Category: Analisis


Justicia Argentina, ¿para todos o para pocos?

Fernando Pisani

 

 

 

 

 

 

 

 

Por Fernando Pisani
fjp2001@gmail.com

La pregunta que nos debemos hacer es si las diversas posiciones sobre la democratización de la justicia apuntan a una justicia para todos o a una justicia para pocos; o mejor dicho aún, a una justicia de todos o a una justicia de pocos.

Y para evitar discusiones que obscurecen, o tomas de posición a favor o en contra del gobierno que impiden una reflexión algo más objetiva del problema y de sus soluciones, no hay nada mejor que alejarse del problema actual y verlo más lejos del lugar y del tiempo.

Como sabemos, la Constitución Argentina y por ende su concepción sobre la organización de sus poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, se basa en la Constitución Norteamericana y es bueno rastrear en ella elementos que nos permitan entender las bases de lo que pasa hoy en Argentina.

Cuando se elaboró la Constitución norteamericana, los llamados “Padres Fundadores” de la misma, eran terriblemente desconfiados y opuestos a la participación directa de la población en los asuntos del gobierno y si bien todos hablaban de democracia, se oponen a la misma como método de gobierno y la oponen a la república, que ellos defienden, es decir, prohibir y el gobierno del pueblo y por el pueblo y admitirlo sólo por medio de sus representantes.

 Así organizan el poder de la siguiente forma. Admiten sólo la elección directa de los representantes del pueblo, la Cámara de Representantes, pero como desconfían de qué puede salir de ella, ponen como contrapeso una Cámara de Senadores, sin cuya participación nada puede hacer la primera. Pero esos senadores no son elegidos en función del número de habitantes de cada estado, sino que estados chicos o grandes tienen la misma cantidad. Y para la elección de los mismos, ponen condiciones de manera que sean siempre elementos de la clase pudiente.

Para el Ejecutivo definen que tampoco el presidente se elegirá de forma directa por la población sino que se plantean un conjunto de mecanismos por los cuales se elegirán indirectamente pudiendo incluso no ser presidente el que resulte indirectamente el mas votado. Y por supuesto cuenta con el derecho al veto a lo resuelto por el parlamento.

 Naturalmente a todo esto se le agrega que se le impide votar a las mujeres, a los negros e incluso el número de habitantes de cada lugar no se cuenta por las personas que viven en él, sino que si en ese territorio viven pueblos originarios y no pagan impuestos, no se cuentan. Y los esclavos y negros, cuentan sólo tres de cada cinco.

Pero nada de esto les da tranquilidad. El famoso país modelo de la democracia instituye un Poder Judicial que no será elegido por el pueblo ni siquiera por esos mecanismos indirectos, sino puestos a dedo, con una característica: no podrán ser removidos y durarán hasta que se mueran o renuncien, y las posibilidades de destitución son remotas, al punto que nunca en EEUU se removió ningún juez de la corte suprema.

 Y allí no termina el asunto. Este poder no elegido por el pueblo, y que pronto se transforma en una especie de casta, termina teniendo un poder incluso superior a las cámaras legislativas y al propio presidente.

Pongamos un ejemplo: En EEUU ya se había prohibido la esclavitud en muchos Estados (allí las provincias se las llama estados). Pero por supuesto aún había traficantes de esclavos. Y tal era la impunidad y racismo existente, que un tratante de esclavos, reclamando al otro por el pago de esclavos que había vendido, recurre a la Corte Suprema. Esclavos, dicho sea de paso, que fueron entregados en el Estado de Mississipi donde estaba prohibida la importación de esclavos desde 1833 (esto ocurre en 1841). El problema que enfrentaba la Corte Suprema era: si los esclavos eran personas protegidas por la Constitución Estatal, ¿no debían aplicar la ley y liberarlos?. Pero el reclamaba el pago decía: no son personas, son objetos de mi propiedad y como tal deben regir las leyes del comercio y por ende sujetos a la legislación federal. ¿Y qué hizo la corte?. Como bien señala Clemente Valdés en una obra muy interesante,

Para evadir el problema la Corte resolvió de una manera incoherente que, aunque el contrato de compra venta era inconstitucional, no era ilegal y, por lo tanto, el comprador debía pagar el precio de los esclavos.”

Clemente Valdés (1) nos cuenta que esos casos culminan con la resolución dictada en 1857 por la Suprema Corte de los Estados Unidos en el asunto de Dred Scott, esclavo negro que con su familia había sido llevado por su dueño a un territorio del norte en donde se prohibía la esclavitud. Frente a esto la Corte declaró que una ley del Congreso expedida 37 años antes, en 1820, conocida como el Compromiso de Missouri, la cual prohibía la esclavitud al norte de la latitud 36° 30’, era inconstitucional. Demás está decir que frente a esta soberbia de la Corte no había muchas alternativas, más cuando azuzó a los estados gobernados por partidarios de la esclavitud. Y terminó todo en la guerra civil…

Al respecto, Abraham Lincoln, en su discurso al tomar posesión como presidente de los Estados Unidos el 4 de marzo de 1861, decía:

si la política del Gobierno sobre las cuestiones vitales que afectan a todo el pueblo va a ser fijada irrevocablemente por decisiones de la Suprema Corte, en el instante en que así se hace en litigios ordinarios entre partes en acciones personales, el pueblo habrá dejado de ser su propio amo, al renunciar prácticamente a su Gobierno para dejarlo en manos de ese eminente tribunal”

Cuando hoy se analizan por ejemplo los fallos de jueces a favor de Clarín y en contra de una ley votada por los representantes del pueblo, debe admitirse que no es algo inventado por la “justicia” argentina. Por ejemplo el caso de una ley del Estado de Nueva York que prohibía que los trabajadores de los hornos de las panaderías trabajaran más de 10 horas diarias. ¿Qué hizo la Corte Suprema: declaró inconstitucional dicha ley. Y así siguió la Corte defendiendo abusos contra los trabajadores, entre otras amparándose en el principio de la “libertad de contrato”.

Y hay innumerables casos absolutamente escandalosos de este país modelo de la democracia. Por poner un ejemplo la Corte convalida

fraudes tan escandalosos como los de las tierras del Yazoo que comprendían la mayor parte de los territorios que forman lo que son actualmente los Estados de Alabama y Mississippi, las cuales fueron vendidas a un precio ridículo por la legislatura del Estado de Georgia después que todos los legisladores de ese Estado, excepto uno, fueron sobornados para aprobar el fraudulento contrato. La legalidad de ese fraude fue convalidada por la opinión del Jefe de Justicia John Marshall, quien invocando el principio que prohibe “impair of obligations of contracts”, es decir, anular o disminuir las obligaciones de los contratos, a pesar de las confesiones de los legisladores cuyos votos habían sido comprados, sostuvo que sería “indecente” entrar a juzgar las razones del voto de los legisladores. Esta curiosa opinión de Marshall fue apoyada por todos sus colegas en esa Suprema Corte en el caso Fletcher v. Peck. Es también la época en que se legalizan algunos de los mayores despojos en contra de los indios para quitarles sus tierras, especialmente en los casos de los cherokees resueltos en 1823, y además se dictan algunas de las más inmorales resoluciones a favor de los grandes especuladores” (1)

                                    El dibujo es de Freddy, del diario La Capital

Cualquier similitud con las conductas de la justicia argentina no es mera casualidad y no cansaremos con una larga lista de iniquidades. Sólo señalemos al pasar que la Suprema Corte argentina convalidó todos los golpes de estado de argentina y los legitimó.

La pregunta que nos debemos hacer es: ¿Es necesario para nuestra sociedad cambiar cómo se estructura y funciona la Justicia? ¿Está bien cómo se eligen los jueces? ¿Está bien que sean prácticamente eternos? ¿Deben tener el poder de que cualquier juez dicta una cautelar contra una decisión de los otros dos poderes, que justamente son los únicos elegidos por el pueblo, y su resolución sea indefinida en el tiempo? Y no hablemos de Clarín, sin ir muy lejos hay una cautelar a favor del diario La Nación que lleva más de diez años. Curiosamente los socialistas de Binner que se oponen a la limitación del tiempo de las cautelares, gobiernan una provincia donde una cautelar no puede tener más de 90 días…

¿Debe ser una especie de casta el Poder Judicial? ¿Hay que democratizarlo? ¿Pueden existir causas que duran diez o veinte años en resolverse, justamente porque es la manera de proteger intereses de poderosos o sus propios intereses o de sus conocidos?

Por otro lado, la Justicia argentina, con honrosas excepciones, es una Justicia no sólo ineficaz, exageradamente lenta, injusta muchas veces y en cierta manera buena parte de ella racista y prejuiciosa , sino que también es onerosa, es cara, por lo que la mayoría de la población no puede recurrir a ella para derimir sus diferencias o defenderse.

Quienes hoy se oponen a modificar aspectos de la Justicia en realidad están defendiendo una corporación, la judicial, con sus privilegios y fundamentalmente su toma de posición a favor del status quo y los poderosos y su impunidad garantizada por su permanencia en el cargo si tienen “buena conducta” (y ya sabemos lo que entienden por buena conducta, para ellos fue bueno apoyar a los golpes de estado, expropiar de tierras a sus legítimos dueños, etc, etc).

 Por supuesto que ninguno de los tres proyectos de ley resuelven los problemas fundamentales de la Justicia argentina. Son pequeños pasos en cambios pequeños. Y sí a pesar de ser pequeños los cambios se levanta tan polvadera en defender una justicia de pocos, imaginémosnos qué pasaría si se hubieran planteado cambios más profundos.

 Pero por más que sean pequeños los cambios son muy importantes, en primer lugar porque ponen en centro del debate una institución que siempre ha permanecida impune y con una falsa imagen de equidistancia, con importantes grados de corrupción, partícipe necesaria de los momentos más atroces de la historia argentina y también partícipe necesaria de la impunidad por ejemplo con que se mueven las mafias del narcotráfico.

 Es importante remarcar que no todos los jueces o partícipes del Poder Judicial avalan la conducta antidemocrática y defensora de privilegios e injusticias que ha tenido el Poder Judicial en los últimos ciento cincuenta años, por poner una fecha. Muy demorados y con contradicciones, pero realizados al fin, los Juicios a genocidas son ejemplos para todo el mundo. Y no hubieran sido posible no sólo sin un gobierno nacional que los hubiera estimulado para llevarlos hasta las últimas instancias, sino sin fiscales y jueces que se apartaran de la conducta genuflexa. Ni estos cambios existirían si no existiera en la propia justicia sectores de la misma que quieren hacerlos.

Es cierto que tal vez en este artículo  se mezclan las conductas de los jueces con la Institución, y se está criticando no sólo a los jueces sino también a la institución. Pero ocurre que no puede ser de otra forma en la medida que la propia institución “Justicia” no ha puesto nunca distancia con las conductas más aberrantes de jueces comunes y jueces “Supremos”, ni ha repudiado o separado de sus cargos a quienes avalaron gobiernos golpistas y genocidas. Por el contrario, abogados, fiscales y jueces coinciden “entre bueyes no hay cornadas”, “hoy por ti, mañana por mi”

 Y es de notar que sabiendo lo que es la justicia argentina, que se arroga privilegios -el no pago del impuesto a las ganancias es uno de ellos-, su ineficacia, su onerosidad,  y los robos “legales” y crímenes que ha avalado o legalizado o coparticipado, jamás antes el Poder Legislativo ni el Poder Ejecutivo se plantearon hacer una reforma del Poder Judicial. Es más, contribuyeron a su impunidad.

Justamente lo importante que está haciendo este gobierno de Cristina Fernández, más allá de las propuestas concretas de cambio, es abrir el camino hacia una reforma y democratización del Poder Judicial. Y hablar de aquello que jamás se habla. En cambio los que hoy critican estos pequeños cambios siempre, desde que estuvieron en el poder o en la oposición, no hicieron nada por cambiar las aberraciones del Poder Judicial ni se plantearon reformarlo. incluso falta el estudio para ver cuánto de la violencia cotidiana que hay hoy, inclusive el feminicidio, no tiene que ver con la propia justicia y su absoluta ineficacia, cuando no parcialidad a favor del más fuerte.

 No es un tema fácil propiciar un cambio para bien de la Justicia. Llevar a que los jueces surjan de una votación como un diputado puede ser peor el remedio que la enfermedad (cosa que el gobierno no está proponiendo, dicho sea de paso), pero así las cosas no pueden seguir. O la justicia  se autoreforma y se autopurga, para evitar seguir siendo el último bastión de la reacción, del status quo y de los grandes privilegios, y pase a ser realmente Justicia, o la sociedad deberá pensar en medidas más incisivas para que los jueces dejen de ser una especie de casta privilegiada e impune y entiendan que necesitamos una justicia de todos y para todos y todas.

Rosario, 22 de abril de 2013

  1. “Marbury vs. Madison. Un ensayo sobre el origen del poder de los jueces en los Estados Unidos”. Clemente Valdés

Homo Papa

Desde Barcelona

 

UNO En el principio era el Verbo y el Verbo era Renunciar. Y esto ya es demasiado, piensa Rodríguez. Porque Rodríguez aguantó con paciencia y elegancia eso de que los príncipes herederos de las monarquías “modernas” se casasen con la plebeya que más les calentara (en lugar de tenerlas de amantes mientras ellos posan para la foto junto a la “serena belleza” hemofílica de alguna Rigoberta IV de Syldavia) así como lo de la última de Batman con el hombre murciélago retirándose a vivir a Florencia junto a su gatita.

Pero lo de Benedicto XVI –aunque vuelva Bowie I– es la gota que colma el cáliz. Así cualquiera. Al Sumo Pontífice lo elige una suerte de cónclave Big Papa a puertas cerradas inspirado por el rayo de luz de la voluntad divina pero, parece, ahora es el propio hombre quien puede avisar que no va más. Que está cansado de cuerpo y alma. Que no tiene fuerza y que se le vaciaron los tanques de la vocación y del servicio espiritual. Que lo único que quiere ahora es retirarse a pensar en sus cosas –estar “escondido del mundo” y “desaparecido”, definiciones un tanto inquietantes– y que las monjitas de un monasterio cercano le avisen cuando está la comida servida. Sí, el Papa –“un pastor rodeado de lobos”, se apiadó alguien– está cansado de todo y de todos después de casi ocho años al frente del negocio que muchos definen hoy como “una barca que hace aguas”. Rodríguez también. Con la diferencia de que el náufrago Rodríguez no tiene negocio propio y sí tiene casi treinta y seis años menos que Josef Aloysius Ratzinger.

DOS Y, además, la ida de Benedicto XVI –¿cómo es posible que no la haya anunciado primero en su flamante Twitter?– le plantea a Rodríguez un problema táctico familiar. Su pequeño ya es más big o, por lo menos, medium; pero este Papa –cruza de Emperador Palpatine/Darth Sidious, Nosferatu y Mr. Burns– es lo único que le sigue funcionando a la hora de atemorizar a su hijo con un “Si te portas mal, esta noche vendrá Bene y…” Sumarle a esto lo sorpresivo de la noticia que ha puesto alertas y erectos a todo tertuliano televisivo y experto vaticano –Rodríguez vio a dos comentaristas casi llegando a los golpes porque uno se burló de “la palomita esa” del Espíritu Santo– trazando coordenadas que intersectan con cuestiones locales. Porque si dimite Benedicto XVI, ¿por qué no dimite Rajoy? O por lo menos el rey. ¿Ha perdido la fe Rafa Nadal? ¿Bárcenas está en todas partes como sagrado fantasma? Mientras tanto, el vicepresidente de la patronal española –al que agarraron pagando en negro, parece– dice que no renuncia, pero sí, muy papal, que se “retira a reflexionar sobre la vida misma”. Así, lo místico ha caído sobre lo cotidiano como el latigazo de ese más bien jupiterino relámpago que hizo temblar a la cúpula de San Pedro la noche del día del anuncio de “Se traspasa” y “Cambio de dueño”. Y entre tanta agonía y éxtasis, por supuesto, el recuento y recuerdo de otros papas que renunciaron hace siglos porque, comenta alguien en el estudio, “ésos eran tiempos en que renunciabas o te renunciaban”. Y –recordar al efímero Juan Pablo I– a Rodríguez no le queda del todo claro que esos tiempos no sigan siendo estos tiempos. Y que al gran inquisidor Benedicto XVI le hayan superado los escándalos de la (des)orden de los pederastas. O que le hayan desmoralizado las traiciones de su cuervo y las águilas y buitres aleteando por los pasillos de una Santa Sede. O que los aleteos de las acaudaladas alas ultraconservadoras ya no lo dejasen dormir en paz. O tal vez ya no pudo aguantar la noticia de la inminente salida de un nuevo best-seller de Dan Brown titulado Inferno y esta vez metiéndose con La Divina Comedia de Dante. Algunas “fuentes cercanas” confían en que Benedicto XVI no quería ofrecer el “espectáculo” que dio Juan Pablo II en sus últimos años –ese zombie en el balcón– que produjo terror pánico no al hijo de Rodríguez sino a Rodríguez. Una cosa –leyendo editoriales firmados por especialistas en historia religiosa– sí parece evidente: Benedicto no hizo muy bien su trabajo. Y –de tratarse lo suyo de un puesto ejecutivo en una multinacional– ya lo habrían puesto de patitas en la Piazza bajo pretexto de algún recorte de plantilla y todo eso. Para bien o para mal, por las buenas o por las malas, Benedicto XVI pronto estará no durmiendo con los peces pero sí –poca reforma y puesta al día para alguien que venía con patente de teólogo brillante y a quienes los más creyentes anunciaban como una suerte de secuela de Juan XXIII–- pastando junto al buey y al asno que él mismo desterró de los pesebres del mundo porque podía hacerlo, porque se le dio la divina y reverendísima gana.

TRES Y, por supuesto, a imprimir estampitas y a hacer apuestas acerca del próximo ocupante del trono de Pedro. A Rodríguez le gusta mucho el robusto y sonrosado Timothy Dolan, arzobispo de Nueva York con aire de gangster irlandés listo para aplastar a la competencia. Pero Dios dirá y mucho cuidado con ese secretario privado: el apuesto padre Georg “George Clooney” Gänswein, reciente portada de la Vanity Fair italiana y, para muchos, “la persona más influyente en el Vaticano después del Santo Padre”. Mientras tanto y hasta entonces, superado el desconcierto de prelados españoles –que dijeron sentirse “como huérfanos” y que tiemblan por el laicismo local en ascenso, que es “como un jabalí destrozando la viña”–, en las filas del Partido Popular vuelven a sacar mantillas y peinetas. Y a reservar pasaje para Roma. Y, seguro, ya sueñan con traer rapidito al nuevo a algún fiestorro ecuménico con papamóvil. Celebraciones que siempre resultan una excelente oportunidad para hacer negocios turbios y meter la mano en la lata de las limosnas facturando de más. Y danos hoy nuestro pan de cada día, que de perdonarnos e indultarnos nos encargamos nosotros.

CUATRO ¿Está contento Rodríguez por todo esto? Ni sí ni no. Por un lado, más ruido y humo blanco. Por otro, hay cierta justicia poética –recordar los inolvidables pronunciamientos del Papa saliente sobre el aborto, el matrimonio homosexual, los métodos anticonceptivos y el peligro de las “sectas”, olvidando que el cristianismo no es más que, históricamente, una secta a la que le fue muy bien– en el hecho de que un retrógrado retroceda. Y que su legado no pase por el haber llegado a limpiar y cambiar las cosas sino por el haberse ido apenas pasando el plumero y barriendo debajo de la alfombra.

Pocos padres han tomado más veces en vano el nombre del hijo. Y Rodríguez lee que, días atrás, el actor Michel Piccoli se indignó por la cantidad de llamadas de periodistas preguntándole por la retirada del Papa con la sola excusa de “haber hecho” de Santo Padre en la película Habemus Papam, de Na-nni Moretti. “No soy el papa, soy un actor que hizo de papa”, gruño el francés. De acuerdo. Pero Piccoli olvida que Josef Aloysius Ratzinger también fue un actor que representó un papel en una obra que no baja de cartel, pero cambia de intérprete protagonista y de nombre y de número. Aunque el numerito siga siendo el mismo.

El show debe seguir.

Por los siglos de los siglos.

Amén.

Rayo en el Vaticano

La crisis de la cruz

 POR ALFREDO GRIECO Y BAVIO

No sólo fue el cansancio ni los problemas de salud, Benedicto XVI deja su cargo acorralado por las dificultades que sufre la Iglesia Católica. De las internas vaticanas a la falta de dinero. Qué características tendrá el nuevo Papa.

Más acá de su edad avanzada y de sus problemas de salud, la renuncia de Benedicto XVI al pontificado romano es una respuesta a la aguda crisis que vive la Iglesia Católica en el siglo XXI. El alemán Joseph Ratzinger, el antiguo combatiente de la Juventud Hitleriana, el catedrático universitario enemistado con los movimientos estudiantiles de la década de 1960, el prolífico teólogo que por veinte años fue Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe (ex Santo Oficio, ex Inquisición), el baluarte conservador de su antecesor el papa polaco Juan Pablo II, tuvo que admitir que ya no podía enfrentar la crisis apelando a los elementos más inertes de la tradición vaticana. En cambio, apeló a una decisión inesperada, que de por sí aporta un caudal de renovación a la Iglesia actual. Con su renuncia, anunciada el lunes, en vez de esperar a la muerte para sustituirlo, un cuerpo colegiado, formado por representantes de todo el mundo, tendrá la oportunidad de reunirse, de debatir el futuro de la Iglesia, y de elegir quién será el sucesor, obligadamente más joven, de Benedicto XVI, nacido en 1927. Con un optimismo que no a todos contagia, en el Vaticano consideran que los cardenales, reunidos en cónclave, podrán elegir al nuevo Papa ya en marzo.
Iglesia y Europa en crisis. Institución universal pero con sede romana, la Iglesia Católica ve agravada todavía más su propia crisis por la del continente y las instituciones europeas. Muchos de los países de Europa occidental más gravemente afectados son tradicionalmente católicos: España, Portugal, Irlanda, Italia, Francia. Cuando inició su pontificado en abril de 2005, el cardenal alemán Joseph Ratzinger, que eligió el nombre de Benedicto XVI, anunció como una de sus prioridades mayores la evangelización de Europa. Es difícil decir que la Iglesia Católica haya triunfado, o siquiera avanzado, en esta tarea que el nuevo Papa le proponía.
Menos fieles, menos fondos. La crisis de la Iglesia en el continente que, una vez convertido, por más siglos permaneció en el cristianismo, conoce varias vertientes. La actual crisis económica europea, con el empobrecimiento derivado de los cortes y recortes del gasto social, encontró en Benedicto XVI a un testigo que la deploraba, pero que permanecía silente, antes que a un luchador evangélico decidido en una activa “opción por los pobres”. En las décadas anteriores a esta crisis, el avance de la secularización y del laicismo había hecho que muchos fieles abandonaran la Iglesia por sus reclamos desoídos. A su entender, la jerarquía católica desatendía el mensaje evangélico de la tradición y creaba barreras y obstáculos socialmente conservadores a nuevas realidades sociales y vitales. En esos años, la Iglesia mostró una oposición más firme que razonada al matrimonio de los sacerdotes, a la contracepción, a la planificación familiar, a la interrupción voluntaria del embarazo, al avance de las mujeres en el culto y la liturgia, a la consagración de la unión de amor de parejas del mismo sexo. Si no todos aquellos católicos cayeron en el agnosticismo o aun el ateísmo, grandes y crecientes números entre ellos, sin embargo, dejaron por completo de practicar la religión en cuyos principios seguían creyendo, y por lo tanto dejaron de aportar al sostén del culto católico. En las nuevas potencias económicas emergentes, como Brasil –la nación más poblada de mayoría católica–, no existe todavía el precedente de que los fieles mantengan la vida a la Iglesia con sus donaciones: antes bien, habitualmente los pobres eran los que pedían y eventualmente recibían el asistencialismo eclesiástico.
Pederastia, secreto y cuchicheo. A Benedicto XVI le tocó enfrentar un tema heredado del pontificado anterior. El polaco Karol Wojtyla, el papa Juan Pablo II elegido en 1978, lideró una campaña para provocar el fin del comunismo y la caída del Muro de Berlín en 1989. Fue muy exitoso en esto, pero menos en atender una creciente ola de denuncias sobre violaciones y abusos sexuales de menores sobre todo en diócesis de países occidentales –en Europa, en Estados Unidos, en Canadá– pero también en México y América latina, y aun en Australia, donde las víctimas de la pederastia sacerdotal festejaron en las calles la renuncia de Benedicto XVI. El papa Ratzinger, sin embargo, estuvo comprometido en la lucha contra la pedofilia, más acá de los resultados. A veces, con medidas severas, que por su conservadurismo chocaron con otras fuerzas dentro de la Iglesia, como la de prohibir o trabar el ingreso de homosexuales a los seminarios, aun con la promesa de que serían célibes una vez consagrados sacerdotes. Las luchas por combatir la pedofilia y por investigar los abusos pasados no se vieron coronadas por grandes éxitos. Le crearon al Papa empecinado en “limpiar la mugre” muchos enemigos poderosos –y muchos vaticanistas en la prensa europea mencionan a estos enemigos entre las causas de la renuncia de Benedicto XVI–. Pero también le generaron a la Iglesia pérdidas millonarias en resarcimientos a las víctimas. En Estados Unidos, uno de los países donde se encuentran las diócesis más prósperas del catolicismo y las que más dinero aportaban al funcionamiento de la Iglesia, se gastaron más de dos mil millones de dólares en juicios e indemnizaciones. En Alemania, el otro país de opulentas diócesis católicas, y de millonarios gastos en investigación, la colaboración de la Iglesia con una comisión criminológica independiente terminó en una impasse si no un fracaso rotundo. Con lo que a la crisis económica en Europa y en Estados Unidos, que redundaron en “bajas recaudaciones” para la Iglesia, se sumó el hecho de que lo recaudado debía destinarse a pagar a víctimas, quienes se quejaban de décadas de abuso y cultura del secreto en el seno de una institución que sólo a medias reconocía esas culpas, y que ofrecía remedios que sólo podían parecer a la vez tardíos y fragmentarios a aquellos hechos que había ocultado con una disciplina que ahora faltaba para dar una nueva y convincente imagen global que reflejara un cambio íntimo.
Filtraciones e internas salvajes. Si la Iglesia Católica ha enfrentado una crisis en sus relaciones con el mundo del siglo XXI, también se ha visto atravesada por otra revolución, no menos violenta, pero de la que en el exterior se conoce menos. Las filtraciones de las internas vaticanas, de las luchas tanto entre descarnados intereses y grupos de poder como entre genuinas corrientes religiosas e ideológicas, se hicieron conocer en los últimos dos años a través del escándalo llamado VatiLeaks, que terminó con la tímida condena de un mayordomo del Pontífice, en la que ningún vaticanista coincidió en que revelara nada significativo sobre cuanto había ocurrido. Hasta algunos de los más privados documentos del Papa y de su secretario, el deportivo Georg Gaenswein, fueron dados a conocer a la prensa y a periodistas que publicaron libros con ellos. Según muchos de los personajes eclesiásticos que hicieron así publicar estos documentos privados, que hablaban desde vínculos de la Iglesia con el poder político, con diversas mafias, con diversos bancos –sin excluir las desdichas y sospechas de la propia banca vaticana–, obraron movidos por el deseo de salvar a Benedicto XVI, un intelectual, un teólogo en un mundo despiadado, antes que por el de hundirlo. En todo caso, parece poco difícil de negar, como dicen los medios europeos y de Estados Unidos, que esas publicaciones estuvieron entre los motivos que tuvo en cuenta el Papa para presentar su renuncia: si no cayó en manos de sus enemigos, como algunos sostienen que murió Juan Pablo I en su breve pontificado en 1978, envenenado o asfixiado por la mafia, sin embargo tampoco se impuso a ellos.
El enigma de la sucesión. Por fuera de las reacciones de sorpresa o especulación ante los motivos de la renuncia papal, comenzó otro tipo de elucubración. “¿Quién será el sucesor de Benedicto XVI?” o al menos “¿Cuál será el perfil, conservador o progresista, del nuevo Papa?”, se repetían diarios y medios especializados, en preguntas a vaticanistas que la televisión europea, sobre todo, repetía. La noción, o la esperanza, de que sea un progresista quien lo suceda, parecían imponerse. Sobre el origen geográfico del cardenal más “papable” había menos pistas. Porque una paradoja rige esta cuestión. Si bien sería “progresista” que el candidato proviniera de América latina o África o aun Asia, la Iglesia en estos continentes es más conservadora que en Europa o Estados Unidos o Australia.
La hora latinoamericana. En la historia del catolicismo en el siglo XX, América latina está ligada a la “Teología de la Liberación”. En la década de 1970, sus impulsores y defensores celebraban las bodas de principios de la izquierda política con la fe católica, y chocaban frontalmente con las corrientes de la Iglesia unidas a las oligarquías industriales y terratenientes del continente. También el papa Benedicto VXI tuvo sus diferencias profundas con los teólogos de la Liberación. Cuando era prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe combatió enérgicamente a los representantes de esa corriente. Pero América latina no deja de ser uno de los bastiones de la Iglesia. El Vaticano lo sabe. Cerca de un 40 por ciento de los 1.200 millones de católicos proceden de la región. Con una población católica de casi el 65 por ciento, Brasil es en términos absolutos la nación con la mayor cantidad de católicos. Con su tren de vida, no siempre los brasileños siguen al pie de la letra las normas formales del catolicismo, lo que puede hacer desesperar a algunos creyentes conservadores.

La decisión sobre el sucesor de Benedicto XVI se conocerá cuando salga la fumata blanca de la Capilla Sixtina, pero las especulaciones sobre candidatos y cardenales procedentes de América latina ya están en marcha. En Brasil, el cardenal Odilo Pedro Scherer es uno de los aspirantes con más posibilidades. El arzobispo conservador de San Pablo, de 63 años, dirige una de las diócesis católicas más grandes del país. En la Argentina se menciona el nombre del cardenal de la curia romana Leonardo Sandri, de 69 años, que fue nombrado en 2007 prefecto de la Congregación para las Iglesias Orientales. El diario brasileño O Globo citó al cardenal suizo Kurt Koch señalando: “Sería bueno que en el próximo cónclave haya candidatos de África y América latina”.
 
Un Vaticano, dos Papas. Sea quien fuere elegido Papa en el próximo cónclave, el 28 de febrero comienza en Roma, en la Ciudad del Vaticano, un período de sede vacante en el trono de San Pedro. La última vez que ocurrió fue hace seis siglos, con Celestino V. En la Edad Media, los tiempos no estaban preparados para esta forma de sucesión apostólica: como muchos de sus contemporáneos, el poeta florentino Dante Alighieri condenó esta opción y colocó a Celestino en el “Infierno” de su Divina Comedia. Y a partir de elección del sucesor de Benedicto XVI, en el exiguo territorio del Vaticano, el más pequeño del mundo, convivirán por primera vez dos Papas, el actual y el anterior.

Documento: Carta de Hans Küng a obispos del

mundo, ante crisis de credibilidad de la Iglesia

Vaticano_Kung
En abril de 2010, con motivo del quinto aniversario de la elección del Papa Benedicto XVI, el teólogo suizo Hans Küng, escribó una carta abierta en la que manifestó su preocupación por que la “crisis de credibilidad” de la Iglesia en nuestros días.

“Carta abierta a los obispos católicos de todo el mundo”

Por Hans Küng

Periódico Reforma,  16 Abril 2010

Estimados obispos,

Joseph Ratzinger, hoy Papa Benedicto XVI, y yo fuimos los teólogos más jóvenes en el Segundo Concilio Vaticano desde 1962 hasta 1965. Hoy en día somos los de más edad y los únicos aún completamente en activo. Siempre he entendido mi labor de teólogo como un servicio a la Iglesia Católica Romana. Por esta razón, en la ocasión del quinto aniversario de la elección del Papa Benedicto XVI, les hago este ruego en una carta abierta. Al hacerlo, estoy motivado por mi profunda preocupación por nuestra Iglesia, que hoy se encuentra en la peor crisis de credibilidad desde la Reforma. Por favor, disculpen la forma de una carta abierta; desafortunadamente, no tengo otro modo de ponerme en contacto con ustedes.

Mis esperanzas, y las de tantos católicos, de que el Papa pueda encontrar su manera de promover la renovación continua de la Iglesia y la reconciliación ecuménica en el espíritu del Segundo Concilio Vaticano desgraciadamente no han sido cumplidas. Su pontificado ha dejado pasar cada vez más oportunidades de las que ha aprovechado: se perdieron las oportunidades para el acercamiento con las iglesias protestantes, para la reconciliación a largo plazo con los judíos, para un diálogo con los musulmanes en una atmósfera de confianza mutua, para la reconciliación con los pueblos indígenas colonizados de Latinoamérica y para el suministro de asistencia al pueblo de África en su lucha contra el sida. También se perdió la oportunidad de hacer del espíritu del Segundo Concilio Vaticano la brújula para toda la Iglesia Católica.

Este último punto, mis respetados obispos, es el más serio de todos. Una y otra vez, este Papa ha añadido condiciones a los textos conciliares y los ha interpretado contra el espíritu de los padres del concilio:

Ha vuelto a recibir a los obispos de la tradicionalista Sociedad de Pío X en la Iglesia, sin ninguna condición previa;

· Promueve la misa tridentina medieval por todos los medios posibles;

· Se rehúsa a poner en vigor el acercamiento con la Iglesia Anglicana, que fue trazado en documentos ecuménicos oficiales por la Comisión Internacional Católica Romana-Anglicana;

· Ha reforzado activamente a las fuerzas anticonciliares en la Iglesia al nombrar a funcionarios ultraconservadores para puestos clave en la curia y nombrar a obispos reaccionarios alrededor del mundo.

Y hoy, además de estas muchas crisis, surge una serie de escándalos que claman al cielo: la revelación de que varios clérigos abusaron de miles de niños y adolescentes en todo el mundo. Para empeorar las cosas, el manejo de estos casos ha dado origen a una crisis de liderazgo sin precedentes y a un colapso de la confianza en el liderazgo de la Iglesia. Las consecuencias para la reputación de la Iglesia Católica son desastrosas. Importantes líderes de la Iglesia ya han admitido esto. Numerosos pastores y educadores inocentes y entregados a su labor están sufriendo bajo el estigma de sospecha que ahora cubre a la Iglesia.

Ustedes, reverendos obispos, deben hacer frente a la interrogante: ¿qué pasará con nuestra Iglesia y con sus diócesis en el futuro? No es mi intención bosquejar un programa de reforma para la Iglesia. Sólo quiero presentarles seis propuestas que, estoy convencido, son apoyadas por millones de católicos que no tienen voz en la actual situación.

1. No guardar silencio: al guardar silencio frente a tantos graves agravios se manchan a sí mismos con la culpa. Cuando crean que ciertas leyes, directrices y medidas son contraproductivas, deben decirlo en público. ¡Envíen a Roma no manifestaciones de su devoción, sino más bien llamados a la reforma!

2. Emprender la reforma: demasiadas personas en la Iglesia y en el episcopado se quejan de Roma, pero no hacen nada ellos mismos. Ya sea un obispo, un sacerdote, un lego o una lega, todo el mundo puede hacer algo para la renovación de la Iglesia dentro de su propia esfera de influencia. Muchos de los grandes logros que han ocurrido en las parroquias individuales y en la iglesia en general deben su origen a la iniciativa de un individuo o de un pequeño grupo. Como obispos, deben promover y apoyar dichas iniciativas y, particularmente en vista de la presente situación, deben responder a las justas quejas de los fieles.

3. Actuar en una manera colegial: contra la persistente oposición de la curia, el Segundo Concilio Vaticano decretó la colegialidad del Papa y de los obispos. En la era post-conciliar, sin embargo, el Papa y la curia han ignorado este decreto. Sólo dos años después del concilio, el Papa Pablo VI dio a conocer su encíclica defendiendo la controvertida ley del celibato sin consultar a los obispos en lo más mínimo. Desde entonces, la política papal y el magisterio papal han continuado actuando en la vieja y poco colegial manera. Ésta es la razón por la que no deben actuar solos, sino más bien en la comunidad de los otros obispos y de los hombres y mujeres que constituyen la Iglesia.

4. Sólo Dios merece obediencia incondicional: pese a que en su consagración episcopal tuvieron que prestar un juramento de obediencia incondicional al Papa, ustedes saben que nunca se le puede tener obediencia incondicional a ninguna autoridad humana; sólo Dios es merecedor de ella. Por este motivo, no deben sentir que su juramento les impide hablar la verdad sobre la crisis actual que enfrenta la Iglesia, su diócesis y su país. Presionar a las autoridades romanas en el espíritu de la fraternidad cristiana puede ser permisible e incluso necesario cuando no cumplen con las expectativas del espíritu del Evangelio y su misión.

5. Trabajar en pos de soluciones regionales: con frecuencia, el Vaticano ha prestado oídos sordos a las demandas bien fundadas del episcopado, los sacerdotes y el laicado. Esto es aún mayor motivo para buscar soluciones regionales sabias. Como ustedes bien saben, la regla del celibato, un legado de la Edad Media, representa un problema particularmente delicado. En el contexto de los actuales escándalos de abusos clericales, la práctica es cada vez más cuestionada. En contra de la voluntad expresa de Roma, un cambio difícilmente parecería posible; aun así, esto no es motivo para una resignación pasiva. Sería mejor, no obstante, buscar una solución para toda la Iglesia; por lo tanto:

6. Convocar a un concilio: así como la obtención de la reforma litúrgica, la libertad religiosa, el ecumenismo y el diálogo interreligioso requirieron un concilio ecuménico, ahora también es necesario un concilio para solucionar los problemas dramáticamente intensos que ameritan una reforma. En el siglo previo a la Reforma, el Concilio de Constanza decretó que se debían realizar concilios cada cinco años. Sin embargo, la Curia Romana se las ingenió para sacarle la vuelta a este fallo. Por lo tanto, depende de ustedes promover el llamado a un concilio o, por lo menos, a una asamblea representativa de obispos.

Con la Iglesia en una crisis profunda, ésta es la súplica que les hago, venerables obispos: pongan en acción la autoridad episcopal reafirmada por el Segundo Concilio Vaticano. En esta situación apremiante, las miradas de todo el mundo se vuelven a ustedes. Un sinfín de personas ha perdido su confianza en la Iglesia Católica. Su confianza sólo se podrá recuperar si lidian abierta y honestamente con estos problemas y ejecutan con determinación las reformas necesarias. Con el debido respeto, les ruego que hagan su parte con “intrepidez” apostólica (Hechos 4:29, 31). Den a sus fieles esperanza y aliento y brinden a nuestra Iglesia una brújula para su dirección futura.

Con cálidos saludos en la comunidad de la fe cristiana,

Quedo de ustedes,

Hans Küng*

*El autor es ciudadano suizo, profesor emérito de teología ecuménica en la Universidad de Tubingen, en Alemania. Es presidente de la Global Ethic Foundation y autor de más de 50 libros.

Traducción: Ma. de Jesús Pérez y Enrique Huerta.

 

¿Cómo hacen estos tipos?

Hay una nueva raza de saqueadores de Supermercados que se movilizan en 4×4 y se alimentan con electrodomésticos . . .

Delsio Evar Gamboa

 

 

 

 

 

 

Opinión de Delsio Evar Gamboa

Los clásicos chin chin de Año Nuevo son una tentación para proponer un balance de lo que ha sido este auspicioso año. No es la pretensión de este modesto mirón del sainete humano pergeñar un anuario que  resultaría tedioso. Quien quiera, puede revisar el nutrido archivo de notas publicadas para revivir los momentos más significativos del año que ya entonó la polka del espiante. Además, los profesionales de los medios “independientes” han ofrecido sus maledicientes opiniones acorde a sus intereses, muy distintos por cierto a los de este comedido servidor que, como el Jacinto Chiclana de Borges, “capaz de no alzar la voz pero jugarse la vida” . . . Sin embargo, y a riesgo de caer en especulaciones de carácter subjetivo algo se puede intentar: hechos destacados, profecías autocumplidas, actos fallidos, impresiones y evocaciones sin dejar de lado los más recientes como cuentas de un imaginario rosario.

Amenazas de desestabilización inducidos por parte de expertos en saqueos Vip el 19 y 20 de diciembre, que de tan burdos recibieron su condigno repudio. Se detuvo a centenares de personas, pero en estos casos es inútil pegarle al chancho para que declare quién es el dueño. Es chancho y hace chanchadas, nos gusten o no. Los desmanes fueron organizados y ya se sabe por quiénes. El intento de generar una insurrección generalizada fracasó estrepitosamente. El Gobierno lo superó sin mayores sobresaltos y su consecuente fortalecimiento es la mejor prueba de parte.

La estrategia de “Fabriquemos un diciembre tipo 2001” no salió del todo bien; no hubo revuelta general, no se consiguió la cantidad de muertos esperados, ni masas que avanzaran triunfantes hacia la Casa Rosada dispuestas a expulsar a la odiada dictadora. Sí hubo saqueos, personajes ligados a la oposición y unidos a la maniobra golpista y un posicionamiento general de la prensa no monopólica contraria a la violencia organizada. Poca ganancia y mucha pérdida para los intereses de MoMoMi Inc. -Moyano-Momo-Micelli & co.-, la flamante empresita destituyente en cuyo accionar centra sus esperanzas la derecha ultraneoliberal de la Argentina y su socios mediáticos, Clarín, La Nación y demás secuaces.
No pegan una pero sonríen, satisfechos de, al menos, haber demostrado a sus pares cómo hacer para introducir la violencia en un país que no la necesita. Consuelo de giles. Con estas maniobras cualquier día caen en cana y ahí los quiero ver. Lo están buscando, lo están mereciendo y lo van a encontrar.
No hay calificativos componedores para aplicarles. La memoria popular les guarda un lugar en la letrina de los traidores. Son residuos excrementicios que prefieren unirse a los intereses de la peor oligarquía antes de reconocer las prerrogativas de un modelo que los supera.

Si los saqueos son la consecuencia de la miseria, o de la pobreza reinante como arguyen, uno se pregunta porque no existen, o no los hubo en las provincias más pobres, por ejemplo Jujuy, Salta, Formosa, Santiago Del Estero, Catamarca, La Rioja.
Resulta también paradójico que los hubiera en la Pcia. de Bs. As. donde el gobernador Scioli, según encuestas, tiene un alto grado de aceptación popular, o en Santa Fe donde según los medios dominantes hay una especie de gobierno ejemplar.
Entonces, si los saqueos no tienen que ver con la cuestión social, tampoco con la gestión gubernamental, vale preguntarse porque se producen. Responden a cuestiones políticas, y se trata de intentos desestabilizadores que tuvieron un claro desencadenamiento que tiene que ver con la ley de medios. El grupo monopólico no puede seguir gambeteando su incumplimiento, está contra las cuerdas, casi grogui y en consecuencia al verse acorralado está tirando las últimas trompadas al aire y antes del knock out apela a cualquier cosa.

Esta claro que aquí hubo una conjunción de intereses vehiculizados por los opositores y allí es donde aparece el duhaldismo ofreciendo sus “servicios especializados” -ya los utilizó contra Raúl Alfonsín y De la Rúa-, esta cuestión no es nueva, su naturaleza es una especie de lopezrreguismo de estos tiempos; ellos se proponen como último sostén del orden establecido en el nombre de la paz, el diálogo y el consenso. Su caballito de batalla en la campaña, era el  armisticio a los genocidas, por eso Duhalde fue el candidato del establishment.

Para Hermes Binner y su “lúcida” lectura, los saqueos en 4×4 del 19 y 20 de Diciembre fueron el resultado de “una división muy profunda entre aquellos que tienen acceso a comprar todo lo que tienen por delante y los que se dedican a delinquir en forma directa”. Sin embargo, al referirse a los ocurridos en Rosario, se le mezclaron los tantos y entró en una grave contradicción con lo que había declarado antes, lo que  no es una metáfora paradojal ciertamente: “en Rosario los asaltos tuvieron muy poco que ver con la necesidad de la gente. Tenemos relevados supermercados que fueron saqueados exclusivamente a donde estaban los electrodomésticos”. Si los saqueos no fueron producto de la necesidad como once años atrás, quiere decir que la situación mejoró y que lo del populismo, la fragmentación, las prebendas, el resentimiento consumidor y todo lo demás es sólo un cóctel indigesto cuyo único fin es negar la realidad. Eso sí, por las dudas, evitó las hipótesis conspirativas para no quedar mal con cualquier posible aliado electoral porque sabe que le será muy difícil escalar la montaña de votos que lo separan de Cristina.

A Hermes Binner ya le dicen “Duermes” Binner, porque cuando despereza alguna crítica hacia el Gobierno Nacional desconcierta a propios y extraños. Eso sí, jamás se sabe desde dónde habla ni hacia dónde apunta su desorientación. “Las políticas populistas no evitan la fragmentación social ­y sólo puede superarse promoviendo el trabajo y el estudio”. Por supuesto, en sus dubitaciones no existe reconocimiento alguno de los logros alcanzados, como el número de escuelas inauguradas desde 2003, la recuperación del empleo o las medidas de inclusión. Menos aún las groseras presiones que ejercen los grandes grupos económicos. En su adormilado pensamiento político no hay sustento, sólo bostezantes consignas superficiales e insípidas. ¿Será por eso que detrás de él se adivina el fantasma de De la Rúa?

El momo Benegas, Barrionuevo y ahora el moyanismo operan como los punteros del proyecto golpista, son los que ponen el “aparato”, a esto se le suma la izquierda tilinga, que por ceguera ideológica siempre fue funcional a los intereses de la derecha apátrida.
Se trata de una escalada desestabilizadora. No hay dudas. Para enumerar algunas cuestiones vale recordar el conflicto con las fuerzas de seguridad de la Prefectura y la Gendarmería. El tema de la fragata, en donde resultó absolutamente extraño que la misma haya recalado en Ghana. El de los fondos buitres en donde operaron cipayos locales, los cacerolazos, la huelga de Moyano y Micheli, la movilización del 19; todas estas situaciones de neto corte destituyente fueron resueltas por el gobierno nacional y las medidas de fuerza mostraron cada vez más su debilidad, por lo que la ultima opción -una especie de plan B- fue la de crear el caos, la ingobernabilidad, con la vieja consigna de “cuanto peor, mejor”.  
Estaban seguros de que al armar ciertos focos puntuales y bien aleccionados por los medios hegemónicos se iba a obtener un efecto contagio. En la medida que el gobierno no pudiera, por aplicación de la política de no represión a la protesta social controlar los primeros embates, eso produciría cierta impunidad que alentaría a grupos marginales a participar de los desmanes.

La izquierda delirante realizaría su utópico argentinazo, pero en la realidad, de tener éxito, sería la más rancia oligarquía la que terminaría tomando el poder como lo ha hecho siempre a través de la historia.

La cosa no sucedió como la planearon, aparecieron los focos, pero no se dio ni por asomo el efecto cascada que pretendían, porque el gobierno procedió de inmediato, advirtiendo a la ciudadanía que eso no se trataba de una protesta social, sino de actos de vandalismo organizados con intención destituyente, pero fundamentalmente porque las condiciones objetivas, o sea la miseria, y marginalidad que agitan no existe, simplemente porque no estamos como en el 2001 precisamente . . .

El problema es que esta gente está en un callejón sin salida. No pueden proponer nada porque el gobierno siempre va adelante con políticas activas que los dejan sin discurso. Sólo les queda salir con propuestas de derecha pero saben que con eso están perdidos. Entonces tienen que recurrir al palo en la rueda y a Clarín para que les exorbite sus cuitas . . .

No obstante, el listado completo de los logros de este año seguramente a esta altura ya no tiene dimensión ni cuantía. Pero hay un hecho que resume todo: los conspiradores seriales están cada vez más expuestos, en vivo, en directo e in vitro junto a sus cómplices y voceros en irreversible caída libre. Y también están los idiotas útiles de siempre que, por ingenuidad o desmemoria, terminan haciéndole el juego a los que quieren volver al tenebroso pasado. ¡Ojo que mucha de esa gente que uno piensa que es tilinga, si se la mira con detenimiento confirma las sospecha! No son energúmenos. Sólo sostienen frases de energúmenos por falta de reflexión fina. Y es bueno saberlo para no “avestruzar el horizonte”, como diría una amiga.

Esto no lo pasa la tele por supuesto, aunque en realidad nunca se sabe si las cosas realmente pasan, o si sólo pasan cuando la tele lo pasa . . .

Y uno que se resiste a aceptar que da lo mismo ser derecho que traidor, está seguro que al final todo va a salir bien, y si aún no ha salido bien del todo, es porque todavía no es el final.

Por eso, a todos, les deseo un prospero 2013. Con 12 meses buenísimos, 52 maravillosas semanas, 365 días bárbaros, 8760 horas a pura emoción y 525600 minutos plenamente felices!!!

SAQUEOS 2001 2012

 

¡A los que le desean la muerte, La Presidenta les augura felicidad y larga vida para que puedan seguir disfrutando cada vez más de esta hermosa realidad que entre todos se está construyendo en esta nueva Argentina!!! . . .

 

Delsio Evar Gamboa

 

 

 

 

 

Opinión de Delsio Evar Gamboa

¡Marche una de teflón para Darín! . . .

El año que feneció nos dejó una nueva categoría social: el cacerolero. Este término no hace referencia sólo a quienes se manifiestan con esos sufridos utensilios de cocina para demandar  soluciones ante cualquier problema. Si bien la palabra está relacionada con el instrumento utilizado para hacer barullo, pone el énfasis en el individuo que lo porta y lo aporrea, y en el blanco de su protesta. Y no sólo cuando ejecuta su ensordecedora e inconsistente demanda como hemos visto, sino durante todo el año. El que es cacerolero no necesita una de teflón para llamar la atención. Se lo reconoce a primera vista.

Una de las características más notorias de este personaje es la de estar absolutamente siempre en contra, aunque sin tener en claro de qué ni por qué. A la vez, achacarle todas las culpas de lo que pasa al gobierno sin reconocerle un sólo mérito. Todos son víctimas inocentes de los “caprichos” de la Primera Mandataria, ya sean buitres, cuervos, hienas, caranchos o cualquier otra especie carroñera. Para el cacerolero no hay golpistas, explotadores, evasores, especuladores, sino un gobierno que se enoja con todos por pura belicosidad. Para el fanatizado, las cosas se deben transformar por milagro, sin conflictos y a la perfección. Toda modificación del statu quo va a generar descontentos, afectados y reacciones.

Durante los años del salvaje neoliberalismo, la pobreza creciente convirtió en vulnerables a millones de ciudadanos. Pero, para los defensores del embelesamiento mediático y el Poder fáctico en las sombras, sólo era el resultado de la globalización y no un genocidio económico-social, como el que ocurre hoy en Europa. La cínica frase de Menem “estamos mal, pero vamos bien” sintetiza el espíritu de aquella época atroz. La pobreza, la desocupación, la ruina del Estado, el desguace del país, la exclusión en todas sus manifestaciones más siniestras y la infinitud de la maldad. Sin embargo las cacerolas estaban bien guardadas!!! . . .

En la polémica entrevista realizada por la revista Brando del diario La Nación, el imponderable Ricardo Darín simboliza a un cacerolero en toda su endeblez. Sólo le faltó repetir “les dan casa, comida, ropa, colegio . . . y hospital”. Después de verter vacías y agresivas generalidades  irrespetuosas -como todo cacerolero- a la figura presidencial, se victimiza hasta el éxtasis cuando alguien se atreve a formularle una réplica. El cacerolero tiene una obsesión que le aporta certeza: la desconfianza. En eso basa toda su argumentación que es de un nimiedad groseramente pueril. Sin aptitud política, ni elaboración intelectual, ni capacidad de abstracción ante la resignificación de la realidad . . .

Darín no es un argentino más, es un actor famoso que sabe muy bien que cualquier declaración suya tendrá inevitablemente estrepitu fori.  Seguramente lo traicionaron los reflejos de la época neoliberal donde un exitoso podía decir cualquier cosa que nadie se animaba a retrucarle. Pero ocurrió que la Presidenta es distinta y tiene estas cosas, esos impulsos de enviarle una carta abierta que, como no podía ser de otra manera, el dispositivo mediático y su correlato de opositores anodinos pretenden transformar en un ataque despiadado desde las más altas esferas del poder.
En realidad, de lo que se trata es de separar al artista del ciudadano. Darín es un actor pero eso no tiene nada que ver con sus opiniones a título personal. Entonces se tiene que bancar la reacción de Cristina que, en su cálida pero contundente réplica, no exenta de respetuosidad, ironía, humor, sutilezas y gran manejo de la expresión porque tanto sus notas como sus discursos nunca son de ocasión ni de catálogo y siempre dejan huella en quienes las leen o escuchan, aunque haya algunos que no entienden o no quieren entender como en este caso, donde sin dejar de elogiarlo, y de manera muy cordial y precisa, pone las cosas en su lugar cuando, por ejemplo, le dice que ningún político ha sido tan investigado con tanta saña como ella y su extinto marido.

Lo que traiciona a Darín es ese berretín de quedar bien con Dios y con el Diablo, ese “neutralismo”, esa búsqueda del empate opinativo. En momentos donde hay una oposición que con tal de hacer fracasar al gobierno se pone del lado de los kelpers, de los fondos buitres y de todo el que ataque a la Argentina, donde pujan dos modelos de país diametralmente opuestos:  el que hace diez años nos mandó al infierno, y el otro que nos sacó. Quien no entienda esto no entiende nada. Las cartas están echadas y ya no hay “juego chico”. Evita hizo la primera con el ancho de bastos; Néstor puso el 7 bravo y Cristina tiene el as de espadas. En la política como en el truco es así . . . y ganan los que han sabido obtener más porotos- Los que como Darín tienen mucho cartel son los que deben entenderlo si no quieren quedar pedaleando en el aire. No basta con ser un tipo fachero, piola y divertido.

Por eso las declaraciones del laureado actor están muy lejos de considerarse objetivas. Sus dichos en esa entrevista se basan en argumentos propios del libreto de la derecha más ortodoxa.  “Desde afuera se ve que estamos en el fondo del mar. Yo quiero que se llame a una reconciliación”.  Eso es propio de los titulares y editoriales de los medios monopólicos. Si estamos en el fondo del mar, ¿dónde estábamos en 2001?. ¿Será un síntoma de alzheimer?

Conceptos inconsistentes y desconcertantes. Detrás del abuso de las expresiones de tono coloquial, hay un ninguneo hacia toda forma de convivencia democrática. “No se nos permite pensar fuera de lo establecido. Te dicen lo que tenés que pensar y en qué dirección, y si no estás de acuerdo, sos un hijo de puta”.  En primer lugar, ni el régimen más totalitario ha logrado jamás conocer y menos aún controlar el pensamiento de los ciudadanos sometidos. Por lo tanto, eso de “no se nos permite pensar” no resiste el menor análisis y no es más que una repetición de las falacias que recitan a diario los loros mediáticos. En segundo lugar, nadie le dice a nadie lo que tiene que pensar. Compartir ideas con los que fueron cómplices, beneficiarios y apologistas de la dictadura y que aún lo siguen siendo, no es el mejor camino al consenso y la confraternidad.

“Porque es tan loco plantear ciertas actitudes intempestivas y anacrónicas como creer que porque te votó el 54%, te la mandé a guardar, bancátela, y te la tenés que fumar”.  Curiosa manera de definir la legitimidad que otorga la soberanía popular a un proyecto que ha demostrado ser exitoso. Su sobreactuada neutralidad tiene patas cortas: “a mí me preocupa esto de que tenés que ser de uno o de otro. No tener derecho a tener una posición diferente”. Aquí no hay teléfono descompuesto -la excusa a la que echó mano después- ni nada por el estilo, sino un alineamiento indisimulable con la manipulación multimedial. Que se quede tranquilo, nadie va a obligarlo a nada. Ni siquiera a respetar a una indiscutible mayoría que se identificó con una propuesta que transformó como nunca nuestro presente y augura un futuro mucho mejor.

Presidentes hubo con muchísima fortuna de dudosa procedencia que se robaron todo y encima devastaron al país. Pero el actor nunca hablo de eso. Ahora le preocupa “el crecimiento patrimonial de los Kirchner”, que fue declarado y está a la vista de todos. Cuando dice “somos un país niño: necesitamos un papá. Necesitamos a alguien que nos diga cómo se tienen que hacer las cosas” aparece la agenda neoliberal: la no intromisión del Estado en la economía. Tal vez, para alguien que ha sido mimado por el éxito desde muy joven, resulta inconveniente un Estado regulador. Un Estado que no es un papá, sino un garante de las relaciones en beneficio de los más vulnerables; un impulsor del desarrollo con inclusión; un escudo para los abusos de los poderosos.  Quizá el país adulto que propone el destacado artista sea el de la ley de la selvadonde el más grande se come al más chico, y que tanta ruina nos trajo. Por eso no hay memoria en los conceptos de Darín. Da la impresión de que el galán cinematográfico miró los créditos donde aparece y no la película completa de la Argentina actual.

La lógica, la honestidad y un mínimo rigor intelectual son una carga insoportable para quien está acostumbrado a hablar sin fundamento a la espera del aplauso. En el fondo para él, como para todos los cacerolos, el derecho a réplica del otro es sólo “dictadura”. En Argentina cualquiera con acceso a la impunidad de un micrófono opina sobre lo que sea como si tuviera autoridad y lo peor es que mucha gente le cree.

La impecable respuesta de Cristina no es sólo a Darín, que actuó como un comedido a la bartola, sino a ese segmento hostil de la sociedad para que se despoje de falsos prejuicios y enfermiza envidia. La carta de Cristina fue digna, serena, afectuosa y mesurada.

A la Presidenta le pueden gritar las injurias más feroces, pero claro, debe poner la otra mejilla, guardar silencio, no tiene que contestar porque si lo hace es como que intimida, vio!.

Nada le impide a Darín, ni a nadie decir lo que se le antoja. Lo que no se puede evitar es que le contesten y lo dejen frente a su propia y desnuda insensatez. Justamente él, que con una historia de coches con franquicias para discapacitados, tiene un pasado que no lo habilita precisamente para arrojar la primera piedra . . .

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Por Ricardo Forster

La Justicia y sus dilemas

“…sostenemos que la independencia del poder judicial es un principio cardinal del sistema republicano, que no debe entenderse limitado a la relación que debe existir entre los poderes del Estado. Los magistrados también deben ser independientes de los intereses económicos de las grandes empresas, de los medios de comunicación concentrados, de los jueces de las instancias superiores e –incluso– deben ser independientes de las organizaciones que los representan. Los jueces cumplen una función esencial en el sistema democrático y, por tanto, su conducta pública –como la del resto de los funcionarios públicos– debe estar sujeta al escrutinio estricto de la ciudadanía. El debate democrático sobre las decisiones judiciales acerca el sistema de justicia a la sociedad, y enriquece la calidad de las respuestas jurisdiccionales”.

(Solicitada: “Una justicia legítima”, firmada por cientos de jueces, fiscales, defensores públicos y funcionarios en respuesta al documento que algunas organizaciones judiciales presentaron con un duro tono crítico hacia el Poder Ejecutivo.)

Qué es lo que está en juego en estos días argentinos siempre tan intensos y convulsionados en los que los legos nos movemos con absoluta incomodidad y, bajo la perspectiva contraria, hasta cierta regocijada impunidad por la selva del lenguaje jurídico? ¿De qué manera intentar analizar las diferencias y tensiones que existen, como resulta muchas veces inevitable, entre los tres poderes de la república tratando de comprender, al mismo tiempo, qué intereses están moviéndose por debajo y por detrás de los principales actores? ¿Qué le ocurre a la política cuando queda atrapada en la telaraña tribunalicia y se vuelve deudora de un lenguaje de especialistas? ¿De qué modo recordar que la democracia habita en la incompletud y desconfía de los paradigmas absolutos sin por ello hacer el elogio de la discrecionalidad? Preguntas que surgen allí donde lo que se percibe es la gravedad de una disidencia que no todos alcanzan a descifrar pero que intuyen que tiene relación directa con el poder y con su ejercicio pleno o limitado. Algo demasiado importante está en disputa en nuestro país y va más allá de tal o cual grupo mediático que se niega a cumplir una ley votada mayoritariamente por senadores y diputados hace ya largos tres años. Una cierta idea de soberanía democrática es la que, en el fondo, está en discusión.

Las querellas entre los poderes de la república siempre ponen de manifiesto la trama conflictiva de la vida democrática y, sobre todo, evidencian que existen otros poderes que persisten en su afán por mantener sus privilegios. A la Justicia le ha costado muchísimo, y pocas veces lo ha logrado, autonomizarse efectivamente de esos poderes económico-ideológicos. Pocas veces, también, el poder político logró sustraerse a esas determinaciones. Hoy, y desde hace unos años, nos encontramos ante el retorno de ese litigio allí donde un poder nacido de la legitimación del voto popular ha decidido no aceptar las demandas, las imposiciones y los chantajes de los poderes corporativos. No hay mayor escándalo, para democracias condicionadas y vueltas escuálidas por la horadación sistemática a las que fueron sometidas durante demasiado tiempo, que un gobierno ejerciendo en plenitud la soberanía que emana de las urnas y revitalizando esa misma vida democrática tan dañada a lo largo de las últimas décadas allí donde fue convertida, por la acción de las grandes corporaciones, en un pellejo vacío. Por qué no decir que lo que viene disputándose es, precisamente, la ampliación de los derechos y de la matriz igualitarista que se enfrentan a aquellos sectores que buscan mantener privilegios y hegemonías económicas y jurídicas.

Para plantearlo desde otro costado posible: ¿acaso lo que se juega en esta pulseada judicial tiene relación directa con el ejercicio pleno de la soberanía popular democrática? ¿Se intenta dirigir al país hacia una democracia condicionada y eternamente vacilante incapaz de imponer sus decisiones a los grandes grupos económicos? ¿Qué significa y cuáles deberían ser los alcances genuinos de la independencia de la Justicia? ¿Le cabe sólo, como se dijo en un documento sin firmas individuales pero sí con firmas institucionales y con el aval de algunos jueces supremos, mantenerse fuera de los intentos de sujeción del poder ejecutivo o, por el contrario, y como lo han dicho decenas de jueces, fiscales, rectores, decanos y profesores de distintas universidades nacionales, la independencia debe constituirse en relación a todos los poderes incluyendo a las corporaciones económicas y mediáticas y a los propios jueces de las instancias superiores? ¿Permanecen ajenos a los conflictos y contradicciones que se despliegan en la sociedad aquellos que tienen como misión impartir justicia tratando de que los afectos, los prejuicios, los intereses y las ideas propias no interfieran en ese gesto que debería ser neutral? Soy consciente de que algunas de estas preguntas no tienen una sola respuesta o que, incluso, su mera formulación moviliza un agudo debate cuya resolución queda siempre diferida.

Discutir la Justicia supone internarse, en ocasiones, por un territorio minado cuyas cargas explosivas pueden venir de diferentes posiciones. Lo cierto es que existe, al menos, un consenso que fija la idea de la necesidad imprescindible de una Justicia independiente pero, e inmediatamente surgen los litigios interpretativos, lo que no queda claro o sus límites permanecen borrosos es cuáles son los alcances de esa independencia que tanto se reclama en el interior de una sociedad en la que existen tantos intereses enfrentados, tantas desigualdades y tantas formas de uso discrecional del poder que, por lo general, suelen ir en detrimento de los más débiles y de las mayorías populares. El aparato judicial no ha dejado de ser cómplice, a lo largo de nuestra historia, de esos poderes. ¿Sería pecar de ingenuo o iluso si pensara que desde la llegada de Néstor Kirchner al gobierno se dieron grandes pasos para reparar el brutal daño que las políticas dictatoriales y luego neoliberales produjeron también en la estructura judicial? ¿Acaso esta Corte que tanto le debe a esa decisión histórica de reconstruirla bajo verdaderos principios republicanos está dispuesta a olvidar su antigua deslegitimación arrogándose como mérito propio lo que se debió a una extraordinaria visión política? Prefiero seguir pecando de ingenuo e imaginar que la mayor parte de los miembros de la Corte Suprema estarán a la altura de las circunstancias y eso más allá de ambiciones personales o presiones corporativas. Los jueces, en especial los que ocupan los más altos cargos, no deben quedar al margen de los dilemas de la época ni esconderse detrás de una supuesta neutralidad valorativa que desconozca la densidad política e histórica de lo que está en juego. Sus fallos, con independencia de sus aciertos o errores, constituyen un dato absolutamente relevante de la realidad y son portadores de consecuencias graves.

Preguntas, todas, que recorren la médula de la vida democrática y que llevan implícitas diferencias interpretativas de muy difícil resolución, en especial cuando de lo que se trata es, ni más ni menos, que de garantizar las condiciones de igualdad jurídica en un espacio social atravesado por diversas desigualdades amplificadas, en nuestro país, por la facilidad con la que los grandes grupos económicos han logrado influir y determinar a amplios sectores del poder judicial. El mito de la absoluta independencia del poder judicial termina por ocultar sus condicionamientos y sus profundas debilidades a la hora de poner en su lugar a los dueños del capital. Sigue habiendo, entre nosotros, una Justicia de clase que no suele ser reconocida por los jueces allí donde más deudores son de sus determinaciones. El fallo a favor de mantener la cautelar presentada por el Grupo Clarín va claramente en esa dirección. La Corte, aunque no lo pueda o quiera decir, lo sabe.

Con los jueces parece suceder lo mismo que, o así nos lo presentan ciertos medios de comunicación, con ciertos debates teológicos medievales que se interrogaban por el sexo de los ángeles: jueces y ángeles pertenecen a otro reino muy distinto al animal, sus andanzas por la vida no pueden medirse con los instrumentos profanos y plebeyos con los que se intenta comprender, por ejemplo, las acciones y las conductas de los seres humanos comunes y corrientes. Ellos, así nos lo dice cierta ideología preocupada por sostener la virtuosidad de los magistrados alejándolos de todo mal y de toda tentación, deben permanecer impolutos y entregarse, de cuerpo y alma, a impartir justicia desde la pureza de la imparcialidad nacida de su condición virginal. Ángeles y jueces transitan por un andarivel exclusivo que los mantiene al margen de tanta mezquindad profana. Salvo cuando algunos de ellos se atreven a salir de esa caja de cristal que mantiene un clima de perfecta pureza y se dedican a impartir un tipo de justicia que pone en cuestión el poder de las corporaciones o busca encontrar una cierta correspondencia entre la idea de igualdad y su aplicación efectiva en una vida social atravesada por la impunidad de los acaparadores de la mayor parte de la riqueza material y simbólica. Cuando eso sucede dejan inmediatamente de responder al paradigma de la virtud y se convierten, de la noche a la mañana, en esclavos de la demagogia o del populismo. Sólo si la Justicia y sus jueces defienden el sacrosanto principio de propiedad privada, y si lo hacen sin dudarlo, merecerán seguir permaneciendo en el reino de los justos y de las criaturas angelicales. Cuando cruzan de vereda o cuando recuerdan que impartir justicia es también intentar comprender la violencia de la desigualdad y de la impunidad de los poderosos, se transforman en jueces venales. Las exageraciones de estas reflexiones, estimado lector, sirven para evidenciar lo que efectivamente suele suceder: el reclamo de independencia del poder judicial de parte de los grupos corporativos es siempre proporcional a la continuidad de sus privilegios refrendados por esa misma Justicia que se vuelve cómplice de esos poderes.

Grave es el momento en el que la política queda capturada, como ya se señalaba, en las telarañas del lenguaje jurídico y cuando la propia idea y práctica de la democracia no puede eludir quedar atrapada en la palabra indescifrable del experto. De la misma manera en que también es grave que no exista una Justicia capaz de actuar con autonomía de los poderes fácticos (sean los públicos y/o los de la esfera privada). Para algunos (siempre interesados en colocarse en el lugar del republicanismo) esa independencia debe de ser exclusivamente en relación a los otros poderes estatales y silencian, por conveniencia, la que también es indispensable en relación a las fuentes de imposición económica, mediática o incluso en el seno de la propia estructura judicial. El concepto de independencia es una exigencia central en el interior de una sociedad que sabe que siempre se encuentra en posición de ser vulnerado y cuya consistencia y continuidad conoce de la fragilidad permanente que emana de una realidad política, económica, social, cultural e ideológica fuertemente signada por lo irresuelto. Pero la reclamada independencia de la Justicia no debe servir para alejar a los jueces del escrutinio de la ciudadanía blindándolos de todo contacto con demandas y exigencias a las que también deben estar dispuestos a someterse. No hay genuina vida democrática allí donde persisten el secreto, la distancia y los privilegios.

No deja de ser un momento excepcional el que le permite a la sociedad develar lo que permanecía velado. Así como con la ley de medios se abrió un debate inédito y enriquecedor que impide regresar a las épocas en las que el universo periodístico y comunicacional permanecía intocado e impermeable a cualquier crítica, hoy, a la luz de lo que viene sucediendo con el accionar de ciertos ámbitos de la Justicia, también se habilita un gran debate capaz de abordar lo que no podía ser abordado desmitificando esa aura de autarquía y pureza de un universo estatal por el que también ha pasado el vendaval de las contaminaciones. Los jueces también deben ser auscultados y sus fallos pueden y deben ser discutidos allí donde se apartan de los intereses de la ciudadanía. Su legitimidad, que no es la que nace, como los otros poderes de la república, del voto popular, debe mostrarse a través de sus fallos y de la transparencia de sus acciones que le den un impulso virtuoso a una palabra siempre en riesgo de ser envilecida: la independencia.

 

Delsio Evar Gamboa
Opinión  de
Delsio Evar Gamboa

“No se casan con nadie pero se acuestan con todos”.  Alfredo Pedro Drocchi, Juez en lo Criminal Nº1 de La Matanza . . .

Los fierros judiciales no están guardados . . .

El incendio y las vísperas del 7D concluyeron con la prórroga de la cautelar para el grupo Clarín, que le permite continuar burlando la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. Esta medida dilatoria de la más que sospechada Cámara Civil y Comercial Federal Nº1, impide la aplicación del artículo 161, que obliga a la desinversión de las excedidas licencias del Grupo, que por ley debe tener un máximo de 24 y tiene 301. El recurso presentado por Clarín consiste en posponer la aplicación hasta que el juez de 1ra. Instancia Horacio Alfonso se expida sobre el fondo de la cuestión, o sea sobre la constitucionalidad o inconstitucionalidad de la cláusula de adecuación.

Esta Cámara Civil, que debe estar integrada por tres jueces, con sólo dos miembros, Francisco De las Carreras y María Susana Najurieta, ignorando lo resuelto en Mayo pasado por el máximo Tribunal Argentino, es decir la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que había dispuesto que el día 7 de Diciembre vencía indefectiblemente la cautelar que desde hace más de tres años suspende la aplicación de dicho artículo, falló a favor del monopolio al no hacer lugar a la recusación que había presentado la AFSCA y el Ministerio de Justicia. De las Carreras había sido impugnado por recibir dádivas de Clarín, en un viaje a Miami. El juez Recondo integrante de esa Cámara, también objetado por el mismo hecho, lo reconoció y se apartó de la causa.

En el fallo, el juez De las Carreras, -acusado de prevaricato- manifiesta que “guardo la debida imparcialidad inherente al ejercicio de la función jurisdiccional, conservo la tranquilidad de espíritu y la libertad de conciencia indispensable para impartir justicia bien y legalmente. (). Conociendo su pertenencia al grupo monopólico le cabe muy bien el sayo de “mienta, mienta que siempre algo queda” . . .

La tapa matutina del 6 de Diciembre de 2012 de Clarín, azuzaba la disputa en torno al 7D: “Ataque sin límites del Gobierno a la Justicia”. Aunque no es novedosa, la construcción tamaño catástrofe del título es clarísima: existe una pugna entre el “Gobierno”, y parte de esa entelequia indefinida llamada “Justicia”. Ahí se parapetan los actores judiciales que integran uno de los poderes del Estado más autocrático y antidemocrático: el Poder Judicial. Esa corporación que hasta hoy en día -salvo raras excepciones- logró salir indemne luego de su complicidad con el genocidio perpetrado por la última dictadura militar, que tras 30 años de democracia, no ha visto renovadas sus estructuras, aun luego del estallido que significó el 19 y 20 de diciembre del 2001. El “que se vayan todos”, también alcanzaba a los jueces de “la servilleta de Corach” y a la Corte Suprema con su corrupta “mayoría automática” de Menem, que sólo pudo ser apartada, cuando Néstor Kirchner decidió enfrentarla sin temerle a sus aprietes de “redolarización de los depósitos”.  Estos verdaderos bochornos legales, además de visibilizar la claudicante dependencia de muchos magistrados ante los poderes concentrados demuestran la politización del Poder Judicial, otro ámbito que se regodea en la supuesta “infalibilidad” de su cuerpo estable. Este desacato a la Corte, sirve como ejemplo para entender cómo se cocinan las sentencias, y los poderes que las manipulan desde las sombras.
Clarín tituló en su edición impresa: “La amenaza del ministro de Justicia es de una gravedad inédita en toda la historia democrática argentina”. A veces puede resultar hasta tedioso recordar las complicidades del Grupo Clarín con la dictadura, pero uno debe hacerlo para demostrar la falacia de su eslogan de “Periodismo independiente” que aún insisten en pregonar. Siguió un comunicado donde supuestos “Jueces de todo el país” exigen al Gobierno que cesen las presiones directas o indirectas a la Justicia. El texto fue otra añagaza de la corporación judicial para intentar vanamente lavarse las manos. Ese relato en la que serían los “garantes” de una sociedad civil indefensa, es otra señal de la vocación política de los sujetos históricos que ocupan el Poder Judicial. Dicen: “La Comisión Nacional de la Independencia Judicial, a través de las asociaciones que la integran,  ha recibido la preocupación de una importante cantidad de jueces y juezas de todo el país, referida a hechos que agreden institucionalmente a un Poder del Estado y, como consecuencia de ello, a todos los ciudadanos de la Nación, ya que la justicia es para todos”. ¿Presiones? . . . ¿Justicia para todos? ¿Qué poderoso de guante blanco está preso? ¿Qué pedófilo depravado -teléfono para “padrecito” Grassi-, cumple condena? Martínez de Hoz, Ménem, Cavallo, De la Rúa, Aguad y tantos otros verdugos de lesa inhumanidad, ¿están pagando por el daño hecho? ¿Cuándo en la jurisprudencia argentina se dio que un juez recusado, por medio de “cautelares eternas” paralice por más de 3 años y medio una ley votada por el Congreso nacional para favorecer a un gigante mediático?

Al respecto más de 200 magistrados de todo el país publicaron un documento refutando el comunicado que emitió la ignota Comisión y señalan: “Los magistrados deben ser independientes de los intereses económicos de las grandes empresas, de los medios de comunicación monopólicos, de los jueces de las instancias superiores e incluso de las entidades que los representan”. También se les unió el juez del Tribunal Nº 1 de La Matanza Dr. Alfredo Pedro Brocchi:          ”En mi doble carácter de ciudadano y de Juez del Crimen de la Provincia de Buenos Aires, vengo a cumplir con el deber republicano de denunciar el comunicado corporativo efectuado en nombre de los miembros de las diversas Instituciones que dicen representar cuando no hubo consulta ni llamado a Asamblea alguna para pedirnos la opinión sobre los hechos de dominio público.
De manera que el comunicado solo lleva la voz de las cúpulas y de algunos jueces que las regentean quienes ocultándose en el anonimato de sellos corporativos, pretenden sumarnos a todos los jueces argentinos en un conflicto de poderes al que la mayoría -verdaderamente independientes- somos ajenos.”
 Más claro, échenle cloro!!!

Nuevamente, el poder de los monopolios amenaza a la democracia. La batalla es larga, y este paso es otro más hacia una nueva comunicación, y una sociedad más justa, libre e inclusiva.

El Poder Judicial -en gran parte, con jueces que juraron por las Actas del Proceso militar y que fallan en consecuencia- es un reducto de los poderes facciosos, es garante del sistema capitalista salvaje de adentro y de afuera, de las corporaciones, de los monopolios, de los sectores privilegiados y antidemocráticos. Pero ese cuerpo corporativo, anclado en el peor pasado, más tarde o más temprano tendrá que adaptarse a los nuevos tiempos democráticos. Como ciudadanos de una nación libre tenemos que exigir al Estado que actúe de oficio si fuese necesario, a través de los mecanismos constitucionales que correspondan para recuperar la razón de ser del Poder Judicial: impartir justicia, ecuánime e imparcial para el bien de la sociedad.

En ese sentido, a la Corte Suprema se le reclama un poco más de firmeza ante los excesos en las atribuciones que se arrogan algunos jueces en sus más que cuestionados fallos. Hay que romper de una buena vez con la corporación judicial, el menos democrático de los tres poderes. Una verdadera democracia no es compatible con prácticas jurídicas corporativas que sobrevuelan siempre sobre un piélago de latentes complicidades con los poderes fácticos. Como bien dijo la presidenta, son los mismos poderes que antes recurrían a los fierros militares, después los fierros mediáticos y ahora los fierros judiciales . . .

La madeja de las cautelares revela que algunas instituciones aún siguen al servicio de los intereses hegemónicos. Por eso el Grupo Clarín -que tiene un ejército de 65 abogados full time a tal efecto- presentó sus recursos judiciales en la Cámara en lo Civil y Comercial, encargada de los conflictos entre privados y no en lo Contencioso Administrativo, que trata los de interés público. Ahí está la verdadera madre del borrego . . .

Antes del cierre, una excelente noticia que demuestra que algo está cambiando en la justicia: el Juez Alfonso acaba de declarar la constitucionalidad de la ley de Medios que pone fin a las ya groseras argucias del Grupo Clarín para no ajustarse a derecho y seguir teniendo coronita. El 7D significó 7 días después . . .

No obstante, sería un buen ejercicio para la ética y la moral, que algunos jueces argentinos atendieran más a su conciencia, que el teléfono de las corporaciones.

Para finalizar, uno pregunta por si aún hiciera falta: ¿Se puede creer entonces en una justicia en manos de algunos jueces que no se casan con nadie pero se acuestan con todos porque son esclavos de la avidez de sus bolsillos, siendo que por el bolsillo pasan precisamente todas las miserias humanas? . . .

 

Horacio Verbitsky

 

 

 

 

 

Por Horacio Verbitsky

Los jueces quieren saber

El documento corporativo contra el gobierno no tiene firmas y los jueces quieren saber cómo se gestó. El quién es quién de las asociaciones de la judicatura, cuya unidad fue quebrada por este paso político audaz. Lobby empresarial para condicionar los fallos y lisa y llana corrupción.

Miembros de la Asociación de Magistrados, de la Federación Argentina de la Magistratura y de la Junta Federal de Cortes y Tribunales Superiores preguntarán a sus autoridades cómo se decidió, quiénes redactaron y aprobaron y por qué se publicó sin ninguna firma el virulento comunicado del viernes 7 contra el gobierno a raíz de las denuncias contra camaristas acusados de vinculación con el Grupo Clarín.

La Asociación de Magistrados es presidida por el camarista penal Luis María Cabral. El fiscal general Jorge Auat lo señaló como un pernicioso ejemplo de shopping forum por su designación para integrar una sala de la Cámara de Casación Penal, sin sorteo y sin respetar el orden de prelación fijado por la ley de subrogancias. Pero la Cámara lo confirmó, con la única disidencia de Alejandro Slokar. Sigue llevando la voz cantante en la Asociación su ex presidente Ricardo El Piojo Recondo, otro especialista en la designación de jueces a dedo y el principal gestor del conflicto de la judicatura con el gobierno nacional por el caso Clarín, en el que tiene interés personal. Subsecretario de Justicia durante el primer gobierno de la UCR y miembro del equipo judicial de la SIDE que operaba sobre los jueces, en 1988 Recondo impulsó la designación de Juan Rodríguez Basabilvaso como camarista federal, para terminar con los juicios por violaciones a los derechos humanos. Su nombre surgió en la sobremesa del lobby militar-judicial-empresarial que se reunía los fines de semana en la quinta del Gerente de Relaciones Públicas del Grupo Económico FATE, Alejandro Pérez Cárrega. Recondo ocultó que el postulante se había desempeñado en el tribunal especial conocido como El Camarón, que el Congreso disolvió en 1973. “Hay que darle a la gente la oportunidad de cambiar. Si nos ponemos a escarbar el pasado de cada uno, no queda nadie”, dijo cuando se hizo público. Dos décadas después, ya como presidente de la Asociación de Magistrados, Recondo proclamó durante un acto de la Corte Suprema que el reclamo del entonces presidente Néstor Kirchner para que no se siguieran demorando las causas por violaciones a los derechos humanos constituía un “avasallamiento grotesco de la justicia”. La Corte lo respaldó con una declaración sin firma, según la cual el control republicano debe “respetar la honorabilidad e independencia judicial”. Ahora, Recondo encabeza el bloque de jueces, abogados y legisladores radicales en el Consejo de la Magistratura. Además integra la Cámara Federal en lo Civil y Comercial, participó en el sorteo manual de un juez jubilado para fallar en favor del Grupo Clarín contra la constitucionalidad de tres artículos de la ley de medios y su hija Ana es coordinadora de Certal, la entidad de lobby que sostienen los operadores de cable, entre ellos el Grupo Clarín. La lista Bordó de Cabral se impuso por muy pocos votos a la Celeste, que postulaba a la camarista del trabajo Gabriela Vázquez (la primera mujer candidata a ese cargo) y que se propone democratizar la Asociación. Nueve de los once consejeros Bordó son hombres, mientras cinco de los nueve consejeros Celeste son mujeres. Contra la fantasía de Lorenzetti sobre una judicatura monolítica, los celestes no asistieron a la comida de fin de año de la Asociación, en disidencia por la invitación a representantes de Certal y a la exclusión del presidente del Consejo de la Magistratura, Manuel Urriza, y el ministro de Justicia, Julio Alak. Los celestes propusieron que la Asociación despojara al presidente de la facultad discrecional para invitar y excluir a quien le venga en gana.

La Junta Federal de Cortes y Tribunales Superiores (Jufejus) es conducida por Luis Francisco Lozano, presidente del Tribunal Superior porteño. Antes, fue director de Asuntos Jurídicos de Recondo en la subsecretaría de Justicia del gobierno radical. Cuando asumió en Jufejus, se comprometió a priorizar el trabajo en materia de independencia judicial pero, en flagrante contradicción, encomió el rumbo trazado por el titular saliente, Rafael Francisco Gutiérrez, que es el antimodelo de la independencia: fue designado en la Corte Suprema de Justicia de Santa Fe por su primo, el entonces gobernador Carlos Reutemann y durante su gestión Jufejus firmó convenios con la Asociación de Aseguradores Argentinos (Adeaa), para que también jueces supremos provinciales pudieran viajar a Fort Lauderdale, Miami y Washington con el pretexto de los cursos de capacitación que dicta la International Judicial Academy(IJA), para jueces de países de Asia, Africa, América y el ex bloque comunista europeo en los que Estados Unidos y sus empresas quieren influir. Esta IJA (del american way) es una organización dedicada a propagar entre jueces de todo el mundo los valores del Consenso de Washington, que identifican democracia representativa con apertura de mercados. La IJA tiene dos sedes, una en Washington y la otra en Buenos Aires, que funciona en la Asociación de Magistrados y está a cargo de Ricardo Li Rosi, juez nacional en lo civil. Sus programas incluyen visitas a los tribunales y a la Oficina de Marcas y Patentes estadounidenses, como ha sido denunciado por la cámara latinoamericana que agrupa a laboratorios que producen medicamentos genéricos. Buena parte de los seminarios a los que asisten jueces argentinos suelen congregar también a hombres de negocios, como el seminario sobre Seguros y Justicia dictado en Washington en 2008 y 2009 para jueces y ejecutivos de seguros de la Argentina; o el programa sobre “Regulación del Gobierno y Justicia” al que asistieron en la capital estadounidense jueces, abogados y ejecutivos de negocios de la Argentina y México en octubre de 2009. En septiembre de 2010 se dictó un curso en Mendoza y San Juan sobre un tema de estricta actualidad: las medidas cautelares. La cuidada página electrónica de la IJA no explica cómo se financian sus costosas actividades, que incluyeron viajes y estadía en distintos países del mundo para 4387 jueces. Pero los cursos son promovidos por las embajadas de EE.UU. y, en la Argentina, por la Cámara de Empresas Estadounidenses, AmCham. Li Rosi tuvo sus 15 minutos de fama en 2007, cuando la Sala A de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil determinó que la responsabilidad por un accidente en un ascensor en el que no se había reemplazado la puerta tijera era compartida entre el consorcio y la nena de dos años que puso el pie donde no debía, por lo cual debió ser operada siete veces. En julio de 2011 el fiscal federal Federico Delgado pidió que se investigara a los camaristas del fuero civil y comercial federal Ricardo Víctor Guarinoni y Santiago Kiernan (dos de los que viajaron con Francisco de las Carreras y Recondo al congreso de Certal), Patricia Barbieri y Ana María Brilla De Serrat por haber dictado resoluciones favorables a Google a cambio de dinero o dádivas. La denuncia por prevaricato y cohecho fue presentada por el abogado de las actrices Virginia Da Cunha y Florencia Raggi que reclamaban daños y perjuicios a Google, en cuyos buscadores online se las asoció con contenidos sexuales. Antes de revocar dos fallos a favor de Da Cunha y Raggi, los cuatro camaristas habrían participado de una reunión en las oficinas de Google, cuya llegada a la sede den Puerto Madero fue filmada por el denunciante. En el video se reconoce a Ricardo Li Rosi, quien reconoció haber asistido, según dijo, para una actividad de capacitación técnica de la IJA. Según la denuncia a cada concurrente a la reunión, Google les regaló una tablet. El juez Sergio Torres y la sala II de la Cámara Federal sobreseyeron a los cuatro magistrados, porque su imagen no aparece en el video y Li Rosi declaró que no participaron de la actividad, típica de la relación promiscua entre magistrados y empresas.

La Federación Argentina de la Magistratura (FAM) es presidida por el camarista cordobés Víctor María Vélez, protegido del grupo de penalistas radicales de José Ignacio Cafferata Nores y José Buteler, ministro y defensor respectivamente de Eduardo Angeloz. Como Presidente de la Asociación de Magistrados de Córdoba, defendió los privilegios estamentales, gracias a lo cual el gobernador José De la Sota exceptuó a los jueces de su reformas previsionales. Su antecesor en FAM fue el juez penal de Salta Abel Fleming, a quien el ex diputado de la UCR Fernando Chamorro calificó como “sirviente de la dictadura militar” alegando que aún conserva el estado policial obtenido cuando estuvo a cargo de la División de Investigaciones Científicas de la Policía, donde creó una División de Drogas. Como presidente de la Cámara Séptima de Córdoba, Vélez juzgó a 59 personas por el motín de febrero del 2005 en el penal San Martín. Sólo cuatro fueron absueltos y las condenas ejemplificadoras no exceptuaron a aquellos reclusos que hicieron todo lo posible por pacificar la situación. De la Sota dijo entonces que “los derechos humanos son para los decentes”, y Vélez lo tuvo bien en cuenta como fuente del derecho. El fallo señaló falencias del Estado entre las causas del motín, pero no dio un solo paso para individualizar y juzgar a los responsables de que un edificio del siglo XIX para 600 personas recibiera al triple; de que una cárcel enclavada en el tejido urbano albergara a condenados, más propensos al motín y la fuga, mientras la de alta seguridad construida en Bower se reservaba a procesados; de que los reclusos hubieran manejado ametralladoras y fusiles, que sustrajeron de la armería del penal, donde no deberían haber estado; de que se abriera fuego sin medir las consecuencias y causando ocho muertes.

Si Cabral, Recondo, Li Rosi, Lozano, Fleming o Vélez son los defensores de la independencia judicial, puede anticiparse que el lenguaje será condenado a reclusión perpetua.

Justicia coimera

Cuando estemos mal

 

 

 

 

Por Delsio Evar Gamboa

Corría el año ‘88. El país había dejado de pagar su deuda externa y se declaraba en recatada moratoria. La hiperinflación doblegaba al gobierno, aquel que llegó con la recuperada democracia. El que en sus comienzos puso sobre el tapete los Derechos Humanos y, aunque muy tibiamente, procuró instalar un modelo de inclusión social que fue tenazmente combatido por las Corporaciones, el Grupo Clarín y la Sociedad Rural. Sí, la misma que aún integra la ex sediciosa Mesa de Enlace, y la misma que en su Exposición anual, abucheó, silbó y cubrió de bosta de vaca al Presidente Alfonsín cuando éste se negaba a aceptar los designios de la Patria Ganadera.

El gobierno apuraba su retirada adelantando para mayo las elecciones previstas para octubre. El déficit fiscal se multiplicaba y la inflación se hiperinflacionaba. La timba de la City porteña ponía y sacaba ministros: “Les hablé con el corazón y me contestaron con el bolsillo” confesó uno antes de caer. Las Casas de Cambio desbordaban de gente que no bien cobraba el sueldo corría a comprar dólares, para luego revenderlos con la ilusión de salvarse. El dragón financiero terminó devorándolos. Semanas enteras de “Feriados bancarios” para que no se retirara la plata. Semanas enteras sin energía. Los canales de TV transmitían sólo 4 horas por día. En los supermercados iban remarcando los precios de todos los productos sin esperar a que el repositor los acomodara en las góndolas. La pobreza llegaba al 53 %; la inflación mensual era del 80 % que proyectada, -según los economistas- en el año superaba el 12 mil por ciento.
Por otro lado, un monstruoso efecto succión transfería fortunas descomunales hacia el exterior. Así como de los bancos de los pueblos y ciudades del interior, se llevaban en camiones blindados y en bolsas apiladas, los ahorros de la gente hacia los centros de poder financiero, dejando en su lugar un papelito pintado que rezaba “Plazo fijo”. Cualquiera “ganaba” más especulando que produciendo. La usura los comía vivos. El que tenía un crédito, más pagaba, más debía. Es decir, vivían pagando y morían debiendo. No había paritarias, ni convenios, ni trabajo. Fueron los comienzos de los primeros cartoneros de la modernidad, que en grupos familiares revolvían los tachos de basura buscando cartones y comida.
A pesar que Alfonsín les pidió por favor que lo dejaran terminar su mandato, Clarín y Duhalde, con saqueos armados y un golpe de mercado, lo empujaron para que cayera seis meses antes de la peor manera. Y eso que Clarín sólo tenía el diario y no la parafernalia multimediática que ahora tiene.
En la década siguiente, para darnos la ilusión de vivir “en el Primer Mundo”, el menemato regaló, malvendió, cedió y transfirió a favor de capitales extranjeros, y éstos aceptaron de conformidad, un país completo denominado República Argentina, con todo lo plantado, edificado y adherido al suelo. Doy fe.
En consecuencia, al comienzo del nuevo siglo la malaria reinaba en todo su esplendor. Los sueldos que venían congelados desde hacía 10 años estaban en el subsuelo. Igual, a los jubilados y empleados estatales les rebajaron los haberes. Al PAMI le podaron el 30% en los gastos de personal, y 3000 empleados fueron de patitas a la calle.
Se inventaron las Ferias de Trueque; en realidad el trueque ya existía en la antigüedad, fue cosa de los fenicios, y resultaron útiles para que muchos argentinos de clase media y baja gambetearan la pobreza en la casa de pensión, -como dice el tango- y de paso, le hacían un gol al hambre, que era la única producción que crecía. De lástima, España, -vaya paradoja- nos mandaba alimentos que al llegar, eran bloqueados en la Aduana. El gobierno de entonces, no sólo no tenía los conceptos bien puestos sobre la mesa,  sino que lo poco que hizo, lo hizo mal, y con el “Corralito” se puso la cocarda.
Para frenar la conmoción social, declaró el Estado de Sitio, mediante el cual Mestre y Aguad, republicanísimos y democratísimos ellos, reprimieron a discreción y le tomaron el gusto a la sangre -y a la plata- de los Correntinos cuando fueron interventores allá. Hazaña épica y muy humanitaria que poco después -al momento de abordar el helicóptero blanco para nunca más volver- repetiría De La Rúa, ordenando reprimir a los manifestantes de Plaza de Mayo, donde 36 de ellos murieron acribillados por la espalda, como siempre ocurre cuando los represores matan en defensa propia.
Luego de un “casting” por el que desfilaron y se probaron el traje de presidentes, cinco candidatos en una semana para elegir, siempre con el visto bueno de las corporaciones, el próximo mandamenos. Resultó finalista un gordito petizo, chueco y cabezón de apellido Duhalde y hombre del Grupo Clarín, el que de entrada nomás -porque debía 4 mil millones- le ordenó devaluar un 40% la moneda, pesificar las deudas y decretar un “Corralón”.“¡El que depositó dólares recibirá dólares!”mintió con sinceridad, y se dedicó a reprimir manifestaciones de protesta donde “su mejor policía”, asesinó a sangre fría a Kosteki y Santillán, sin olvidarnos de Cabezas y la masacre de Ramallo. Y nos ilusionó al finalizar un discurso con un mensaje esperanzador: “¡Que sea lo que Dios quiera!”. . .  Remember?
Yo sí me acuerdo. Por eso, y a pesar de todo lo que puedan decir de Alfonsín, como que mediante las circulares A-695; A696 y A697, del 1º de Julio de 1985, terminó de consumar la estatización de la deuda externa de las Empresas privadas que impuso Cavallo en la dictadura, que llevó el endeudamiento del país con el exterior, que era del 53% del PBI en el año 1983, al 82% en 1985. O que arrugó con los milicos y les promulgó la Ley de Obediencia Debida y Punto Final, después de asegurarnos que “la casa estaba en orden”. No obstante eso, o a pesar de eso, no se puede dejar de rendir un reconocimiento al ex presidente.
Y si existiera la posibilidad de que los muertos pudieran contactarse con los de acá, Alfonsín se permitiría interpelar a sus celebrantes. Le quitaría los trajes y las corbatas y a patadones, le borraría la raya del trasero al papanatas de su hijo, para que deje de bastardear su legado político. A Cleto Cobos -como hizo con “Lilita”- lo rajaría por traidor, y a Gerardo Morales por inepto. A sus correligionarios les diría que no permitan que el partido se rompa, aunque se doble, que no se hagan eco de los inflacionistas y los pronosticadores de catástrofes que ofician de asustadores seriales. Porque la “temible” inflación de hoy, comparada con aquella gigantesca y desmesurada que supo haber, es apenas una “jodita para Tinelli”.
Por eso, lo que hasta hace poco eran sólo utopías, ahora son una virtuosa realidad. Ya no más Relaciones carnales; FMI; Deuda externa; Riesgo País; Default; Impunidad y demás vejámenes.
Todo eso quedó atrás. Hoy gozamos de Independencia Económica, Soberanía Política y Justicia Social. Derechos Humanos plenos, con procesos judiciales como aquel memorable Juicio a las Juntas, con un Modelo de país que significa Patria, Igualdad y Libertad al que, por supuesto, se oponen las Corporaciones, el Grupo Clarín y la Sociedad Rural, es decir, los mismos que voltearon a Alfonsín. Nada nuevo bajo el sol. Salvo las rutas, los shoppings  y los hoteles colmados, con millones de pibes cobrando todos los meses su Asignación, y con una tremenda caja de más de 45 mil palos verdes, a los que se les echará mano cada vez que haga falta para beneficiar al pueblo argentino, por más que chillen y pataleen quienes endeudaron al país y hambrearon a la gente en exclusivo beneficio propio.
Hoy la realidad es muy distinta. Cada vez que habla la presidenta -al contrario de todos sus antecesores que sólo comunicaban despidos, más ajustes, más impuestos, más rebaja de sueldos, de beneficios y otras maldades- siempre es para dar muy buenas noticias. Se inauguran obras todos los días a lo largo y a lo ancho del país como jamás en su historia. Tantas, que parafraseando por el absurdo lo que históricamente se exigió a los políticos, no faltarán los que digan . . . ¡Basta de obras, queremos promesas!
Y cuando estemos mal . . . ¡Que estemos como ahora!!!

9 DE OCTUBRE – ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE DOS GRANDES!!!!

 


 

 

 

Un aporte de Daniel Massara

Hoy 9 de octubre se cumplen 45 años del asesinato del Che Guevara. El 12, se conmemora el bicentenario de la muerte de Juan José Castelli. Coincidencias, divergencias y estilos de vida política de dos argentinos paradigmáticos.
Juan José Castelli murió de cáncer de lengua mientras esperaba ser enjuiciado por parte del Triunvirato luego de su derrota militar en la batalla de Guaqui. Fue el 12 de oct

ubre de 1812. Ernesto Guevara fue asesinado en La Higuera, luego de haber sido detenido por las fuerzas militares conjuntas estadounidenses y bolivianas. Fue el 9 de octubre de 1967. Uno y otro fueron dos enormes luchadores argentinos, con una fuerte impronta latinoamericana en su forma de hacer política. A ambos les cabe la pregunta final de La revolución es un sueño eterno, la novela del escritor Andrés Rivera: “Entre tantas preguntas sin responder, una será respondida: ¿qué revolución compensará las penas de los hombres?”.
Pacho O’Donnell (escritor, historiador, psicoanalista, presidente del Instituto Dorrego) analiza las realidades de 1812 y 1967 y el clima social que los tuvo como protagonistas indiscutidos de los cambios por los que lucharon.
–¿Qué dos Argentinas, que dos Latinoaméricas había en uno y otro momento de aquellas historias de Castelli y de Guevara?
–Siempre me han resultado difíciles las traslaciones. Por ejemplo, el Che es solamente explicable por la Guerra Fría. Castelli también tiene su condicionante de la época. Por ejemplo, el hecho de que él haya conducido un ejército es simplemente porque Saavedra era un vendedor de vajillas. Castelli no tenía nada de militar, no había ningún militar del lado patriota. Tanto Castelli como Guevara están enancados sobre el dilema inevitable de toda la historia argentina y también de la historia planetaria, que es el conflicto de los intereses de las mayorías populares y los intereses de las minorías dominantes.
–Así como el Che estaba condicionado por la Guerra Fría, ¿Castelli podría ser un reflejo de la Revolución Francesa?
–Yo creo que se abusa demasiado de la explicación, de la influencia de la Revolución Francesa en Mayo, y se dejan de lado otras influencias. Por empezar con la influencia intelectual, fueron muy importantes los tomistas hispánicos, los jesuitas que realmente influyeron mucho, digamos, que fueron los generadores de aquello que defiende justamente Castelli: la idea de que la soberanía es del pueblo y que el pueblo se la da al rey. Y cuando el rey no está por incapaz, por preso o por muerto, la soberanía retrocede, retrograda al pueblo. Siempre que explicamos Mayo dejamos de lado la participación de los sectores populares. Mayo no se puede explicar si uno no tiene en cuenta ese grupo de choque que fueron los Infernales de French y Beruti, o la participación de los Patricios, que eran la chusma en armas después de la primera invasión inglesa. Además, en los antecedentes de Mayo de la historia extranjerizante, elitista, que invita a participar solamente a los “grandes hombres”, se deja de lado la extraordinaria influencia que seguramente han tenido las rebeliones indígenas. Tenemos una historia de rebeliones muy fuertes antes de Mayo y contra la colonización que son desde Túpac Amaru hasta Túpac Catari, pasando por las rebeliones calchaquíes, cientos de miles de indios movilizados. Inclusive la insurrección del 25 de mayo de 1809. Potosí, Chuquisaca: fue una rebelión, digamos, acaudillada por criollos pero básicamente de bases indígenas, de pueblos originarios. Entonces, diría que Castelli, que era un tipo que tuvo formación universitaria, estaba muy imbuido de aquello que le da la tierra, porque él está en el Alto Perú, apoyado por los altoperuanos. Lo que sí puede enunciarse como influencia francesa fueron sus errores.
–¿Por ejemplo?
–Uno, evidente: él diagnostica, y lo hace correctamente, que la Iglesia Católica ha sido una socia absolutamente indispensable de la colonización hispánica, la encargada de dar su ideología, su razón de ser, su caparazón. Entonces, él, como anticlerical extraordinario de nuestra historia lleva adelante, al mismo tiempo que una acción militar, una acción descatolizadora en la sociedad. Pero eso, llevó a obrar con ciertos impulsos poco políticos, diríamos, a tomar actitudes francamente heréticas. Y Goyeneche, que era un tipo inteligente, transforma la guerra de nuestra independencia en una guerra religiosa. Recordemos que Goyeneche era americano, por eso nunca digo “los españoles”. No había españoles, los defensores del rey eran todos americanos. Goyeneche era peruano, combatió con Pío Tristán, con Belgrano. Prácticamente, la guerra de la Independencia fue una guerra civil. Y religiosa, claro. Tal es así, que cuando Goyeneche logra que Castelli se retire de Potosí, antes de ir a ocupar la Casa de Gobierno la hace exorcizar.
–¿Por eso las acusaciones a Castelli en el juicio durante el cual muere son básicamente contra su impronta antieclesiástica?
–Claro. Es tan herética la acción, cobra una dimensión tan herética, que hasta explica el hipercatolicismo posterior de Belgrano. Belgrano tiene que convencer a los altoperuanos que no es un hereje endemoniado. Se la pasaba en misa, rezando, porque tenía que ir limpiando la imagen que había dejado Castelli. Una vez le preguntaron a Belgrano si era porteño, y él respondió “no, yo soy cristiano”.
–Más allá de no adscribir a la interpolación entre personajes distanciados en el tiempo, usted mencionaba el apoyo popular bajo la Revolución de Mayo. En contrapartida, hubo un escaso apoyo popular hacia el Che en Bolivia.
–La campaña del Che en Bolivia es un error que está condicionado por muchas razones. Él tiene que irse de Cuba. No quiere quedarse. Vuelve a Cuba desde Praga.
–Después del enfrentamiento con el Partido Comunista de la Unión Soviética.
–Exacto. Y no quiere volver. Y lo convencen que vuelva para preparar lo que él ha pensado como una expedición hacia la Argentina. Acepta ir totalmente clandestino, disfrazado. Tal es así que se encuentra con sus hijos y ellos no lo reconocen. Quiere irse, no quiere quedarse en Cuba. Siente que Fidel lo ha traicionado. Será peor cuando Fidel lee aquella carta famosa que él había dejado para leerla solamente en caso de morir. Fidel transgrede la instrucción del Che porque sabe que el Che está vivo, pero lo hace para desmentir un cable de la agencia alemana que señalaba la muerte de Guevara como similar a la de Camilo Cienfuegos. Él sale a leer esa carta para demostrar que el Che está vivo, pero el Che lo vive como una gran traición. Había perdido la interna política. Cuba, de alguna manera inevitablemente, había optado por la dependencia a Moscú. Él tenía que irse a algún lado. Y la expedición a Bolivia aparece además como alternativa de último momento. Una elección equivocada del lugar. Inclusive contra los principios de su manual del guerrillero, porque llega a un lugar inhóspito, sin gente, sin animales, con una selva demasiado tupida. Es casi una contradicción a sus propios principios.
–Con sindicatos fuertes y movilizados como los mineros que no estaban ahí por donde ellos entran a Bolivia.
–Claro. Inclusive los mineros intentan entrar en contacto con él pero es imposible. No tienen forma de comunicarse. El aparato de radio a válvula que llevaban se rompió a los pocos días. Y, lo peor de todo: el mecanismo de atracción de los campesinos durante la experiencia en Cuba había sido diciéndoles que ellos iban a ser dueños de las tierras. El lugar que elige el Che es un lugar donde los campesinos son dueños de sus tierras, otorgadas por la revolución de Paz Estenssoro. Tal es así que la campaña de la CIA y del gobierno boliviano está basada en que los guerrilleros quieren sacarles la tierra. Más allá de que informan que hay paraguayos en esa invasión, haciendo foco en el recuerdo triste de la guerra boliviano paraguaya. Todo había sido muy desafortunado, con muy pocas chances de éxito.
–¿Son inevitables ambas muertes? Más allá del cáncer de Castelli, parecen muy pocas sus probabilidades de seguir vivo en las condiciones de enjuiciamiento en que estaba en 1812.
–Tendríamos que decir: Artigas desterrado, Dorrego asesinado –no fusilado sino asesinado–, San Martín exiliado, Pancho Ramírez asesinado. ¡Qué podemos decir! Es el destino de los que se identifican con los intereses populares. Lamentablemente es así, los intereses de las grandes mayorías, en ciertos momentos, logran algún intérprete como para conseguir la fuerza necesaria para hacer valer aquello que desean, que merecen. Pero generalmente en nuestra historia se han impuesto los sectores más oligárquicos, más reaccionarios, más conservadores, asociados con los poderes extranjeros, ya sean imperios o grandes holdings financieros, económicos, periodísticos. Los dos estaban marcados por una altísima probabilidad de infortunio. En el caso del Che, es notable. Yo he entrevistado a muchísima gente, entre ellos, Benigno, extraordinario personaje exiliado en París por su pelea con Fidel. Él dice que el Che tenía clara idea de que ésa era su última batalla, que ya no había más. Inclusive en lo personal, las actitudes eran muy distintas con las que ha tenido en Cuba y en el Congo. Hay una cosa extraordinaria en la última entrada de su diario, 7 de octubre de 1967, cuando él sabía que estaba todo terminado. Días antes, uno de sus colaboradores, dice que estaban tan cercados que no podían abrir una lata de sardinas porque los iban a escuchar. Ya no eran los soldaditos bolivianos de los que habla al principio de su diario. Allí estaban los Rangers. El 7 de octubre, el Che escribe: “Se cumplieron los once meses de nuestra inauguración guerrillera sin complicaciones, bucólicamente”, mientras otros combatientes escribieron en sus libretas cosas como “los soldados pasan frente a nosotros y escuchamos su conversación en este mismo momento. Estamos rodeados por todas partes”. Ellos están escuchando la conversación. Y Guevara escribe “sin complicaciones, bucólicamente”.
–¿Por qué, teniendo los dos cierto apoyo popular, no hubo una manifestación de inmediato, ni con Castelli para sacarlo de las garras del Triunvirato ni con el Che?
–En Castelli, por la complejidad porteña de ese momento. Castelli venía muy metido en la interna del morenismo contra el saavedrismo, cuando llegan el 6 y 7 de abril y se frena el golpe morenista. Saavedra es el gran protagonista de aquel 17 de octubre en 1811. Saavedra era el verdadero líder popular y Castelli se había identificado con el golpe. Los sectores populares estaban con Saavedra. En el caso del Che es muy interesante. Yo he hablado con mucha gente… Y alguno de ellos ha dicho: “¿Por qué no comunicamos que el Che estaba en Bolivia?”. Esa fue nuestra gran equivocación. Hubiera habido una movilización, hubieran venido los bolivianos de los partidos de izquierda. Porque el Che no tenía ninguna forma de comunicarse.
–Si lo hubieran comunicado, ¿no lo hubieran matado?
–Es posible que no, hubiese sido interesante. Muchos pensaban que si decían que el Cheestaba en Bolivia, los Estados Unidos hubieran intervenido. Pero no comprenden que los Estados Unidos ya habían intervenido porque el Ejército ya lo sabía. Y dicen: “Nosotros fuimos tan idiotas que no nos dimos cuenta que el ejército ya lo sabía. Porque ya se los había dicho Régis Debray”. Lo fueron cazando como a una fiera: cercándolo poco a poco, como un proceso de demolición. Y en ese sentido es interesante qué paso con Debray. Qué le pasó al Che con Debray. Yo una de las cosas que replanteé en este libro –algo que ya estaba en el anterior libro– es la argentinidad del Che. Estoy harto de que la gente del mundo se crea que es cubano. Porque lo hemos regalado. Ya es hora de que lo reivindiquemos como propio. El Che era argentino. Y es muy argentina su relación con Régis Debray: una admiración desmedida por la intelectualidad francesa. Y eso le hace cometer sus dos mayores errores. Por empezar, el de incorporarlo a su columna: cuando Debray venía de París, ahí en la selva boliviana el tipo no soportaba los mosquitos, no soportaba el calor, el miedo, al tercer día ya jodía de que quería irse, que quería salir para comunicar al mundo. Y el Che comete un segundo gran error: lo hace salir. Y allí Debray cae preso. Otro error: le dice a la retaguardia que lo esperen, que le da la salida a Debray y vuelve. En el momento que fue, entró una columna del ejército y la retaguardia tuvo que volverse. A partir de ahí no se encontraron nunca más. Como no tenían ningún walkie talkie, la columna del Che, que ya era realmente débil, queda partida en dos. Es muy interesante cómo el Che se deja llevar por esa cosa argentina del intelectual francés.
–Algo que también le pasa a Castelli con el jacobinismo francés. Siguiendo su línea de pensamiento podríamos decir que lo que los une el error ante lo intelectual francés.
–Es un detalle interesante, por cierto.
–¿Quién puede haber sido el Régis Debray de Castelli?
–Castelli cae por su derrota militar de Guaqui… Pero sería muy interesante averiguar quién denuncia sus supuestas prácticas heréticas. Pero no, esa información no está. Había una interna, sí. Una cosa fascinante es que la batalla de Guaqui se decide por la interna política en Buenos Aires. Hay jefes que no se mueven, que permanecen al frente de sus tropas estáticos porque son saavedristas. Castelli había dicho que, luego de derrotar a los españoles, bajaba hasta Buenos Aires para meterle una patada en el culo a Saavedra y a todos aquellos que lo acusaban de estar en combinación con la portuguesa Infanta Carlota. Entonces, todo eso generaba un enfrentamiento que se decide en la batalla. Así que, sí, Castelli tenía enemigos políticos. Muchos.
–¿Pueden estar en pie de igualdad Castelli y el Che en la historia de la región?
–No estoy muy de acuerdo en la similitud entre Castelli y el Che. Los dos eligieron, a pesar de sus orígenes bastante burgueses y demás, la identificación clara con las penurias de los humildes. Un personaje que tiene que ver mucho con el Che es Monteagudo. Monteagudo era un teórico de la Revolución, él tenía muy claro todo, tenía el fuego revolucionario, si tenía que estar con Alvear o con Bolívar o con San Martín, lo hacía, tenía una capacidad de seducción magistral. Además, poseía una visión americanista extraordinaria, el congreso en Panamá… Creo que el Che tiene algo de Castelli y algo bastante de Monteagudo. El Che era un teórico, un doctrinario. Una persona muy próxima al Che, casi como un hermano suyo, me lo confesó: “El Che es muy resaltado en Cuba como guerrillero, porque no quieren recordarlo como teórico”.
–Sin embargo, su andamiaje teórico puede verse en sus libros…
–Exacto. Allí hay críticas al pseudomarxismo del sistema bolchevique, y preanuncia, con una claridad diáfana, la caída del mundo comunista si Moscú seguía en la dirección que llevaban. O sea, que él ha sido un crítico; el Che muere perseguido tanto por la CIA como por la KGB. Están molestos con él tanto Estados Unidos como la Unión Soviética. Los yanquis, porque Guevara rompía el acuerdo de la Guerra Fría, de la paz concertada entre las dos potencias. Los rusos, porque el Che rompía el proyecto de exclusividad marxista en Latinoamérica.HLVS COMANDANTE!!!

APUNTES A LA CACEROLA

LOS RETAZOS DE UN JUEVES CULINARIO

  
      Las protestas del jueves sacudieron la modorra de la escena política, más allá de las histerias y las matemáticas antojadizas. Muchos o pocos, se hicieron notar. La gente, la sociedad, los argentinos, los ciudadanos son distintas maneras de objetivación a las que apelaron los oportunistas de siempre. Caceroleros, gorilas 2.0, golpistas, clarinistas fueron las diferentes etiquetas que pusimos los del otro lado. Porque es así, hay un lado y otro lado. Los unos quieren un país y los otros, otro. Y los dos países son inconciliables, como podrá verificarse con una recorrida apretada por la historia de nuestro país. Y el autor de estos apuntes está muy lejos de suponer que esos dos proyectos se encuentran en polos absolutamente opuestos. Al contrario, comparten una franja estrecha de un espectro ideológico que no se aparta de los principios del capitalismo. Con matices, claro.
El kirchnerismo propone un capitalismo amigable, con un creciente control de la economía, con un disciplinamiento basado en el compromiso social de los empresarios, con tímidas apelaciones a la responsabilidad tributaria y con una lenta pero constante redistribución del ingreso. A pesar de algunas contradicciones, el proyecto en curso ha alcanzado reducir los índices de desocupación, pobreza e indigencia y sobre todo, la desigualdad entre el diez por ciento más rico y el diez por ciento más pobre, que ha bajado a la mitad. En 2001, después de la crisis, los más ricos ganaban treinta veces más que los más pobres. En cambio, hoy los más ricos ganan quince veces más que los más pobres. Y aunque todavía falta mucho, esto es un buen argumento para pensar que vamos por el buen camino.
Desde hace un tiempo, los que se oponen al Gobierno Nacional se autodenominan el 46 por ciento y en eso basan su fortaleza. Sin embargo, es difícil de sostener esa idea. Ese 46 por ciento es sólo una suma de porcentajes variados que no alcanzan la unidad, ni la alcanzarán nunca, salvo que apelen a un cóctel de compleja digestión. Porque en esa paleta porcentual hay de todo, sin otro objetivo común más que desterrar al kirchnerismo. A la hora de presentar un programa de gobierno ante la sociedad, seguramente apelarán a generalidades que no constituirán una trayectoria. Ese 46 no comparte la misma idea de país. Y es lógico que eso ocurra. De un lado está el país propuesto por el kirchnerismo y todos los que lo apoyamos; del otro lado están los que ocultan el país que quieren porque no se atreven a describirlo; en el medio, están los desmemoriados, los asustadizos, los desclasados, los turistas, los oscilantes, los distraídos, los veletas y los nostálgicos perpetuos de cualquier momento menos del presente. Ah, y están también los que dicen que tienen que volver los militares para  poner orden,aunque uno no sabe en qué sitio meterlos.
Los que se animaron a capitalizar de manera despiadada la movida del jueves pertenecen a las no-fuerzas no-políticas que no juntan ni para un torneo de truco. Y, con un olfato tan afinado como el de Ernesto Sanz, sólo Esteban Bullrich, el ministro de Educación porteño, se animó a hablar de algo concreto: la AUH. Claro, en medio de las protestas callejeras, aparecieron expresiones de rechazo a esta medida que muchos todavía no alcanzan a comprender. No es un plan, un subsidio ni una dádiva, sino un derecho que cada niño tiene a recibir lo básico para su crecimiento. Para los confundidos, es el equivalente al salario familiar que reciben los empleados registrados, pero para los que trabajan de manera informal o están desempleados. No es“una política del fracaso”, como señaló el ministro macrista, sino de inclusión, palabra de inalcanzable comprensión para los que siempre han estado más que incluidos. Y como contraprestación, los menores beneficiados deben asistir a la escuela y cumplir con los controles sanitarios.
Ante el reciente incremento de la asignación, Bullrich declaró que “genera un problema para toda la sociedad”. En principio, que en un país como el nuestro haya pobreza, es una vergüenza y solucionarlo debe ser un compromiso de toda la sociedad. Pero no conforme con esto, el ministro advirtió que, en el hipotético caso de que Macri alcance la presidencia en 2015, dejaría sin efecto la AUH, en función de propuestas de trabajo quizá ligadas a la flexibilización o cosas peores. Esa es la interpretación que hizo del último cacerolazo y es el modelo de país que propone. Para evitar confusiones, el otro lado.
Y eso que el ministro de Planificación, Julio De Vido aseguró que “no hay ningún dirigente político que se anime a ponerse al frente de esas consignas contra la Presidenta y contra este modelo inclusivo que lleva adelante”. El diputado bonaerense, Fernando Chino Navarro, advirtió que “no es prioritario para la Presidenta ni para nadie del Gobierno, ni para nadie que piense sensatamente en los destinos de la nación ver cómo resolvemos el problema de los dólares para viajar en vacaciones”. Y menos aún, faltó decir, a costa de abandonar las medidas de inclusión que se están llevando adelante.
En medio de su transitar oscilante, el socialista Hermes Binner aseguró que si el Gobierno “no atiende las demandas de la gente, las protestas van a volver con más fuerza que el jueves pasado”. Esto, sin precisar si las demandas son tales, o sólo excusas. Pero, apelando como siempre a las abstracciones republicanas, agregó que el kirchnerismo  “está transformando un sistema presidencialista en un sistema hiperpresidencialista con tendencia hegemónica” y que por ello “va en sentido contrario de lo que la gente quiere”.Y ahí está la clave y también la trampa. Lo que Binner llama arteramente hiperpresidencialismo es ni más ni menos que el Estado presente como control de las bestias y armonizador de las relaciones, amparando siempre a los más vulnerables. Lo que muchos detractores llaman el “Estado Paternalista” o cosas peores. Que es lo que molesta, de más está decir. Por supuesto, por no cargar torpezas sobre torpezas, nada dirá este ignoto profesor de provincias sobre la poco feliz frase “en sentido contrario de lo que la gente quiere”. Precisamente él, que porta tan sólo un 17 por ciento de aceptación en declive.
Estas minorías que se expresaron de manera legítima en las protestas del jueves culinario exigen ser escuchados en sus demandas. Pero a la vez, no son capaces de escuchar las razones de las medidas que tanto molestan. Muchos de los que tuvieron un micrófono expresaron ideas en contra de la Cadena Nacional. Los que reclaman ser escuchados no son capaces de escuchar. Que las minorías no se dispongan a escuchar a las mayorías es una ecuación de difícil resultado. Un gobierno democrático es de mayorías, con respeto del derecho de las minorías. Pero minorías vulnerables, no poderosas. En este caso, son esas minorías las que no respetan a las mayorías.
Mientras tanto, el FAP comenzará este fin de semana con su campaña de recolección de firmas para evitar la reforma de la constitución que habilite un tercer mandato de CFK. No quieren que Cristina se eternice en el poder. Claro, nadie junta firmas para cortar con la permanencia eterna de los que pretenden gobernar el país desde las sombras de sus infectas madrigueras en su propio beneficio. Esos eternos a los que nadie vota, no molestan a estas nobles fuerzas republicanas.

Cacerolazo y Democracia

 

 

 

 

 

 

 

Por Agustín Lewit

¿Democracia o diktadura? Por una verdadera República, digamos basta. Ni un K más.” Esa es la consigna con la que un sector de la sociedad –difícil identificar su filiación política– convoca a movilizarse hoy para expresar su descontento hacia el gobierno nacional.
La frase, que comenzó a circular por las redes sociales y que rápidamente fue levantada y fogoneada desde distintos medios opositores, está cargada de múltiples sentidos.

Lo primero que llama la atención es la antinomia con la que se abre la consigna: ¿democracia o diktadura? Por parte de quienes convocan, el llamado estaría motivado a dirimir la contienda entre la “tiranía cristinista” –autoritaria, déspota, monárquica– y una Democracia con mayúsculas, que parece no precisar mayores definiciones.
Es un buen ejercicio imaginar aquello que la consigna no dice, pero supone. Desde qué concepción de democracia ese sector llama a movilizarse, cuál es la forma de gobierno que imaginan y detenernos en los elementos que son vividos por ellos como rasgos dictatoriales.
Un modo de descifrar lo que entienden por democracia, es leerla a la par del concepto que ellos mismos ponen a continuación: “Una verdadera república”. Con la aparición de ese nuevo término parece aclararse el asunto: la democracia que suponen verdadera es una que asuma la forma republicana, entendiéndose por ello la tan preciada calidad institucional, la mesura política, la búsqueda de consensos, etcétera. Esa antítesis entre una democracia republicana y su contracara fallada tiene largos antecedentes en los debates políticos argentinos y latinoamericanos. Junto al surgimiento de experiencias de gobiernos populares en la región en el siglo XX, surgieron sus detractores, pertenecientes a los sectores más acomodados y con la mira siempre puesta en el Viejo Continente, que veían en la avanzada popular el peligro de la permanencia de sus privilegios. Esa visión descalificadora de los gobiernos populares logró hacer mella en sectores medios y en fracciones de la izquierda. Las nuevas experiencias y los aportes lúcidos de algunos intelectuales han enseñado a leer los populismos más como expresiones políticas propias de nuestra región, que conjugan particularidades, tradiciones y características de esta parte del mundo, que como las formas desviadas y distorsionadas de los buenos gobiernos.
Del “devenir dictatorial” del gobierno kirchnerista es preocupante el uso liviano que hacen de un concepto denso para la historia argentina, en particular, uso que es posible sólo a condición de vaciar de contenido el concepto. Resulta curioso, por no decir sospechoso o sintomático, que llamen dictadura a un gobierno electo y reelecto con amplísimo apoyo popular y, fundamental aun, que ha consagrado derechos de mayorías y de minorías en un proceso de amplitud democrática sin antecedentes casi en nuestra historia nacional. El hecho de que puedan convocar a movilizarse en contra del gobierno, son la prueba más cabal de la existencia plena de un sistema democrático.
Sería positivo que quienes decidan movilizarse se preocupen menos por expresar su odio antikirchnerista y se dediquen más a plantear posicionamientos: qué tipo de economía defienden, su opinión sobre los Derechos Humanos, su posición frente a la desigualdad social, etcétera Que puedan conformar una oposición política que represente un proyecto alternativo. Los que no nos movilicemos, deberíamos evitar lecturas moralizantes, que entienden la contienda política, entre razones verdaderas y erradas, y comprender que del otro lado hay intereses por defender. Y que si los sectores más acomodados sienten la necesidad de salir a las calles a defenderse, es por que sus privilegios, como mínimo, han comenzado a ser cuestionados. Cada uno sabrá posicionarse.

 CACEROLAS

 

 

 

 

 

Por Enrique Lacolla

La frivolidad y la inconsistencia de los reclamos del cacerolazo no debe disimularnos la existencia de una ancha franja de población que no sabe lo que quiere y que por lo tanto puede ser manipulada a discreción por el sistema oligárquico-imperialista.

 

En la noche del pasado jueves cantidades considerables de gente, perteneciente a lo que podría llamarse clase media acomodada, salió a protestar contra el gobierno. Las manifestaciones tuvieron bastante entidad en Buenos Aires y en Córdoba, y asimismo en algunos otros centros urbanos del interior. Las reivindicaciones de los “protestantes” fueron de una escualidez y una estulticia manifiestas. No es que se desee menospreciar al público que concurrió a esa convocatoria fogoneada desde los medios monopólicos y hecha circular por Facebook, pero los reclamos enarbolados por los manifestantes, cuando se dignaban hacerlo y no se limitaban a vocear insultos contra la Presidenta, eran de una puerilidad extrema. Reivindicar la libertad de expresión, clamar contra la “Diktadura”, gimotear en torno a la prohibición de comprar dólares y protestar por la falta de seguridad son caballitos de batalla del establishment comunicacional, que se autodestruyen a poco que se reflexione sobre ellos. ¿Acaso sus desaforadas expresiones de rechazo al gobierno son censuradas? ¿No es libre la prensa monopólica de verter ríos de información tergiversada o mentirosa y a veces hasta procaz, día tras día en periódicos, radios y canales de televisión? ¿No contaron los manifestantes con la custodia de los efectivos policiales que arreglaron su libre circulación por las calles de las ciudades? ¿No son muy inferiores los índices de delincuencia en las metrópolis argentinas respecto de los que se registran en otras ciudades latinoamericanas?

Esos gritos y esos cacerolazos son exteriorizaciones de una rabia ciega y tonta. Pues si en los casos de las empresas monopólicas de prensa que alientan este tipo de expresiones resultan del temor ante la inminente entrada en vigencia de la ley de medios que permitiría airear la atmósfera, viciada por el discurso único neoliberal que el país padece desde hace décadas, en el de la gente del común que se dedica a golpear cacerolas su actitud equivale a escupir al cielo. De haber seguido el país en manos de los que lo vaciaron y torcieron tan absurdamente su rumbo entre 1976 y 2001, esa clase media privilegiada no dispondría de los posibles de los que hoy goza y se vería sometida a un ajuste similar al que castiga en este momento a los países de la UE. Sin hablar de que en estos momentos la inseguridad que tanto temen alcanzaría niveles récord.

No vamos a asumir una actitud de defensa acrítica del gobierno. Hemos puntualizado muchas veces los aspectos que falta asumir para hacer que la experiencia iniciada en 2003 no naufrague miserablemente. Tenemos todavía la economía más extranjerizada de América latina y la renuencia del Ejecutivo a asumir una real profundización del “modelo” es un factor negativo y peligroso que pende sobre el futuro. Pero cuando vemos a los caceroleros vocear un odio y una bronca que trasudan resentimiento de clase y de raza, no hay duda acerca del lado del que se ha de estar. Esto es, al lado de un Ejecutivo que ha paliado la pobreza extrema, que ha controlado la pauta cambiaria, que ha renacionalizado las AFJP, que ha recuperado YPF y Aerolíneas y que tiene una política exterior en general irreprochable y muy volcada hacia la integración latinoamericana.

El problema es que el propio gobierno es el que debe hacer las cuentas con lo que ha hecho, con lo que le falta por hacer y con la capacidad de resistencia que debe tener para no terminar siendo víctima de una propaganda mentirosa y turbia, pero que cuela su mensaje en los sectores intelectualmente más débiles y más manejables de esta sociedad.

El regreso de Frankenstein y el error de Cristina

Se está configurando un frente opositor que querría ser destituyente si tuviese la fuerza suficiente para organizarse como tal, cosa que no ocurre. En él se vinculan los monopolios de prensa, el sector empresario transnacionalizado, con el añadido de la Rural; y políticos conservadores de diversa laya, muy interesados en ser diligentes servidores de los poderes de la economía global. Macri, De la Sota, el arco opositor en general y los desprendimientos del Frente para la Victoria se agitan en procura de una oportunidad.

Aquí empieza a medirse el error monumental de Cristina cuando decidió romper con el sector sindical liderado por Hugo Moyano. Se ha quedado sin una fuerza capaz de tener presencia en la calle, y que fuera también capaz de articularse como un actor social provisto del peso suficiente para dar vuelta las cosas en las urnas.

El gobierno no negoció lo que podía haber negociado con Moyano. Pero lo peor es que esto ha redundado en un desastre a dos puntas. Pues lejos de empujar al líder camionero a tomar el relevo con una asunción realista de sus posibilidades y a realizar un esfuerzo por interpretar el papel de la clase trabajadora como punta de lanza de la transformación del país, lo ha lanzado a encerrarse en la reivindicación sólo gremial y a juntarse con lo más negro del espectro opositor. No es codeándose con Macri, el Momo Venegas o Miguel del Sel que va a recuperar presencia. Moyano se está encerrando precisamente al querer abrir el juego hacia fuerzas que lo desprecian, lo temen y pretenden usarlo. Su conducta linda ya con el despropósito. Podrá aducir que no le han dejado otro camino, pero no es cierto; su falta de disposición a hablar sobre los problemas estratégicos que aquejan al país y en los cuales todos estamos directamente involucrados, es su responsabilidad, y equivale también a un renuncio que deja huérfana de protagonismo a la clase obrera.

Las manifestaciones del jueves no son, en sí mismas, otra cosa que un episodio, una efervescencia pasajera que no debería ser importante. Esas gentes son la espuma de la sociedad, no tienen peso orgánico. Pero, confrontadas a la inacción de gobierno se convierten en un factor a tomar en cuenta, pues detrás de ellas actúa el establishment que vive en connubio con el imperialismo. Se constata un debilitamiento de la presencia estatal. La Presidenta dilata las cosas esperando que se resuelvan por sí solas. Ella también se encierra en un discurso en el que se escucha sólo a sí misma. Mientras tanto el intendente de Buenos Aires la desafía deliberadamente, el gobernador De la Sota dispone aumentos en el combustible que exceden sus atribuciones constitucionales y el fantasma de la rebelión de las provincias-emiratos petroleras amenaza con sabotear el principio de unidad de la Nación y el de la centralidad que deben tener sus políticas en materia de recursos estratégicos.

¿Qué es la “sintonía fina”?

La Presidenta usó en su campaña el leit motiv: “Hay que profundizar el modelo”. Pero no bien ganó las elecciones puso en circulación otro môt d’ordre, un tanto enigmático: “Llegó la hora de hacer sintonía fina”. Después de lo ocurrido en los meses que precedieron y sucedieron al acto electoral el sentido de esa expresión se ha clarificado bastante y no en la dirección que desearíamos. La procuración de un modelo desarrollista fundado en el acuerdo con una burguesía a la que se califica de nacional, es en buena medida una ilusión que es difícil que resista la prueba de las tensiones que resultarían de la puesta en marcha de un plan de reformas estructurales. Y entonces otra vez tendríamos a los sectores de clase media desnacionalizada saliendo a hacer barullo en las calles y a incentivar su propia histeria, que por cierto alcanzaría niveles de paranoia si las débiles agrupaciones juveniles que ha organizado el gobierno quisieran contrapesarlas.

El kirchnerismo tampoco ha logrado (o se ha preocupado de elaborar) una política militar que se gane a las fuerzas armadas incorporándolas a un proyecto nacional que las incluya. Resabios del pasado, rémoras psicológicas o incapacidad para formular la síntesis conceptual que se requiere para comprender el papel que las FF.AA. cumplen en las sociedades no plenamente integradas todavía, las han dejado a su libre albedrío mental. Ojala que desde su propia situación puedan elaborar una síntesis patriótica de su historia, que evalúe el contradictorio papel que jugaron en el pasado y las preserve de las tentaciones aventureras en el futuro.

Cubrir la brecha

El alboroto suscitado esta semana va a crecer, probablemente, en los meses venideros, a medida que se aproxime la fecha de la entrada en vigencia de la ley de medios. La persistente presencia de la Presidenta en las pantallas de la televisión, que tanto exaspera a sus opositores, deviene en gran parte de la necesidad de cubrir esa brecha, que va a ser explotada al máximo por la corporación mediática. Pero esa persistencia presidencial, expediente necesario en las actuales circunstancias, debería ser meditada y ponderada con una prestación más equilibrada de la misma. Un mayor concisión, una menor disposición a efectuar digresiones marginales, que consienten explayar el dominio de la tribuna pero que a la postre se hacen molestas, deberían ser tomadas en cuenta por la mandataria. No está Cristina en el parlamento, está ejerciendo el rol de primera autoridad del país, e irse por las ramas en alocuciones que tocan temas centrales no le sienta bien. Quizá el lucimiento que le da el hablar improvisando debería ser reemplazado por la sobriedad del discurso escrito, que lleva al centro del asunto sin demoras y consiente su exposición puntual y categórica.

Pero esto es también, me temo, una digresión. Lo que queremos señalar en esta nota es que las manifestaciones del pasado jueves, por vacuo que sea su contenido, expresan el hormigueo del descontento de sectores inorgánicos que no saben lo que quieren –salvo, por supuesto, el linchamiento moral de la Presidente-, pero que pueden llegar a brindar un halo popular a las maquinaciones del sistema, experto en manipulaciones.

Quizá la única forma de salir al cruce de la tormenta que se está formando sea la organización, fuera del aparato oficial, de una organización que recoja los datos progresivos que ha aportado el kirchnerismo y los empuje a un estadio más alto. Marchar juntos, pero no mezclados (viejo tópico marxista) sería una forma de fortalecer un programa nacional. Sería más fácil si desde el gobierno se asumieran como propios los mecanismos para realizar el cambio, pero si eso no ocurre hay que conformar una fuerza nueva que sea capaz de recoger la herencia del pasado y de transformarla con miras a al futuro. Hay una esperanza de que esto no sea tan urgente todavía, y esta surge del hecho de que Cristina Fernández y su círculo han sido capaces, cuando se han visto acorralados, de operar políticas reactivas que dan pábulo a la esperanza de que se decidan a asumir el papel que les compete. Pero siempre, al poco tiempo de tomadas, esas actitudes tienden a diluirse con arreglos o con declaraciones que les quitan filo. Esperemos que la próxima vez no ocurra así y mientras tanto preparémonos a cubrir esta otra brecha, la que va desde el país que fenece al país que está por nacer.

QUIEN FUE JOSÉ DE SAN MARTÍN

                        Y QUE

CONTÓ DE ÉL LA HISTORIA OFICIAL

Generación tras generación se ha contado una historia tergiversada basada en los conceptos del mitrismo que eligió presentarlo a la posteridad como un héroe digno de estar al lado de Rivadavia y de otros próceres unitarios.


Por: Norberto Galasso

La Historia oficial nos enseñó que era el Padre de la Patria. Nos contó que nació en Yapeyú –aunque no nos dijo que hablase, además de castellano, el guaraní, propio de esa zona– que después estuvo dos años en Buenos Aires y al cumplir los seis, se fue con su familia a España. Mitre poco nos dijo sobre su estadía allí, salvo que a los once años ingresó al ejército español como cadete en Murcia, y menos aun nos relató datos fundamentales para conocerlo: dónde y qué estudió, si bailó y tuvo novia, si corrió peligros en muchas batallas, si lo deslumbró la Revolución Francesa de 1789 o la insurrección popular en la península ante la invasión napoleónica, en mayo de 1808. Nos recordó en cambio que sobresalió en las luchas de Arjonilla y Bailén y de repente, siendo teniente coronel de caballería de ese ejército en el que ya había peleado más de 20 años, nos dijo que decidió, de repente, regresar al Río de la Plata para sumarse a una revolución antiespañola que había estallado el 25 de mayo de 1810. ¡Qué hombre extraño!, ¿no es cierto?

Habiendo aprendido a leer, a sumar y restar, a conocer de la geografía y la historia españolas, impregnado de esa cultura, habiendo combatido largamente bajo la bandera española, acostumbrado a repetir refranes o giros lingüísticos hispanos, ¡venir a dar su vida peleándole al ejército del cual había formado parte tantos años! Pero lo hizo tan bien, enseñó Mitre, que merecía colocárselo junto a grandes patriotas como Rivadavia y otros próceres unitarios y colmarlo de halagos en las fiestas escolares. Él quería, según Mitre, liberar a los países de América del “yugo español” –al cual había defendido 22 años– y que cada uno se declarara país independiente, aunque no explica por qué razón se fue a pelear a Chile –en vez de defender a Buenos Aires acosada por los montoneros artiguistas– y después se hizo protector del Perú, como si fuera un apátrida, un aventurero o peor aun, un mercenario, pero sí nos señaló que hubiera hecho más proezas si no se hubiese cruzado en su camino un tal Bolívar que le quitó la gloria de dar el golpe final al ejército español en el Perú, maniobra de la cual fue víctima, dada su generosidad, que debe llevarlo a la condición de “Santo de la Espada” (según Ricardo Rojas) y no de ambicioso expansionista que quería unir a Hispanoamérica como aquel venezolano “pícaro y mujeriego”.

Esta leyenda sobre San Martín fue repetida generación tras generación, puesto que Mitre había sido consagrado Padre de la Historia por la clase dominante y después lo sucedieron aquellos a los que todo “le vene” bien, con tal de estar en la Academia y tener espacios en los medios de comunicación (y a quien le acomode el sayo, que se lo ponga, sea liberal o revisionista “a la violeta”).

Pero en 1997, Juan Bautista Sejean aterrizó en el tema sorpresivamente y publicó San Martín y la tercera invasión inglesa, sosteniendo que la única explicación de que un veterano del ejército español viniese al Río de la Plata a sumarse a una revolución antiespañola y, por tanto, a combatir al ejército al cual había pertenecido hasta pocos días antes, sólo puede residir en que fue sobornado por los ingleses, al pasar por Londres en 1811. Y lo sostuvo contundentemente: “Parece muy difícil afirmar que San Martín no fue un agente inglés” (pág. 129). Lo cual significa: el Padre de la Patria de los argentinos fue un agente inglés. ¡Qué osadía! ¿No es cierto? Pero no hubo refutación alguna por parte de academias, universidades y otras instituciones llamadas “de bien público”, a tal punto que el mismo Sejean, al año siguiente publicó Prohibido discutir sobre San Martín, donde afirmó que había supuesto “que se iba a desatar un intenso y apasionante debate… pero no fue así. En forma unánime optaron por el silencio” (pág. 13 y 15). Para la misma época, alguien sostuvo que San Martín no era hijo de Gregoria Matorras sino de la guaraní Rosa Guarú y don Diego de Alvear, es decir: no sólo hijo extramatrimonial sino, además, hijo de india… Y esto provocó diversas refutaciones porque para buena parte de la gente “léida” de la Argentina es denigrante ser hijo de india, pero no lo es ser agente inglés. En verdad, quienes así piensan merecen tener un Padre de la Patria de nacionalidad inglesa y por supuesto es razonable que voten en las elecciones a los candidatos que promociona Clarín o concluyan en que las Malvinas son inglesas.

Sin embargo, tanto Mitre como Sejean –así como sus seguidores y asimismo, los revisionistas rosistas– habían caído en la maniobra mitrista, de tipo colonial. Formado en España, en lo cultural, como hombre y como político, y fuertemente influido por lo que él llamaba “El Evangelio de los Derechos del Hombre”, es decir, la Revolución Francesa, San Martín era americano por nacimiento, pero muy hispano (por batallas, amores, estudios, en fin, sentimiento y pensamiento), un indohispano diríamos, un liberal revolucionario como los de las Juntas Populares de 1808 en España, como eran también los de las juntas populares liberales de América surgidas entre 1809 y 1811 (que ahora se sabe que no eran antiespañolas ni separatistas como pretendía Mitre, sino, como sostuvo Alberdi, constituían un amplio movimiento democrático de España y de América contra el absolutismo monárquico).

San Martín regresó, pues, en 1812, no por soborno alguno (fue enemigo a muerte de Rivadavia que era la expresión de los ingleses), tampoco por “un llamado de las fuerzas telúricas” como se ha sostenido ingenuamente, ni tampoco en el caso de haber sido hijo de Rosa Guarú (pues junto con él asumieron las banderas democráticas de Mayo muchos españoles de nacimiento, como Larrea, Matheu, Álvarez Jonte, Arenales, Blas Parera y tantos otros), así como hubo americanos de nacimiento que sirvieron a los ejércitos contrarrevolucionarios del absolutismo (como Pío Tristán, Goyeneche, Michelena, Olañeta y tantos otros). Pero Mitre quiso, por sobre todo, mostrar una Revolución de Mayo antiespañola, separatista, por el comercio libre (y por tanto pro inglesa) y de ahí sus discípulos sacaron que San Martín (siendo como Moreno defensor del indio, expropiador, revolucionario) fuera el antecedente de Rivadavia, proclamado por Mitre “el más grande hombre civil de los argentinos” (por ser elitista, pro británico y antilatinoamericano). Y entonces los alumnos se confunden: no entienden a San Martín (quien admiraba a Bolívar y tenía en Europa tres retratos suyos, uno delante de su propia cama) metido en una revolución para remplazar un virrey por una Junta Popular, permaneciendo la región adherida a España hasta 1814 en que se hunde la revolución democrática española y entonces sí resulta necesaria la independencia de 1816, por la que San Martín bregó para no someterse a la monarquía (ahora se sabe que hasta 1814 flameó la bandera española en el Fuerte de Buenos Aires).

La Biblioteca de Mayo, del año 1960, explica todas estas cosas, pero muestra la falsedad del mitrismo. ¿Y quién le pone el cascabel al gato, es decir al diario La Nación? Se ha repetido muchas veces lo que decía Homero Manzi: “Mitre se dejó un diario de guardaespaldas.” Y Alberdi, Manuel Ugarte, José León Suárez, Augusto Barcia Trelles, Julio V. González y tantos otros que dijeron la verdad en distintos épocas, fueron lapidados por el mitrismo, amordazados. Sumidos en el más profundo de los silencios, convertidos en “Malditos”.

Pero en esta época en que queremos ser nosotros mismos, no sumisos a la reina de Inglaterra ni al FMI de los yanquis, es preciso tener en claro quién era San Martín: era, junto a Bolívar, no sólo el Padre de nuestra Patria sino un Libertador que quería la América Latina que estamos gestando hoy con la Unasur, la CELAC, etc., y por eso, hay que decir bien alto que la OEA se ha muerto, enterrada en la misma fosa del mitrismo y de todos aquellos historiadores –sean liberales, “modernos” o revisionistas– que no se atreven a decir quién es el verdadero San Martín: nacional, en tanto le legó su espada a Rosas por defender la soberanía y fue enemigo de Rivadavia expresión del imperio inglés; latinoamericano, en tanto luchó por la liberación y unificación de varios países, admiró a Bolívar y respetó a los pueblos originarios a quienes llamaba “nuestros paisanos, los indios”; popular en tanto escribió “odio todo lo que es lujo y aristocracia”; intervencionista en economía (como lo demostró en Perú) y hasta expropiador (como lo demostró en Cuyo).

Con un Padre de la Patria con estas virtudes, ¿cómo no nos vamos a encaminar ahora hacia una América Latina libre, unida e igualitaria?

 

Lo imborrable de la historia

Por Felipe Pigna *

 

Desde su muerte se ha escrito mucho sobre Eva Perón. No pocos autores se han dedicado a subestimarla, a estudiarla como un fenómeno folklórico, como ocurre con las tradiciones y los mitos populares. Porque la historia del poder tiene una especie de fascinación por convertir a los protagonistas del lado popular de la historia en “mitos”, desvalorizándolos y arrojando desde ese rótulo sospechas sobre sus verdaderas ideas y acciones. No ocurre lo mismo, para dar un solo ejemplo, con el general de La Nación, Bartolomé Mitre, general mítico que no ganó en su vida una sola batalla. Pero, más allá y por encima de la voluntad de sus enemigos, Evita fue un sujeto político y compartió con Perón el liderazgo carismático del peronismo, demostró una gran capacidad de conducción y construcción política, llegando a manejar dos de las tres ramas del movimiento: la femenina y la sindical. A esta influencia decisiva se sumó su tarea social en la fundación, que la ubicó definitivamente en los sentimientos y en las razones de sus descamisados, llegando con su obra y también con su proselitismo hasta los últimos rincones del país.

Contra ese poder innovador y disruptivo construido por Evita con el imprescindible aval de Perón, fue que se alzaron las voces de sus enemigos más peligrosos, que le dejaban al resto de los opositores las críticas por su pasado de actriz, sus modos, su lujosa vestimenta y su “insolencia”. Advertían el peligro que para sus intereses representaba “esa mujer” que no se detenía ante nada y no confiaban en que Perón pudiera convertirse en su barrera de contención en la medida en que le fuera útil a su proyecto político y no intentara volar más alto que él.

La historia liberal clásica, devenida últimamente en la autodenominada “historia social”, ni siquiera hace el esfuerzo por comprender históricamente al peronismo, sino que lo estudia como un “fenómeno” al que intenta escamotear o disimular en sus libros como parte del proceso de los “populismos latinoamericanos”. Comprender no quiere decir justificar, sino exactamente entender la complejidad de un período que cambió la historia y atravesó la producción política contemporánea. Se parte en esos textos de una ajenidad aparentemente dada por la pertenencia al campo intelectual y a partir de allí se procede a juzgar aquel proceso como una anormalidad institucional y social. En cambio, a las etapas anteriores se las estudia indulgentemente desde la perspectiva de la historia institucional, pasando por alto el fraude, la miseria, la marginación y la represión de esos períodos modélicos que se rescatan acríticamente; así ocurre con la Argentina de 1910, puesta como ejemplo de épocas añoradas durante los debates del bicentenario por los más eminentes representantes actuales de la llamada “historia social”. Esa indulgencia con el modelo liberal agroexportador triunfante en 1910, que excluía, según las estadísticas oficiales, a más de la mitad de la población, que vivía en la miseria, se vuelve aguda crítica frente al peronismo y sus protagonistas en general y a Eva Perón en particular. Se la ve, en el mejor de los casos, como un emergente, como un producto de Perón, fanatizado e incapaz de producir política.

Se hace imprescindible tratar a Evita como a un sujeto político y han aparecido algunas obras, elogiosas o críticas de su trayectoria, en las que ya aparece algo fundamental: el protagonismo político de Evita, su capacidad de conducción y de elaboración política, la mayoría de las veces complementaria de la de Perón, pero a veces voluntariamente y otras involuntariamente, en competencia con el líder.

El odio de sus encarnizados enemigos la sobrevivió. Dinamitaron el lugar donde murió para evitar que se convirtiera en un sitio de culto, prohibieron su foto, su nombre y su voz, pasaron con sus tanques por las casitas de la Ciudad Infantil hasta convertirla en ruinas, abandonaron la construcción del hospital de niños más grande de América porque llevaría su nombre, echaron a los ancianos de los hogares modelo, quemaron hasta las frazadas de la fundación, destrozaron pulmotores porque tenían el escudo con su cara, secuestraron e hicieron desaparecer su cuerpo por 16 años. Pero como sospechaban los autores de tanta barbarie, todo fue inútil.

* Historiador, autor de Evita. Jirones de su vida.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“Por encima de la voluntad de sus enemigos, Evita fue un sujeto político y compartió con Perón el liderazgo carismático del peronismo.”

 

Nos marca el camino

Por Milagro Sala *

La figura de Evita se acrecienta con el tiempo y se convierte en un símbolo para aquellos a los que nos preocupa la situación social, económica y existencial de los sectores más pobres y necesitados de nuestra sociedad.

En este mundo globalizado donde las corporaciones financieras dirigen la economía de los gobiernos de los países más importantes del planeta y el valor central son los bancos y el dinero, una figura como la de Evita –que privilegia al ser humano y, en particular, a los seres humanos menos favorecidos como son los niños y los ancianos– llega a tener una trascendencia tan extraordinaria que es difícil de imaginar.

Porque hoy los bancos se han convertido en templos donde sus fieles devotos son los operadores de Bolsa que dictan las leyes de un mercado convertido en un dios que domina al mundo.

Nunca antes la humanidad tuvo que soportar un desprecio tan absoluto de valores como la bondad, el amor, la compasión, la solidaridad, el afecto, el respeto hacia los abuelos, la belleza del dar sin recibir… sólo el dinero parece ser lo importante para esos constructores de la sociedad deshumanizada, cruel y egoísta que vivimos.

El sentido de la vida es un misterio que vive en el corazón del ser humano. Y ese corazón puede latir en plenitud sólo cuando se ha conseguido solucionar las necesidades básicas materiales y espirituales para todos. Evita hizo ese esfuerzo y lo pagó con su vida.

Nosotros, desde la Tupac Amaru, tratamos de continuar ese camino con su ejemplo y tenemos muy en claro que debemos hacer un esfuerzo cotidiano con fuerza, con imaginación pero también con alegría de vivir, incluyendo a todos y sin olvidar a nuestros hermanos de los pueblos originarios cuya espiritualidad y ceremonias tenemos muy presente en todas las actividades.

Las alegorías de la Tupac Amaru se complementan con las figuras del Che Guevara y con el gran patriota indígena latinoamericano José Gabriel Condorcanqui, Tupac Amaru II, precursor de todos los alzamientos posteriores que lograron la independencia de la colonización española en el subcontinente andino y en cuya memoria dimos el nombre a nuestra organización barrial.

Sobre Tupac se puede decir también que es el hombre que, en su rebeldía en contra de la explotación y la discriminación de nuestros pueblos, se hizo cargo de la visión indígena, de la cultura de los pueblos originarios, del Abia Yala precolombino en acción, cuya genética nos toca. Porque antes de la llegada de los españoles nosotros gozábamos de un inmenso territorio que no estaba dividido en países ni en fronteras cerradas. Un territorio cuyos habitantes respetaban la tierra, el agua, el aire y el fuego y que, mucho antes del invento de la ecología, protegían sus recursos naturales a los que consideraban sagrados.

En cuanto al Che rescatamos su lucha inclaudicable, su militancia, su visión revolucionaria y en particular una frase: “Hay que ser duros, sin perder la ternura jamás”. Es de todos conocido el espíritu del Che y su empecinamiento en lograr la liberación de Latinoamérica. Al igual que Evita, dejó su vida en el camino. Puede discutirse su metodología de lucha –que no compartimos–, pero no se puede discutir que en su mente, la justicia social, la extinción de la pobreza y de la indigencia del ser humano eran un valor principal.

Para nosotros, entonces, esas tres figuras representan lo mejor y lo más puro de la lucha del futuro y en su síntesis estamos uniendo el sentido y la satisfacción de las necesidades insatisfechas más profundas de los habitantes la tierra latinoamericana.

Hoy, día en el que se conmemora la muerte de Evita, le rendimos homenaje una vez más, como hacemos todos los días replicando su ejemplo.

* Organización Barrial Tupac Amaru.

 

“Una figura como la
de Evita llega a tener
una trascendencia
tan extraordinaria que
es difícil de imaginar.”

 

El emplazamiento

Por Horacio González *

Es nuestro misterio embalsamado. Cuando algo toma la forma absoluta del ritual, la manera ya consumada del mármol, parecería que el pensamiento es conminado a una obligatoria eternidad. Pero aunque ninguna cultura se pensó eterna, todas han deseado inventar sus materiales para la perduración. En un recordable libro de Octavio Paz se dice que sobre el teocali de las viejas culturas se levantaron iglesias de otros credos y ello seguiría siendo así, precisamente porque los lugares de emplazamiento no cambian. Siempre es el mismo sitio, la misma piedra, el mismo cimiento que, aun creyéndose fundador, se sobrepone al cimiento anterior. La cultura social argentina quizá tiene en Evita, y en la aparente facilidad para pronunciar su nombre, el signo de que lo perdurable no es otra cosa que la búsqueda de una explicación para la angustia de no saber que estaba antes o lo que se emplazará después. Evita es un punto de encuentro de muchísimas sensibilidades, cada una con su materia, la arcilla, el bronce, el fonógrafo con su voz última, sus escritos espectrales que arrastran tantas otras autorías invisibles –lo que al padre Benítez, su confesor, no le convencía; un confesor busca la voz originaria temblorosa, genuina–, y algunas imágenes del cine argentino que se superponen en una extraña fusión –la máxima posible– con la historia nacional. Se la estudió a Evita de muchas maneras, con las cualidades propias de un mito, cuáles son las de la fijeza de una agonía y la posibilidad de correrlo aquí y allá hacia múltiples paisajes. En las villas de los pobres, los salones abastecidos, el palco dictaminador, en la entraña de la enfermedad calcinante, en el voto en su extenuado camastro con un joven Viñas actuando de fiscal electoral, en la escena de renuncia extrema, en un cementerio italiano con el nombre de una señora De Magistris, el primer piso de la residencia de Madrid, donde vivía un Perón que bajo ese ataúd tejía y destejía los nudos arácnidos de la política nacional, y también asomada como ausencia desesperante en un gran cuento de Walsh, como una limítrofe forma del habitar en otro cuento de Perlongher, como un motivo de la novelística de grandes públicos, como en la Santa Evita de Tomás Eloy Martínez y antes, en las especulaciones de los existencialistas argentinos sobre la potencia de la bastardía. Se le atribuyeron santidades, látigos, furias y dulzuras. Yace en el lugar o en el momento liminar en que la política debe elegir su tabla elemental de sentimientos. Hernán Benítez, ya citado, pensaba en una Evita confesional que no prestara su palabra a escritores sustitutos, folletines encantados y efigies que cubrieran la ciudad. No fue así, y quizás este viejo e interesante cura se equivocaba, porque en la situación de Evita el nombre se convertía en una efigie que circulaba en préstamos sustitutos, en réplicas incesantes y efectos de representación que escapaban del cristianismo social de Estado que él hubiera preferido. Había en cambio algo más interesante, que asimismo pertenecía al orden de un evangelismo de los marginales, un llanto colectivo que desafiaba los acostumbrados pudores –Martínez Estrada, un gran opositor, lloró ante las imágenes de su sepelio–, una piedad que no inhibía la lengua de la confrontación política, que Evita –con este nombre o el que prefiramos para mencionarla– expuso de esa forma tan recordable, que le permitió llegar a la escisión más escurridiza del ser político –poder decir leales, poder decir traidores–, y también presidir ahora el lento tránsito, crepuscular, de la Avenida 9 de Julio.

* Sociólogo, director de la Biblioteca Nacional.

“Yace en el lugar
o en el momento
liminar en que la
política debe elegir
su tabla elemental
de sentimientos.”

 

 

La textura del texto

Por Mario Goloboff *

¿Qué hace a la grandeza de un texto en la vasta historia literaria occidental? ¿Qué a la de las grandes obras del siglo XX? ¿A Ulises, En busca del tiempo perdido, La conciencia de Zeno, La montaña mágica, El castillo, El hombre sin atributos, los relatos de William Faulkner, los de Jorge Luis Borges, el cuento “El Aleph” o “El sur” (“que es acaso mi mejor cuento…”)? ¿Puede que sólo el motivo, lo que acostumbra llamarse “el tema”? Difícilmente, ya que si los hechos o la figura, por ejemplo, son demasiado importantes su tratamiento suele devenir imposible: no conozco ningún texto de creación que esté a la altura de César Augusto Sandino o del Che Guevara; sobre Buenaventura Durruti dijo alguna vez Ilya Ehrenburg que era un ser tan inmenso que jamás podría dar lugar a una buena novela, cosa que, hasta hoy, se ha cumplido. ¿Qué ha hecho, entonces, a la grandeza de “Esa mujer”, este gran texto de Rodolfo Walsh?

Si no puede ser sólo el motivo, lo que parece evidente en general lo es también en particular, ya que la personalidad o la memoria de Evita han provocado numerosos textos de creación, y es cierto que allí están, pugnantes, presentes, siempre vivos, los de Tomás Eloy Martínez, los de David Viñas, José Pablo Feinmann, Eduardo Mignogna, Copi, Néstor Perlongher, Osvaldo y Leónidas Lamborghini… aunque nunca tan redondos, tan perfectos en su hechura como “Esa mujer”. Parece dudoso igualmente que se trate de su actualidad o temporalidad o contemporaneidad o efecto. Tampoco del peso de la firma, porque, como se ve, la acompañan otras no menos prestigiosas. El secreto debe estar, pues, en otro lado, en ese otro lugar de la literatura que nunca se explora dentro de la maraña de lo anecdótico, sobre todo cuando hay fuertes referentes de tipo político, social, ambiental, doméstico. En ese otro espacio que es la textura del texto, y que, aquí, va desde el evasivo título hasta el evasivo final; en esa materia plástica, ambigua de la escritura, residiría tal vez el secreto de su perfección…

Lo que llamo “evasivo título” puede, en efecto, explorarse: el pronombre-adjetivo demostrativo (en clara función adjetiva) se justifica gramaticalmente cuando se refiere a objeto o persona que está más cerca de quien escucha que de quien habla. ¿Cómo es esto? ¿La persona de quien el autor habla estaba más cerca del coronel que del periodista? ¿A quién le habla, entonces, ese título: al coronel, a un lector anónimo y desconocido, a un lector interior? Y por qué el distante “esa” y no “esta” o “aquella”, mucho más evocativo, tal vez más poético? ¿Por el matiz algo peyorativo del “esa”? “Ella no significa nada para mí…”, se dice al principio del cuento. ¿Qué guiño nos hace el narrador? El título, por otra parte, está anticipando lo que será casi genético en el relato, algo muy cercano a la figura retórica de la elusión: no se nombra al personaje que es central en esta historia; por miedo, superstición u odio nadie se anima “a tenerla en boca”, su nombre no aparece jamás en el texto: ni Eva, ni Perón, ni Duarte, ni Evita: completamente eludido, ausente.

Cuento, así, antológico, no por la importancia del motivo tácito –el hurto y ocultamiento del cadáver de Eva Perón–, sino por la maestría del narrar. Reúne los componentes del policial, del de intriga y suspense, del emotivo y social, del político. Reúne los caracteres del género testimonial, de denuncia, y el del reportaje supuestamente objetivo. Reúne también las cualidades de Rodolfo Walsh: parece una concentración de todas sus vertientes literarias y productivas, que vienen de lejos y van más allá del solamente consagrarlo como periodista comprometido –que, claro, lo fue–, militante crítico y lúcido –que también lo fue–, pertinaz e indoblegable –que quién negaría que lo fue–.

Pero, en el relato, se condensa el trabajo de un escritor, como lo subrayaba en su comentario el propio Walsh: “El cuento titulado ‘Esa mujer’ se refiere, desde luego, a un episodio histórico que todos en la Argentina recuerdan. La conversación que reproduce es, en lo esencial, verdadera /…/ Comencé a escribir ‘Esa mujer’ en 1961, la terminé en 1964, pero no tardé tres años, sino dos días: un día de 1961, un día de 1964. No he descubierto las leyes que hacen que ciertos temas se resistan durante lustros enteros a muchos cambios de enfoque y de técnica, mientras que otros se escriben casi solos”.

Un periodista investiga el itinerario de aquel cuerpo, especialmente en el tiempo que va desde el golpe del ’55 hasta su destino en un cementerio religioso italiano. Y lo hace entrevistando a quien de toda evidencia (en la enunciación del relato) fue uno de sus últimos captores o encomendados del mismo: “Día por medio llueve en un jardín donde todo se pudre, las rosas, el pino, el cinturón franciscano /…/ ¡La enterré parada, como Facundo, porque era un macho!”. El diálogo es así de tenso, huidizo, sobreentendido, y el entrevistado se muestra narcisista, delirante, cambiante, culposo pero no del todo, ya que se dice portador y salvador de un símbolo, de un mensaje histórico. Real o fingido, el diálogo no puede ser más literario y hasta cinematográfico: hay luces plateadas que se reflejan en ese décimo piso, hay titubeos de la escena, alcohol de por medio, ironías y desconciertos del entrevistador; la historia misma, con toda su contundencia, parece deshacerse entre los dedos. Y hay más de una emblemática y ambigua revelación, para los personajes y para el lector.

A mediados de los ’60, uno de los mayores críticos literarios que dio América latina, el uruguayo Angel Rama, saludaba la existencia entre nosotros de un potente y original escritor, Rodolfo Walsh. En el célebre semanario Marcha, en nota cuyo título podría signar hasta hoy la vida y la obra del autor (“Walsh en el tiempo del desprecio”), destacaba los orígenes literarios de su conciencia crítica. Porque se trató siempre de una inteligencia finísima y de un lector perspicaz, y se ven en sus textos trazas de tales lecturas. Tempranamente pensó sobre ellas: “Dos mil quinientos años de literatura policial” (La Nación, 14/2/1954), “¡Vuelve Sherlock Holmes!”, “El genio del anónimo” y “Un estremecimiento, por favor” (Leoplán: 20/5/1953, 3/2/1954 y 18/5/1955). En el primero aparecen mencionados Las Mil y Una Noches, la Gesta Romanorum, el Roman de Renard, los Canterbury Tales, el Decameron, el Popol Vuh, el Zadig…

Así, entre las numerosas enseñanzas que nos dejó Rodolfo Walsh quizá se pueda rescatar ésta, acaso mínima aunque nada desechable: para llegar a la defensa y apoyo de las más nobles causas humanas hay muchos caminos; el de la frecuentación de la gran literatura sería uno de ellos, y no el peor.

* Escritor, docente universitario.

“La personalidad o la memoria de Evita han provocado numerosos textos de creación (…) aunque nunca tan perfectos en su hechura como ‘Esa mujer’.”


 

 SI NO GANO, NO JUEGO

Por Gustavo Rosa*
Una frase como ésta puede aplicarse a numerosas situaciones y personas, desde el pibe que pone la pelota para el picadito en el baldío hasta un líder sindical que quiere renovar su mandato. Amo a este club pero me siento vacío, no tengo nada más para darle al club”, declaró Riquelme después de que el equipo en el que jugaba perdió la Copa Libertadores. Los acostumbrados al estrellato se estrellan con más estruendo porque no están acostumbrados a perder“¿Por qué dejaste de jugar en Boca?”, preguntarán, en el futuro, sus nietos. “Porque perdí”, responderá el envejecido abuelo Juan Román. Una respuesta similar recibirán los nietitos de Hugo Moyano, pero ante una pregunta diferente: “¿por qué rompiste la CGT?”. Los banqueros privados también juegan así, a ganar siempre y se enojan, no cuando pierden, si no cuando ganan menos. El Jefe de Gobierno porteño cuando no gana, cierra. O remata. Y algunos legisladores de la oposición hacen más o menos lo mismo: como no ganaron, embarran la cancha y con ese fin, dibujan una realidadinsostenible. Por supuesto que hay caprichos y caprichos. El de Riquelme es anecdótico. Los otros caprichos tienen una incidencia mayor en la vida política nacional. Pero no llegan a ser escollos, apenas una molestia que, de tan reiterada, resulta una caricatura.
No conforme con la parodia de protesta del miércoles 27, el sector moyanista está decidido a llevar su debilidad al límite. El Ministerio de Trabajo no logró conciliar las partes que se empeñan a desintegrar la CGT antes de renovar sus autoridades. El ministro Carlos Tomada, en conferencia de prensa, explicó que “los sectores en disputa destacaron la necesidad de la unidad del movimiento obrero”, a pesar de que cada uno de ellos contribuye con su atomización. Los seguidores de Hugo Moyano se negaron a suspender la convocatoria al congreso nacional del 12 de julio, condición de los opositores para retirar las impugnaciones. “Nosotros seguimos adelante con el congreso del 12 de julio”, confirmó el judicial Julio Piumato, más allá de las consecuencias que esa decisión puede traer. O no. Tal vez no sea tan malo tener diferentes organismos que representen a los trabajadores. Quizá la ruptura puede conducir a una reformulación de las organizaciones sindicales, con una participación directa de los representados.
En diálogo con Página/12, Ricardo Pignanelli, secretario del Smata, consideró que  “Moyano no se va a resignar a ser uno más dentro de la CGT y esto lleva a la fractura”. “Resulta que hoy todos los que eran sus enemigos son sus mejores amigos”, sintetizó el mecánico. “¿Cómo le explico yo a mis compañeros que el año pasado fuimos a la cancha de River a apoyar el modelo y hoy, con la crisis que hay en el mundo, mando a todos los trabajadores en contra del Gobierno?”, se preguntó. Por supuesto, en contradicción con lo que quiere demostrar el camionero, el que cambió en poco más de un año fue él y no el Gobierno Nacional. Hay dos moyanos bien contrapuestos y es difícil –y hasta innecesario- dilucidar cuál es el verdadero. Eso sí: los dos están agotados“Tiene que haber un cambio positivo, un cambio para que la CGT, más allá de los reclamos, lleve propuestas y debate, entendimiento, asuma el rol que tiene que asumir la CGT según los momentos que pasa el país –resumió Pignanelli- La defensa del modelo es fundamental para eso”.
Aunque muchos se pregunten –con evidente cinismo- cuál es el modelo, salta a la vista que, con tropiezos y algunas contradicciones, existe un sendero a seguir. Hay objetivos evidentes y decisiones que conducen a un país desarrollado e inclusivo. De no ser así, no estaríamos presenciando tantas transformaciones. Eso transmitió el jefe de gabinete, Juan Manuel Abal Medina, en un informe de gestión del Gobierno ante la Cámara de Diputados, durante casi cinco horas. El crecimiento del PBI en un 95,4 por ciento en nueve años, la creación de cinco millones de puestos de trabajo, el acceso de muchos al agua potable y cloacas, 1369 nuevas escuelas, 2,5 millones de nuevos jubilados, los más de 3 millones de niños que acceden a la AUH y el millón de netbooks repartidas. Una mezquina síntesis de medidas impensables después de la explosión de 2001. Pero los negadores no le temen al ridículo. En lugar de proponer sobre lo construido, como muestra de madurez política, niegan todo. El jefe del bloque de la UCR, Ricardo Gil Lavedra, cuestionó que Abal Medina no haya mencionado la palabra ‘inflación’ y destacó que “el relato, la exposición (del ministro) mejor dicho, es un cuento de hadas, no existe”. Y como fundamento de su negación, afirmó que “el mundo está mejor”y cuestionó los controles a importaciones, exportaciones y la compra de dólares. Que el mundo está mejor, más que un cuento de hadas, es una historia de monstruos. Y lo otro, es la defensa de un sector que no representa a la mayoría de los argentinos.
“El país que describe el jefe de Gabinete no tiene nada que ver con el país que siente la gran mayoría de los argentinos”, expresó el jefe del interbloque Frente Peronista, Enrique Thomas, que se refirió a “la inseguridad, la inflación, el uso de los fondos de la Anses y la distribución de la pauta oficial”. Más que la sensación de la mayoría de los argentinos, expresó la agenda de los medios hegemónicos con fecha de vencimiento. Difícil imaginar a un ciudadano común preocupado por la pauta publicitaria que el Gobierno destina a los medios, que sólo representa un cinco por ciento de la totalidad de la torta. El diputado Thomas fue el que presentó la medida cautelar para impedir la aplicación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual para beneficiar al Grupo Clarín. El Jefe de Gabinete no se dejó amilanar y advirtió que “hay sectores minoritarios, pero peligrosos, a los que les interesa que a la Argentina le vaya mal”, a los que calificó como “profetas del desánimo”.
Desánimo que no hace mella en el ánimo de La Presidenta, que anunció que los bancos privados estarán obligados a otorgar créditos por el equivalente al cinco por ciento de sus depósitos. Con la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, ahora la política puede actuar sobre el sistema financiero. Esta nueva medida promueve que los bancos otorguen unos 15000 millones de pesos en préstamos a la producción, con una tasa fija que no podrá superar el 15 por ciento anual y un plazo mínimo de tres años. Además, la mitad de estos créditos deberán estar orientados a las Pymes, lo que permitirá un desarrollo de los sectores medios de la producción. “No me vengan con el cuento de que nadie les va a pedir crédito –anticipó CFK- Si los bancos ponen condiciones y tasas para que no les venga a pedir nadie, eso es lo que va a pasar. El Banco Central les va a establecer las condiciones con las que tienen que lanzar los préstamos para la producción”. Para que quede clara la ecuación: crédito, producción, trabajo, consumo. Cuatro palabras que resumen lo que otros niegan: el modelo. Y como eje indiscutible, la inclusión.

Mientras la esperanza blanca bonaerense fracciona en cuatro partes el medio aguinaldo y el insustancial líder porteño cierra la Unidad de Terapia Infantil de un hospital y remata la concesión del zoológico, con edificios declarados patrimonio histórico, el modelo K apunta al crecimiento. En todas sus dimensiones. Después de quince años, se condenó a los responsables delplan sistemático de robo de bebés durante la dictadura. Casi todos los que se oponen a este modelo, no celebran estos fallos. Memoria completa y pacificación del país, dicen. Claro, a muchos, el agua les está llegando al cuello. Esa necesidad de pacificación apunta a terminar con los juicios. La semana que viene comenzará el juicio en Jujuy por la “Noche del apagón”, que involucra a los dueños del Ingenio Ledesma. Con lentitud, los beneficiados de la dictadura comenzarán a ser juzgados por su responsabilidad en el secuestro y desaparición de militantes y delegados gremiales. Beneficiados e impulsores de un modelo económico que buscó imponerse a sangre y fuego.La impunidad los abandona y por eso están desesperados. Lo único que altera la paz es su avidez desmedida, que no cesa de explotar los recursos del país en beneficio de sus golosos bolsillos.

* Periodista, Licenciado en Letras y estudiante interruptus de Filosofía. Docente de enseñanza media y terciario.
Autor del blog http://www.apuntesdiscontinuos.blogspot.com.ar/