron parte de la tragedia de diciembre de 2001.

Patético, como un arrepentido que no se arrepiente de nada, la primera declaración de Cavallo como flamante candidato a diputado nacional fue: “A mí me pegaron injustamente en los últimos años y me han cargado las tintas sobre cosas por las que yo luché”.

Y para confirmar que no hay tal arrepentimiento, dijo a una radio amiga (de él) como Mitre Córdoba: “Los hermanos Rodríguez Saá me hicieron el ofrecimiento y acepté. Yo voy a hacer campaña con las ideas que siempre he pregonado”. Esa frase constituye una verdadera afrenta al pueblo argentino, y hasta diría que jurídicamente constituye una verdadera apología del delito. Así como la actitud de los periodistas de la “radio amiga” de no preguntarle nada, no cuestionarle nada, constituye también una vergüenza para la profesión.

Después del drama argentino, de los muertos, de los nuevos desaparecidos económicos que dejó la Segunda Década Infame, es una vergüenza ponerle el micrófono a Cavallo para que diga lo que quiera: “Desde ya propongo eliminar las retenciones, eliminar el impuesto al gasoil y eliminar los impuestos extras a los combustibles como el caso de Córdoba”.

Ante el consentimiento de los periodistas en el piso, Cavallo se despachó contra el actual gobierno nacional: “Peor no podrían haber manejado la economía y ahora estamos en una situación de estanflación, la economía virtualmente estancada, con inflación creciente, con el gobierno interviniendo de manera irracional en todos los mercados”.

Su participación en la economía comenzó cuando fue subsecretario del Desarrollo del gobierno provincial (1969-1970), Director (1971-1972) y Vicepresidente del Banco de la Provincia de Córdoba, siempre durante la dictadura militar, primero con Onganía y luego con Lanusse. Luego fue también funcionario de la última dictadura cívico militar, la responsable del genocidio más espantoso de nuestra historia, primero como subsecretario del Ministerio del Interior y luego como presidente del Banco Central de la República Argentina.

En ese momento, las empresas endeudadas en dólares se vieron beneficiadas con un seguro de cambio establecido en la gestión de Lorenzo Sigaut en el Ministerio de Economía en el año 1981. Durante la gestión de Domingo Cavallo en el Banco Central se vinculó ese seguro de cambio con la tasa de variación de los precios, que al ser aplicadas ex post (aproximadamente 60 días después de su origen en los precios) captó todo el traslado a precios de la devaluación que se produjo.

Pero antes, el 6 de julio (día de la fundación de la ciudad de Córdoba) de 1977, por iniciativa de 34 empresas convocadas por Piero Astori, se creó la Fundación Mediterránea. Según su propia página web (http://www.ieral.org/site/data/default.asp) tenía como uno de sus objetivos “crear un foro apartidista donde se discutan los grandes problemas nacionales; donde hombres estudiosos aporten su inteligencia para diseñar soluciones económicas con el solo condicionamiento impuesto por la adhesión irrenunciable al respeto de la libertad y dignidad de la persona humana”.

Decir que el foro sería “apartidista” suena redundante y hasta cínico, ya que a mediados de 1977 los partidos políticos estaban proscriptos y se vivía la más cruenta represión política. En cambio, “la adhesión irrenunciable al respeto de la libertad y la dignidad de la persona humana” de una entidad tan poderosa, hubiera sido deseable en la época de los peores crímenes de lesa humanidad. Si esta gente hubiera movido un dedo por la libertad y la dignidad de la persona humana, quizá no estaríamos lamentando tantos desaparecidos.

Y no se puede aducir ignorancia de lo que estaba pasando. Según el periodista Daniel Santoro, una de las principales espadas del Grupo Clarín, cuando Cavallo en ese abril de 1977 volvió de Harvard, invitó a Córdoba a unos ex compañeros estadounidenses. “Después de un típico asado criollo, Cavallo pidió prestada una camioneta a unos amigos. Quería llevara a sus amigos americanos a conocer los alrededores de Córdoba…En medio del paseo, una patrulla militar detuvo la camioneta y les pidió que se identificaran… Con la escasa amabilidad que los caracteriza, los militares apuntaron a los graduados de Harvard con fusiles de combate… ‘¡Salgan de la ruta y caminen hacia campo abierto!’ gritó uno de los oficiales sin dejar de apuntarlo con el FAL… Uno de los economistas estadounidenses sufrió un ataque de histeria… El Proceso tuvo un instante entre sus prisioneros al futuro subsecretario Técnico-Administrativo del Ministerio del Interior y presidente del Banco Central” (Santoro, Daniel, El hacedor, Planeta, Buenos Aires 1994, página 98). Luego de identificarlos, los liberaron. Pero más allá de que el libro es de una obsecuencia repugnante, lo importante de la anécdota es que prueba que Cavallo conocía muy bien el terrorismo de Estado, hasta lo había sentido en carne propia.

En realidad, el hombre de San Francisco ya tenía experiencia en esto de colaborar con dictadores, porque en 1969 y a los 22 años, mientras sus compañeros de estudios se sumaban al Cordobazo, él era subsecretario de Desarrollo y Planeamiento de la Provincia durante la intervención del brigadier retirado Roberto Huerta. Luego de la caída de Juan Carlos Onganía, fue vicepresidente del Banco de Córdoba.

Según la misma página web oficial de la Fundación Mediterránea, “desde la fecha de su creación hasta 1982 desarrolló una amplia tarea de investigación que fue difundida a todos los miembros de la Asociación de Economía Política y a todos los sectores empresarios” y “la amplia labor de investigación realizada por el Instituto de Estudios para la Realidad de América Latina (Ieral), además de la presencia de Domingo Cavallo, convocado por el Gobierno nacional para ejercer importantes funciones que permitieron la aplicación de numerosas propuestas del Instituto”. De esta manera, la Fundación Mediterránea admite públicamente que la política económica de la dictadura fue obra propia, a través del hoy nuevamente candidato.

Esa política económica se basó principalmente en la desregulación financiera y la apertura total de la economía, lo cual afectó la balanza comercial y la cuenta corriente de la balanza de pagos; se reprimarizó la economía con su consecuente desindustrialización y se estableció el sistema de cambio conocido como “la tablita cambiaria”, que garantizaba la bicicleta financiera.

Los resultados, genocidio mediante, fueron que la deuda externa creció de ocho a 45 mil millones de dólares, el salario real cayó más del 30 por ciento y el reparto de la riqueza entre capital y trabajo pasó de un 50 y 50 a un 65 y 35 en favor del capital.

Una vez concretada la derrota de Malvinas y suplantado Galtieri por Reynaldo Bignone, la última tarea económica de la dictadura en retirada fue encargada a Cavallo, secundado por Carlos Melconian (PRO). Fue la de estatizar la deuda que tenían las empresas privadas.

Y aquí estamos, 30 años después, como si nada hubiera pasado, como si nada hubiera cambiado. Es frustrante y desesperante ver que pasó una generación y que los verdugos del pueblo siguen ahí. Los que antes castigaron a las grandes mayorías escudados en los Videla y los Menéndez, hoy se escudan en un sistema democrático que, de tan democrático que es, no es capaz de depurarse a sí mismo. La verdadera calificación de la democracia debería venir alguna vez por excluir del juego democrático a los ideólogos del genocidio, ¿pero cómo? Es difícil. Por eso ahí lo tenemos a Cavallo como uno de los candidatos. Por eso, la noticia de esta semana es que Córdoba suma una vergüenza más a su historia.

Paradójicamente, Cavallo enfrentará y competirá por el mismo segmento de votos con su ex socio: Juan Schiaretti, candidato de De la Sota, quien intrdujo a Cavallo a la política partidaria.

A Schiaretti lo secundan la locutora Blanca Rossi y Carlos Caserio, quien empezó a cruzar dardos con Cavallo: “Los argentinos saben quién es Cavallo. Se quedó con la plata de la gente, es el inventor del corralito”.

Pero no sólo con Schiaretti competirá Cavallo, sino también con otro de sus mejores alumnos: Oscar Aguad, cabeza de la boleta oficialista de la UCR (si es que supera las Paso y los planteos judiciales de sus correligionarios en su contra por violar la Carta Orgánica partidaria). Aguad compartió con Cavallo el desastroso gobierno de Fernando De la Rúa y la debacle de 2001. Aguad también comparte con Cavallo (y Schiaretti) la calidad de candidatos procesados por la Justicia. En el caso del radical, por el “extravío” de 60 millones de dólares en la ciudad de Corrientes cuando fue interventor federal. Pero sobre todo, Aguad y Cavallo comparten ideología, el obnubilamiento por el Consenso de Washington, el neoliberalismo, las reuniones de empresarios y todo lo que signifique la antipatria.

Lo nuevo

Para las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (Paso) del 11 de agosto próximo, los cordobeses encontrarán ocho fuerzas con lista de unidad y tres fuerzas que dirimirán internas (UCR, el vecinalismo y Unión por Córdoba). Sin embargo, de las 16 boletas que encontrarán en el cuarto oscuro, casi todo es viejo y conocido. De la vergüenza y de los fétidos fantasmas del pasado, ya hablamos. Pero el resto también es viejo y conocido, lo cual no es malo en sí mismo.

Sin embargo, hay dos expresiones nuevas, y yo diría que son coincidentemente las dos listas que plantean con mayor contundencia las opciones ideológicas hoy: las listas del Frente para la Victoria y del PRO.

Es cierto que Cavallo, Schiaretti y Aguad representan lo mismo, el viejo proyecto de la reacción liberal-conservadora. Pero más allá de los votos que puedan sacar, son expresiones de algo amogosado, que huele a viejo. También es verdad que se presentan el Movimiento al Socialismo (MAS) y el Frente de Izquierda y los Trabajadores, pero pasan los años y no logran hacer pie en las mayorías populares.

Y luego están las fuerzas ni, que no son ni una cosa ni la otra, que no son ni de izquierda ni de derecha, que no quieren ni que se les pida una definición, que la palabra ideología ni la conocen. Ahí están el juecismo aliado al socialismo descafeinado de Binner; ahí está también la Coalición Cívica-ARI; el vecinalismo y el olguismo.

En ese contexto, las verdaderas expresiones nuevas son las dos apuntadas, el Frente para la Victoria y el PRO, que al mismo tiempo responden a las dos expresiones que a nivel nacional marcan dos proyectos de país, los encabezados por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y el jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri.

En el caso del PRO, la cara nueva es la de Héctor Baldassi, ex árbitro de fútbol seducido por la política. En realidad, no se sabe qué es lo que lo sedujo, ya que su discurso tampoco es muy nuevo, es el de otorgarle un dudoso mérito a su proveniencia de afuera de la política. En realidad, un discurso antipolítica de alguien que no sabe o no entiende o no quiere confesar su proyecto político. El discurso de la nada. Quizá en este sentido sea bueno que lo hayan secundado de Laura Rodríguez Machado, ex legisladora y ex funcionaria municipal vinculada al Partido Demócrata, a la Ucedé y luego a Acción por la República, el partido que fundó justamente Cavallo. Mujer comprometida con las ideas liberales, puede dotar de contenido a la nada que representa Baldassi. Y puede expresar mejor el proyecto macrista de la restauración liberal-conservadora. Sin pelos en la lengua y argumentando con todas las letras por qué volver a los ’90.

En cuanto a la lista del Frente para la Victoria, es la otra genuina expresión de lo nuevo. Pero si Baldassi expresa la nada, o mejor dicho la tardía farandulización de la política, la lista del kirchnerismo en Córdoba expresa justamente lo contrario, un salto de calidad importante con dos académicos de fuste: la ex rectora de la Universidad Nacional de Córdoba, Carolina Scotto, y actual secretario de Políticas Universitarias de la Nación, Martín Gill.

Más allá de su capacidad intelectual, su integridad y honestidad probadas, estos dos académicos representan uno de los mayres éxitos del proyecto nacional y popular, pero eso será materia de análisis para otra nota. Eso sí, para contrarrestar la vergüenza cordobesa de llevar a los tres procesados candidatos (Cavallo, Schiaretti y Aguad), podemos mostrar también un orgullo los cordobeses: Scotto y Gill. CAVALLO

Cuando estemos mal

 

 

 

 

Por Delsio Evar Gamboa

Corría el año ‘88. El país había dejado de pagar su deuda externa y se declaraba en recatada moratoria. La hiperinflación doblegaba al gobierno, aquel que llegó con la recuperada democracia. El que en sus comienzos puso sobre el tapete los Derechos Humanos y, aunque muy tibiamente, procuró instalar un modelo de inclusión social que fue tenazmente combatido por las Corporaciones, el Grupo Clarín y la Sociedad Rural. Sí, la misma que aún integra la ex sediciosa Mesa de Enlace, y la misma que en su Exposición anual, abucheó, silbó y cubrió de bosta de vaca al Presidente Alfonsín cuando éste se negaba a aceptar los designios de la Patria Ganadera.

El gobierno apuraba su retirada adelantando para mayo las elecciones previstas para octubre. El déficit fiscal se multiplicaba y la inflación se hiperinflacionaba. La timba de la City porteña ponía y sacaba ministros: “Les hablé con el corazón y me contestaron con el bolsillo” confesó uno antes de caer. Las Casas de Cambio desbordaban de gente que no bien cobraba el sueldo corría a comprar dólares, para luego revenderlos con la ilusión de salvarse. El dragón financiero terminó devorándolos. Semanas enteras de “Feriados bancarios” para que no se retirara la plata. Semanas enteras sin energía. Los canales de TV transmitían sólo 4 horas por día. En los supermercados iban remarcando los precios de todos los productos sin esperar a que el repositor los acomodara en las góndolas. La pobreza llegaba al 53 %; la inflación mensual era del 80 % que proyectada, -según los economistas- en el año superaba el 12 mil por ciento.
Por otro lado, un monstruoso efecto succión transfería fortunas descomunales hacia el exterior. Así como de los bancos de los pueblos y ciudades del interior, se llevaban en camiones blindados y en bolsas apiladas, los ahorros de la gente hacia los centros de poder financiero, dejando en su lugar un papelito pintado que rezaba “Plazo fijo”. Cualquiera “ganaba” más especulando que produciendo. La usura los comía vivos. El que tenía un crédito, más pagaba, más debía. Es decir, vivían pagando y morían debiendo. No había paritarias, ni convenios, ni trabajo. Fueron los comienzos de los primeros cartoneros de la modernidad, que en grupos familiares revolvían los tachos de basura buscando cartones y comida.
A pesar que Alfonsín les pidió por favor que lo dejaran terminar su mandato, Clarín y Duhalde, con saqueos armados y un golpe de mercado, lo empujaron para que cayera seis meses antes de la peor manera. Y eso que Clarín sólo tenía el diario y no la parafernalia multimediática que ahora tiene.
En la década siguiente, para darnos la ilusión de vivir “en el Primer Mundo”, el menemato regaló, malvendió, cedió y transfirió a favor de capitales extranjeros, y éstos aceptaron de conformidad, un país completo denominado República Argentina, con todo lo plantado, edificado y adherido al suelo. Doy fe.
En consecuencia, al comienzo del nuevo siglo la malaria reinaba en todo su esplendor. Los sueldos que venían congelados desde hacía 10 años estaban en el subsuelo. Igual, a los jubilados y empleados estatales les rebajaron los haberes. Al PAMI le podaron el 30% en los gastos de personal, y 3000 empleados fueron de patitas a la calle.
Se inventaron las Ferias de Trueque; en realidad el trueque ya existía en la antigüedad, fue cosa de los fenicios, y resultaron útiles para que muchos argentinos de clase media y baja gambetearan la pobreza en la casa de pensión, -como dice el tango- y de paso, le hacían un gol al hambre, que era la única producción que crecía. De lástima, España, -vaya paradoja- nos mandaba alimentos que al llegar, eran bloqueados en la Aduana. El gobierno de entonces, no sólo no tenía los conceptos bien puestos sobre la mesa,  sino que lo poco que hizo, lo hizo mal, y con el “Corralito” se puso la cocarda.
Para frenar la conmoción social, declaró el Estado de Sitio, mediante el cual Mestre y Aguad, republicanísimos y democratísimos ellos, reprimieron a discreción y le tomaron el gusto a la sangre -y a la plata- de los Correntinos cuando fueron interventores allá. Hazaña épica y muy humanitaria que poco después -al momento de abordar el helicóptero blanco para nunca más volver- repetiría De La Rúa, ordenando reprimir a los manifestantes de Plaza de Mayo, donde 36 de ellos murieron acribillados por la espalda, como siempre ocurre cuando los represores matan en defensa propia.
Luego de un “casting” por el que desfilaron y se probaron el traje de presidentes, cinco candidatos en una semana para elegir, siempre con el visto bueno de las corporaciones, el próximo mandamenos. Resultó finalista un gordito petizo, chueco y cabezón de apellido Duhalde y hombre del Grupo Clarín, el que de entrada nomás -porque debía 4 mil millones- le ordenó devaluar un 40% la moneda, pesificar las deudas y decretar un “Corralón”.“¡El que depositó dólares recibirá dólares!”mintió con sinceridad, y se dedicó a reprimir manifestaciones de protesta donde “su mejor policía”, asesinó a sangre fría a Kosteki y Santillán, sin olvidarnos de Cabezas y la masacre de Ramallo. Y nos ilusionó al finalizar un discurso con un mensaje esperanzador: “¡Que sea lo que Dios quiera!”. . .  Remember?
Yo sí me acuerdo. Por eso, y a pesar de todo lo que puedan decir de Alfonsín, como que mediante las circulares A-695; A696 y A697, del 1º de Julio de 1985, terminó de consumar la estatización de la deuda externa de las Empresas privadas que impuso Cavallo en la dictadura, que llevó el endeudamiento del país con el exterior, que era del 53% del PBI en el año 1983, al 82% en 1985. O que arrugó con los milicos y les promulgó la Ley de Obediencia Debida y Punto Final, después de asegurarnos que “la casa estaba en orden”. No obstante eso, o a pesar de eso, no se puede dejar de rendir un reconocimiento al ex presidente.
Y si existiera la posibilidad de que los muertos pudieran contactarse con los de acá, Alfonsín se permitiría interpelar a sus celebrantes. Le quitaría los trajes y las corbatas y a patadones, le borraría la raya del trasero al papanatas de su hijo, para que deje de bastardear su legado político. A Cleto Cobos -como hizo con “Lilita”- lo rajaría por traidor, y a Gerardo Morales por inepto. A sus correligionarios les diría que no permitan que el partido se rompa, aunque se doble, que no se hagan eco de los inflacionistas y los pronosticadores de catástrofes que ofician de asustadores seriales. Porque la “temible” inflación de hoy, comparada con aquella gigantesca y desmesurada que supo haber, es apenas una “jodita para Tinelli”.
Por eso, lo que hasta hace poco eran sólo utopías, ahora son una virtuosa realidad. Ya no más Relaciones carnales; FMI; Deuda externa; Riesgo País; Default; Impunidad y demás vejámenes.
Todo eso quedó atrás. Hoy gozamos de Independencia Económica, Soberanía Política y Justicia Social. Derechos Humanos plenos, con procesos judiciales como aquel memorable Juicio a las Juntas, con un Modelo de país que significa Patria, Igualdad y Libertad al que, por supuesto, se oponen las Corporaciones, el Grupo Clarín y la Sociedad Rural, es decir, los mismos que voltearon a Alfonsín. Nada nuevo bajo el sol. Salvo las rutas, los shoppings  y los hoteles colmados, con millones de pibes cobrando todos los meses su Asignación, y con una tremenda caja de más de 45 mil palos verdes, a los que se les echará mano cada vez que haga falta para beneficiar al pueblo argentino, por más que chillen y pataleen quienes endeudaron al país y hambrearon a la gente en exclusivo beneficio propio.
Hoy la realidad es muy distinta. Cada vez que habla la presidenta -al contrario de todos sus antecesores que sólo comunicaban despidos, más ajustes, más impuestos, más rebaja de sueldos, de beneficios y otras maldades- siempre es para dar muy buenas noticias. Se inauguran obras todos los días a lo largo y a lo ancho del país como jamás en su historia. Tantas, que parafraseando por el absurdo lo que históricamente se exigió a los políticos, no faltarán los que digan . . . ¡Basta de obras, queremos promesas!
Y cuando estemos mal . . . ¡Que estemos como ahora!!!

APUNTES A LA CACEROLA

LOS RETAZOS DE UN JUEVES CULINARIO

  
      Las protestas del jueves sacudieron la modorra de la escena política, más allá de las histerias y las matemáticas antojadizas. Muchos o pocos, se hicieron notar. La gente, la sociedad, los argentinos, los ciudadanos son distintas maneras de objetivación a las que apelaron los oportunistas de siempre. Caceroleros, gorilas 2.0, golpistas, clarinistas fueron las diferentes etiquetas que pusimos los del otro lado. Porque es así, hay un lado y otro lado. Los unos quieren un país y los otros, otro. Y los dos países son inconciliables, como podrá verificarse con una recorrida apretada por la historia de nuestro país. Y el autor de estos apuntes está muy lejos de suponer que esos dos proyectos se encuentran en polos absolutamente opuestos. Al contrario, comparten una franja estrecha de un espectro ideológico que no se aparta de los principios del capitalismo. Con matices, claro.
El kirchnerismo propone un capitalismo amigable, con un creciente control de la economía, con un disciplinamiento basado en el compromiso social de los empresarios, con tímidas apelaciones a la responsabilidad tributaria y con una lenta pero constante redistribución del ingreso. A pesar de algunas contradicciones, el proyecto en curso ha alcanzado reducir los índices de desocupación, pobreza e indigencia y sobre todo, la desigualdad entre el diez por ciento más rico y el diez por ciento más pobre, que ha bajado a la mitad. En 2001, después de la crisis, los más ricos ganaban treinta veces más que los más pobres. En cambio, hoy los más ricos ganan quince veces más que los más pobres. Y aunque todavía falta mucho, esto es un buen argumento para pensar que vamos por el buen camino.
Desde hace un tiempo, los que se oponen al Gobierno Nacional se autodenominan el 46 por ciento y en eso basan su fortaleza. Sin embargo, es difícil de sostener esa idea. Ese 46 por ciento es sólo una suma de porcentajes variados que no alcanzan la unidad, ni la alcanzarán nunca, salvo que apelen a un cóctel de compleja digestión. Porque en esa paleta porcentual hay de todo, sin otro objetivo común más que desterrar al kirchnerismo. A la hora de presentar un programa de gobierno ante la sociedad, seguramente apelarán a generalidades que no constituirán una trayectoria. Ese 46 no comparte la misma idea de país. Y es lógico que eso ocurra. De un lado está el país propuesto por el kirchnerismo y todos los que lo apoyamos; del otro lado están los que ocultan el país que quieren porque no se atreven a describirlo; en el medio, están los desmemoriados, los asustadizos, los desclasados, los turistas, los oscilantes, los distraídos, los veletas y los nostálgicos perpetuos de cualquier momento menos del presente. Ah, y están también los que dicen que tienen que volver los militares para  poner orden,aunque uno no sabe en qué sitio meterlos.
Los que se animaron a capitalizar de manera despiadada la movida del jueves pertenecen a las no-fuerzas no-políticas que no juntan ni para un torneo de truco. Y, con un olfato tan afinado como el de Ernesto Sanz, sólo Esteban Bullrich, el ministro de Educación porteño, se animó a hablar de algo concreto: la AUH. Claro, en medio de las protestas callejeras, aparecieron expresiones de rechazo a esta medida que muchos todavía no alcanzan a comprender. No es un plan, un subsidio ni una dádiva, sino un derecho que cada niño tiene a recibir lo básico para su crecimiento. Para los confundidos, es el equivalente al salario familiar que reciben los empleados registrados, pero para los que trabajan de manera informal o están desempleados. No es“una política del fracaso”, como señaló el ministro macrista, sino de inclusión, palabra de inalcanzable comprensión para los que siempre han estado más que incluidos. Y como contraprestación, los menores beneficiados deben asistir a la escuela y cumplir con los controles sanitarios.
Ante el reciente incremento de la asignación, Bullrich declaró que “genera un problema para toda la sociedad”. En principio, que en un país como el nuestro haya pobreza, es una vergüenza y solucionarlo debe ser un compromiso de toda la sociedad. Pero no conforme con esto, el ministro advirtió que, en el hipotético caso de que Macri alcance la presidencia en 2015, dejaría sin efecto la AUH, en función de propuestas de trabajo quizá ligadas a la flexibilización o cosas peores. Esa es la interpretación que hizo del último cacerolazo y es el modelo de país que propone. Para evitar confusiones, el otro lado.
Y eso que el ministro de Planificación, Julio De Vido aseguró que “no hay ningún dirigente político que se anime a ponerse al frente de esas consignas contra la Presidenta y contra este modelo inclusivo que lleva adelante”. El diputado bonaerense, Fernando Chino Navarro, advirtió que “no es prioritario para la Presidenta ni para nadie del Gobierno, ni para nadie que piense sensatamente en los destinos de la nación ver cómo resolvemos el problema de los dólares para viajar en vacaciones”. Y menos aún, faltó decir, a costa de abandonar las medidas de inclusión que se están llevando adelante.
En medio de su transitar oscilante, el socialista Hermes Binner aseguró que si el Gobierno “no atiende las demandas de la gente, las protestas van a volver con más fuerza que el jueves pasado”. Esto, sin precisar si las demandas son tales, o sólo excusas. Pero, apelando como siempre a las abstracciones republicanas, agregó que el kirchnerismo  “está transformando un sistema presidencialista en un sistema hiperpresidencialista con tendencia hegemónica” y que por ello “va en sentido contrario de lo que la gente quiere”.Y ahí está la clave y también la trampa. Lo que Binner llama arteramente hiperpresidencialismo es ni más ni menos que el Estado presente como control de las bestias y armonizador de las relaciones, amparando siempre a los más vulnerables. Lo que muchos detractores llaman el “Estado Paternalista” o cosas peores. Que es lo que molesta, de más está decir. Por supuesto, por no cargar torpezas sobre torpezas, nada dirá este ignoto profesor de provincias sobre la poco feliz frase “en sentido contrario de lo que la gente quiere”. Precisamente él, que porta tan sólo un 17 por ciento de aceptación en declive.
Estas minorías que se expresaron de manera legítima en las protestas del jueves culinario exigen ser escuchados en sus demandas. Pero a la vez, no son capaces de escuchar las razones de las medidas que tanto molestan. Muchos de los que tuvieron un micrófono expresaron ideas en contra de la Cadena Nacional. Los que reclaman ser escuchados no son capaces de escuchar. Que las minorías no se dispongan a escuchar a las mayorías es una ecuación de difícil resultado. Un gobierno democrático es de mayorías, con respeto del derecho de las minorías. Pero minorías vulnerables, no poderosas. En este caso, son esas minorías las que no respetan a las mayorías.
Mientras tanto, el FAP comenzará este fin de semana con su campaña de recolección de firmas para evitar la reforma de la constitución que habilite un tercer mandato de CFK. No quieren que Cristina se eternice en el poder. Claro, nadie junta firmas para cortar con la permanencia eterna de los que pretenden gobernar el país desde las sombras de sus infectas madrigueras en su propio beneficio. Esos eternos a los que nadie vota, no molestan a estas nobles fuerzas republicanas.

Cacerolazo y Democracia

 

 

 

 

 

 

 

Por Agustín Lewit

¿Democracia o diktadura? Por una verdadera República, digamos basta. Ni un K más.” Esa es la consigna con la que un sector de la sociedad –difícil identificar su filiación política– convoca a movilizarse hoy para expresar su descontento hacia el gobierno nacional.
La frase, que comenzó a circular por las redes sociales y que rápidamente fue levantada y fogoneada desde distintos medios opositores, está cargada de múltiples sentidos.

Lo primero que llama la atención es la antinomia con la que se abre la consigna: ¿democracia o diktadura? Por parte de quienes convocan, el llamado estaría motivado a dirimir la contienda entre la “tiranía cristinista” –autoritaria, déspota, monárquica– y una Democracia con mayúsculas, que parece no precisar mayores definiciones.
Es un buen ejercicio imaginar aquello que la consigna no dice, pero supone. Desde qué concepción de democracia ese sector llama a movilizarse, cuál es la forma de gobierno que imaginan y detenernos en los elementos que son vividos por ellos como rasgos dictatoriales.
Un modo de descifrar lo que entienden por democracia, es leerla a la par del concepto que ellos mismos ponen a continuación: “Una verdadera república”. Con la aparición de ese nuevo término parece aclararse el asunto: la democracia que suponen verdadera es una que asuma la forma republicana, entendiéndose por ello la tan preciada calidad institucional, la mesura política, la búsqueda de consensos, etcétera. Esa antítesis entre una democracia republicana y su contracara fallada tiene largos antecedentes en los debates políticos argentinos y latinoamericanos. Junto al surgimiento de experiencias de gobiernos populares en la región en el siglo XX, surgieron sus detractores, pertenecientes a los sectores más acomodados y con la mira siempre puesta en el Viejo Continente, que veían en la avanzada popular el peligro de la permanencia de sus privilegios. Esa visión descalificadora de los gobiernos populares logró hacer mella en sectores medios y en fracciones de la izquierda. Las nuevas experiencias y los aportes lúcidos de algunos intelectuales han enseñado a leer los populismos más como expresiones políticas propias de nuestra región, que conjugan particularidades, tradiciones y características de esta parte del mundo, que como las formas desviadas y distorsionadas de los buenos gobiernos.
Del “devenir dictatorial” del gobierno kirchnerista es preocupante el uso liviano que hacen de un concepto denso para la historia argentina, en particular, uso que es posible sólo a condición de vaciar de contenido el concepto. Resulta curioso, por no decir sospechoso o sintomático, que llamen dictadura a un gobierno electo y reelecto con amplísimo apoyo popular y, fundamental aun, que ha consagrado derechos de mayorías y de minorías en un proceso de amplitud democrática sin antecedentes casi en nuestra historia nacional. El hecho de que puedan convocar a movilizarse en contra del gobierno, son la prueba más cabal de la existencia plena de un sistema democrático.
Sería positivo que quienes decidan movilizarse se preocupen menos por expresar su odio antikirchnerista y se dediquen más a plantear posicionamientos: qué tipo de economía defienden, su opinión sobre los Derechos Humanos, su posición frente a la desigualdad social, etcétera Que puedan conformar una oposición política que represente un proyecto alternativo. Los que no nos movilicemos, deberíamos evitar lecturas moralizantes, que entienden la contienda política, entre razones verdaderas y erradas, y comprender que del otro lado hay intereses por defender. Y que si los sectores más acomodados sienten la necesidad de salir a las calles a defenderse, es por que sus privilegios, como mínimo, han comenzado a ser cuestionados. Cada uno sabrá posicionarse.

 CACEROLAS

 

 

 

 

 

Por Enrique Lacolla

La frivolidad y la inconsistencia de los reclamos del cacerolazo no debe disimularnos la existencia de una ancha franja de población que no sabe lo que quiere y que por lo tanto puede ser manipulada a discreción por el sistema oligárquico-imperialista.

 

En la noche del pasado jueves cantidades considerables de gente, perteneciente a lo que podría llamarse clase media acomodada, salió a protestar contra el gobierno. Las manifestaciones tuvieron bastante entidad en Buenos Aires y en Córdoba, y asimismo en algunos otros centros urbanos del interior. Las reivindicaciones de los “protestantes” fueron de una escualidez y una estulticia manifiestas. No es que se desee menospreciar al público que concurrió a esa convocatoria fogoneada desde los medios monopólicos y hecha circular por Facebook, pero los reclamos enarbolados por los manifestantes, cuando se dignaban hacerlo y no se limitaban a vocear insultos contra la Presidenta, eran de una puerilidad extrema. Reivindicar la libertad de expresión, clamar contra la “Diktadura”, gimotear en torno a la prohibición de comprar dólares y protestar por la falta de seguridad son caballitos de batalla del establishment comunicacional, que se autodestruyen a poco que se reflexione sobre ellos. ¿Acaso sus desaforadas expresiones de rechazo al gobierno son censuradas? ¿No es libre la prensa monopólica de verter ríos de información tergiversada o mentirosa y a veces hasta procaz, día tras día en periódicos, radios y canales de televisión? ¿No contaron los manifestantes con la custodia de los efectivos policiales que arreglaron su libre circulación por las calles de las ciudades? ¿No son muy inferiores los índices de delincuencia en las metrópolis argentinas respecto de los que se registran en otras ciudades latinoamericanas?

Esos gritos y esos cacerolazos son exteriorizaciones de una rabia ciega y tonta. Pues si en los casos de las empresas monopólicas de prensa que alientan este tipo de expresiones resultan del temor ante la inminente entrada en vigencia de la ley de medios que permitiría airear la atmósfera, viciada por el discurso único neoliberal que el país padece desde hace décadas, en el de la gente del común que se dedica a golpear cacerolas su actitud equivale a escupir al cielo. De haber seguido el país en manos de los que lo vaciaron y torcieron tan absurdamente su rumbo entre 1976 y 2001, esa clase media privilegiada no dispondría de los posibles de los que hoy goza y se vería sometida a un ajuste similar al que castiga en este momento a los países de la UE. Sin hablar de que en estos momentos la inseguridad que tanto temen alcanzaría niveles récord.

No vamos a asumir una actitud de defensa acrítica del gobierno. Hemos puntualizado muchas veces los aspectos que falta asumir para hacer que la experiencia iniciada en 2003 no naufrague miserablemente. Tenemos todavía la economía más extranjerizada de América latina y la renuencia del Ejecutivo a asumir una real profundización del “modelo” es un factor negativo y peligroso que pende sobre el futuro. Pero cuando vemos a los caceroleros vocear un odio y una bronca que trasudan resentimiento de clase y de raza, no hay duda acerca del lado del que se ha de estar. Esto es, al lado de un Ejecutivo que ha paliado la pobreza extrema, que ha controlado la pauta cambiaria, que ha renacionalizado las AFJP, que ha recuperado YPF y Aerolíneas y que tiene una política exterior en general irreprochable y muy volcada hacia la integración latinoamericana.

El problema es que el propio gobierno es el que debe hacer las cuentas con lo que ha hecho, con lo que le falta por hacer y con la capacidad de resistencia que debe tener para no terminar siendo víctima de una propaganda mentirosa y turbia, pero que cuela su mensaje en los sectores intelectualmente más débiles y más manejables de esta sociedad.

El regreso de Frankenstein y el error de Cristina

Se está configurando un frente opositor que querría ser destituyente si tuviese la fuerza suficiente para organizarse como tal, cosa que no ocurre. En él se vinculan los monopolios de prensa, el sector empresario transnacionalizado, con el añadido de la Rural; y políticos conservadores de diversa laya, muy interesados en ser diligentes servidores de los poderes de la economía global. Macri, De la Sota, el arco opositor en general y los desprendimientos del Frente para la Victoria se agitan en procura de una oportunidad.

Aquí empieza a medirse el error monumental de Cristina cuando decidió romper con el sector sindical liderado por Hugo Moyano. Se ha quedado sin una fuerza capaz de tener presencia en la calle, y que fuera también capaz de articularse como un actor social provisto del peso suficiente para dar vuelta las cosas en las urnas.

El gobierno no negoció lo que podía haber negociado con Moyano. Pero lo peor es que esto ha redundado en un desastre a dos puntas. Pues lejos de empujar al líder camionero a tomar el relevo con una asunción realista de sus posibilidades y a realizar un esfuerzo por interpretar el papel de la clase trabajadora como punta de lanza de la transformación del país, lo ha lanzado a encerrarse en la reivindicación sólo gremial y a juntarse con lo más negro del espectro opositor. No es codeándose con Macri, el Momo Venegas o Miguel del Sel que va a recuperar presencia. Moyano se está encerrando precisamente al querer abrir el juego hacia fuerzas que lo desprecian, lo temen y pretenden usarlo. Su conducta linda ya con el despropósito. Podrá aducir que no le han dejado otro camino, pero no es cierto; su falta de disposición a hablar sobre los problemas estratégicos que aquejan al país y en los cuales todos estamos directamente involucrados, es su responsabilidad, y equivale también a un renuncio que deja huérfana de protagonismo a la clase obrera.

Las manifestaciones del jueves no son, en sí mismas, otra cosa que un episodio, una efervescencia pasajera que no debería ser importante. Esas gentes son la espuma de la sociedad, no tienen peso orgánico. Pero, confrontadas a la inacción de gobierno se convierten en un factor a tomar en cuenta, pues detrás de ellas actúa el establishment que vive en connubio con el imperialismo. Se constata un debilitamiento de la presencia estatal. La Presidenta dilata las cosas esperando que se resuelvan por sí solas. Ella también se encierra en un discurso en el que se escucha sólo a sí misma. Mientras tanto el intendente de Buenos Aires la desafía deliberadamente, el gobernador De la Sota dispone aumentos en el combustible que exceden sus atribuciones constitucionales y el fantasma de la rebelión de las provincias-emiratos petroleras amenaza con sabotear el principio de unidad de la Nación y el de la centralidad que deben tener sus políticas en materia de recursos estratégicos.

¿Qué es la “sintonía fina”?

La Presidenta usó en su campaña el leit motiv: “Hay que profundizar el modelo”. Pero no bien ganó las elecciones puso en circulación otro môt d’ordre, un tanto enigmático: “Llegó la hora de hacer sintonía fina”. Después de lo ocurrido en los meses que precedieron y sucedieron al acto electoral el sentido de esa expresión se ha clarificado bastante y no en la dirección que desearíamos. La procuración de un modelo desarrollista fundado en el acuerdo con una burguesía a la que se califica de nacional, es en buena medida una ilusión que es difícil que resista la prueba de las tensiones que resultarían de la puesta en marcha de un plan de reformas estructurales. Y entonces otra vez tendríamos a los sectores de clase media desnacionalizada saliendo a hacer barullo en las calles y a incentivar su propia histeria, que por cierto alcanzaría niveles de paranoia si las débiles agrupaciones juveniles que ha organizado el gobierno quisieran contrapesarlas.

El kirchnerismo tampoco ha logrado (o se ha preocupado de elaborar) una política militar que se gane a las fuerzas armadas incorporándolas a un proyecto nacional que las incluya. Resabios del pasado, rémoras psicológicas o incapacidad para formular la síntesis conceptual que se requiere para comprender el papel que las FF.AA. cumplen en las sociedades no plenamente integradas todavía, las han dejado a su libre albedrío mental. Ojala que desde su propia situación puedan elaborar una síntesis patriótica de su historia, que evalúe el contradictorio papel que jugaron en el pasado y las preserve de las tentaciones aventureras en el futuro.

Cubrir la brecha

El alboroto suscitado esta semana va a crecer, probablemente, en los meses venideros, a medida que se aproxime la fecha de la entrada en vigencia de la ley de medios. La persistente presencia de la Presidenta en las pantallas de la televisión, que tanto exaspera a sus opositores, deviene en gran parte de la necesidad de cubrir esa brecha, que va a ser explotada al máximo por la corporación mediática. Pero esa persistencia presidencial, expediente necesario en las actuales circunstancias, debería ser meditada y ponderada con una prestación más equilibrada de la misma. Un mayor concisión, una menor disposición a efectuar digresiones marginales, que consienten explayar el dominio de la tribuna pero que a la postre se hacen molestas, deberían ser tomadas en cuenta por la mandataria. No está Cristina en el parlamento, está ejerciendo el rol de primera autoridad del país, e irse por las ramas en alocuciones que tocan temas centrales no le sienta bien. Quizá el lucimiento que le da el hablar improvisando debería ser reemplazado por la sobriedad del discurso escrito, que lleva al centro del asunto sin demoras y consiente su exposición puntual y categórica.

Pero esto es también, me temo, una digresión. Lo que queremos señalar en esta nota es que las manifestaciones del pasado jueves, por vacuo que sea su contenido, expresan el hormigueo del descontento de sectores inorgánicos que no saben lo que quieren –salvo, por supuesto, el linchamiento moral de la Presidente-, pero que pueden llegar a brindar un halo popular a las maquinaciones del sistema, experto en manipulaciones.

Quizá la única forma de salir al cruce de la tormenta que se está formando sea la organización, fuera del aparato oficial, de una organización que recoja los datos progresivos que ha aportado el kirchnerismo y los empuje a un estadio más alto. Marchar juntos, pero no mezclados (viejo tópico marxista) sería una forma de fortalecer un programa nacional. Sería más fácil si desde el gobierno se asumieran como propios los mecanismos para realizar el cambio, pero si eso no ocurre hay que conformar una fuerza nueva que sea capaz de recoger la herencia del pasado y de transformarla con miras a al futuro. Hay una esperanza de que esto no sea tan urgente todavía, y esta surge del hecho de que Cristina Fernández y su círculo han sido capaces, cuando se han visto acorralados, de operar políticas reactivas que dan pábulo a la esperanza de que se decidan a asumir el papel que les compete. Pero siempre, al poco tiempo de tomadas, esas actitudes tienden a diluirse con arreglos o con declaraciones que les quitan filo. Esperemos que la próxima vez no ocurra así y mientras tanto preparémonos a cubrir esta otra brecha, la que va desde el país que fenece al país que está por nacer.

 SI NO GANO, NO JUEGO

Por Gustavo Rosa*
Una frase como ésta puede aplicarse a numerosas situaciones y personas, desde el pibe que pone la pelota para el picadito en el baldío hasta un líder sindical que quiere renovar su mandato. Amo a este club pero me siento vacío, no tengo nada más para darle al club”, declaró Riquelme después de que el equipo en el que jugaba perdió la Copa Libertadores. Los acostumbrados al estrellato se estrellan con más estruendo porque no están acostumbrados a perder“¿Por qué dejaste de jugar en Boca?”, preguntarán, en el futuro, sus nietos. “Porque perdí”, responderá el envejecido abuelo Juan Román. Una respuesta similar recibirán los nietitos de Hugo Moyano, pero ante una pregunta diferente: “¿por qué rompiste la CGT?”. Los banqueros privados también juegan así, a ganar siempre y se enojan, no cuando pierden, si no cuando ganan menos. El Jefe de Gobierno porteño cuando no gana, cierra. O remata. Y algunos legisladores de la oposición hacen más o menos lo mismo: como no ganaron, embarran la cancha y con ese fin, dibujan una realidadinsostenible. Por supuesto que hay caprichos y caprichos. El de Riquelme es anecdótico. Los otros caprichos tienen una incidencia mayor en la vida política nacional. Pero no llegan a ser escollos, apenas una molestia que, de tan reiterada, resulta una caricatura.
No conforme con la parodia de protesta del miércoles 27, el sector moyanista está decidido a llevar su debilidad al límite. El Ministerio de Trabajo no logró conciliar las partes que se empeñan a desintegrar la CGT antes de renovar sus autoridades. El ministro Carlos Tomada, en conferencia de prensa, explicó que “los sectores en disputa destacaron la necesidad de la unidad del movimiento obrero”, a pesar de que cada uno de ellos contribuye con su atomización. Los seguidores de Hugo Moyano se negaron a suspender la convocatoria al congreso nacional del 12 de julio, condición de los opositores para retirar las impugnaciones. “Nosotros seguimos adelante con el congreso del 12 de julio”, confirmó el judicial Julio Piumato, más allá de las consecuencias que esa decisión puede traer. O no. Tal vez no sea tan malo tener diferentes organismos que representen a los trabajadores. Quizá la ruptura puede conducir a una reformulación de las organizaciones sindicales, con una participación directa de los representados.
En diálogo con Página/12, Ricardo Pignanelli, secretario del Smata, consideró que  “Moyano no se va a resignar a ser uno más dentro de la CGT y esto lleva a la fractura”. “Resulta que hoy todos los que eran sus enemigos son sus mejores amigos”, sintetizó el mecánico. “¿Cómo le explico yo a mis compañeros que el año pasado fuimos a la cancha de River a apoyar el modelo y hoy, con la crisis que hay en el mundo, mando a todos los trabajadores en contra del Gobierno?”, se preguntó. Por supuesto, en contradicción con lo que quiere demostrar el camionero, el que cambió en poco más de un año fue él y no el Gobierno Nacional. Hay dos moyanos bien contrapuestos y es difícil –y hasta innecesario- dilucidar cuál es el verdadero. Eso sí: los dos están agotados“Tiene que haber un cambio positivo, un cambio para que la CGT, más allá de los reclamos, lleve propuestas y debate, entendimiento, asuma el rol que tiene que asumir la CGT según los momentos que pasa el país –resumió Pignanelli- La defensa del modelo es fundamental para eso”.
Aunque muchos se pregunten –con evidente cinismo- cuál es el modelo, salta a la vista que, con tropiezos y algunas contradicciones, existe un sendero a seguir. Hay objetivos evidentes y decisiones que conducen a un país desarrollado e inclusivo. De no ser así, no estaríamos presenciando tantas transformaciones. Eso transmitió el jefe de gabinete, Juan Manuel Abal Medina, en un informe de gestión del Gobierno ante la Cámara de Diputados, durante casi cinco horas. El crecimiento del PBI en un 95,4 por ciento en nueve años, la creación de cinco millones de puestos de trabajo, el acceso de muchos al agua potable y cloacas, 1369 nuevas escuelas, 2,5 millones de nuevos jubilados, los más de 3 millones de niños que acceden a la AUH y el millón de netbooks repartidas. Una mezquina síntesis de medidas impensables después de la explosión de 2001. Pero los negadores no le temen al ridículo. En lugar de proponer sobre lo construido, como muestra de madurez política, niegan todo. El jefe del bloque de la UCR, Ricardo Gil Lavedra, cuestionó que Abal Medina no haya mencionado la palabra ‘inflación’ y destacó que “el relato, la exposición (del ministro) mejor dicho, es un cuento de hadas, no existe”. Y como fundamento de su negación, afirmó que “el mundo está mejor”y cuestionó los controles a importaciones, exportaciones y la compra de dólares. Que el mundo está mejor, más que un cuento de hadas, es una historia de monstruos. Y lo otro, es la defensa de un sector que no representa a la mayoría de los argentinos.
“El país que describe el jefe de Gabinete no tiene nada que ver con el país que siente la gran mayoría de los argentinos”, expresó el jefe del interbloque Frente Peronista, Enrique Thomas, que se refirió a “la inseguridad, la inflación, el uso de los fondos de la Anses y la distribución de la pauta oficial”. Más que la sensación de la mayoría de los argentinos, expresó la agenda de los medios hegemónicos con fecha de vencimiento. Difícil imaginar a un ciudadano común preocupado por la pauta publicitaria que el Gobierno destina a los medios, que sólo representa un cinco por ciento de la totalidad de la torta. El diputado Thomas fue el que presentó la medida cautelar para impedir la aplicación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual para beneficiar al Grupo Clarín. El Jefe de Gabinete no se dejó amilanar y advirtió que “hay sectores minoritarios, pero peligrosos, a los que les interesa que a la Argentina le vaya mal”, a los que calificó como “profetas del desánimo”.
Desánimo que no hace mella en el ánimo de La Presidenta, que anunció que los bancos privados estarán obligados a otorgar créditos por el equivalente al cinco por ciento de sus depósitos. Con la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, ahora la política puede actuar sobre el sistema financiero. Esta nueva medida promueve que los bancos otorguen unos 15000 millones de pesos en préstamos a la producción, con una tasa fija que no podrá superar el 15 por ciento anual y un plazo mínimo de tres años. Además, la mitad de estos créditos deberán estar orientados a las Pymes, lo que permitirá un desarrollo de los sectores medios de la producción. “No me vengan con el cuento de que nadie les va a pedir crédito –anticipó CFK- Si los bancos ponen condiciones y tasas para que no les venga a pedir nadie, eso es lo que va a pasar. El Banco Central les va a establecer las condiciones con las que tienen que lanzar los préstamos para la producción”. Para que quede clara la ecuación: crédito, producción, trabajo, consumo. Cuatro palabras que resumen lo que otros niegan: el modelo. Y como eje indiscutible, la inclusión.

Mientras la esperanza blanca bonaerense fracciona en cuatro partes el medio aguinaldo y el insustancial líder porteño cierra la Unidad de Terapia Infantil de un hospital y remata la concesión del zoológico, con edificios declarados patrimonio histórico, el modelo K apunta al crecimiento. En todas sus dimensiones. Después de quince años, se condenó a los responsables delplan sistemático de robo de bebés durante la dictadura. Casi todos los que se oponen a este modelo, no celebran estos fallos. Memoria completa y pacificación del país, dicen. Claro, a muchos, el agua les está llegando al cuello. Esa necesidad de pacificación apunta a terminar con los juicios. La semana que viene comenzará el juicio en Jujuy por la “Noche del apagón”, que involucra a los dueños del Ingenio Ledesma. Con lentitud, los beneficiados de la dictadura comenzarán a ser juzgados por su responsabilidad en el secuestro y desaparición de militantes y delegados gremiales. Beneficiados e impulsores de un modelo económico que buscó imponerse a sangre y fuego.La impunidad los abandona y por eso están desesperados. Lo único que altera la paz es su avidez desmedida, que no cesa de explotar los recursos del país en beneficio de sus golosos bolsillos.

* Periodista, Licenciado en Letras y estudiante interruptus de Filosofía. Docente de enseñanza media y terciario.
Autor del blog http://www.apuntesdiscontinuos.blogspot.com.ar/

 

Varios diarios Argentinos e incluso la Presidente Cristina Kirchner en el acto de esta tarde de promulgación de la Ley de Expropiación de YPF se hicieron eco del articulo del Premio Nobel de Economía en el año 2008 Paul Krugman del 3 de Mayo en el The New York Times.
Violencia es Mentir  va mas allá y les trae a ustedes el articulo firmado por Matthew Yglesias sobre el estado de situación de la crisis en España y Grecia y la comparación del camino exitoso tomado por Argentina al cual hace referencia Krugman en su articulo.
Esperamos que este aporte les sirva para tener una propia mirada sobre lo que esta pasando en Argentina y el mundo.  

El Euro está matando el sur de Europa

Por 

Lo que España (y Portugal, y Grecia, etc) podrían aprender de forma predeterminada el éxito de la Argentina y la devaluación.

España se encuentra en una crisis económica completa. Su tasa de desempleo del 24,4 por ciento es más alta que la tasa de desempleo en los EE.UU. durante la peor parte de la Gran Depresión. Y no hay trato española Nueva vuelta de la esquina esperando para cambiar las cosas. El prolongado período de desempleo masivo se va a degradar la capacidad de los trabajadores y evitar que los jóvenes adquieren habilidades. Los españoles más capaces y audaces que emigrar al extranjero, y las empresas españolas (racional) no invierten en la mejora de la productividad de sus trabajadores. Este sombrío panorama hará que los inversores más reacios a euros de préstamo para el gobierno español, lo que forzará a más rondas de aumentos de impuestos y los recortes presupuestarios, lo que más le aplastan la economía española. Un país que estaba en auge hace unos años ahora parece condenada al fracaso.

Pero tal vez hay una salida, una sugerida por la experiencia reciente de Argentina, una nación que está actualmente disfrutando de pleno empleo .

España y Argentina se enfrentaban a problemas similares en esencia. Ambas surgieron de la dictadura con la reputación de clima agradable, buena comida, gente divertida, mala gestión macroeconómica y la baja productividad. Y después de un poco tambaleante, ambos dieron con una solución similar: externalización de la gestión macroeconómica.

La estrategia de Argentina era un tipo de cambio fijo , un firme compromiso consagrado en la ley que los pesos argentinos siempre sería intercambiable a una tasa fija con dólares americanos. La estrategia de España era unirse al euro, técnicamente un proyecto conjunto de todos los países miembros, pero entiende universalmente como una forma para países como España e Italia y Portugal para inscribirse para el alemán-el estilo de gestión macroeconómica. Para subrayar el punto, el Banco Central Europeo se encuentra en Frankfurt, sede del Bundesbank alemán, en lugar de en la capital de la Unión Europea de Bruselas.

En ambos países ha funcionado. Nada sobre el tipo de cambio fijo en Argentina o en la unión monetaria en España cambió la estructura básica de la economía medianamente bien del país. Sus bases industriales todavía eran de segunda categoría, sus sectores de servicios ineficientes. Sin embargo, la estabilidad monetaria básica más un buen clima y una cultura europea accesible puede ir una manera larga. Las uniones monetarias provocó auges de la inversión, el capital extranjero se vierte en el, al fomento del empleo y los salarios. ¡Tres hurras por la estabilidad.

Pero cuando la economía mundial con un obstáculo en el año 2001, surgieron problemas para la Argentina. No relacionadas riesgos ocultos fueron revelados en el resto del paisaje de inversión global y en todas partes la gente se puso nerviosa. El capital extranjero comenzaron a abandonar la Argentina, la reducción de la inversión, el empleo y los ingresos. Esto a su vez reducido drásticamente los ingresos del gobierno argentino de impuestos y condujo a las convocatorias de consolidación presupuestaria fuerte.Subas de los impuestos y recortes de gastos, sin embargo, debilitó aún más la demanda interna de Argentina y ha exacerbado la crisis social. En diciembre de 2001, las cosas llegaron a un punto. El FMI se negó a liberar previamente acordados fondos de rescate, argumentando que la Argentina se welshing sus compromisos fiscales. Los manifestantes y los alborotadores lanzaron a las calles. El partido del presidente Fernando de la Rúa recibió una paliza en las urnas. Argentina dejó de pagar su deuda externa, se rompió el vínculo rígido entre el peso y el dólar, y se volvió a aplicar una política monetaria independiente.

Flash-forward de 10 años, y se puede ver un montón de lecciones de precaución en la experiencia de default argentino. Separados de los mercados financieros internacionales, el gobierno no tenía más remedio que vivir dentro de sus posibilidades. Con el valor de la moneda se desplomó, los hogares de la Argentina no tuvo más remedio que alejarse de la importación de cosas que el gasto en bienes de producción local o servicios. Los extranjeros repente se encontró material argentino barato, por lo que las exportaciones y el turismo se dispararon. Así es como la austeridad se supone que funciona. Su sociedad consume menos, pero produce más.

Default y la devaluación eran apenas una de las partes. Se destruyó el sistema bancario del país y acabó con los ahorros de muchos argentinos. Pero lo hizo el trabajo. Argentina ha crecido rápidamente en los años siguientes y su tasa de desempleo ha disminuido de manera constante a un 6,7 por ciento, una tasa que envidiar a los Estados Unidos.

Eso no es una panacea. El abandono de la paridad con el dólar ha cimentado la reputación de Argentina como un mal lugar para invertir su dinero. Los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner han aplicado una serie de políticas energéticas dudosas , y emiten un fuerte aire de amiguismo dinástica. Para todos nuestros problemas, Estados Unidos es mucho más rica y goza de instituciones mucho mejor que la Argentina y no hay sustituto para las buenas instituciones.

Entonces, ¿cuál es la lección para España? Montándose sobre el dólar en última instancia, no la Argentina, debido a paridad fija con el dólar de repente no convertir a Argentina en los Estados Unidos. Del mismo modo, la adopción de políticas macroeconómicas realizadas en Frankfurt y Berlín no da fundamentos España de Alemania, que sólo sillas de montar en España con las políticas que se diseñan para Alemania. Una unión monetaria no es lo mismo que un tipo de cambio fijo, y desenrollar el euro causaría aún más a corto plazo el caos de la morosidad de la Argentina. Sin embargo, un país económicamente soberana al menos tiene la oportunidad de hacer las cosas bien, mientras que un país encadenado a las políticas macroeconómicas de otra nación es, básicamente, que dejan la esperanza de la caridad. Si los funcionarios en España y en otros lugares no están considerando la posibilidad de dejar la zona del euro, que deberían ser.

ARGENTINA RECUPERÓ YPF!!!!

LA EXPROPIACIÓN ES LEY!!!!!

 ¡¡¡¡¡VAMOS POR TODO!!!!!

Banderas históricas y sintonía fina


Por Mario Wainfeld

El proyecto de ley que se anunció ayer al mediodía, que ya entró al Congreso, establece la “Soberanía hidrocarburífera de la República Argentina” y define como de interés público, entre otros objetivos, el autoabastecimiento energético. O sea, va más allá de su aspecto más resonante y candente: la expropiación del 51 por ciento de las acciones de Repsol y la inmediata intervención de la empresa. Ciñéndose exclusivamente a ese primer paso, se trata de una de las medidas más ambiciosas y fundacionales de los gobiernos kirchneristas.

Por su rango, ambición y contenido simbólico se la puede emparentar con decisiones previas de los presidentes Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner: la negociación de la deuda externa, el desendeudamiento con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la reestatización del sistema jubilatorio.

Todos esos precedentes fueron tomados al vaivén de las necesidades, criticados acerbamente desde el establishment económico, implicaron riesgos enormes. Hoy día son vigas de estructura de un proyecto que lleva casi nueve años, de impar sustentabilidad económica y gobernabilidad política. Le valieron al Frente para la Victoria (FpV) un record de vigencia de su legitimidad política. Las referencias dan cuenta de la congruencia de la movida aunque no garantizan su resultado, que dependerá de múltiples avatares, en especial del desempeño estatal en la nueva epopeya.

En términos de identidad político-ideológica, la decisión consolida el frente interno del kirchnerismo, se enarbola una clásica bandera nacional y popular. Sin ir más lejos, la CGT conducida por Hugo Moyano y la CTA de Hugo Yasky ya adhirieron con fervor.

En su discurso de casi una hora, la presidenta Cristina se permitió digresiones sobre la Cumbre de Cartagena de Indias, la interpretación de su encuentro con su par norteamericano Barack Obama y hasta el sideral precio de la yerba mate. Como es (su) regla, dedicó párrafos críticos a los medios dominantes y a un buen sector del empresariado local. Esas alusiones forman parte de la crónica picante de estas semanas. Posiblemente se olviden en meses o en años. Quién le dice, en semanas. La trascendencia histórica de la ley irá mucho más allá.

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Dentro de la ley: La norma encuadra perfectamente en la legalidad vigente. La Constitución Nacional, bastante liberal en lo económico, prescribe en los dos primeros párrafos del artículo 14: “La propiedad es inviolable y ningún habitante de la nación puede ser privado de ella sino en virtud de sentencia fundada en ley. La expropiación por causa de utilidad pública debe ser calificada por ley y previamente indemnizada”. El derecho de propiedad, pues, no es absoluto. La expropiación es uno de los modos, regulados, de limitarlo. El proyecto de ley determina el interés público, fija metas e incluye la indemnización. La norma aplicable es una ley de expropiación relativamente reciente.

El Senado debe ser la Cámara iniciadora porque hay comprometidos intereses de las provincias, representadas en paridad en ese cuerpo.

Las críticas a la acción emprendida pueden versar sobre múltiples aspectos, no por desprolijidades o vulneraciones legales, aunque se vocifere el sambenito de la “seguridad jurídica”.

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Nación y Provincias: El 51 por ciento que pasará a propiedad estatal argentina se repartirá entre el Estado nacional y las provincias petroleras. Las 23 provincias y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires serán parte del Consejo Federal de Hidrocarburos a formarse. Para que la mayoría nacional valga (en la empresa y en el organismo de gestión) deberá haber acuerdo entre Nación y provincias. Ese es el contexto estratégico en que funcionará el nuevo diagrama.

En el corto plazo, aunque nada diga la norma ni haya habido menciones en el discurso, deberá atenderse a las necesidades inminentes de las provincias petroleras, que atraviesan en promedio una desafiante coyuntura financiera. Es de cajón que no podrán (no aceptarán) quedar en condiciones inferiores a las que les aseguraba el statu quo previo. Ese aspecto, central en el corto plazo, formó parte de las conversaciones entre funcionarios de Nación (incluida a veces la misma Presidenta) y gobernadores. El nivel de consenso se medirá en el Senado y en las respuestas de los mandatarios provinciales.

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España en llamas: En un mundo interconectado, los acontecimientos se comparten en “tiempo real”. Las acciones de Repsol se desmoronaron en Wall Street y en la Bolsa de Buenos Aires. Son datos significativos, que conviene matizar. Mucho de timba y de reflejos especulativos hay en esos vaivenes.

Más determinante fue la reacción en España, que aunó al oficialista Partido Popular, al opositor Partido Socialista Español, a la Corona y a los medios locales. Los dos candidatos que compitieron en elecciones generales recientes, el presidente Mariano Rajoy y su derrotado-goleado Alfredo Pérez Rubalcaba, unificaron sus voces y presencias.

La conmoción y la unidad son lógicas. Repsol es la máxima multinacional española. Los antagonismos ceden a principios comunes, tal como pasa en comunidades afiatadas, donde los cipayos no existen o son una rareza. En otros pagos, las proporciones son diferentes.

El proyecto buscó centrarse en las acciones de peninsulares preservando en general la propiedad de propietarios de otras nacionalidades. Pero hay intereses generales de la Unión Europea (UE) en jaque, en medio de una asfixiante crisis económica y financiera. España es uno de los eslabones débiles de una cadena que se muestra frágil, aspirará (y, todo lo indica, obtendrá) la solidaridad de los socios mayoritarios de la UE.

El precio de la expropiación, a fijarse por un Tribunal de Tasación en juicio, será un leit motiv de los próximos meses. En teoría, no está cerrada la hipótesis de un acuerdo, en la práctica suena imposible. O casi, siendo muy cautos.

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Los medios y el Duce: Los medios on line españoles hicieron tronar el escarmiento, en consonancia con sus ediciones impresas de las últimas semanas. Los titulares, los artículos y los comentarios de los lectores adjetivaron y sustantivaron de lo lindo sobre la Argentina, el peronismo y la Presidenta, no siempre en ese orden de prelación. Cabe reconocer que los lectores españoles insultan menos que sus homólogos argentinos cuando despotrican en los grandes medios. Aunque las comparaciones tienen un repertorio similar. Juan Domingo Perón fue comparado con Mussolini. Cristina Kirchner con Fidel Castro o Hugo Chávez.

La Presidenta evocó con elogios al ex presidente radical Hipólito Yrigoyen. Quizá por ir a la raíz histórica de su anuncio, acaso un cachito para interpelar a los dirigentes actuales de la Unión Cívica Radical. Los hispanos no se la tomaron con Yrigoyen, al menos hasta donde llegó la lectura de este cronista.

La lectura de los on line del diario argentino La Nación y el español El País mostraron un mismo error mientras comenzaba el discurso de Cristina Kirchner: anunciaron la expropiación del ciento por ciento de Repsol. La metida de pata pudo derivar de la alusión a un 51 por ciento nacional y un 49 provincial de la parte expropiada. El cronista, que es poco conspirativo y piensa que el error acecha a la tarea periodística, cree que pudo ser una coincidencia. Lectores más suspicaces (o sutiles) pueden imaginar afinidades ideológicas o cosas así.

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Miradas en Palacio: La Presidenta designó al ministro Julio De Vido como interventor transitorio en YPF, mediante Decreto de Necesidad y Urgencia. El hombre asumió en cuestión de horas. Es de manual impedir que una empresa con pésimas credenciales y tradición vaciadora quede con manos libres mientras se sustancia la expropiación.

Cristina Kirchner también mentó, encomiásticamente, al viceministro de Economía, Axel Kicillof, una figura ascendente que deberá laborar codo con codo junto a De Vido en esta gestión.

Guillermo Moreno fue otro funcionario aludido, parte en broma, parte para interpelar a las empresas que envasan y procesan yerba.

Las menciones serán objeto de análisis por los estudiosos de Palacio.

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Entrega, pergaminos y sintonía fina: A los que hablen de aventurerismo habrá que recordarles que Repsol es una empresa de un país no petrolero con cero experticia previa en la materia. Y que la participación estatal en las grandes petroleras es regla dominante en casi todo el mundo.

La entrega de YPF fue una de las mayores defecciones del peronismo en su etapa menemista. La misma fuerza, en su etapa kirchnerista, va por revertir el desaguisado. La discusión sobre el justicialismo siempre está en el tapete, hoy no es el día.

Destruir es más sencillo que reconstruir. Laburar para intereses minoritarios más fácil que consagrarse a los mayoritarios. La propuesta oficial conmueve los corazones de militantes y ciudadanos afines a su pensamiento. Pero las banderas correctas no bastan para sostener consensos sociales por largo tiempo. La dimensión gruesa está y es saludable. Las mayorías ciudadanas, sin usar esa jerga, se alinearán según funcione la sintonía fina. Esto es, la gestión estatal, los resultados, el equilibrio entre los importantes costos económicos inmediatos de la movida y los que exijan otros objetivos irrenunciables e impostergables del Gobierno.

El cambio de rumbo elegido es el mejor dentro de lo disponible. La enorme audacia, pura matriz K. Los frutos, como todo en esta vida, se irán viendo con el tiempo. Cuesta imaginar, hasta siendo muy fantasioso, que sean peores que los de Repsol, una empresa que nunca debió tener los privilegios y la patente de corso que usufructuó.

mwainfeld@pagina12.com.ar


 

 

 

 

 

 

Por Mempo Giardinelli

Al empezar diciembre de 2001 –hace exactamente diez años– muchos analistas políticos sugerían que el único futuro era el abismo. El gobierno del presidente De la Rúa –que había llegado a tener una imagen positiva de hasta el 70 por ciento– había dilapidado en sólo dos años un enorme capital político. La incapacidad y las ambigüedades de este hombre irremediablemente gris definieron una rápida y peligrosa falta de liderazgo, contrastante con la decisión y osadía de su antecesor, a quien se le podían reprochar todas las decisiones que tomaba y sus innumerables defectos, menos, precisamente, el de la indecisión.

La catástrofe no era imprevisible. Era un desastre anunciado porque había múltiples evidencias de lo que se venía. Pero el cinismo negador de la casi totalidad de la dirigencia argentina de la época se sumaba a la creciente penuria económica de la sociedad, y así, de manera inesperada y original, algo se cocinaba con velocidad en las sombras.

Nunca se sabrá cuánto hubo de organización en los saqueos posteriores, en los días previos a la Navidad, pero cuando se produjeron los primeros cacerolazos en el Gran Buenos Aires y en algunas ciudades del interior, y Fernando de la Rúa no tuvo mejor idea que decretar el estado de sitio, el aluvión popular se lo llevó por delante.

En una contratapa que escribí en este diario por esos días, titulada “Padres saqueadores y algunas preguntas”, decía: “La situación no da para más y asistimos a un nuevo desastre político: Fernando de la Rúa firma el estado de sitio y se resiste a renunciar, apenas apuntalado por hijos y amigos y uno que otro funcionario. El radicalismo, el peronismo y el frepasismo han conducido al país a este abismo que reinaugura violencias. Entre todos saquearon al país. Se menemizaron y a coro lo fundieron. Y ahora no saben qué hacer cuando los que fueron saqueados empiezan a saquear las sobras”.

Domingo Felipe Cavallo era uno de los principales responsables del desastre, porque con su política económica terrorista había preparado el terreno. Y De la Rúa, su jefe y a la vez su rehén, era el otro. Las dirigencias en general, y no sólo “los políticos”, eran también responsables del caos porque pudiendo frenar no frenaron y porque antepusieron siempre sus intereses sectoriales por sobre los de la nación. Los dirigentes sindicales eran caricaturas vergonzosas de la historia del movimiento obrero y conspicuos menemistas, que durante diez años habían depredado y corrompido, era público que recorrían cuarteles azuzando una posible intervención militar de emergencia.

Parecía que a los golpistas, que estaban vivos y actuantes, sólo les faltaba apoderarse del Banco Nación, sepultar la educación pública y completar la revancha reivindicando a los militares asesinos. Para ello contaban también con una Corte Suprema y un Senado Automáticos, que parecían preparar el terreno modificando de hecho el orden de la sucesión presidencial.

El llamado Déficit Cero no cerraba ni a palos –literalmente– y el caos social y económico prefiguraba una salida como la de Alfonsín en 1989.

La situación era gravísima y las opciones políticas y económicas, que sí las había, no parecían en capacidad de imponerse. El Frenapo, la CTA, el Plan Fénix y muchas organizaciones sociales y políticas de la Argentina proponían alternativas superadoras. Pero la ceguera del gobierno y de la oposición partidaria parecían absolutas.

La noche del 19 de diciembre Héctor Timerman me invitó a su programa de cable, en el que hablamos de lo que estaba pasando, y cuando salimos a Callao y Corrientes, después de las diez de la noche, nos encontramos con una marea humana que marchaba hacia la Plaza de Mayo. Era una masa amorfa, desorganizada, o al menos sin conducción, pero que sabía lo que quería: rechazar activamente el estado de sitio que De la Rúa había decretado. Era un desafío popular abierto. Un viento, como diría Mario Benedetti, capaz de despeinar a la Historia.

El impresionante cacerolazo de ese miércoles anterior a la Navidad, iniciado en la medianoche y desafiando el estado de sitio instaurado horas antes, se integró con personas que se representaban a sí mismas, que ejercían la democracia directa más directa que alguien se pudiera imaginar. Largamente humilladas, hartas de la traición contumaz de sus representantes, ganaron las calles de las ciudades argentinas como antes lo hicieron otras generaciones. Así como el 17 de octubre de 1945 nació el peronismo de una manifestación del pobrerío marginal y la clase obrera, y en la Semana Santa de 1987 otra manifestación masiva y pluriclasista frenó el golpe de los militares “carapintadas”, así el 19 de diciembre de 2001 quedará en la historia, me parece, como el 17 de octubre de las clases medias urbanas que se resistían a morir.

Aunque algunos la esperábamos, nadie sabía cómo ni cuándo iba a ser esa pueblada. Y eso fue lo mejor: que surgió espontáneamente y por la única gran razón del hartazgo. Por fin la sociedad abandonó la queja y el lamento y se puso en marcha.

Lo importante era que a De la Rúa no lo echaban los acreedores externos ni los ataques desestabilizadores de sus adversarios. Lo expulsaba una mayoría hasta entonces silenciosa que dejaba de hacer silencio y batía las cacerolas no sólo para sacarlos a él y a Cavallo sino para protestar también contra Carlos Menem y la caterva de resucitados que buscaban encaramarse en el poder.

 

 

 

 

 

 

 
por  Fernando J. Pisani

 

El “para todos” es algo que molesta a las élites, y más que a las élites, a aquellos que en su fuero interno se consideran superiores a otros, por color de piel, cultura, herencia familiar, dinero o inteligencia. Y molesta a aquello que la voz popular denominó “gorilismo”, que se ha ido renovando generación tras generación, permaneciendo su esencia inmutable.

Una notebook para cada chico, el “futbol para todos”, una educación secundaria para todos y todas (recordemos que la ley de educación promulgada por Nestor KIrchner establece la obligatoriedad del secundario), la futura “Señal digital para todos”, así como otros “para todos”, y peor aún si es “para todas y todos”, deben ser combatidos, denigrados, calumniados, en lo posible erradicados.

Un ejemplo del gorilismo actual es una nueva campaña por internet y redes sociales: bajo el título “¿Coincidencia?” se divulga una foto donde se lo ve repartiendo radios a Goebbels, el jerarca nazi encargado de la propaganda del Tercer Reich, famoso por aquella frase “Miente, miente, que siempre algo queda”.

goebbelsrepartiendoradios

La imagen va acompañada por el siguiente mensaje:

“¿Pura coincidencia?   El 29 de octubre de 1938, Goebbels repartía radios a un costo ínfimo para los alemanes, tenía la particularidad que sólo se podía sintonizar la emisora oficial ¿saben cómo se llamó el programa?… “RADIOS PARA TODOS”, cualquier parecido con la realidad argentina actual es pura… ¿coincidencia?

Mas allá de que da pena ver cómo ciertas personas destilan veneno y se consumen con un odio que los afecta más a ellos que a los destinatarios de sus calumnias, es interesante hacer un análisis de dicho texto y encontrar las diferencias y similitudes con la Argentina de hoy.

Comencemos porque los aparatos de radio y televisores que tenemos en Argentina acceden a decenas y cientos de señales, no a  una como bajo el Tercer Reich. Y lo que este gorilaje evade es que la mayoría de esas señales radiales y televisivas están controladas por muy poco medios que forman parte del poder económico, ideológico y político que ha dominado a la Argentina durante décadas y décadas. También evade que el actual gobierno hizo suyo un reclamo y lucha de décadas y hoy tenemos una nueva Ley de Medios Audiovisutales que promueve que haya más señales, más voces, más diversidad y son los anti-K y pro monopolios mediáticos los que se han opuesto a dicha ley y quieren conservar el actual status quo, con un moder concentrado en el manejo de la información y la desinformación.

Lo hemos visto y padecido con claridad cuando la disputa con las corporaciones agropecuarias contra la Resolución 125, en el 2008, y en muchos casos más: no importa si la radio o si el programa hablaba del tiempo, de chismes, de música o era un informativo, la prédica en contra del gobierno y a favor de las multinacionales, -directa o indirectamente, abiertamente o a media lengua-, era incansable, tenaz y monocorde. Incluso hoy lo vemos con el tema de la inflación, el control a la venta de dólares, etc, etc.

Estos medios hegemónicos son los continuadores de Goebbels en lo que hace al marketing de las posturas neoliberales, de derecha, racistas, discriminatorias, anti kircheristas.

El poder de esas corporaciones mediáticas, que obviamente exceden lo mediático desde hace bastantes años, construyendo discursos, contruyendo “realidades”, fortaleciendo políticas, impregnando lo cultural, está expandido en cientos de cuestiones cotidianas que consideramos como naturales pero no lo son. Vamos a un bar y en el televisor está sintonizado en TN (grupo Clarín); buscamos un diario y el que está en dicho bar es Clarin y si es en ciudades que tienen diarios, seguramente estará también el diario local, que será socio del grupo Clarín, o del grupo Vila. Y si hay otros diarios son Ole (también del grupo Clarin) y La Nación, socio de Clarin en su negocio de Papel Prensa y en la defensa de los privilegios de la minoría propietaria de grandes extensiones de tierra, de los grandes bancos, de las grandes corporaciones industriales, extractivas y de servicios.

Que esos diarios estén en los bares no es responsabilidad directa de Clarín, lo que es cierto, pues el del bar podría comprar otro diario o sintonizar otra señal de TV, pero no lo hace, no se lo cuestiona, no se lo pregunta, y la mayoría de los parroquianos tampoco. Forma parte de los dispositivos de dominación.

En la Alemania nazi, aquellas radios sólo sintonizaban una emisora, hoy se pueden sintonizar muchísimas, pero la mayoría de lo que emiten coincide en un mismo mensaje: en contra del actual gobierno democrático que gobierna argentina y en contra de cualquier alternativa, aquí o en otros países, que pueda tender a un cuestionamiento a su dominación o a la de sus colegas, competidores o socios.

Claro que como ahora el kirchnerismo gana con una mayoría absoluta de votos, es demasiado para digerir para cierta gente: los gorilas  apelan y apelarán a cualquier recurso con tal de cambiar esa situación.

“En ralidad esas clases bajas rara vez votan bien. Porque no tienen cultura hoy la votan a “ella”, que les da la posibilidad de tener un plasma, o le regala una netbook a sus hijos”

Y para defender a los monopolios mediáticos, a la hegemonía informativa que ejercen ciertas corporaciones, dirán:

“es falso que sean monopólicos, es falso lo de la hegemonía, ¿no perdieron acaso las elecciones? ¿No ganó acaso la viuda con el 53% de los votos?”

Ocurre que el proceso electoral no fue una guerra de medios oficialistas vs medios opositores. Si hubiera sido así el gobierno no hubiera pasado ni el 8% de los votos, habida cuenta las audiencias de cada medio y el ranking de lo que miden los programas. Sin ir muy lejos, el ejemplo máximo de “programa oficialista” es “6,7,8”, que se trasmite  una hora y media cuatro o cinco días a la semana, y mide 2.3% de audiencia y el canal del Estado tiene un ranking diario de 1.3% (http://www.ibope.com.ar/consultas/television.asp, día 1 de noviembre de 2011)

Lo que aquí se enfrentaron son un discurso elaborado por los medios, sus formadores de opinión y toda la oposición, frente a la defensa de realizaciones concretas de un gobierno, frente a una coherencia concreta entre el decir y el hacer en ciertos temas, defendiendo intereses afines a los de las grandes mayorías de la población. Y el recuerdo aún fresco de a dónde condujeron el país todos los opositores frente a cómo lo está conduciendo el kirchnerismo.

Los medios siguen siendo hegemónicos y el Grupo Clarín sigue teniendo el poder de un monopolio, aunque eso hoy no les permite o asegura  bajar o condicionar un gobierno,  aunque lo han intentado y lo seguirán intentando. Si hoy no triunfaron en sus designos es porque Nestor Kirchner, Cristina y sus equipos, tuvieron la sabiduría y la valentía de enfrentarlo, aún con el 22% de los votos y también porque en la sociedad hubo una minoría que los acompañó y apoyó a pesar de todo. Pero no nos confiemos con el 54%, siguen siendo muy poderosos.

La gente que se dedica a repartir este tipo de mensaje por email y por las redes sociales, conciente o inconcientemente, responde al modelo racista, elitista, discriminatorio.

A varios de ellos lo del “Fútbol para todos”, por poner un ejemplo de una de las medidas menos importantes que tomó el gobierno, les ha molestado porque han “dejado de pertenecer”. Para muchos de ellos el “status”, su status, es un bien sagrado, lo cultivan, lo defienden, se pavonean con él. “Sí, YO veo los partidos en directo desde mi casa, YO tengo codificado, la mayoría no”

Tienen una concepción de la democracia que los lleva a decir, al igual que a Piñera con la educación: “lo más democrático es que se tenga que pagar para ver fútbol y siguen con la cantinela que “el Estado gasta en eso cuando hay tantas necesidades más importantes” (y obviamente se opondrán también cuando el estado gasta en esas necesidades más importantes, dirán que el estado derrocha, hace clientelismo, etc), y argumentarán también “por qué yo, que no veo futbol, debo pagar de mis impuestos para que otros lo vean y así hasta el cansancio.

Finalicemos con un equívoco sobre Goebbels que es muy extendido. Al principio de este texto, se ha mencionado aquella frase atribuida a Goebbels de “miente, miente, miente, que siempre algo queda”, dando a entender que la recomendación de Goebbels era mentir y mentir, así algo siempre queda.

Si bien suele ser cierto que la repetición de una mentira sistemática termina instalándola como verdad o creando la duda, y hace mucho daño, a veces también se le vuelve en contra del que la hace, como es el caso de esta gente que está calumniando al kircherismo.

Pero en realidad Goebbels no dijo eso, y lo que dijo y recomendó, es justamente lo que hacen los gorilas, los antiperonistas, los antikircherista, los macarthistas de ayer, hoy y de siempre.

Lo de Goebbels es peor, si se puede. Él decía, para poner en evidencia lo malignos y mentirosos que eran los judios, que para ellos una de sus máximas era que “Una mentira repetida mil veces… se transforma en verdad”

Cámbiese la palabra “judios” por “Nestor Kirchner”, “Cristina Fernandez”, “kirchnerismo”, etc y quedará en evidencia la actitud discriminatoria, calumniadora, y si pudieran, represora. ¿Pura coincidencia?


Cristina Fernández de Kirchner renovó el apoyo popular

El kirchnerismo, el malentendido y la anticipación


Por Ricardo Forster

Que la Argentina es un país extraño, fascinante, zigzagueante y espasmódico ya no es una novedad. Que los giros epocales suelen sorprendernos modificando lo que parecía cerrado es otra de las características nacionales. Que la sociedad, esa entelequia tan difícil de definir y que tiene tantos matices que la vuelven indescifrable, no suele comportarse de acuerdo a libretos previamente establecidos, constituye también parte de nuestra alambicada y enigmática idiosincrasia. Lejos de los estereotipos con los cuales solemos intentar interpretar nuestras circunstancias, nos encontramos, una y otra vez, transgrediendo lo que se espera de nosotros y quebrando certezas que, cuando se pronuncian, parecen inconmovibles y definitorias.

El kirchnerismo, apelando –con cierta libertad– a un concepto del filósofo francés Rancière, constituye un “malentendido”, algo así como una ruptura de lo esperable, un desequilibrio de lo que debía permanecer equilibrado, un desacuerdo de los acuerdos previamente establecidos y, finalmente, un disenso de los pactos consensualistas tan perseguidos por los cultores del republicanismo liberal y los gerenciamientos policiales de la política. Simplemente lo que se abrió bajo la irrupción imprevista de Néstor Kirchner hace ocho años no hizo otra cosa, que no es poco dadas las circunstancias argentinas, que encolerizar al poder real mostrándole, ante sus ojos azorados, que la clausura de la historia (imaginada por ese mismo poder bajo la forma de su absoluta y definitiva dominación) no era otra cosa que una quimera, el deseo exuberante y desmesurado de quienes estaban acostumbrados a medir la travesía por el tiempo de nuestro país bajo la perspectiva de lo eterno e inexorable cuyo rostro contemporáneo no era otro que el del neoliberalismo definitivamente realizado. El malentendido siguió su camino hasta desembocar en el famoso conflicto con la corporación agromediática que terminó por sincerar lo que todavía no alcanzaba a visualizarse. Sin escalas intermedias, y retomando la categórica imagen de John W. Cooke, el kirchnerismo pasó a convertirse en el “hecho maldito del país burgués”, aunque no remitiendo al fantasma de la revolución social (como lo imaginaba, en uno de sus rostros, el propio Cooke) sino afirmando el derecho de la política a recuperar un protagonismo perdido pero no en nombre de abstracciones republicanas sino en el de una tradición popular que, bajo lo nuevo de la época, regresaba para desencajar el “humor de los mercados”. Más que un reformismo y también diferente a un mero desarrollismo (como algunos han querido caracterizarlo), el kirchnerismo asumió un rol rupturista y una vocación de ir contracorriente en una época del capitalismo, esto hay que decirlo, en la que muy pocas voces se alzaban para cuestionar su marcha triunfal bajo el traje brutal del neoliberalismo.

Lejos de acoplarse a esas ilusiones, más lejos todavía de amplificar la pirueta del travestismo menemista, pero también antagónico a la retórica de un progresismo cómplice de la perpetuación de la economía global de mercado bajo formato rioplatense, el kirchnerismo vino a enloquecer la inercia de la historia tocando lo que parecía intocable una vez que los espectros de las experiencias emancipatorias (en sus diferentes versiones de izquierda y nacional populares) parecían haberse retirado a las salas de museos temáticos que nos recordaban cómo habían sido aquellas épocas dominadas por el espíritu de la revolución o simplemente habían pasado a ser objetos de estudio de historiadores, filósofos, sociólogos o arqueólogos.

El kirchnerismo (y tratar de penetrar en su originalidad es una manera de comenzar a entender por qué Cristina está a un paso de alcanzar una legitimación electoral descomunal), sin pretender convertirse en heredero o en émulo de esos ímpetus transformadores asociados a la gramática de las corrientes liberacionistas que supieron galvanizar y calentar en otros tiempos la geografía latinoamericana, se propuso, con aparente humildad, como una fuerza reparatoria, como la etapa –indispensable– de una reconstrucción no sólo de la vida económica y social sino, también, de la trama dañada de las representaciones populares. Sin esa escala intermedia, sin quebrarle el espinazo al proceso creciente de despolitización y de vaciamiento cultural simbólico que venía desplegándose en nuestro país, cualquier sueño de reencuentro con las esperanzas democrático igualitaristas no era otra cosa que una vana ilusión carente de base de sustento en la realidad. El kirchnerismo, en todo caso, enlazó viejos sueños algo ajados con una fuerte dosis de pragmatismo mostrando que no todo estaba perdido en una época dominada mayoritariamente por el desencanto y el cinismo que habilitó diversos tipos de alquimia política transformando antiguas y venerables tradiciones populares en correas de transmisión de políticas reaccionarias.

Así como logró rescatar (en una tarea que no culmina y que sigue teniendo zonas opacas) al peronismo de su captura prostibularia bajo la forma excremencial del menemismo (por eso resulta indispensable eludir la tentación de la iconografía nacionalpopular, aquella que escudándose en la recepción dogmática y acrítica deja sin revisar el daño que en el interior de esa tradición ejerció la cooptación neoliberal y la persistencia de antiguas marcas oscurantistas), también desnudó las esenciales carencias de un progresismo vaciado y petulante que, por esas cosas de la desmemoria, sigue insistiendo con sus mismas fórmulas republicano-liberales sin hacerse cargo de su altísima responsabilidad en la sequía argentina de la década del ’90, cuando creyó que la inexorabilidad del orden económico era algo sellado de una vez y para siempre y que lo que le quedaba a una fuerza política otrora de matriz popular y de izquierda no era más que recostarse en un agusanado ideal republicano asociado a una retórica de la honestidad y la anticorrupción. En todo caso, el kirchnerismo, con sus maneras algo plebeyas y rupturistas, con su decisionismo inicial y su abandono de los lenguajes heredados de esa década maldita, rompió la inercia y enloqueció a los distintos actores de un drama nacional que simplemente no entendían qué es lo que estaba pasando y quién les había cambiado las reglas de juego. Comenzar a descifrar los “enigmas” del kirchnerismo es algo muy recomendable a la hora de tratar de explicarse por qué Cristina arrasará en las próximas elecciones pero es, también, interrogar con algo de audacia qué modificaciones sustanciales se han ido produciendo en el interior de la vida social argentina como para cambiar cualitativa y cuantitativamente la actualidad de la política y, sobre todo, de la realidad de los sectores populares que han transferido su reconocimiento, después de mucho tiempo, a una figura como Cristina Kirchner. Esas indagaciones no sólo estarán destinadas a desentrañar lo que viene sucediendo desde 2003 sino, también, deberán interrogarse, con espíritu abierto y crítico, cuáles son los desafíos por venir y qué significa la famosa “profundización” del proyecto (prefiero ese término al de “modelo” que me resulta parcial y más vinculado a una matriz económica, mientras que proyecto amplifica la cuestión hacia la dimensión política y cultural).

Si hiciéramos el esfuerzo de instalarnos en julio de 2008 o, más cerca todavía, si nos trasladáramos a los días y meses posteriores a las elecciones de junio de 2009, y si alguien nos hubiera preguntado qué imaginábamos de cara a octubre de 2011, seguro que ni el más optimista de los kirchneristas habría anticipado la contundencia de lo que las encuestas anticipan. El propio Néstor Kirchner, incansable en su búsqueda de abrir caminos hacia la consolidación del proyecto, bregaba por alcanzar esa cifra mágica del 40 por ciento de los votos tomando una distancia de 10 puntos respecto del segundo, anulando de ese modo la posibilidad de una complicada segunda vuelta. Remontar la derrota del voto no positivo del ya hoy invisible Cobos y, aún más, doblar el recodo de ese otro momento fatídico que pareció transformar a la oposición en un fuerza indetenible que arrasaba con todo, constituía una tarea harto complicada y con pronóstico incierto. ¿Cómo no recordar a tantas voces, incluso amigas, que se apresuraron a anunciar el crepúsculo de lo iniciado en mayo del 2003? ¿Cómo olvidar el fuego cruzado que provenía de la corporación mediática y de la oposición política que ya se regodeaban con la supuesta debilidad del Gobierno?

Sin dudas que los acontecimientos del inolvidable 2010 (precedidos por la respuesta a la derrota de junio de 2009 que asumió la forma de la ley de servicios audiovisuales y de la asignación universal por hijo) comenzaron, desde el affaire Redrado que culminó con su eyección del Banco central y el nombramiento de Mercedes Marcó del Pont, hasta la inesperada muerte de Kirchner y pasando previamente por ese otro acontecimiento caudaloso y sorprendente como lo fue el festejo multitudinario del Bicentenario, a reconstruir, en la trama colectiva y en la recuperación de la imagen de Cristina, el camino que encontraría, hasta ahora, su punto máximo en las internas abiertas del 14 de agosto que se convirtió en una verdadera fecha bisagra, fecha que acabó por sepultar las expectativas de la oposición y, sobre todo, de la corporación mediática que había apostado todas sus fichas a un declive irreversible del oficialismo y que, a partir de su mirada estrecha y encapsulada, le impidió descifrar el crecimiento exponencial de la imagen de Cristina junto con una decisiva transformación en la relación de los sectores populares con el gobierno nacional.

Pensaron que el efecto emotivo de la muerte de Kirchner acabaría pasando, del mismo modo que interpretaron los resultados electorales de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba como augurios de lo que acabaría por suceder en octubre. Incluso alucinaron con que las internas abiertas serían el instrumento que le permitiría a la oposición definir quién, de entre los candidatos, sería el elegido para disputarle a Cristina la presidencia. Pero se encontraron, para su indescriptible horror, ante un resultado que nunca imaginaron que podía darse. En esa noche del 14 de agosto se rompieron en mil pedazos las ilusiones poskirchneristas abriendo, para escándalo de esos mismos medios de comunicación todopoderosos, la perspectiva de una tremenda derrota en toda la línea. La lógica del prejuicio y el encapsulamiento les jugó definitivamente en contra. Como en otros momentos de nuestra historia vieron lo que previamente querían ver, mientras que por detrás y por debajo, entre los intersticios invisibles de la vida social, crecía, con fuerza que hoy es abrumadora, el apoyo a Cristina.

El 14 de agosto vino a sincerar lo que el velamiento mediático mantenía oculto, como si su relato monocorde hubiera terminado por construir una ficción que se topó, finalmente, con la verdad no dicha de una realidad capaz de horadar el cerco informativo y de romper en mil pedazos la unidireccionalidad de un dispositivo que, de tanto diseñar la escena ideal de la catástrofe tantas veces anunciada y nunca acontecida, no hubiera siquiera alucinado, en su peor pesadilla, que la única catástrofe por suceder sería la bancarrota de la propia oposición que simplemente quedó enmudecida y sin palabras para dar cuenta de su caída en abismo.

Aquello que antes definía el sentido común dominante y articulaba la gramática de la famosa opinión pública, la proliferación de un supuesto sentimiento de crítica irreversible hacia el Gobierno, no pudo resistir el impacto del 14 de agosto y acabó por desnudar la pobreza franciscana no sólo de la oposición política sino, centralmente, de la usina mediática desde la que se buscó dirigir la estrategia de confrontación antioficialista. Demudados y desconcertados las principales plumas de los medios concentrados, los autoproclamados periodistas independientes, buscaron, con esfuerzo digno de mejor causa, responsabilizar del estrepitoso fracaso a los dirigentes de la oposición que fueron descriptos como ineptos e irresponsables. Para agregar algún otro elemento que hiciera más creíble el sorpresivo giro del electorado centraron sus análisis en el bienestar económico, en el aumento de los índices de consumo y en el famoso viento de cola que terminó por resolverle todos los problemas al kirchnerismo. Hasta el día de hoy, esos sesudos analistas no pudieron ni pueden, porque es más fuerte que ellos, concederle algún mérito al propio Gobierno (en todo caso se detuvieron, con impiadoso cinismo, a analizar el “efecto viudez” como un catalizador de votos o a recordar el famoso “voto cuota” del menemismo como para relacionar los ’90 con la actualidad). Hoy apenas si añoran el tiempo en que sus anuncios se cumplían y lo hacen deseando que la crisis económica de los países desarrollados golpee con brutalidad en nuestro país. Calculan, con eterna malicia, que ese es el único factor que podría debilitar al Gobierno y, a partir de allí, abrirles una nueva oportunidad para sus interminables conspiraciones.

Lo cierto es que no se recuerda, en los anales de la vida democrática argentina, que la semana previa a una elección caracterizada como decisiva, la anticipación del resultado, su inusual contundencia bajo el nombre, ahora, de Cristina, unida a la fragmentación opositora, le restara cualquier sorpresa. Lo abismal de la distancia, también inédita, abre un doble escenario de cara al futuro inmediato: la relegitimación histórica del kirchnerismo y la crisis abrumadora de todos aquellos que apostaron a expandir el famoso “clima destituyente”.



Los simpatizantes de todos los sectores en la Plaza de Mayo

CON LOS DIARIOS DEL LUNES

Por Mario Wainfeld
La táctica electoral del Frente para la Victoria en 2007 estuvo dominada por una hipótesis: “Hay que sumarle votos a Cristina”. La idea era lógica, porque Néstor Kirchner tenía una intención de voto superior a la actual presidenta reelecta y era prudente proponerse ganar en primera vuelta, acumular el 45 por ciento del padrón. La movida se implementó con una amplia búsqueda de alianzas, que incluyó una de las coaliciones más ambiciosas de la historia reciente, la Concertación Plural. Para sumar, Kirchner debió ceder a sus aliados. Lo hizo con los peronistas, a quienes dejó tener preeminencia en las listas de legisladores nacionales, aunque sin dejar de dar batalla y hacer guerrilla para colar “fuerza propia”. Con los radicales K el diseño fue pragmático y versátil, en aras del objetivo principal: la presidencia. En Mendoza, dejó que floreciera un peronismo alternativo con Celso Jaque a la cabeza, que destronó a la fórmula de la Concertación, dejando de garpe al candidato de Julio Cobos y a sus laderos kirchneristas. En Río Negro, ante una situación similar hubo un desenlace local diferente. La Casa Rosada no se jugó a fondo por el presidente del bloque de senadores nacionales del FpV, Miguel Pichetto. El resultado fue inverso al de Mendoza: triunfó el radical K Miguel Saiz. Se pagaron costos internos con aliados en los dos territorios, pero se resolvió “la contradicción principal”: Cristina Kirchner congregó una carrada de votos. En 2011, la campaña estuvo signada por una idea distinta: la dueña de los votos era Cristina Kirchner, quien no precisaba conceder ni esperar ayudas especiales de los líderes provinciales. La Presidenta alentaba esa convicción, que se corroboró en agosto y ayer. Desde las Primarias Abiertas eso parece una obviedad pero no lo era, ni mucho menos, a principios de este año. Por el contrario, la idea fuerza de CFK era un razonamiento muy lanzado y bastante enfrentado al “sentido común” de la dirigencia peronista.La Presidenta contaba con una ventaja relativa: su candidatura era imprescindible para el FpV porque ningún otro dirigente garantizaba unidad ni competitividad. Cristina Kirchner le sacó el jugo a ese recurso, exprimiéndolo hasta la última gota. Se lo espetó a Hugo Moyano en público, también lo difundió en un sonado acto en José C. Paz (“no se hagan los rulos”). La señal no significaba que renunciaría a presentarse sino que lo haría fijando sus propios términos.El problema era que la candidata no sólo debía serlo, también tenía que vencer a la oposición. Tener candidatos leales es funcional… si éstos entran al Congreso. Si se quedan en el dintel, pierde la gracia. Ahí brotaba un dilema: ¿dejar meter baza a los aliados con candidatos supuestamente taquilleros o poner “tropa propia” confiando en su capacidad de arrastre? La primera opción iba en pos de tener más volumen electoral, la segunda de contar con lealtades más firmes que en 2008. El conflicto con “el campo” dejó sus huellas y sus enseñanzas.La mandataria dobló siempre la apuesta, jugando bazas muy audaces, por ejemplo en La Pampa y en Córdoba. Sonaba entre arriesgado y suicida no pactar con Carlos Verna y José Manuel de la Sota, así se obró. El saldo fue fructífero, pero podía fallar.Con esa convicción, dicho sea como apunte lateral, Cristina Kirchner pudo suplir la ausencia del ex presidente, operador activo y omnipresente. Comprendió mejor las virtualidades del escenario, impuso su voluntad, simplificando las tratativas. Pagó varios costos en el camino, como quedarse sin postulante para la gobernación de Córdoba.La Presidenta corroboró su percepción original, más aguzada que la de sus aliados, sus adversarios y terceras personas, como este cronista, en aquel entonces. Ahora recoge todos los frutos y potencia el veredicto electoral. Pudo haber otro desenlace, la política es siempre incertidumbre y en cada encrucijada uno puede extraviarse.Sola lo hizo, sin doble comando. Si terminaba mal, habría pagado todos los costos.

Mendoza, un seminario ahí
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Lo sucedido en Mendoza en los últimos años da para un seminario, más que para unas líneas en un artículo periodístico. Vayan éstas como un aporte módico a ese debate, por ahora virtual. Los antecedentes se conocen. La provincia parecía pan comido para el radicalismo, desde la fulgurante aparición de Julio Cobos en 2008, como figura nacional y presidenciable. En 2009, los boinas blancas golearon al PJ en las elecciones. La UCR sumó otro referente nacional: el senador Ernesto Sanz. Todo parecía a pedir de boca para el candidato a gobernador Roberto Iglesias, hasta que las Primarias Abiertas le contaron las costillas al diputado Ricardo Alfonsín. De nuevo: la vida te da disyuntivas. Iglesias debía optar entre ser orgánico y bancar al cabeza de lista nacional o desampararlo, llamando a cortar boleta, que fue el rumbo que eligió. El cronista cree que la lógica de la fidelidad partidaria exigía su sacrificio y no el del presidenciable. Alfonsín, claro, pensaba igual, pero no contaba con poder para imponerle su criterio.Iglesias precisaba un formidable porcentaje de corte de boleta. Obtuvo bastante, no lo necesario. El domingo lo eligió un 29,8 por ciento del padrón, mucho más que el 11,15 que rasguñó “Ricardito”. No le bastó porque el candidato kirchnerista Francisco Pérez lo superó con el 37,23 por ciento. Muy distante, en este caso por abajo, de Cristina Kirchner, a quien eligió casi el 54 por ciento de los mendocinos. Queda patente qué referente traccionó para arriba al crédito provincial de su partido y quién lo tiró para abajo.Una nueva confirmación de la estrategia de la Presidenta, que mencionó, como al desgaire, a Paco Pérez en su discurso en el Hotel Intercontinental. La oradora no lee, pero nada dice sin tenerlo elaborado: dejó constancia.El notable desempeño de la lista de diputados en la Ciudad Autónoma, tradicionalmente hosca hacia el peronismo, fue otro ejemplo. Con el diario del lunes, todo cierra.
Los que quedaron afuera: El diputado cívico Fernando Iglesias se puso bravo en la negociación de las candidaturas. Exigió ir segundo en la Ciudad Autónoma, detrás de su compañera de bancada Patricia Bullrich, amenazando con no participar en caso contrario. Fue enérgico y hasta despectivo con algunos aliados, se granjeó broncas variadas, pero impuso sus designios. De poco le sirvió, la Coalición Cívica ganó una sola banca en Capital.Martín Redrado urdió una campaña personalísima, despegándose de Eduardo Duhalde. Confió en la fama ganada cuando “defendió” las reservas del Banco Central. Fue a comienzos de 2010, tuvo ahí su cuarto de hora de fama. Se ve que no leyó a Andy Warhol: casi dos años después está lejos del estrellato. Obtuvo menos votos que la magra cosecha del ex presidente, por lo que seguirá en la sociedad civil.Mario Llambías, un aspirante estelar en el que confió la diputada Elisa Carrió en su viraje a compañeros de ruta de clases altas, fue otro candidato estrellado. El cuarto de hora de los agrodiputados, figuritas difíciles en 2009, entró en el pasado.
Un Macri en la Academia Sueca: El decano de la Facultad de Sociales de Estocolmo echa sapos y culebras contra su ahijado de tesis, el politólogo sueco que hace su tesis de posgrado sobre la Argentina. Le remite un correo electrónico rajante: “Sus rendiciones de cuentas han sido rechazadas por la Auditoría de la Facultad, que averiguó qué es, en esas pampas, un albergue transitorio. Y las facturas de gastos de su auxiliar, la pelirroja progre, son extravagantes. Para colmo, usted me envía informes plagados de errores y omisiones. Le reclamé la lista de provincias argentinas y de todos los gobernadores. Miro por Internet la televisión autóctona y veo que ha omitido una, muy importante: Vicente López. Hubo elecciones ahí y ganó Jorge Macri, a quien los medios locales le han hecho innumerables reportajes. Ha de ser una figura de primer nivel que usted soslaya. Le exijo me informe sobre esa provincia: población, producción, flora, fauna. ¿La habitan pueblos originarios? ¿Qué porcentaje de coparticipación federal recibe?”.Una cuota de razón tiene el decano: el intendente electo de Vicente López ha sido llevado en triunfo por los medios dominantes. Pero no es por la importancia de su distrito, sino por ser la rara avis blanca del domingo. El hombre (que a diferencia de su primo habla castellano de corrido) es uno de los pocos aspirantes “A” que se pueden mostrar como ganadores.Nuestro politólogo describe esa situación en un mensaje que trata de ser amigable. Se controla, porque está de muy mal humor. Es que perdió de vista a la pelirroja, que era progre crítica y ahora es cristinista, durante los festejos en Plaza de Mayo. Su más que amiga le contó que le robaron el celular y que se fue a dormir a casa de una compañera. Pero el politólogo tiene entre ceja y ceja a un bombista de Berisso que le pegaba con furor al parche y que tenía unos bíceps mucho más marcados que los de cualquier científico social.
La marcha de la bronca: Los medios hegemónicos, en efecto, están fuera de foco. Y de sí. No interpretaron fenómenos palpables, como el Bicentenario, el sepelio de Néstor Kirchner, las adhesiones de artistas, intelectuales y jóvenes al oficialismo. Menoscabaron lo evidente y se llevaron una (a esa altura desproporcionada) sorpresaza en agosto. Lo más grave es que su visión distorsionada contagió a políticos de profesión, que deberían tener el ojo más aguzado y las antenas más alertas.Lo sucedido debería inducir a los críticos de los medios a repensar acerca de su capacidad para imponer la agenda o dominar el escenario en democracia. El caso de Elisa Carrió es sintomático y daría para un par de seminarios o, por la parte baja, una tesina. Habría que hacer la cuenta de cuántos votos perdió Lilita en cada reportaje obsequioso que le ofrecieron en bandeja, como un pase-gol, en estos cuatro años. La falta de tangencia con las percepciones sociales es una dificultad severa para conquistar voluntades.
¿Se acabó la timba?: De tanto discurrir sobre apuestas y juegos, al cronista le entra morriña. El fin del ciclo electoral cierra la saludable costumbre de organizar apuestas o “pollas”. El cronista enaltece esos lances porque fomentan la sociabilidad y la circulación del dinero puede fungir como incentivo keynesiano a la demanda. Para reparar en parte la falta propone una apuesta para días venideros. ¿Qué diputada abandonará antes al partido con el que entrará a la Cámara en diciembre? ¿Graciela Ocaña o Patricia Bullrich? La Cívica Pato podría ser favorita porque amaga hacerlo desde hace un tiempito. Y ha jugado con más camisetas que Toresani o el Tweety Carrario, dos futbolistas que trajinaron en muchos clubes. Pero “la Hormiguita” seguramente andará maquinando si seguir en yunta con Francisco de Narváez le es redituable o si le conviene buscar otra querencia, en la que pueda combinar su perfil denuncista con una agenda progresista, algo muy difícil de colar en las huestes de El Colorado.Hagan juego, señor@s.
Nada es seguro: Retornemos al comienzo de esta columna, que era más cartesiano. La praxis política fuerza a arriesgar, a definir entre opciones jamás perfectas que tienen riesgos y contraindicaciones. Cristina Kirchner lo corroboró en campaña y, ahora, con el diario del lunes, su periplo parece un dibujito. Sin embargo, pudo irse a la banquina.Si se observa bien, no es tan diferente de lo que fueron jalonando los dos últimos presidentes en su gestión gubernamental. Decidir un camino, entre varios senderos-porvenires que se bifurcaban. Dejar algo en el recodo, siempre. Y apostar a que la alternativa sería fructífera.Ahora, con el diario del lunes, hay varios que dicen que todo era sencillo, lineal, con el éxito garantizado. En fin

La Presidenta Cristina Fernández de Kirchner 


Una paliza Democrática a los Profetas de “fin de ciclo”      

Por Roberto Caballero

La ‘secta satánica’ que una y mil veces denunció desde la tribuna mediática monopólica obtuvo ayer más de 10 millones de votos y se convirtió en la mayoría política del país. En elecciones limpias, sin proscripciones, con la más igualitaria campaña proselitista en radio y TV.
Con la avalancha de votos que recibió Cristina quedó en claro que todos los que daban por agotada la experiencia kirchnerista en los últimos años hablaban, en realidad, de su propio agotamiento. Los profetas del fin de ciclo recogieron ayer en las urnas un cachetazo que los redujo a negadores maniáticos de la realidad. La “secta satánica” que una y mil veces denunció desde la tribuna mediática monopólica obtuvo ayer más de 10 millones de votos y se convirtió en la mayoría política del país.
En elecciones limpias, sin proscripciones, con la más igualitaria campaña proselitista en radio y TV de la que se tenga memoria, esta vez garantizada por las leyes del Estado democrático, la presidenta a la que quisieron jubilar por anticipado fue reelecta con casi el 54% del electorado, casi diez puntos porcentuales más que en la elección de 2007. Además, en un caso único en la historia nacional –sólo comparable en magnitud, significado e implicancias con el tercer triunfo de Juan Domingo Perón en el ’73–, Cristina aventajó a su segundo, Hermes Binner, por una diferencia similar a la que el viejo general le sacó a Ricardo Balbín hace 28 años.
El kirchnerismo inicia su tercer mandato revalidado en elecciones insospechadas, con un resultado contundente, después de las sucesivas crisis que piloteó con algo más que audacia, desoyendo todos los consejos de manual que decían que ningún gobierno podía resistir más de tres tapas adversas de Clarín: Cristina aguantó más de 400. Suturando con inteligencia las heridas producidas por el embate destituyente agromediático en 2008, que se tradujo en la resignación de las mayorías parlamentarias, la traición a lo Judas de Julio Cobos y la derrota electoral de 2009, cuando alcanzó su mínimo piso electoral, el espacio político fundado por Néstor y Cristina Kirchner pudo hacer votar la Ley de Medios, la reestatización de Aerolíneas Argentinas, el matrimonio igualitario, la recuperación de las AFJP y el doble aumento anual jubilatorio, entre otras iniciativas de indudable consenso social.Así y todo, hace dos años, el kirchnerismo era, para Joaquín Morales Solá y Eduardo van der Kooy, por citar a los analistas de los dos principales diarios del país, una zona casi muerta de la política. Cualquier conjetura o definición en sus columnas comenzaba por darles la razón a los que en las elecciones de ayer salieron segundos, terceros, cuartos y quintos, a más de 40 puntos de Cristina, todos.
Hace dos años, en abril de 2009, Mariano Grondona reía con Biolcati en televisión para ver quién sucedería en lo inmediato a Cristina. Daban por hecho que sería el vice radical del no positivo: el mendocino no fue ni candidato.
Esto decía el “periodismo militante”, claro que de signo contrario al oficialismo:
–El 24 de abril de 2011, Morales Solá escribió, en una nota de La Nación que llevó por título “¿El final del modelo kirchnerista?”: “Es hora de preguntarse, incluso, si ese modelo no está agotado o si no se está aproximando peligrosamente al fin de cualquier circunstancia humana. Puede ser que Cristina Kirchner esté mejor que nunca en las encuestas (es lo que dicen todas las mediciones de opinión pública que se conocen), pero su gobierno está dejando atrás muchas de las políticas instauradas durante la administración de su marido. ¿Cambio deliberado de política? ¿O sólo la necesidad imperativa de explorar otros caminos antes de aceptar un fracaso?”
–El 12 de junio pasado, Van Der Kooy dejó asentado, en una nota de Clarín titulada “Un temblor bajo los pies de Cristina”: “El sistema político y de poder kirch-nerista deja escapar síntomas claros de agotamiento. De final de ciclo. Los mismos que se advertían en los últimos momentos de Kirchner. Dos cuestiones lograron enmascararlo: la súbita muerte del ex presidente que empinó en imagen y popularidad a Cristina; la economía que, a todo vapor y con riesgos, empuja el consumo. Esa ecuación mutó el escenario político y electoral.”–El 27 de abril de 2008, Mariano Grondona postuló desde La Nación, bajo el título “El tramo final del modelo kirchnerista”: “Si entendemos por modelo kirchnerista la concentración absoluta del poder económico y político en manos de Néstor Kirchner, hay razones de peso para creer que ha entrado en su tramo final. No sabemos todavía cuándo ni cómo se va a acabar, pero al menos sabemos dos cosas: que nunca fue sustentable en el largo plazo y que la percepción de su no sustentabilidad ya no pertenece sólo a algunos observadores informados sino a la sociedad en general.”
–El 30 de junio de 2009, el diario El Mundo, de España, que habitualmente colecta lo que dicen Clarín y La Nación, publicó un editorial, “Empieza el fin de la era K en Argentina”: “Su feroz enfrentamiento con el campo, su estilo absolutista de gobierno y su pésima gestión de la crisis económica han pasado factura al otrora invencible matrimonio. No está claro quién se convertirá en presidente dentro de dos años, pero la K ha desaparecido de las quinielas.”Muchos cayeron en la misma fantasía, sepultada ahora por millones de votos.
Hasta el lúcido Jorge Asís, que tituló su libro, salido a la calle en febrero de 2011, Kirchnerismo Póstumo, el epílogo de la revolución imaginaria. En rigor a la verdad, hay que reconocer que el autor de Flores robadas en los jardines de Quilmes últimamente vaticinaba una victoria cristinista. Pero los líderes opositores, ni siquiera eso. Vaya un resumen:
–El 12 de junio de 2010, Eduardo Duhalde, exultante, dijo: “Vamos a ganarle por abandono o por knock out el año próximo.”–El 20 de agosto del mismo año, Mario Das Neves, su candidato a vice, declaró: “En el 2011, el kirchnerismo llega a su fin (…) Más del 70% va a votar por un cambio.”
–El 4 de diciembre de 2010, Mauricio Macri, que luego terminó bajándose de la pelea, sentenció: “La gente está saturada de esta situación y ya dio por terminado el ciclo kirchnerista.”
–El 4 de septiembre de 2009, Elisa Carrió, haciendo casi de cronista, decía: “¿Qué dice la gente en la calle? La gente en la calle dice ‘que se vaya’, la gente en la calle dice ‘los quiero matar’, la gente en la calle dice ‘a ver si los derrumban’.”El diputado Francisco de Narváez, tras derrotar a Néstor Kirchner en Buenos Aires, se paseaba por los canales hablando como si ya fuera el presidente de la Nación. Y hasta Ricardo Alfonsín, como devoto ad hoc de la Escuela San Basilio, suponía que el legítimo afecto que cosechó su padre en la hora final le transfería algún caudal electoral que le permitía soñar con el sillón de Rivadavia. Vivieron de la irrealidad que les había montado Clarín: hicieron un verdadero papelón. Para la historia. De Narváez no pudo ganarle a Daniel Scioli, que lo mandó a competir con Margarita Stolbizer. A Alfonsín se lo tragó un cataclismo y terminó licuando, incluso, su identidad radical, haciendo stand up en los spots, con la asesoría del publicista de Fernando de la Rúa, rechazado hasta por su fallido socio De Narváez. A Duhalde le fallaron las encuestas de las que es adicto. El de Carrió es un caso de desacumulación en tiempo récord: había salido segunda de Cristina, a poco más de 20 puntos, en 2007. Ayer estuvo por debajo de Jorge Altamira.La medida del fracaso opositor es que se enfrentaron a una mujer viuda, que lidió casi en soledad en su mandato con una crisis mundial sin precedentes. Una viuda, para más datos, que hasta no hace mucho despertaba urticaria en las clases medias urbanas y hasta abierto rechazo en las zonas rurales. Modelo, además, de lo que no había que hacer según el catálogo de los medios hegemónicos, y sin embargo, no pudieron evitar que les diera una paliza. Más que una enseñanza, de lo ocurrido deberían extraer al menos dos certezas: la primera, que Héctor Magnetto ya no decide las cosas en la Argentina, porque se acabó una época; y segunda, que si no quieren desaparecer de la faz política deben tomarse en serio la agenda de cambios que propone el kirchnerismo, porque la sociedad argentina la apoya masivamente. Si no registran nada de todo esto, quizá haya sido esta la última elección en la que incursionaron con alguna expectativa.Hermes Binner, en cambio, con su estilo apocado, no sólo salvó las ropas, sino que se recibió de jugador en la nueva etapa, a la que llega con el antecedente de haber coincidido en leyes clave con el kirchnerismo, sin resignar jamás su perfil opositor.
No es bueno ni malo el socialista: es bastante serio, lo cual es decir mucho ante un panorama antikirchnerista tan desquiciado y en desbandada. Su problema es cierta disociación entre enunciado y práctica que lo presenta a veces corriendo por izquierda al gobierno en alianza con la centroderecha. Su tacticismo puede que lo lleve a creer que el FAP es la ambulancia no tanto de los desencantados del modelo por sus insuficiencias sino de aquellos que lo enfrentaron con saña justamente por sus planteos progresistas que, en teoría, Binner también respalda. El santafesino debería cuidarse de no contagiarse del “Síndrome de la Coalición Cívica”, el agrupamiento de fuerzas de centroizquierda que derivó en un armado inverso conducido por Carrió a la banquina.A Macri, hay que admitirlo, lo protegió el olfato pragmático de Durán Barba. El jefe del PRO se declaró perdedor antes de perder, algo que no lo convierte en ganador ni nada que se le parezca, pero al menos lo dejó intacto para las batallas futuras, donde es un evidente contendiente ideológico del kirchnerismo. Aunque sin estructura nacional propia, es un referente para la derecha clásica y el sector conservador del peronismo.A partir de mañana, buena parte de la política local comienza a discutir el año 2015. Parece apresurado.
Pero zanjar los debates del hoy pensando en lo que va suceder dentro de miles de días es un deporte argentino que cuenta con tantos fanáticos como el fútbol. No es, sin embargo, objeto de esta columna incursionar en aguas brumosas y lejanas.La única noticia de hoy es que Cristina Kirchner ganó. Con una holgura impresionante. La militante que se convirtió en presidenta se recibió de estadista, definitivamente.Millones de argentinos lo decidieron en las urnas.
De corazón 
Si se me permite, en este recuadro quiero abandonar el tono analítico de la Editorial. A veces, me gusta resignar la frialdad periodística para sumergirme en la historia, cuando esta me roza con la yema de sus dedos. Hace rato que descubrí que nuestro país y nosotros mismos somos mejores, mucho mejores de lo que dicen Clarín y La Nación. En este momento de inmensa alegría popular, después de una jornada democrática ejemplar, quiero recordar a todos los que hicieron posible este sueño colectivo. A los pañuelos de Madres y Abuelas, a la CGT que no se rindió, a los setentistas que honraron a su muertos, a los que nunca bajaron los brazos.Como parte de una generación diezmada por el cinismo y el egoísmo de los ’90, que sólo volvió a creer en la política gracias a Néstor y Cristina Kirchner, me embarga una rara felicidad, como la que se apodera de cualquiera de nosotros cuando algo que deseábamos mucho, finalmente, se concreta. La Argentina vive una encrucijada excepcional: hay un proyecto nacional inclusivo que se puede resumir en la consigna “patria para todos o para nadie”. Las ideas que rumiábamos en la resistencia hoy son gobierno, respaldadas por el voto popular. Inimaginable.Yo sé que mis hijos tienen la oportunidad, ahora, de vivir en un país mejor, como el que yo no viví mientras tomábamos empresas para evitar despidos y andábamos de marcha en marcha de la bronca para rebelarnos a lo que parecía inmutable. A ellos, que aprendieron a tocar el bombo en cada huelga cuando eran gurrumines, yo quería dejarles algo parecido a esto que vivimos.
Les queda mejorarlo.
Hace un año, estábamos en la Plaza de Mayo llorando la muerte del líder que bajó el cuadro de Videla del Colegio Militar.
Hoy millones de argentinos festejamos una victoria histórica.
Ahora tienen un diario donde verse reflejados.
Gracias por la esperanza devuelta.
De corazón.