Category: Abusos Militares


9 DE OCTUBRE – ANIVERSARIO DE LA MUERTE DE DOS GRANDES!!!!

 


 

 

 

Un aporte de Daniel Massara

Hoy 9 de octubre se cumplen 45 años del asesinato del Che Guevara. El 12, se conmemora el bicentenario de la muerte de Juan José Castelli. Coincidencias, divergencias y estilos de vida política de dos argentinos paradigmáticos.
Juan José Castelli murió de cáncer de lengua mientras esperaba ser enjuiciado por parte del Triunvirato luego de su derrota militar en la batalla de Guaqui. Fue el 12 de oct

ubre de 1812. Ernesto Guevara fue asesinado en La Higuera, luego de haber sido detenido por las fuerzas militares conjuntas estadounidenses y bolivianas. Fue el 9 de octubre de 1967. Uno y otro fueron dos enormes luchadores argentinos, con una fuerte impronta latinoamericana en su forma de hacer política. A ambos les cabe la pregunta final de La revolución es un sueño eterno, la novela del escritor Andrés Rivera: “Entre tantas preguntas sin responder, una será respondida: ¿qué revolución compensará las penas de los hombres?”.
Pacho O’Donnell (escritor, historiador, psicoanalista, presidente del Instituto Dorrego) analiza las realidades de 1812 y 1967 y el clima social que los tuvo como protagonistas indiscutidos de los cambios por los que lucharon.
–¿Qué dos Argentinas, que dos Latinoaméricas había en uno y otro momento de aquellas historias de Castelli y de Guevara?
–Siempre me han resultado difíciles las traslaciones. Por ejemplo, el Che es solamente explicable por la Guerra Fría. Castelli también tiene su condicionante de la época. Por ejemplo, el hecho de que él haya conducido un ejército es simplemente porque Saavedra era un vendedor de vajillas. Castelli no tenía nada de militar, no había ningún militar del lado patriota. Tanto Castelli como Guevara están enancados sobre el dilema inevitable de toda la historia argentina y también de la historia planetaria, que es el conflicto de los intereses de las mayorías populares y los intereses de las minorías dominantes.
–Así como el Che estaba condicionado por la Guerra Fría, ¿Castelli podría ser un reflejo de la Revolución Francesa?
–Yo creo que se abusa demasiado de la explicación, de la influencia de la Revolución Francesa en Mayo, y se dejan de lado otras influencias. Por empezar con la influencia intelectual, fueron muy importantes los tomistas hispánicos, los jesuitas que realmente influyeron mucho, digamos, que fueron los generadores de aquello que defiende justamente Castelli: la idea de que la soberanía es del pueblo y que el pueblo se la da al rey. Y cuando el rey no está por incapaz, por preso o por muerto, la soberanía retrocede, retrograda al pueblo. Siempre que explicamos Mayo dejamos de lado la participación de los sectores populares. Mayo no se puede explicar si uno no tiene en cuenta ese grupo de choque que fueron los Infernales de French y Beruti, o la participación de los Patricios, que eran la chusma en armas después de la primera invasión inglesa. Además, en los antecedentes de Mayo de la historia extranjerizante, elitista, que invita a participar solamente a los “grandes hombres”, se deja de lado la extraordinaria influencia que seguramente han tenido las rebeliones indígenas. Tenemos una historia de rebeliones muy fuertes antes de Mayo y contra la colonización que son desde Túpac Amaru hasta Túpac Catari, pasando por las rebeliones calchaquíes, cientos de miles de indios movilizados. Inclusive la insurrección del 25 de mayo de 1809. Potosí, Chuquisaca: fue una rebelión, digamos, acaudillada por criollos pero básicamente de bases indígenas, de pueblos originarios. Entonces, diría que Castelli, que era un tipo que tuvo formación universitaria, estaba muy imbuido de aquello que le da la tierra, porque él está en el Alto Perú, apoyado por los altoperuanos. Lo que sí puede enunciarse como influencia francesa fueron sus errores.
–¿Por ejemplo?
–Uno, evidente: él diagnostica, y lo hace correctamente, que la Iglesia Católica ha sido una socia absolutamente indispensable de la colonización hispánica, la encargada de dar su ideología, su razón de ser, su caparazón. Entonces, él, como anticlerical extraordinario de nuestra historia lleva adelante, al mismo tiempo que una acción militar, una acción descatolizadora en la sociedad. Pero eso, llevó a obrar con ciertos impulsos poco políticos, diríamos, a tomar actitudes francamente heréticas. Y Goyeneche, que era un tipo inteligente, transforma la guerra de nuestra independencia en una guerra religiosa. Recordemos que Goyeneche era americano, por eso nunca digo “los españoles”. No había españoles, los defensores del rey eran todos americanos. Goyeneche era peruano, combatió con Pío Tristán, con Belgrano. Prácticamente, la guerra de la Independencia fue una guerra civil. Y religiosa, claro. Tal es así, que cuando Goyeneche logra que Castelli se retire de Potosí, antes de ir a ocupar la Casa de Gobierno la hace exorcizar.
–¿Por eso las acusaciones a Castelli en el juicio durante el cual muere son básicamente contra su impronta antieclesiástica?
–Claro. Es tan herética la acción, cobra una dimensión tan herética, que hasta explica el hipercatolicismo posterior de Belgrano. Belgrano tiene que convencer a los altoperuanos que no es un hereje endemoniado. Se la pasaba en misa, rezando, porque tenía que ir limpiando la imagen que había dejado Castelli. Una vez le preguntaron a Belgrano si era porteño, y él respondió “no, yo soy cristiano”.
–Más allá de no adscribir a la interpolación entre personajes distanciados en el tiempo, usted mencionaba el apoyo popular bajo la Revolución de Mayo. En contrapartida, hubo un escaso apoyo popular hacia el Che en Bolivia.
–La campaña del Che en Bolivia es un error que está condicionado por muchas razones. Él tiene que irse de Cuba. No quiere quedarse. Vuelve a Cuba desde Praga.
–Después del enfrentamiento con el Partido Comunista de la Unión Soviética.
–Exacto. Y no quiere volver. Y lo convencen que vuelva para preparar lo que él ha pensado como una expedición hacia la Argentina. Acepta ir totalmente clandestino, disfrazado. Tal es así que se encuentra con sus hijos y ellos no lo reconocen. Quiere irse, no quiere quedarse en Cuba. Siente que Fidel lo ha traicionado. Será peor cuando Fidel lee aquella carta famosa que él había dejado para leerla solamente en caso de morir. Fidel transgrede la instrucción del Che porque sabe que el Che está vivo, pero lo hace para desmentir un cable de la agencia alemana que señalaba la muerte de Guevara como similar a la de Camilo Cienfuegos. Él sale a leer esa carta para demostrar que el Che está vivo, pero el Che lo vive como una gran traición. Había perdido la interna política. Cuba, de alguna manera inevitablemente, había optado por la dependencia a Moscú. Él tenía que irse a algún lado. Y la expedición a Bolivia aparece además como alternativa de último momento. Una elección equivocada del lugar. Inclusive contra los principios de su manual del guerrillero, porque llega a un lugar inhóspito, sin gente, sin animales, con una selva demasiado tupida. Es casi una contradicción a sus propios principios.
–Con sindicatos fuertes y movilizados como los mineros que no estaban ahí por donde ellos entran a Bolivia.
–Claro. Inclusive los mineros intentan entrar en contacto con él pero es imposible. No tienen forma de comunicarse. El aparato de radio a válvula que llevaban se rompió a los pocos días. Y, lo peor de todo: el mecanismo de atracción de los campesinos durante la experiencia en Cuba había sido diciéndoles que ellos iban a ser dueños de las tierras. El lugar que elige el Che es un lugar donde los campesinos son dueños de sus tierras, otorgadas por la revolución de Paz Estenssoro. Tal es así que la campaña de la CIA y del gobierno boliviano está basada en que los guerrilleros quieren sacarles la tierra. Más allá de que informan que hay paraguayos en esa invasión, haciendo foco en el recuerdo triste de la guerra boliviano paraguaya. Todo había sido muy desafortunado, con muy pocas chances de éxito.
–¿Son inevitables ambas muertes? Más allá del cáncer de Castelli, parecen muy pocas sus probabilidades de seguir vivo en las condiciones de enjuiciamiento en que estaba en 1812.
–Tendríamos que decir: Artigas desterrado, Dorrego asesinado –no fusilado sino asesinado–, San Martín exiliado, Pancho Ramírez asesinado. ¡Qué podemos decir! Es el destino de los que se identifican con los intereses populares. Lamentablemente es así, los intereses de las grandes mayorías, en ciertos momentos, logran algún intérprete como para conseguir la fuerza necesaria para hacer valer aquello que desean, que merecen. Pero generalmente en nuestra historia se han impuesto los sectores más oligárquicos, más reaccionarios, más conservadores, asociados con los poderes extranjeros, ya sean imperios o grandes holdings financieros, económicos, periodísticos. Los dos estaban marcados por una altísima probabilidad de infortunio. En el caso del Che, es notable. Yo he entrevistado a muchísima gente, entre ellos, Benigno, extraordinario personaje exiliado en París por su pelea con Fidel. Él dice que el Che tenía clara idea de que ésa era su última batalla, que ya no había más. Inclusive en lo personal, las actitudes eran muy distintas con las que ha tenido en Cuba y en el Congo. Hay una cosa extraordinaria en la última entrada de su diario, 7 de octubre de 1967, cuando él sabía que estaba todo terminado. Días antes, uno de sus colaboradores, dice que estaban tan cercados que no podían abrir una lata de sardinas porque los iban a escuchar. Ya no eran los soldaditos bolivianos de los que habla al principio de su diario. Allí estaban los Rangers. El 7 de octubre, el Che escribe: “Se cumplieron los once meses de nuestra inauguración guerrillera sin complicaciones, bucólicamente”, mientras otros combatientes escribieron en sus libretas cosas como “los soldados pasan frente a nosotros y escuchamos su conversación en este mismo momento. Estamos rodeados por todas partes”. Ellos están escuchando la conversación. Y Guevara escribe “sin complicaciones, bucólicamente”.
–¿Por qué, teniendo los dos cierto apoyo popular, no hubo una manifestación de inmediato, ni con Castelli para sacarlo de las garras del Triunvirato ni con el Che?
–En Castelli, por la complejidad porteña de ese momento. Castelli venía muy metido en la interna del morenismo contra el saavedrismo, cuando llegan el 6 y 7 de abril y se frena el golpe morenista. Saavedra es el gran protagonista de aquel 17 de octubre en 1811. Saavedra era el verdadero líder popular y Castelli se había identificado con el golpe. Los sectores populares estaban con Saavedra. En el caso del Che es muy interesante. Yo he hablado con mucha gente… Y alguno de ellos ha dicho: “¿Por qué no comunicamos que el Che estaba en Bolivia?”. Esa fue nuestra gran equivocación. Hubiera habido una movilización, hubieran venido los bolivianos de los partidos de izquierda. Porque el Che no tenía ninguna forma de comunicarse.
–Si lo hubieran comunicado, ¿no lo hubieran matado?
–Es posible que no, hubiese sido interesante. Muchos pensaban que si decían que el Cheestaba en Bolivia, los Estados Unidos hubieran intervenido. Pero no comprenden que los Estados Unidos ya habían intervenido porque el Ejército ya lo sabía. Y dicen: “Nosotros fuimos tan idiotas que no nos dimos cuenta que el ejército ya lo sabía. Porque ya se los había dicho Régis Debray”. Lo fueron cazando como a una fiera: cercándolo poco a poco, como un proceso de demolición. Y en ese sentido es interesante qué paso con Debray. Qué le pasó al Che con Debray. Yo una de las cosas que replanteé en este libro –algo que ya estaba en el anterior libro– es la argentinidad del Che. Estoy harto de que la gente del mundo se crea que es cubano. Porque lo hemos regalado. Ya es hora de que lo reivindiquemos como propio. El Che era argentino. Y es muy argentina su relación con Régis Debray: una admiración desmedida por la intelectualidad francesa. Y eso le hace cometer sus dos mayores errores. Por empezar, el de incorporarlo a su columna: cuando Debray venía de París, ahí en la selva boliviana el tipo no soportaba los mosquitos, no soportaba el calor, el miedo, al tercer día ya jodía de que quería irse, que quería salir para comunicar al mundo. Y el Che comete un segundo gran error: lo hace salir. Y allí Debray cae preso. Otro error: le dice a la retaguardia que lo esperen, que le da la salida a Debray y vuelve. En el momento que fue, entró una columna del ejército y la retaguardia tuvo que volverse. A partir de ahí no se encontraron nunca más. Como no tenían ningún walkie talkie, la columna del Che, que ya era realmente débil, queda partida en dos. Es muy interesante cómo el Che se deja llevar por esa cosa argentina del intelectual francés.
–Algo que también le pasa a Castelli con el jacobinismo francés. Siguiendo su línea de pensamiento podríamos decir que lo que los une el error ante lo intelectual francés.
–Es un detalle interesante, por cierto.
–¿Quién puede haber sido el Régis Debray de Castelli?
–Castelli cae por su derrota militar de Guaqui… Pero sería muy interesante averiguar quién denuncia sus supuestas prácticas heréticas. Pero no, esa información no está. Había una interna, sí. Una cosa fascinante es que la batalla de Guaqui se decide por la interna política en Buenos Aires. Hay jefes que no se mueven, que permanecen al frente de sus tropas estáticos porque son saavedristas. Castelli había dicho que, luego de derrotar a los españoles, bajaba hasta Buenos Aires para meterle una patada en el culo a Saavedra y a todos aquellos que lo acusaban de estar en combinación con la portuguesa Infanta Carlota. Entonces, todo eso generaba un enfrentamiento que se decide en la batalla. Así que, sí, Castelli tenía enemigos políticos. Muchos.
–¿Pueden estar en pie de igualdad Castelli y el Che en la historia de la región?
–No estoy muy de acuerdo en la similitud entre Castelli y el Che. Los dos eligieron, a pesar de sus orígenes bastante burgueses y demás, la identificación clara con las penurias de los humildes. Un personaje que tiene que ver mucho con el Che es Monteagudo. Monteagudo era un teórico de la Revolución, él tenía muy claro todo, tenía el fuego revolucionario, si tenía que estar con Alvear o con Bolívar o con San Martín, lo hacía, tenía una capacidad de seducción magistral. Además, poseía una visión americanista extraordinaria, el congreso en Panamá… Creo que el Che tiene algo de Castelli y algo bastante de Monteagudo. El Che era un teórico, un doctrinario. Una persona muy próxima al Che, casi como un hermano suyo, me lo confesó: “El Che es muy resaltado en Cuba como guerrillero, porque no quieren recordarlo como teórico”.
–Sin embargo, su andamiaje teórico puede verse en sus libros…
–Exacto. Allí hay críticas al pseudomarxismo del sistema bolchevique, y preanuncia, con una claridad diáfana, la caída del mundo comunista si Moscú seguía en la dirección que llevaban. O sea, que él ha sido un crítico; el Che muere perseguido tanto por la CIA como por la KGB. Están molestos con él tanto Estados Unidos como la Unión Soviética. Los yanquis, porque Guevara rompía el acuerdo de la Guerra Fría, de la paz concertada entre las dos potencias. Los rusos, porque el Che rompía el proyecto de exclusividad marxista en Latinoamérica.HLVS COMANDANTE!!!

LAS CARTAS DE LA GUERRA

Sueños, esperanzas y temores en los jóvenes que se aventuraban al conflicto con el orgullo de “defender a la Patria”. Mensajes a los hijos, poemas a Dios y supervivencia en documentos históricos.

 

 

 

 

 

 

Por Deborah Maniwicz

Mucho se escribió sobre los aspectos políticos e ideológicos que envolvieron la guerra de Malvinas, sin tener en cuenta el componente emocional de los soldados que pelearon. A 30 años del desembarco argentino en las islas, Veintitrés decidió homenajear a los ex combatientes reproduciendo algunas de las cartas que los jóvenes escribieron y recibieron durante el combate.

La correspondencia tuvo un valor muy especial durante la guerra. Ese pequeño pedazo de papel fue, para muchos conscriptos, no sólo un medio para descargar su angustia por el frío y el hambre que estaban sintiendo y sus expectativas por el desenlace de la guerra, sino también un refugio. Las cartas eran el único medio para contactarse con sus seres queridos y expresarles, casi como una posdata obligatoria, la necesidad de que les siguieran escribiendo.

Edgardo Esteban es uno de los ex combatientes que más documentos aportó sobre el conflicto armado. En su libro Iluminados por el fuego reproduce un intercambio de cartas que realizó con su madre cuando se encontraba prestando tareas en Puerto Argentino. Aquí se reproducen algunos fragmentos:

26 de abril

Querida mamá:

Llegué anoche a Puerto Argentino. Sé lo orgullosa que estarás de que tu soldadito esté defendiendo la Patria. A pesar de que hace mucho frío, me encuentro bien, pero quedate tranquila, nos han dado una ropa nueva que nos ayuda muchísimo a sobrellevarlo.

Quiero que estés tranquila. Nos están dando muy bien de comer. Hoy nos dieron hasta Coca-Cola. Hoy es un día lleno de sol. Estamos acomodando todo el material. ¡Ah, me olvidaba!: también nos dieron cigarrillos Jockey Club, los mismos que fumás vos.

Somos muchos los que estamos acá, así que dudo de que esos pollerudos de los ingleses se animen a pisar estas islas, que son nuestras. Y si se les ocurriera venir, se van a dar cuenta de los huevos que tenemos los soldados argentinos para defender lo que es nuestro. Decile a Marcela que la extraño muchísimo y que no me olvido de ella, y decile a Raúl, al tío Héctor y a los abuelos que por favor me escriban. Por favor, escribime pronto. Acordate de que te quiero mucho y que sos la mamá más tierna del mundo.

Estoy bien, pero escriban porque extraño. Un beso grande de tu soldado paracaidista.

Edgardo

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14 de junio

Querido Hijo:

Espero que te encuentres bien de salud porque con estos fríos y dormir en un lugar no adecuado hay que ser fuerte para no enfermarte, además no estás bien alimentado como se debe. Bueno hijo tu madre se siente bastante preocupada y nerviosa no ve la hora de verte es lo que más quiere espero que sea muy pronto para estar todos juntos como siempre rezamos todos los días para que así sea.

Bueno. Edgardo la vida tiene estas cosas cada cual tenemos marcados nuestros destinos a vos te tocó estar en una guerra pero nosotros desde acá estamos espiritualmente junto a vos rogando a Dios y a la virgen para que termine todo y estés tomando mate con nosotros o mirando tevé color desde tu cama tranquilo calentito bien comido y sin ninguna preocupación, te pido que tengas mucha fe en Dios que todo va a salir muy bien. También te pido cuando vengas que la cuides mucho a Marcela que está sufriendo a cada momento junto a nosotros… la verdad que se está portando maravillosamente.

Bueno hijo te esperamos ver pronto.

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Marcelo Daniel Massad es uno de los 649 soldados argentinos que murieron en la guerra, más precisamente en la batalla de Monte Longdon, el 11 de junio. El siguiente poema se encontró en el bolsillo de su campera.

 Escucha Dios:

Yo nunca hablé contigo, Hoy quiero saludarte: ¿Cómo estás?

¿Tú sabes? Me decían que no existes, y yo, tonto, creí que era verdad.

Anoche vi tu cielo. Me encontraba oculto en un hoyo de granada…

¡Quién iría a creer que para verte bastara con tenderse uno de espaldas!

No sé si aún querrás darme la mano; al menos, creo que me entiendes.

Es raro que no te haya encontrado antes, si no en un infierno como éste.

Pues bien… Yo todo lo he dicho. Aunque la ofensiva nos espera para muy pronto,

Dios, no tengo miedo, desde que descubrí que estabas cerca.

La señal! Bien Dios, ya debo irme. Olvidaba decirte… que te quiero.

El choque será horrible… en esta noche. ¡Quién sabe! tal vez llame a tu cielo.

Comprendo que no he sido amigo tuyo. Pero ¿me esperarás si hasta ti llego?

¡Cómo! ¡Mira Dios: estoy llorando! tarde te descubrí. ¡Cuanto lo siento!

(Qué raro: sin temor voy a la muerte…) Dispensa, debo irme ¡Buena Suerte!

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La carta que el soldado Juan Cristian Jenssen le envió a su amigo Rubén Antonio Enríquez desde Puerto Argentino, refleja el compromiso y el patriotismo que sentía al defender la soberanía de las islas.

19 de mayo

Estimado Rubén

Recibí tu carta ayer y te puedo asegurar que me llenó de alegría saber que un amigo se acuerda de mí que estoy en el otro extremo del país cumpliendo con un deber que es también una obligación para todos los Argentinos.

Yo no estoy en el frente de combate, sino [que] estoy en el pueblo y trabajamos en descarga de aviones y barcos, pero es un trabajo más peligroso que estar en el frente porque cuando llega un avión y lo estamos descargando enseguida aparecen los Harrier a tirar confites de 450 kg.

No creas que todo en este trabajo es malo porque también descargamos víveres como golosinas, cigarrillos, latas, etc. y aprovechamos para llenarnos bien los bolsillos así que no nos podemos quejar porque por lo menos no pasamos hambre, aparte que dos o tres veces por semanas nos vamos a cazar ovejas y comemos asado.

Lo único que nos empieza a apretar un poco es el frío, no me quejo porque tenemos mucho abrigo pero aun así en las guardias se endurecen los pies y tenemos que quedarnos un rato al lado del fuego.

Dicen que en estos días se resuelve el problema o se arreglan o se declara la guerra (sic), yo no creo que se arregle pero si se llega a arreglar ya voy a estar con ustedes en un mes o dos de lo contrario no sé cuándo voy a estar allá o si voy a volver pero voy a tratar de mantenerme vivo hasta que esto termine. Te digo mantenerme vivo pero no creas que con eso quiero decir que me escondo en los tiroteos porque no es así, te puedo asegurar que cuando hay peligro se siente algo adentro que no te deja retroceder un paso y te manda a ser siempre el 1º en estar en el lugar que está pasando algo.

Un fuerte abrazo

Juan Cristian

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Al sargento ayudante Ramón Gumersindo Acosta lo desvelaba el hecho de que su hijo estuviera orgulloso de él. Antes de morir, le escribió una carta donde describe sus hazañas y su compromiso con la causa. Por su participación en la guerra, fue honrado con la Medalla al Valor en Combate.

 Puerto Argentino, 2 de Junio

Querido hijo Diego, ¿qué tal muchacho? ¿Cómo te encuentras? Perdóname que no me haya despedido de ti, pero es que no tuve tiempo, por eso es que te escribo para que sepas que te quiero mucho y te considero todo un hombrecito y sabrás ocupar mi lugar en casa cuando yo no estoy.

Te escribo desde mi posición y te cuento que hace dos días íbamos en un helicóptero y me bombardearon, cayo el helicóptero y se incendió, murieron varios compañeros míos pero yo me salvé y ahora estamos esperando el ataque final.

Yo salvé tres compañeros de entre las llamas. Te cuento para que sepas que tienes un padre del que puedes sentirte orgulloso y quiero que guardes esta carta como un documento por si yo no vuelvo: o si vuelvo para que el día de mañana cuando estemos juntos me la leas en casa.

Nosotros no nos entregaremos, pelearemos hasta el final y si Dios y la Virgen permiten nos salvaremos.

En estos momentos estamos rodeados y será lo que Dios y la Virgen quieran. Recen por nosotros y fuerza hasta la victoria final.

Un gran abrazo a tu madre y a tu hermana –cuídalos mucho, como un verdadero Acosta. Estudia mucho. “VIVA LA PATRIA”

Cariñosamente,

Ramón Acosta

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Cuando Carlos Almada, de 19 años, estaba a punto de embarcarse en el Crucero General Belgrano, le escribió la siguiente carta a su madre, contándole sus expectativas sobre el desenlace de la guerra y sus ganas de compartir a la vuelta unos ricos mates y comida casera. Pero el deseo fue truncado: Almada fue uno de los 323 marinos que murieron en el hundimiento del Belgrano.

 15 de abril

Hola mamá:

Espero que estés bien, te escribo porque como nos vamos a movilizar después ya no podremos hacerlo. Estoy contento porque nos transportaran en un crucero que se llama ARA General Belgrano.

No me imagino pelear con otra persona y no creo que tengamos que hacerlo. Quiero decirle a todos lo importante que son para mí y cuánto los quiero, y a ti mamá… ¡Te quiero tanto! ¡Nada me pasará! Extraño tus comidas y tus mates, decile a mis hermanos que se cuiden que cuando vuelva a casa voy a contarle muchas cosas.

Te cuento que a veces no puedo soportar ver a mis compañeros, algunos tienen miedo y se acuerdan de sus madres con lágrimas en los ojos, mami pido en mis oraciones que todos volvamos a casa pronto, todo pasará.

Antes de dormir tu rostro es la última imagen que recuerdo. No sé lo que nos aguarda pero me cuidaré mucho. Y espero que todo esto pase pronto para estar con vos.

Quiero que estés orgullosa de lo que estoy haciendo y tengas fe en mí. Solo quiero que me disculpes por cualquier cosa que haya hecho mal o te haya lastimado.

Todo lo que aquí haga será por vos MAMÁ, te quiero y… VIVA LA PATRIA!

TU HIJO

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El 3 de abril de 1982, un día después del desembarco argentino en Malvinas, Mario Almonacid murió en combate. Oriundo de Comodoro Rivadavia, fue el primer chubutense caído en el conflicto. La siguiente es la última carta que Almonacid le escribió a su hermano antes de viajar a las islas.

 Querido hermano:

Con mucho agrado y cariño te mando esta tarjeta, ya que la elegí para vos, pensando que te va a gustar.

Te mando un gran abrazo hermano para que compartas la alegría y las esperanzas que nos dan todos los años estas fiestas. Y sepas pensar en el futuro que se te acerca, y vas rumbo a la juventud, ya saliendo de esa adolescencia que es tan inocente y buena.

Pensá en el estudio, en nuestros viejos y por supuesto en mí, en tu hermano mayor que en estos momentos está cumpliendo con la patria.

Yo desde acá te recuerdo mucho y te deseo toda la felicidad del mundo para el año que se acerca, y la mejor salud que Dios te pueda dar. Seguí queriendo cada días más a los viejos.

Muchas felicidades querido hermano. Rezo por la salud de nuestros padres y la paz que reina en la casa.

CHIN, CHIN…

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El teniente Luis Carlos Martella fue uno de los tantos soldados que tuvo que distanciarse de su familia para combatir en las islas. Su destino le impidió ver crecer a su hijo, que hoy se aferra al recuerdo de su padre muerto y a las palabras de esta carta.

 16 de mayo

Querido Hijo:

Es esta la primera carta que papá te escribe. Mamá que es tan buena, te la leerá cuando la recibas y la guardará para que la puedas leer tú mismo cuando aprendas a hacerlo dentro de algún tiempo.

Hoy cumples un año de vida. Has crecido dentro del cariño que con mamá y el resto de la familia te hemos prodigado, los días han pasado y has dejado de ser un bebé de meses para convertirte ya en un hombre con un largo año de vida.

Con el tiempo, te enterarás que aún antes de esta fecha, te convertiste en el hombre de la casa, cuando papá fue a cumplir un deber. Defender el suelo de la Patria.

Esta Patria que te vio nacer y que todo nos da, nos exige de vez en cuando algún sacrificio, hoy le exigió a papá que no pudiera estar presente el día de tu cumpleaños, pero sólo físicamente, pues permanentemente papá está con vos.

Quiero que sepas todo lo que tu padre, hijo mío, desea para vos cuando crezcas, y que no es más que seas un hombre de bien, sólo el sacrificio y el trabajo duro y constante rinden sus frutos.

En la vida, el hombre debe tener una meta que guíe sus pasos, esa meta no debe ser otra que el servicio a Dios, a través del amor a la Patria y a la familia.

Nunca debes sentirte dueño absoluto de nada, pues todo te lo da Dios y cuando Dios te lo pide, se lo deberás entregar.

No quiero extenderme más, sólo quiero decirte que seas bueno y comprensivo con mamá, que aunque a veces te rete, lo hace por tu bien, además cuida de tus hermanos más pequeños que verán en ti a su ejemplo y alguien en quien recurrir cuando necesiten algo.

Hijo mío, ten fe en Dios, Él sabe por qué hace las cosas, da todo tu esfuerzo a la Patria para engrandecerla cada día más y brindarte por entero a tu familia.

Cuando tengas la tuya, sabrás qué es lo que te digo. Feliz cumpleaños Santiago. Te besa Papá.

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Desde Puerto Argentino, Julio Rubén Cao, que se había alistado voluntariamente al Ejército, les escribió una carta a sus alumnos de la escuela de Río Gallegos donde daba clase. Su deceso se produjo el 10 de junio, y no pudo conocer a su única hija, que nació el 28 de agosto de ese año. En 2011, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner propuso que la carta sea de lectura obligatoria en los actos escolares del 2 de abril.

 Desearía que hiciera llegar a la maestra de 3ro. D este mensaje para mis alumnos:

A mis queridos alumnos de 3ro. D:

No hemos tenido tiempo para despedirnos y eso me ha tenido preocupado muchas noches aquí en Malvinas, donde me encuentro cumpliendo mi labor de soldado: Defender la Bandera. Espero que ustedes no se preocupen mucho por mí porque muy pronto vamos a estar juntos nuevamente y vamos a cerrar los ojos y nos vamos a subir a nuestro inmenso Cóndor y le vamos a decir que nos lleve a todos al país de los cuentos que como ustedes saben queda muy cerca de las Malvinas. Y ahora como el maestro conoce muy bien las islas no nos vamos a perder.

Chicos, quiero que sepan que a las noches cuando me acuesto cierro los ojos y veo cada una de sus caritas riendo y jugando; cuando me duermo sueño que estoy con ustedes.

Quiero que se pongan muy contentos porque su maestro es un soldado que los quiere y los extraña.

Ahora sólo le pido a Dios volver pronto con ustedes. Muchos cariños de su maestro que nunca se olvida de ustedes.

Afectuosamente JULIO l

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Malvinas según un soldado inglés

“Los argentinos son mucho más patriotas”

El teniente inglés David Tinker tenía 25 años cuando le tocó pelear en la guerra de Malvinas. El 12 de junio de 1982 se encontraba a bordo del buque Glamorgan cuando un misil argentino hundió el barco. Desde ahí les había escrito cartas a su mujer, sus padres y sus amigos que siguieron llegando a Gran Bretaña incluso después de su muerte. En los escritos, recogidos en un libro, reflexiona sobre la injusticia del conflicto bélico, condena el accionar de los dos gobiernos y reconoce la “valentía” de los soldados argentinos. A continuación se reproduce una de las cartas enviadas a su mujer:

12 de junio de 1982

Querida Christine:

Es muy fácil comprender cómo se ha desatado la guerra: nuestra primera ministra se imaginó que era Churchill desafiando a Hitler, y la Marina la apoyó para obtener publicidad y popularidad rápidamente. Estoy seguro de que de esta destrucción sólo se beneficiarán Mrs. Thatcher y los fabricantes de armas.

Lo que más me apena es que no hay causa para esta guerra, y si somos honestos, los argentinos son mucho más patriotas con respecto a las Malvinas que nosotros con las Falklands. Y lo que la primera ministra no comprende es que los argentinos creen firmemente que las Malvinas son de ellos.

Han enviado contra nosotros pilotos en misiones suicidas, en viajes sin regreso, porque estamos fuera de su alcance, y eso que ellos no tienen helicópteros de rescate en el mar para recuperar después a los pilotos.

Los pilotos argentinos enfrentan cada día misiles antiaéreos de aplastante superioridad. Realmente, la valentía de esos hombres demuestra que tienen mucho más que un tibio interés en estas islas. Considerando la tragedia, la angustia, y el horror de las vidas perdidas, que han sido sacrificadas de buena gana por los políticos para tapar la ineptitud y necedad de su gobierno, considerando además los resultados en dolor, pérdidas económicas y pérdidas de buques para Gran Bretaña, me parece a mí que esta es la guerra más inútil que Gran Bretaña ha hecho en toda su historia.

Espero que todo esto termine pronto… Creo que los argentinos ya han demostrado honorablemente su valentía.

David Tinker

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Producción y textos: Deborah Maniowicz

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VOLVEREMOS!!!!!

Por Oscar Quinteros

A veces la historia nos puede parecer una cuento, como esos cuentos que alteran el sueño y nos inquietan el espíritu por demasiado tiempo. O para muchos el tiempo paradójicamente no tiene nada que ver con esta historia alimentada por un eterno presente.
Caminan entre nosotros, siluetas, olores y sonidos percibo. Y la realidad deja de ser tal, para ser lo que realmente es; simplemente una ilusión. Así la tristeza palidece, solamente la nostalgia de saber que habité ese espacio donde la libertad era nuestro sol, camina junto a ellos muy dentro de mi.
La bestia que nunca duerme, sabe que la fatalidad esta echa para ella, que la libertad es un enemigo demasiado grande, imposible de vencer y por mas que utilice ropajes acordes a las circunstancias, siempre y por siempre habrá quienes le aborten el banquete.
Tantos cuerpos, a la carroña no le alcanzó en su insaciable apetito de muerte y poder, ahi estan de vuelta en las calles, llenando plazas los que mataron, riendo y gritando con orgullo, concientes de que el futuro tiene un dueño y se llama pueblo.
Aquel 24 de Marzo creyeron que la victoria estaba al alcance de las manos y relamiéndose procedieron a tender la mesa, lo que nunca supieron es que aquel 24 de Marzo seria la última vez que se pondrían la servilleta en el cogote. En realidad iniciaron un proceso en el cual terminarian con las garras mutiladas.
Si, ya lo se….la bestia tiene la curiosa facilidad de auto regenerarse, como hoy que vestida de cordero usfructúa del sistema democrático, el mismo que desprecia y con cantos de sirena pretende inculcar lo peor de la naturaleza humana, que es la división entre los hombres, madre de todos los conflictos.
A esta no le interesa la historia, menos respetarla, solamente es un elemento mas en la construcción de la misma, que busca en la repetición, lo definitivo como el pretendido fin de la história, y sin embargo lo único que conseguirán es la emulación de Sísifo.
Hoy, a pesar de los asesinos, corre por las venas de la república la misma sangre, ya sea por generación, ya sea por historia o simplemente por el deseo de un mundo mas justo.
Quedara sobre nosotros el peso de la memoria que sabremos llevar con dignidad, de no ser asi, todos esos rostros de aquellos que “garparon” para tener este presente de paz y trabajo, se encargaran de recordarnos que siempre exisitirá la posibilidad de que la patria exija lo mejor de nosotros.

Una victoria para Marta

 Por Alejandra Dandan

Los restos de la mujer, identificados por el EAAF, fueron enterrados en Moreno, donde ella había sido secuestrada. Antes se colocaron baldosas en homenaje a ella y a otros dos desaparecidos. Un cajón multicolor, música y el recuerdo de sus familiares y amigos.

 LA CEREMONIA DE DESPEDIDA DE MARTA TABOADA, MILITANTE Y ABOGADA DESAPARECIDA EN 1976. -“Este momento en que estamos juntos se parece mucho a La Victoria, dijo Marta Dillon, hija de Marta Taboada.-Imagen: Gonzalo Martínez
 

Marta Taboada revolea la melena y encara a una patrulla del Ejército. Su cartera cerrada con panfletos. La imagen vuelta al presente en el habla de uno de sus antiguos compañeros del Frente Revolucionario 17 de Octubre, hoy secretario de Estado. La puerta de la casa vieja donde vivió con sus hijos. La calle de un barrio de Moreno. Un pibe que se da cuenta de que uno de los que está entre los muchos que están ahí, frente a esa casa, que son muchos, puede terminar de contarle de un operativo en el que participó su padre desaparecido. Una carretilla vestida con la bandera argentina. El cajón. La urna con los restos de huesos de Marta Taboada. Unos barquitos de papel de su bisnieto que nadan sobre la pequeña urna de colores entre una estampita de una María Auxiliadora del ’77. La hoz a pocos centímetros de la estrella guevarista. El pelo de la Evita guerrillera. Otra vez el cajón. Y su hija, Marta Dillon –compañera de Página/12–, que con sus hermanos Andrés, Juan y Santiago esperan ante esa casa colocar tres baldosas para ella y otros dos compañeros. “No voy decir mucho”, dijo Marta Dillon cuando empezó. “Hay momentos que se parecen mucho a esa victoria que nombramos siempre, creo que este momento en que estamos juntos se parece mucho a La Victoria. Que todavía falta un montón, falta saber quién disparó, quién cargó los cuerpos en esa esquina de Ciudadela, quién firmó las partidas de defunción como NN con datos falsos. Un montón, pero estamos trabajando para eso.”

Frente a la puerta de la casa de la calle Joly, a unas cuadras del centro de Moreno, se reunieron los hijos de Marta Taboada, de Juan Carlos Arroyo, “El Negro” y de Gladys Porcel de Puggioni para marcar las veredas. Los tres militantes del FR17 de Octubre desaparecieron el 28 de octubre de 1976. Los huesos de Marta Taboada, recuperados por el trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense, siguieron silenciosamente esa primera parte de una ceremonia religiosamente política antes de volver a un auto para encabezar, como en todos los funerales, la caravana al cementerio. Estaban quienes tenían que estar. Eduardo Luis Duhalde negándose la condición de funcionario para quedarse ahí con su mujer, a estarse al lado de esa que fue su compañera de militancia, la apoderada de sus peores momentos de clandestinidad. La mujer que en medio de la dictadura se calzó un auto para sacar del país a “Martita” pero también al hijo más chico del secretario de Derechos Humanos. La mujer que alguna vez, ante una patrulla del Ejército, sacudió la melena y le preguntó a uno de los militares si quería revisar su cartera. El hombre dijo que no, que no hacía falta, aunque ella tenía la cartera llena de panfletos. “No tenía límites en esa entrega”, dijo Duhalde, micrófono en mano, poco después, cuando recordó que la vio por última vez un mes antes de su propio exilio y le pidió “encarecidamente que se cuidara”, porque tenía “más solidaridad que buen tino”, con “un corazón tan inmenso que superaba a muchos militantes de la época”.

Los funerales adquirieron la lógica de las manifestaciones políticas. Comenzaron en pleno centro de Moreno, ante la municipalidad. Un espacio ocupado con los resultados de una reconstrucción reciente de las vidas de los desaparecidos políticos locales. Con fotos que estuvieron enterradas durante la dictadura. Imágenes de las asambleas obreras de Grafa. Paneles de los desaparecidos de Moreno zona norte. Paneles que nombran ahora a quienes hasta hace poco permanecían sin identidad, en un lugar donde el trabajo de la Secretaría de Derechos Humanos local y de los sobrevivientes logró entender que no fueron 38 personas como se creía sino más de 100. Matrimonios. Embarazadas. Desaparecidos de Paso del Rey. De Moreno sur y La Reja. De Trujui y Cuartel V. Imágenes del Mundial 1978. Los centros clandestinos. Los Trabajadores de Educación y Cultura entre los que estaba el escritor Domingo Osvaldo Balbi o Marta Taboada, docente y abogada.

Protegida por la bandera negra de HIJOS en la primera línea, la carretilla con el cuerpo de Marta avanzó por las calles del centro. Ella, que en la urna era “mamá, abuela, bisabuela, amante”, iba adelante seguida por banderas de La Cámpora Moreno; la agrupación John W. Cooke. Lila Pastoriza, Eduardo Jozami, Graciela Daleo, Judith Said. Lohana Berkins y Marlene Wayar, militantes de esa diversidad sexual a las que Marta Dillon les agradeció especialmente la presencia. Carlitos y Camilo de HIJOS a quien la hija de Marta Taboada nombró como “hermanos y hermanas que me cambiaron la vida”. Nora Cortiñas. Lita Boitano. Gastón Concalves. Juana Muniz Barreto. Los hijos de Paco Urondo. Otros. Muchos. Abertina Carri, la compañera de Marta.

El “todo guardado en la memoria” de León Gieco se escuchó más fuerte. Frente a la vieja casa transformada en Jardín de Infantes, Raquel Robles de HIJOS sostuvo el micrófono en las manos como sosteniendo casi sin lágrimas lo que sucedía alrededor. Leyó adhesiones y volvió a leer más porque dijo que habían esperado más de treinta años para ese momento. “Marta creyó hasta el final que valía la pena dar la vida”, se oyó de alguna de ellas. “Tenemos que tener bien claro que la Justicia llega un poco lerda pero llega”, decía en un mensaje la madre del Negrito Floreal Avellaneda. Los HIJOS de Bahía Blanca mandaron “un cálido abrazo hermanador”. Y el Colectivo Militante de Moreno habló de utopías que siguen latiendo.

En la puerta, el hijo de Gladys de Puggioni tomó la palabra. Tupac Vladimir Puggioni vivió en esa casa a los 4 o 5 años. Ahora dirigente de los Descamisados de Salta, hermano de alguien llamado Fidel Cristo y nieto de una abuela que con cada golpe de Estado corría a la plaza del pueblo para retirar y esconder un busto de Eva. “Eran unos jóvenes y estamos poniendo placas a esos jóvenes”, dijo. Nombró a Néstor Kirchner. Todo el mundo aplaudió. Tupac dijo que hay miles de cosas que faltan, que lo sabemos y dijo también que “esta juventud que hay acá entierra a estos jóvenes”. También dijo “hasta la victoria siempre”. Y luego el nombre de sus asesinados. Detrás de los cuales esos muchos decían –decíamos– ahora y siempre.

Habló “El Indio” Domiciano Rivero. Campesino, obrero, hombre que pasó a la semiclandestinidad en mayo de 1978 y quien pasó los siguientes seis años en el exilio de Brasil porque quedarse en América latina le permitía, dijo, vivir de algún modo el mismo proceso. “Hace años no pensábamos que ni la mitad de lo que hay hoy iba a ser posible”, explicó. “Y es bueno ver que creo que se hubiese divertido mucho La Negra con lo de hoy”. Alentado de algún modo por esa voz de los HIJOS que les pedían a los viejos compañeros de militancia hablar de la vida de sus desaparecidos, El Indio se puso a contar algunas anécdotas. Que Marta tenía muchos ovarios. Que alguna vez lo cargó en un Citröen destartalado para llevarlo al teatro mientras estaban clandestinos. Que era la primera obra de teatro que él veía en su vida. Que le dijo que le gustó, pero no entendió ni medio a los actores. “Me cuesta mucho todo esto –dijo en un momento– porque el dolor nos sigue cruzando, sin flaquezas, pero nos sigue cruzando.” Y recordó que Marta Dillon hace tiempo se preguntaba si era cierto aquello que se dice de su madre, que era audaz, que era sensual. “Y sí que lo era”, dijo él. Porque alguna vez, esa mujer, en el ’76, “cuando ya nos asesinaban, mientras charlábamos cómo hacer, si salir o no, y mientras nos iba sacando a patadas el Ejército”, le dijo: “Negro: no sotros somos la contención”. “Es decir –replicó él–: estaba dispuesta a dejarse la vida.”

Marta habló en ese momento. También Camilo, de HIJOS. Dijo que ese cuerpo también era una parte de “nuestros queridos viejos”. Tomó la palabra Duhalde y dijo que era un día de “dolorosa alegría con aires de victoria porque rescatamos a Marta de las tinieblas y de aquello que Videla decía de que los desaparecidos son eso, desaparecidos, no están”. Miguel Fernández, secretario de Derechos Humanos de Moreno, se nombró como sobreviviente. Habló de la necesidad de empezar a contar las historias. Como datos, como herencia. Un alumno de Marta Taboada estaba entre los que se habían acercado. Ella estaba ahí, ahora en la urna.

El vía crucis siguió camino al cementerio de Moreno por la Ruta 7, su ruta, santuarios del Gauchito Gil, los recreos sindicales. Adentro, esperaba el padre Luis entre las banderas brillantes sobre el fondo del cielo de cenizas. El padre Luis, un cura, pero un cura raro. Ahí estaba hablando de darse la mano y de cantar la misma canción que Mugica y Angelelli cantaban en sus misas. El cajoncito ahora estaba en medio del pasto. Se oían palabras de Jesús subversivo y de liberación. En la ronda, hablaron Nora Cortiñas y Lita Boitano. Hablaron de las cosas pendientes, de la edad, de las Madres. De lo que después de ellas quedará por hacer con aquellos que todavía no se encontraron. La hermana de Marta Taboada habló luego de que lo hicieran Andrés, Santiago y Juan como pudieron, con las tripas en el alma. El agua bendita pasó de mano en mano y cada quien pudo echar algunas lágrimas benditas sobre el cajón de esa madre.

Se oyó otra vez Marta Taboada, presente. Ahora y siempre. Todo el mundo caminó entonces hacia el lugar final, la bóveda de los Taboada donde los restos de Marta, sus huesos, quedaron bien acomodados al lado de los de su padre. Marta Dillon colocó algo más, tal vez un vaso. Los barquitos de papel dejaron de verse, cerrados por una tapa, finalmente. Una cuchillada de amor, quién dijo que todo está perdido, tanta sangre que se llevó el río, pecho, siempre, sacar el alma, iba sonando una canción.

MARTA TABOADA, MILITANTE Y ABOGADA DESAPARECIDA EN 1976

El bombardeo y la caída

Por Marcelo Larraquy

Aquella noche de setiembre de 1955, mientras los doctores, los hacendados y los escritores festejábamos
ruidosamente en la sala la caída del tirano, en un rincón de la antecocina ví cómo las dos indias que allí
trabajaban tenían los ojos empapados de lágrimas.
(Ernesto Sábato, 1956,  en la carta abierta a Mario Amadeo.)

Muchos de los aviadores navales que bombardearon Buenos Aires habían acompañado la celebración de Corpus Christi el sábado 11 de junio de 1955. Hasta entonces, no sabían cuándo ni cómo matarían a Perón.

Solo tres de sus jefes conocían el plan. Era el siguiente: la aviación naval bombardearía la Casa Rosadaen momentos en que Perón reuniera a su “estado mayor”, los hombres con los que compartía las decisiones gobierno. Se encontraba con ellos, semana de por medio, los días miércoles a las diez de la mañana. A esa hora se iniciaría el bombardeo. Duraría solo tres minutos.

 

El plan necesitaba apoyo terrestre

Después del último vuelo, de la última detonación, se activarían las células de los comandos civiles. Las componían alrededor de cuatrocientos o quinientos hombres. Durante la mañana debían permanecer disimulados en las calles y los bares de Buenos Aires. No era conveniente que estuvieran alejados a más de quinientos metros del epicentro de los sucesos, pero tampoco que se acercaran a menos de doscientos.

Los comandos civiles también debían bloquear los accesos a la Plaza de Mayo. Disponían de dieciséis automóviles. En la hipótesis de que la misión fuese exitosa, y que Perón y su gobierno quedaran reducidos a escombros, los comandos se servirían del terror y la humareda para tomar la Casa Rosada. Ingresarían por el acceso principal. Quizá deberían enfrentar al cuerpo de Granaderos, ya diezmado por las bombas. En la confusión, ese combate se libraría sin contratiempos. Los granaderos no eran muchos, cuarenta hombres sin más infraestructura que un destacamento interno en la Casa de Gobierno. Era difícil que, atacados por sorpresa, pudieran bloquear a los comandos civiles. Pero, aun si lo hiciesen, no podrían contener el avance simultáneo de los infantes de Marina por la retaguardia.
Esa era la otra parte del plan. La de mayor importancia de la ofensiva terrestre.

Los infantes eran alrededor de trescientos hombres distribuidos en dos compañías. Se trataba de una diferencia decisiva frente a los granaderos. Atacados por los comandos civiles por el acceso principal de la Casa Rosada, no podrían resistir la avanzada de los infantes por el acceso que da hacia el Río de la Plata.
Para los infantes, la perspectiva del combate sería más que favorable. La relación de fuerzas no se definiría sólo por la cantidad de hombres. También por el armamento. Como parte de los trabajos previos al bombardeo de la Casa Rosada y aprovechando un viaje a Europa de un buque escuela de los cadetes navales, los conspiradores habían adquirido fusiles semiautomáticos FN, de procedencia belga, fuera del programa de la compra oficial. La Armada los hizo ingresar de contrabando. Para que la información no se filtrara, los infantes los tendrían en sus manos sólo un día antes del bombardeo.
Los granaderos, en cambio, debían defender la Casa Rosada con fusiles Mauser de modelo a cerrojo, que cargaban cinco proyectiles. Era un arma de principios del siglo XX.

La comunicación era otro factor clave para la definición del combate. Los conspiradores navales habían entrado en conversaciones con el ex capitán Walter Viader, sublevado de 1951 con el general Menéndez, enviado a prisión y luego amnistiado. Viader estaba en libertad y quería seguir complotando. Junto a los comandos civiles, se ocuparía de organizar la toma de las radios que difundirían la proclama golpista. Se esperaba que la noticia de la caída de Perón hiciera saltar a las calles a los opositores.

Después del bombardeo, una junta cívico-militar controlaría el poder. Intervendríanla CGT y las provincias, liberarían a los presos por razones políticas y fusilarían a quienes resistieran su autoridad. No habían trascendido los nombres de los uniformados. Serían convocados después del triunfo. Los civiles eran tres activos dirigentes de “la contra” peronista: Adolfo Vicchi, mendocino, conservador; Américo Ghioldi, del Partido Socialista, exiliado en el Uruguay, y Miguel Ángel Zavala Ortiz, el más importante de todos, de la facción “unionista” del radicalismo, que acababa de perder el control del partido a manos de Arturo Frondizi. Zavala se pondría el casco de combate. Se comprometió a tomar las bases aeronavales junto a los aviadores. 

La conspiración busca su destino

El factor sorpresa era una perspectiva alentadora para la táctica conspirativa. Pero el plan tenía puntos débiles. Lo que preocupaba era la imposibilidad de acumular fuerzas, después del primer impacto, para defender la toma de la Casa Rosada.

Los conspiradores sabían que las detonaciones no tendrían un efecto quirúrgico. Cumplido el objetivo de extirpar el núcleo duro del poder, quedarían en evidencia los “daños colaterales”: los hombres y mujeres víctimas de las bombas en las inmediaciones de la Plaza de Mayo.
Se esperaba una reacción popular en defensa de Perón. Esta eventualidad hacía impredecible el curso de la operación. Más incertidumbre generaba la reacción del Ejército, una vez consumados los hechos.

No era mucho lo que se había colectado en ese ámbito. Apenas una promesa, la del general León Bengoa, que llegaría a Buenos Aires con una división de Infantería procedente de Paraná. Vendrían en tren, desde Zárate. Bengoa reclamó a los conspiradores una fuerte agitación previa. Quería “ambiente golpista” para movilizar las tropas. Adelantó que iniciaría la expedición luego del estallido. No iban a estar en el frente de batalla desde el primer momento.

El problema de los conspiradores era justamente ese: cómo fortalecerse para responder a una probable reacción militar y popular del peronismo.

El centro de operaciones era la base aeronaval de Punta Indio. De allí despegarían los aviones. En media hora o cuarenta minutos ya estarían sobrevolando Buenos Aires. La toma de la base no presentaría obstáculos. Era difícil encontrar a algún marino que no fuese antiperonista. El jefe de la conspiración era el capitán de fragata Néstor Noriega.
Ezeiza era otra base para el despliegue aéreo. Acababa de ser inaugurado como aeropuerto internacional. Funcionaría como central de reabastecimiento para los aviones después del primer ataque. Desde hacía más de un año se estaba construyendo allí, en forma clandestina, un depósito para almacenar las bombas y el combustible.

Un simulacro aéreo oficial, previsto en la ciudad de Bariloche, fue aprovechado para realizar el traslado administrativo de los explosivos desde la base aérea Comandante Espora, de Bahía Blanca, hacia Punta Indio y Ezeiza.

La Séptima Brigada Aérea de Morón era un objetivo militar de la conspiración. En este caso, la toma era más delicada. Había oficiales aeronáuticos interesados en que el gobierno cayera, pero no tenían el nivel de intolerancia de la Marina. Muchos aviadores eran leales por disciplina.

El control de la brigada permitiría tomar los aviones caza de propulsión a reacción Gloster Meteor. Con sus cañones de veinte milímetros —cada munición contenía la energía de una granada—, el aparato le agregaba versatilidad y eficiencia al poder aéreo de los rebeldes. Además, la toma de Morón bloqueaba la posibilidad de una respuesta inmediata. Era la base aeronáutica más próxima al escenario de los hechos.

La escuadra aeronaval de la conspiración se componía de veintiocho aviones. Cinco de ellos eran los Beechcraft AT11. Descargaban bombas en vuelo horizontal. Los pilotos se habían entrenado con descensos de hasta 360 pies, es decir, apenas arriba de los cien metros. Otro avión para el bombardeo era el North American AT6. Podía descargar bombas de cincuenta kilos volando en picada hacia el objetivo. Eran veinte naves. La escuadra se completaba con tres hidroaviones Catalinas, también de bombardeo horizontal, con bombas de doscientos cincuenta kilos. Un Douglas DC3 y otro DC4 trasladarían las bombas a Ezeiza. En caso de que el golpe fracasara, serían utilizados para llevar a los conspiradores al Uruguay.

La idea del bombardeo tenía varios años. Al menos más de dos. Había sido lanzada en forma ligera, casi al azar, en una comida de a bordo. Imitar el bombardeo japonés contra los norteamericanos en Pearl Harbour, durante la Segunda Guerra Mundial, y destruir la Casa Rosada. Esa era la síntesis. Parecía fantástico. Pero no era serio. La idea de sepultar a Perón bajo los escombros para poner punto final a su gobierno, sin embargo, entusiasmó a los hombres de mar, y empezó a fluir de abajo arriba.

El que motorizó el bombardeo fue el capitán de fragata Jorge Bassi. Era el dueño de la idea. Sería el responsable de sublevar la base de Ezeiza. Bassi fue el que construyó el depósito clandestino, el que durante meses buscó un jefe que se pusiera al frente de la conspiración, el que le advirtió al contraalmirante Samuel Toranzo Calderón que la inteligencia aeronáutica había detectado sus movimientos. Toranzo Calderón era el oficial de mayor jerarquía que Bassi había logrado captar. El almirante Aníbal Olivieri, jefe de la Armada, había sido sondeado para conducir el complot, pero no quiso asumir la jefatura. Tampoco la bloqueó ni la denunció. Olivieri dejó que la sublevación hiciera su propio camino.

Además de conducir el ataque de los infantes de Marina, Toranzo Calderón tenía la misión de atraer aliados en las tres armas. Su cosecha fuera de la Armada fue escasa. Sólo obtuvo el compromiso de algunos oficiales de la Aeronáutica. Pero el contraalmirante contaba con el laissez faire de Olivieri para ocupar el Ministerio de Marina. Ese puesto de combate era clave: estaba ubicado a menos de trescientos metros del objetivo enemigo.

Los capitanes Noriega y Bassi, en cambio, se ocuparían de la logística para que todo funcionara bien: los aviones, el alzamiento de las bases, la carga de bombas y de combustible, la comunicación interna entre los complotados.

La fecha del ataque a la Casa Rosada se decidió de apuro. El martes 14 de junio de 1955, a la medianoche, Toranzo Calderón supo que el Servicio de Inteligencia de la Aeronáutica (SIA) tenía filmaciones del frente del edificio de su departamento, sobre la calle Cuba, en Belgrano. Las imágenes mostraban el ingreso de los conspiradores. Como el contraalmirante esperaba ser detenido de un momento a otro, adelantó el bombardeo. Ya no había tiempo para ejecutarlo al día siguiente, cuando Perón reuniera a su gabinete, pero tampoco podía demorar la operación durante dos semanas.

Se decidió para el jueves 16 de junio de 1955

Ese día, los Gloster despegarían de Morón y volarían sobre la Catedral de Buenos Aires en homenaje al general José de San Martín y en desagravio a la bandera argentina que había sido quemada durante la celebración del Corpus Christi. La programación de este acto era un regalo del cielo para los conspiradores. Si llegaban a tomar la Séptima Brigada, los pilotos aeronáuticos ametrallarían la Casa Rosada y otros blancos estratégicos del poder peronista. Pero había un pronóstico negativo. Para el 16 de junio, el servicio meteorológico anunciaba nubes y poco alcance de la visibilidad.

Sin embargo, la decisión ya estaba tomada. Noriega, jefe de la conspiración en la base de Punta Indio, ya tenía la escuadrilla de aviones con las bombas cargadas. Bassi, en Ezeiza, tenía todo pronto para el reabastecimiento y esperaba el arribo de tropas dela Infantería de Marina desde Mar del Plata, Azul y Puerto Belgrano, en Bahía Blanca.

Un resplandor rojo: la primera bomba

El 16 de junio de 1955, el capitán Noriega se levantó a las 4 de la madrugada. Ordenó una reunión en la biblioteca del casino de oficiales de la base. En ese momento se hizo público el secreto que ya conocían: el plan de ataque y el objetivo del bombardeo.

El pronóstico meteorológico no había errado: el cielo estaba encapotado, las nubes bajas, hacía mucho frío. Era una madrugada de invierno. Noriega pensó que la luz del día iría componiendo el tiempo.

A las 6, casi un centenar de oficiales ya había tomado Punta Indio. El único que debió ser reducido fue Horacio Gutiérrez, un oficial con lazos parentales con el peronismo. Su suegro era el ministro de Educación, Armando Méndez San Martín. Tres días antes del complot, Gutiérrez le había enviado una carta de alerta al ministro, pero fue interceptada por los conspiradores y no llegó a destino.

Noriega estaba comunicado por radio con Toranzo Calderón en el Ministerio de Marina. Lo acompañaba el vicealmirante Benjamín Gargiulo, que respondía a sus órdenes en el levantamiento, pese a que tenía mayor graduación. Los dos se habían apostado en el comando de la Aviación Naval, en el cuarto piso del ministerio. Los infantes de Marina se habían escondido en el sótano, a la espera de la primera bomba. Apenas supo de la sublevación de Punta Indio, Toranzo Calderón envió radiotelegramas a unidades y bases de la Armaday llamó a la rebelión contra Perón.

La sede naval ya estaba liberada. En la tarde del 15 de junio, Olivieri se había internado en el Hospital Naval.

A las 10 de la mañana, Noriega decidió despegar el Beechcraft AT11 de Punta Indio. Fue el primer vuelo. Llevaba dos bombas de demolición de cien kilos cada una. Llegando a Buenos Aires, advirtió que el clima tornaba imposible la maniobra. Decidió mantenerse en el aire, en los alrededores de Colonia, Uruguay. Confiaba en que el tiempo mejoraría. La autonomía de vuelo del Beechcraft era de cuatro horas.

A esas alturas de la mañana, el capitán Bassi ya había tomado Ezeiza, y recibiría el refuerzo de los infantes de Marina, que ya habían partido desde Punta Indio en cinco aviones de transporte Douglas C-47.
La Brigada de Morón se mantenía sin novedades.

Abajo, en tierra, la visibilidad era casi nula. Desde el Ministerio de Marina la niebla no permitía verla Casa Rosada, ubicada a trescientos

El presidente Perón había llegado a su despacho a las seis y cuarto. Cuarenta y cinco minutos después recibió al embajador norteamericano Albert Nuffert. Una hora más tarde, a las 8, el jefe del Ejército, el general Franklin Lucero, le informó sobre las acciones de los sublevados y la posibilidad de un bombardeo. Lucero había intentado certificar esta hipótesis desde la noche anterior —su secretario lo despertó a las 23 con la novedad—, pero no le dio mayor crédito. Había decidido no molestar a Perón ni alarmar a las fuerzas del Consejo de Seguridad.

Pero ahora lo creía. Ya tenía confirmado que las bases de Punta Indio y de Ezeiza habían sido tomadas. Le dijo al presidente que se fuera de la Casa de Gobierno y se refugiara en el Ministerio de Ejército.
No hay precisión exacta sobre la hora en que lo hizo. Perón diría que fue a las nueve y media. Las fuentes son contradictorias. La falta de uniformidad, sin embargo, no resuelve el enigma: ¿Por qué, si Perón se refugió en el Ministerio de Ejército entre las 9 y las 10 de la mañana en conocimiento del bombardeo, no ordenó el desalojo de la Casa Rosada? A esa hora, alrededor de cuatrocientas personas, entre funcionarios, empleados y público, permanecía en la Casa de Gobierno. El mismo riesgo alcanzaba para quienes estaban en la Plaza de Mayo y las calles adyacentes. ¿Por qué el gobierno no la alertó, o prohibió la circulación, o clausuró los accesos? Es un enigma sin respuesta.

Hacia el mediodía, la demora del bombardeo decepcionaba a los potenciales sublevados en tierra. Los comandos civiles, hijos de familias patricias que habían abrevado en el nacionalismo, la derecha católica y el radicalismo, pero sobre todo en el odio al peronismo, como era el caso de Juan Carlos Goyeneche, Cosme Beccar Varela, Santiago de Estrada, Ricardo Curuchet, Santiago Díaz Vieyra o Mario Amadeo, nadaban en la incertidumbre. El bombardeo había sido anunciado a las 10. Pocos minutos después, Beccar Varela entró en contacto con el Ministerio de Marina. Le advirtieron que las naves ya estaban en vuelo. Se había producido una demora, pero la operación marchaba normalmente.

Los comandos estaban divididos en tres grupos, enlazados con un comando central. Se mantuvieron alertas, disimulados en las inmediaciones, tomando café en los bares, mirando vidrieras. A las 12 seguían sin novedades. A partir de entonces, se tomó la decisión de licenciar a la tropa. Supusieron que el bombardeo se habría abortado, y además tenían la orden de no volver a llamar al ministerio.

Para reducir la pesadumbre, algunos comandos se acercaron a Villa Devoto para visitar a los civiles que habían sido detenidos el domingo 12, mientras defendíanla Catedral metropolitana. La cárcel les había impedido formar parte de la avanzada terrestre.

A las 12.40 el capitán Noriega se decidió a atacar. Lanzó la primera bomba sobre la Casa Rosada.Explotó sobre una cocina de servicio del primer piso. La bomba, que pesaba 110 kilos, mató a dos ordenanzas. La explosión hizo caer parte del techo de la sala de prensa. Los periodistas se escondieron en un túnel interno.

Tras el primer impacto, una fila de aviones que esperaba su turno en el aire fue aproximándose hacia el objetivo. Cada piloto disponía de dos bombas. Sobrevolaron la Casa Rosada y efectuaron la descarga.

El bombardeo criminal de los sublevados lanzaría catorce toneladas de explosivos para matar a Perón. También, en oleadas sucesivas, bombardearían a la población civil de los alrededores de la Plaza de Mayo y apuntarían sobre otros blancos estratégicos: la Policía Federal, la sede de la CGT y la residencia presidencial, el Palacio Unzué, sobre la calle Agüero.

Una de las primeras bombas impactó sobre un trolebús. Provocó un resplandor rojo sobre la calle Paseo Colón. La explosión no desintegró en forma total la estructura del transporte público, pero la onda expansiva hizo que los trozos humanos quedaran incrustados en las paredes internas. Allí no hubo heridos. Hubo sesenta y cinco muertos.
Tras la primera bomba, los infantes de Marina salieron del ministerio en camiones de la fuerza. Se dividieron en dos. Una compañía se apostó, calle de por medio, a cuarenta metros de la explanada norte de la Casa Rosada. La otra se refugió en la playa de estacionamiento del Automóvil Club, entre el Parque Colón y el Correo Central, a cien metros de la retaguardia de la Casa de Gobierno. Los marinos comenzaron a disparar.

La avanzada sorprendió a un cuerpo de granaderos que acababa de bajar de un ómnibus casi en forma simultánea, sea porque era el cambio de guardia o porque fueron convocados de urgencia.
La base de la Brigada de Morón no fue sublevada de inmediato. Siguió bajo el mando oficial. Tras la primera bomba, se ordenó el despegue de los Gloster para combatir a los sublevados.
La batalla estaba en el cielo. Un Gloster persiguió y derribó un avión North American AT6 en la zona de Aeroparque. El piloto, guardamarina Arnaldo Román, logró lanzarse con el paracaídas y cayó sobre el Río de la Plata. Luego fue capturado.

Parte de la escuadrilla oficial giró hacia la base de Ezeiza para abrir fuego contra los sublevados. En el ataque destruyeron un bombardero Catalina y averiaron una nave de bandera danesa que estaba en la pista del sector aerocomercial.
Había fuego cruzado.

Los aviones de la Armada comenzaron a bombardear una columna de soldados del Regimiento 3 de La Tablada que avanzaba en camiones por la avenida Crovara para defender la Casa Rosada. Desde distintas azoteas de edificios públicos en las inmediaciones de la Plaza de Mayo —el Banco Nación, el Ministerio de Economía—, civiles armados comenzaron a disparar contra los aviones rebeldes.

Cuando los Gloster leales aterrizaron luego de su primera incursión, la Brigada de Morón había sido tomada por los conspiradores. El comandante de la Aeronáutica Agustín de la Vega había encañonado a sus jefes mientras estaban observando el despegue de los jets. Los superiores y subordinados que no habían adherido al levantamiento fueron reducidos en un hangar. Los Gloster cambiaron de pilotos y volvieron a despegar, ahora con un nuevo objetivo: la Casa de Gobierno. La primera oleada del bombardeo también afectó al edificio del Ministerio de Ejército. Allí, en el sexto piso, estaba el general Lucero junto a Perón, dando instrucciones a las unidades militares para que ocuparan las posiciones enemigas. Le ordenó a la base aérea de San Luis que despegara una escuadrilla de aviones a reacción y que atacara Punta Indio y Ezeiza. De pronto, la onda expansiva de una bomba alcanzó la oficina. El impacto le hizo perder estabilidad a Perón. Sus auxiliares lo empujaron contra un armario para protegerlo. Enseguida, el presidente fue trasladado al sótano del edificio.

El ocaso de golpe naval

A media hora de la primera bomba, el balance era el siguiente: la conspiración golpista dominaba las bases de Punta Indio, Ezeiza y Morón. Hasta entonces, el poder de fuego aéreo estaba garantizado. Pero ya se advertían las carencias: la falta de incorporación de tropas del Ejército. El general Bengoa, que había viajado a Buenos Aires a una reunión en Campo de Mayo para disimular su futura participación en la sublevación, fue detenido en Aeroparque, cuando abordaba un avión hacia Paraná. El Ejército se mantenía leal a Perón: no había movilizado ninguna unidad.

La Infantería de Marina todavía mantenía firme su propósito de tomar la Casa Rosada. Pero la realidad era mucho más ardua que los planes originales. En parte, porque las explosiones no fueron devastadoras. Si bien estallaron veintinueve bombas y hubo doce muertos en la Casa Rosada, muchas otras no llegaron a detonar. La baja altura a la que volaban los aviones no permitía que se activaran las espoletas. Además, el tiempo jugaba a favor del gobierno, que podía acumular fuerzas en la defensa; los conspiradores, no. Los comandos civiles se habían dispersado y no retornaron a la Plaza de Mayo. En tierra solo estaban los infantes, que encontraron un inesperado escollo en la Casa Rosada: los granaderos. La resistencia de los soldados permitió ganar tiempo. Cerca de la 1, a veinte minutos de la primera bomba, desde el Regimiento de Palermo se incorporaron a la zona del combate la artillería liviana y cuatro tanques Sherman.

También las bases peronistas comenzaron a movilizarse. A las 13.12, mientras se incrementaba el fuego entre infantes y granaderos, el secretario dela CGT, Hugo Di Pietro, utilizó la cadena radial. Dijo: “¡Todos los trabajadores de Capital Federal y de Gran Buenos Aires deben concentrarse inmediatamente en los alrededores dela CGT! ¡Todos los medios de movilidad deben tomarse a las buenas o a las malas! ¡La CGT los llama a para defender a nuestro líder! ¡Concentrarse inmediatamente pero sin violencias!”.

Los camiones de la Fundación EvaPerón y de los sindicatos cargaron hombres y mujeres por los barrios del conurbano y de la Capitalpara llevarlos al teatro de operaciones. Los convocaba la defensa a Perón. Algunos iban con las manos vacías, otros llevaban palos, herramientas de trabajo, cuchillos. También revólveres cortos. En Constitución y en el centro porteño fueron asaltados dos locales de venta de armas.

Pero la euforia del peronismo que se movilizaba en camiones se atenuaba apenas llegaban a la Plaza de Mayo. En los acoplados se cargaban decenas de cadáveres levantados de la calle. Los heridos eran trasladados a la Asistencia Pública de la calle Esmeralda y a otros hospitales.

Tres minutos después del llamado a la resistencia de la CGT, el ex capitán Viader difundió el bando golpista. Con sus comandos civiles había tomado por la fuerza las instalaciones de Radio Mitre. Interrumpió la transmisión y obligó al locutor a leer la proclama: “Argentinos, argentinos, escuchad este anuncio del Cielo volcado por fin sobre la Tierra. El tirano ha muerto. Nuestra patria desde hoy es libre. Dios sea loado. Compatriotas: las fuerzas de la liberación económica, democrática y republicana han terminado con el tirano. La aviación de la patria al servicio de la libertad ha destruido su refugio y el tirano ha muerto.

Los gloriosos cadetes de la Escuela Naval y los valientes soldados de la Escuela de Mecánica de la Armada avanzan desde sus respectivas guarniciones acompañados por compactos grupos populares que vitorean al movimiento revolucionario. Ciudadanos, obreros y estudiantes; la era de la recuperación de la libertad y de los derechos humanos ha llegado”.

La proclama fue cortada por el personal de la planta transmisora de Radio Mitre, en Hurlingham. Pocos minutos después, las radios oficiales empezaron a leer un comunicado que tenía la firma de Perón. “Algunos disturbios se han producido como consecuencia de la sublevación de una parte de la Aviación y la Marina. La aviación militar ha derribado un avión y tres han sido obligados a aterrizar. La situación tiende a normalizarse. El resto del país, tranquilo. Fuerzas del Ejército, de la Aviación, firmes en el cumplimiento del deber”.

De inmediato, en el oeste de la ciudad apareció una segunda escuadrilla de aviones. Había despegado de Morón. Ampliaron el radio de ataque. En vuelo rasante, un Gloster ametralló el edificio de la CGT. Un dirigente obrero, Héctor Passano, intentó responder con su arma corta desde la terraza. Su cuerpo fue partido en dos por una ráfaga. También dispararon sobre el Departamento de Policía y el Ministerio de Obras Públicas en la Avenida 9 de Julio. Un oficial fue alcanzado por los disparos. Murió en su oficina.

Por detrás de la cúpula del Congreso asomó otro Gloster. Volaba apenas por encima de la Avenida de Mayo. Se dirigió hacia la Casa de Gobierno para ametrallarla.

A poco menos de una hora del primer estallido, Olivieri decidió trasladarse hacia el Ministerio de Marina. Quería hacerse cargo de la sublevación y evitar su detención en la cama del Hospital Naval. Le costó acercarse al edificio. Los accesos céntricos estaban bloqueados. Aprovechó un sector del puerto por el que todavía no había avanzado el Ejército. Todos los vidrios de los ventanales del ministerio habían estallado. Los infantes se movían cuerpo a tierra para responder los disparos de la artillería del Ejército. El teniente de navío Emilio Eduardo Massera, uno de los jefes del golpe de Estado de 1976, secundó al ministro Olivieri para ingresar por la parte de atrás del edificio.

A esas alturas, el cuadro era el siguiente: la zona del Bajo, el perímetro de las avenidas Leandro N. Alem, Eduardo Madero y Paseo Colón, la avenida Corrientes y las calles de las inmediaciones estaba en situación de guerra. Circulaban jeeps del Ejército, camiones de obreros y simpatizantes peronistas, se gritaba por Perón, se alzaban banderas. Las balas se cruzaban entre los edificios y la calle.

La posición dominante de los infantes en el campo de batalla empezó a revertirse antes de las 3 de la tarde. La artillería había instalado su cuartel en un edificio ubicado en la esquina de Leandro N. Alem y Viamonte. Era la base para el ataque contra los infantes que se mantenían frente a la explanada norte dela Casa Rosada. Olivieri tomó contacto conla Escuela de Mecánica dela Armada, pero ya era tarde para que se volcara al alzamiento: estaba rodeada por el Regimiento 1 de Palermo.

La hijoputez de los golpistas: Los asesinos que bombardearon Plaza de Mayo el 16 de junio del 1955 fueron “un puñado de valientes” y el culpable de las 350 muertes… ¡fue el propio Perón!
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A los sublevados no sólo les quemaba el fuego oficial. También civiles armados del peronismo y de la ALNles disparaban desde los muros, los árboles o las terrazas. A las 3 de la tarde, esa compañía de Infantes tuvo que ser replegada hacia el Ministerio de Marina. La otra, que se mantuvo apostada en el Automóvil Club, se guareció en el edificio poco después.

En las bases aeronavales, la conspiración también estaba cercada. Punta Indio fue tomada por una división del Regimiento Motorizado de La Plata. Una toma pacífica, en realidad, porque la base quedó desguarnecida luego del primer vuelo. Toda la infraestructura logística había sido trasladada a Ezeiza. Sólo Gutiérrez permanecía en el calabozo.

Ezeiza, en tanto, estaba siendo atacada por los soldados del Regimiento 3 deLa Tablada. Morón también estaba en riesgo. Los leales al gobierno apresados en el hangar mataron a un teniente de Aeronáutica que los custodiaba y empezaron a dispersarse por la base.

Con las fuerzas de tierra atrincheradas en el Ministerio de Marina, los conspiradores combatían en tiempo de descuento. Lucero había ordenado un ataque múltiple con ametralladoras pesadas desde la Casade Gobierno y el Ministerio de Ejército. Disparaban con morteros de ochenta milímetros. Rodeada de tanques, la batería antiaérea de la artillería y la infantería motorizada, desde una ventana del séptimo piso de la base rebelde, agitó un lienzo blanco. Eran las 15.17.
Seguidos por grupos de civiles que acompañaban el paso de los tanques, y luego de que mediaran dos comunicaciones telefónicas entre Olivieri y Lucero, los generales Carlos Wirth y Juan José Valle se acercaron al ministerio en un jeep con la intención de parlamentar sobre la rendición. Pero fueron sorprendidos. A las 15.20, los aviones de la Marina Beechcraft AT, North American AT6 y el Catalina volvieron a sobrevolar la Plaza de Mayo y descargaron treinta y tres bombas. Sólo ocho no explotaron. El ataque destruyó dos pisos del ala sur del edificio y mató a un soldado conscripto. También fue muerto un general. Muchas de las naves fueron alcanzadas por las baterías antiaéreas de la Casa Rosada, pero ninguna fue derribada.

Los marinos en tierra aprovecharon la confusión y reanudaron el fuego. Muchos civiles fueron muertos y heridos en el contraataque. La acción provocó la furia de los leales a Perón.

Esta nueva oleada, la tercera de la conspiración, bombardeó el epicentro del poder: la Casa Rosada, el Ministerio de Ejército, el Ministerio de Hacienda y el Banco Hipotecario. La residencia presidencial también fue atacada. Cada avión que la sobrevoló lanzó una bomba. Una cayó en el parque del Palacio Unzué y no detonó. Otra mató a un barrendero en la calle. La tercera, que erró el blanco por doscientos metros, cayó sobre la calle Pueyrredón: mató a un automovilista y a un chico de 15 años. El ataque fuera del palacio tenía una razón de ser: suponían que en un edificio de la calle Gelly y Obes se había refugiado Perón.
El fuego de los conspiradores se sostuvo poco tiempo más. Un tanque Sherman disparó sobre el segundo piso del Ministerio de Marina, provocó un boquete y un incendio en la sala de almirantes.

A las cuatro y media de la tarde, Olivieri reclamó una negociación directa con Lucero. Estaba dispuesto a entregar el ministerio y rendir a las fuerzas rebeldes, pero, mientras los civiles continuasen alrededor de las tropas del Ejército, continuaría el combate.

Los sublevados temían que las fuerzas leales no pudieran controlar al pueblo peronista. La rebelión podía concluir con un linchamiento y no querían correr ese riesgo.
Mientras la Marina negociaba los términos de la rendición, Noriega tomó la decisión de enviar un Douglas DC-3 de Ezeiza hasta la Brigada de Morón para evacuar a los complotados que seguían en combate contra las fuerzas oficiales. El DC-3 podía cargar a treinta pasajeros. El resto, más de setenta, debía quedar en tierra. La imposibilidad de cargar a todos generó una discusión entre los pilotos, pero ya no había mucho tiempo. El DC-3 pudo levantar vuelo pese a la sobrecarga: terminó llevando a cincuenta pasajeros. En el carreteo, logró alzar vuelo antes de embestir un tanque de combustible que le habían cruzado sobre la pista; de rozarlo, lo hubiera envuelto en una bola de fuego.

Los marinos también lograron despegar los Gloster. En vuelo hacia el Uruguay, ametrallaron la Casa Rosada. Fue el último acto de servicio de la rebelión frustrada.
Entonces, a las 17.25, en la Plaza de Mayo ya había miles de personas convocadas por el gobierno.

En forma simultánea al vuelo de los Gloster, desde el Ministerio de Ejército Perón encomiaba por cadena nacional “la acción maravillosa que ha desarrollado el Ejército cuyos componentes han demostrado ser verdaderos soldados […]. Desgraciadamente, no puedo decir lo mismo de la Marina de Guerra, que es la culpable de la cantidad de muertos y heridos que hoy debemos lamentar los argentinos”.

Para entonces, desde las bases de Morón y Ezeiza, treinta y seis aviones con ciento veintidós sublevados habían huido hacia el Uruguay. Uno de ellos era el radical Zavala Ortiz.

El mayor del Ejército Pablo Vicente, a cargo de la custodia de los prisioneros del Ministerio de Marina, visitó en la madrugada del día17 a los tres líderes de la rebelión, Olivieri, Toranzo Calderón y Gargiulo. Estaban en calabozos separados. Les adelantó que serían juzgados por una corte marcial y que no podrían escapar al fusilamiento. Antes de retirarse, dejó a cada uno de ellos una pistola para que decidiera por sí mismo su destino. De los tres hombres de armas, Gargiulo fue el único que la usó.

De la pacificación al “cinco por uno”: la caída de Perón

Tras el vuelo final de los sublevados, la población comenzó a rodear la Catedral. Aquel discurso de Perón de 1953, luego del atentado en Plaza de Mayo, volvía a resonar en las calles: “Cuando haya que quemar, voy a salir yo a la cabeza de ustedes; pero entonces, si fuera necesario, la historia recordará la más grande hoguera que haya encendido la humanidad”.

Esa noche se quemaron las iglesias. La Curia metropolitana fue destruida en forma parcial, también fueron saqueadas sacristías y estatuas. Algunos sacerdotes y feligreses fueron hostilizados. Perón, para salvar la responsabilidad del peronismo, acusó a los comunistas.
El 16 de junio de 1955, en la ciudad de Rosario, comunistas y peronistas se habían manifestado contra el bombardeo. Habían impreso un panfleto: “Unidad popular contra el golpe oligárquico imperialista”.

La Sección Orden Social y Político —un correlato de la Sección Especial de la Policía Federal— aprovechó la ocasión para encarcelar a los manifestantes. Detuvo a varios centenares de personas por “desorden público”. Al día siguiente, la División Investigaciones fue a la casa del médico comunista Juan Ingalinella. Tenía una imprenta clandestina y había sido detenido más de veinte veces, la mayoría de ellas por “desacato y resistencia a la autoridad”. Ingalinella pensó que sería una detención más. Se entregó. No fue así.

Para empezar, el abogado Guillermo Kehoe, que reclamó por su libertad, fue detenido y torturado por uno de los jefes de Orden Social, Félix Lozón. Tenían algo en común: eran amigos de la infancia. Habían cursado juntos la escuela primaria. Lozón lo torturó toda la noche. A la mañana siguiente, convocó a Kehoe a su despacho. Le dijo:

—¿Sabés para qué te llamé?
—Para torturarme de nuevo —respondió el abogado.
—No. Es para felicitarte. Sos un tipo de aguante.
Kehoe le preguntó por qué no le pegaba un tiro y terminaba de sufrir. Lozón le pidió que no se confundiese.
—No… eso no. Yo no soy un asesino. Soy un torturador.

A los pocos días, los detenidos fueron recuperando su libertad. Ingalinella no. Pero la policía decía que ya lo habían soltado. La jefatura de policía presentó un recibo que certificaba el retiro de sus pertenencias. Tenía su firma.

El médico comenzó a ser buscado. Nunca lo encontraron. Al cabo de los años se supo que había muerto de un paro cardíaco durante la sesión de torturas. Su firma había sido falsificada. En 1961, la Justicia condenó a prisión perpetua a la jerarquía policial rosarina —los oficiales Félix Monzón, Santos Barrera y Francisco Lozón, entre otros— que había prestado servicios durante el peronismo. En la apelación, las penas fueron atenuadas. Se cree que el cuerpo de Ingalinella fue tirado al río Paraná o fue cremado. Fue el primer caso de desaparición forzada por razones políticas.

No era la primera vez que se bombardeaba Buenos Aires por un conflicto político interno. Los cívicos de Leandro N. Alem, durante la Revolución del Parque de 1890, también habían ordenado el bombardeo desde naves en el Río de la Plata. Pero pocas veces la historia argentina había registrado un atentado criminal de la magnitud del 16 de junio de 1955, en el que murieron 308 personas.

Perón trató de limitar las consecuencias. “Prefiero que sepamos cumplir como pueblo civilizado y dejar que la ley castigue. No lamentemos más víctimas. Nuestros enemigos cobardes y traidores merecen nuestro respeto, pero también merecen nuestro perdón. Por eso, pido serenidad una vez más”, dijo.

No promovió un entierro colectivo ni colocó a los muertos como bandera de combate y le ordenó a la prensa oficialista que moderara su estupor ante la masacre. En su discurso, invitó a tomar el bombardeo como una “lección al pueblo argentino”, para abandonar los caminos de la violencia y retomar los del orden, la ley y la tranquilidad pública.

La sublevación no pudo tomar el poder. En términos militares, fracasó. Pero el poder político de Perón fue alcanzado por las bombas. El 16 de junio había sido un ensayo. La conspiración no se detuvo.

Dos días después de que centenares de personas fueran muertas por la marina rebelde, el diario La Nación tituló: “Gran tranquilidad pública”. Valoró la mesura del discurso de Perón después de las bombas e interpretó el fuego aéreo contra la población civil como una consecuencia “algo natural” en las confrontaciones políticas.
El Congreso realizó una sesión de repudio al ataque, pero el radicalismo no participó. En un comunicado, la UCR informó que el bombardeo era el corolario de las políticas de Perón. Exaltó su culpabilidad pero excluyó la del poder naval sublevado.

El llamado oficial a la quietud y la reflexión fue el comienzo de un plan de conciliación que el presidente intentó entablar con la oposición. Lo intentó, primero que nadie, con la Iglesia. Perón ordenó que se restauraran los templos incendiados y purgó de su gabinete a las figuras más expuestas en la política anticlerical, los ministros de Educación, Méndez San Martín, y del Interior, Ángel Borlenghi, que había sido el primer sindicalista socialista —empleados de comercio— que obtuvo un cargo de gobierno.

Perón también intentó reconciliarse con el empresariado. El 30 de julio de 1955 anunció que, tras doce años de lucha, se habían logrado la independencia económica y la reforma de la Constitución y, si bien quedaba mucho por hacer, daba por concluido el “período revolucionario” del gobierno. “No vamos a seguir peleando con las sombras ni con nadie”, expresó en la sede de la central obrera.

Perón también buscó distender la relación con los partidos políticos. Echó a Raúl Apold, el secretario de Medios, y, por primera vez en diez años, se escuchó la voz de la oposición en las radios del Estado.

El líder radical Arturo Frondizi rechazó la conciliación. Para él, esa estrategia intentaba encubrir “la entrega espiritual y material del país”. La UCRse oponía a la privatización del petróleo: la compañía California Argentina, subsidiaria de la estadounidense Standard Oil, explotaría 50.000 km2 en Santa Cruz por cuarenta años. El líder radical no absolvía al peronismo. Lo consideraba responsable de los “sucesos trágicos” del 16 de junio. En forma cada vez menos implícita, la UCRavalaba su derrocamiento. Otros partidos, el conservador y la democracia progresista, en cambio, reclamaron la renuncia de Perón y una “amnistía política” para los marinos detenidos tras los bombardeos.

La iniciativa pacificadora de Perón había sido recibida con escepticismo. Para la oposición, ya era tarde para desandar los hechos. Por un lado, había grupos de civiles y militares, las fuerzas conservadoras con las que había confrontado Evita, que deseaban terminar con su gobierno, extirpar a las masas de la movilización política y revertir la nueva distribución de ingresos, que había perjudicado sus intereses a lo largo de diez años.

Por otra parte, los partidos que ponían énfasis en las libertades civiles antes que en los intereses económicos corporativos no confiaban en la nueva versión de Perón.

En el resumen de lo actuado en sus dos gobiernos, habían denunciado la utilización de la policía como una fuerza de choque paralela, sus torturas, el encarcelamiento a los opositores, la clausura de diarios, el veto a la expresión disidente, la destrucción del gremialismo no peronista, el despojo de los bienes de los partidos políticos. Y la lista seguía: la corrupción de sus colaboradores, los negociados, el favoritismo para los empresarios del poder, la falta de empleo estatal para los que no estaban afiliados al partido, la expulsión de los docentes no peronistas de las universidades.
La política de “pacificación” se agotó apenas inició su camino. Entonces, Perón modificó el escenario y retomó la ofensiva. A un mes y medio del bombardeo, hizo pública su renuncia al gobierno. Ni siquiera su renuncia, su “retiro”.

La táctica obtuvo los resultados imaginables: los dirigentes peronistas la rechazaron y al día siguiente la CGT convocó a un paro con movilización a la Plaza de Mayo.
Toda la calma que Perón había promovido en los días posteriores a la masacre para reducir la tensión política, la promesa de la revolución terminada y las propuestas de negociación fueron dejadas de lado. En venganza a ese pedido de “tregua” estatal no escuchado, auguró el devenir de la violencia. El 31 de agosto de 1955, desde el balcón de la Casa Rosada, dijo: “Desde ya, establecemos como una conducta permanente para nuestro movimiento: aquel que en cualquier lugar intente alterar el orden en contra de las autoridades constituidas, o en contra de la ley o la Constitución, puede ser muerto por cualquier argentino. […] La consigna de todo peronista, esté aislado o dentro de una organización, es contestar a una acción violenta con otra más violenta. ¡Y cuando uno de los nuestros caiga caerán cinco de ellos!”.

El “cinco por uno” se convirtió en el símbolo de su ira, pero, más que de su ira, de su impotencia. Prisionero de su debilidad y del agotamiento del proyecto de su gobierno, Perón intentó atemorizar con palabras a una oposición que no detenía los planes de conspiración ni se asustaba.

El final de la política de conciliación no se tradujo en violencia de hecho. Las masas obreras volvieron a sus casas como cualquier otra jornada de fiesta peronista. No hubo ataques ni incendios, pero todos los puentes con los estamentos opositores se habían roto.

La CGT ofreció al jefe del Ejército, general Lucero, el servicio armado de sus afiliados para la defensa del gobierno. Eran seis millones. Otros grupos peronistas pidieron ametralladoras para enfrentar una nueva rebelión.

Perón desalentó la formación de “milicias populares”. No deseaba que la resolución del conflicto se librara con el pueblo en armas enfrentando en la calle a grupos civiles y militares rebeldes. Ese era un límite que no quería traspasar. Jamás había promovido al pueblo a la lucha. Hasta entonces, el peronismo no tenía experiencia en ese sentido. Además, existía un riesgo. Si armaba a la clase trabajadora, ¿después quién le quitaba las armas?

Los sectores golpistas de las Fuerzas Armadas creían que la formación de las milicias era inminente. Y si no lo creían, lo decían. Era un argumento para sumar fuerzas a la rebelión. La quema de iglesias y la violencia discursiva de Perón también fueron disparadores para la organización de un nuevo alzamiento.

El 2 de septiembre, el general Dalmiro Videla Balaguer, que había recibido la medalla a la “lealtad peronista” por su actuación en el bombardeo de junio, intentó sublevar la guarnición militar de Río Cuarto, en Córdoba, junto con otros cinco oficiales. El movimiento fracasó, se fugaron y no pudieron ser capturados. Fue el primer indicio. Perón no cortó su proyección. No depuró de las filas castrenses a los sectores golpistas, tampoco realizó una reestructuración que favoreciera a los suboficiales que se mantenían leales a su mando.

Uno de los focos de la conspiración lo lideraba el general retirado Eduardo Lonardi. Ya se había levantado contra Perón en 1951. Permaneció casi un año en prisión. Pero entre ellos había un antecedente más personal: en 1937, mientras servía en la agregaduría militar de la embajada en Santiago de Chile, el mayor Perón había tendido una red de espionaje que le proveía información sobre movimientos de tropas y compras de armas del ejército local. La red fue descubierta cuando él ya se había marchado de la embajada y el caso estalló en las manos de su reemplazante, el mayor Lonardi, quien fue deportado de Chile por orden del presidente Arturo Alessandri Palma.

Lonardi representaba a sectores nacionalistas y católicos del Ejército. Fue el coronel Arturo Arana Ossorio, de artillería, católico y también rebelde en el ’51, quien lo entusiasmó para liderar la sublevación.

El 16 de septiembre de 1955, Lonardi tomó las escuelas militares de Córdoba. Los comandos civiles armados acompañaron su misión. El último bastión fue la policía local, que no se rindió y enfrentó a los insubordinados.

Para la Marina, el alzamiento tampoco resultó sencillo. Tomaron la base de Puerto Belgrano, en Bahía Blanca, pero el avance sobre la de Río Santiago, en La Plata, fue rechazado por el fuego de la artillería y la aeronáutica leales.

El general Pedro Eugenio Aramburu, que dudó en un primer momento de colocarse al frente del movimiento militar, viajó a Curuzú Cuatiá, en Corrientes, para tomar un regimiento. Al llegar tarde, su objetivo fracasó. Entonces huyó y dejó a la deriva a las tropas sublevadas.

Dos días después del alzamiento, los rebeldes estaban acorralados. En Córdoba, diez mil hombres de las tropas leales habían recuperado el aeropuerto. La base de Río Santiago había sido recuperada. Las guarniciones de Capital Federal no se habían levantado. Lonardi estaba a punto de rendirse. Sólo la Marina de Guerra alzada, que había bombardeado la destilería de petróleo de Mar del Plata y amenazaba con continuar el ataque sobre los depósitos de La Plata, Dock Sud y Capital Federal, le daba un poco de aliento al plan rebelde.

Pese al cuadro favorable, el día 19 de septiembre, Perón renunció con un mensaje ambiguo, que el general Lucero transmitió por la cadena oficial, para asegurar una “solución pacífica”. Algunos oficiales le pidieron continuar la lucha, pero el jefe de Estado no varió su posición. Delegó el poder en una junta de generales, que se vio obligada a pedir una tregua a los insurrectos cuando estaban a punto de dar por finalizada su sublevación. Al día siguiente, la junta parlamentó con el almirante Isaac Rojas en un buque de guerra y acordaron la cesión del poder.

Si Perón esperaba que su decisión generara un nuevo 17 de octubre y la indignación popular lo repusiera en el poder, el cálculo político falló.

Algunos grupos sindicales habían reclamado armas para defender al gobierno —que le fueron negadas—, pero la nueva conspiración militar no desencadenó un estado de movilización en el peronismo. La CGT se mantuvo a la expectativa. Lo mismo sucedió en el Ejército. La mayoría de los oficiales estaban decepcionados con Perón —en especial por la quema de las iglesias—, pero no promovieron su derrocamiento porque se sentían ajenos a las luchas políticas. Sumidos en la incertidumbre, los leales, o mejor dicho los “legalistas”, demoraron la tarea: habían reprimido sin convicción.

El 21 de septiembre de 1955 Lonardi asumió como “presidente provisional” de los argentinos y dos días después ingresó en la Casa Rosada. La Plaza de Mayo fue desbordada por el festejo. Perón se había embarcado en un buque de guerra paraguayo y emprendió viaje hacia ese país. No quería sentirse responsable de una guerra civil. Abandonó el poder y no hizo nada, ni dejó que nadie lo hiciese, por Evita. El padre Hernán Benítez le pidió unas líneas de autorización para que la madre retirara el cadáver embalsamado de su hija del salón de la CGT. No se las concedió.

Perón volvería al país diecisiete años después.

[Capítulo 4 de “Marcados a fuego (2). De Perón a Montoneros”, Aguilar, 2010]

MATEN A PERÓN!!!

16 DE JUNIO DE 1955 – Bombardeo a Plaza de Mayo…El director Fernando Musante elaboró en torno de este suceso un interesante documental en el que testigos presenciales de esa masacre narran las horas de horror que vivieron aquellas víctimas que transitaban porla Plazade Mayo y por sus alrededores. Dos actores -María Fiorentino y Claudio Rissi- relatan minuciosamente esa jornada lluviosa que comenzó al mediodía y se prolongó hasta bien entrada la noche. El film deja de lado el aspecto meramente político de este suceso para indagar en los relatos de algunos de sus sobrevivientes y se apoya en algunas situaciones ficcionales que aportan calidez a este film basado, además, en fragmentos de noticieros y en fotografías de la época

El 16 de junio de 1955 un grupo de aviones, en su mayoría pertenecientes a la fuerza aeronaval, bombardeó una amplia zona de Buenos Aires. Su misión era matar a Perón, y este episodio, que dejó centenares de muertos y heridos, se convirtió en uno de los más sangrientos de la reciente historia argentina.

“Maten a Perón” se inscribe en la memoria de aquel 16 de junio, cuando facciones militares se entrecruzaban entre diversos elementos conflictivos que, con este episodio, se tornaron salvajemente crueles para esos inocentes que vieron llover las bombas desde los aviones dispuestos a sembrar la muerte y el espanto.

Un impecable montaje aporta sobriedad a este documental que transita por el recuerdo de ese episodio de ingrata memoria para un momento político que se sumó a varias de las páginas más negras de la historia de nuestro país.

“Maten a Perón”
Argentina, 2005

Dirección
Fernando Musante

Guión:
Leonardo Nápoli y Fernando Musante

Fotografía:
Fernando Silva

Protagonistas:
María Fiorentino y Claudio Rissi

Documental MATEN A PERON de Fernando Musante

 

http://vimeo.com/25196237
 

Gracias a:

 TRUKINY2  en Vimeo

 

Unos años despues… 

La versión Gorila

 

Gracias a: vengadorRecargado

 A 42 años del Histórico Cordobazo, Violencia es Mentir te trae dos  miradas sobre este relevante hecho y sus protagonistas. El  Documental TOSCO: Grito de Piedra de Adrian Jaime  y una discusión increíblemente estúpida y estéril que se dió en la Legislatura de Córdoba sobre Agustín Tosco escrita por Osvaldo Bayer y publicada en el mes de febrero en Pagina 12.

Quienes respetamos la memoria de “El Gringo Tosco” y la de muchos Compañeros apaleados, encarcelados y muertos por las dictaduras sucesivas del país sentimos verguenza ajena por estos “Representantes del Pueblo” que no hacen mas que demostrar su falta de seriedad y de desconocimiento de las personas que hicieron de Córdoba un bastión de la Resistencia en epocas duras de nuestra historia.

 

Por Osvaldo Bayer

 Ya es la cuarta nota sobre el tema. ¿De qué se trata? ¿De una comedia de enredos, de una demostración de quién tiene la sartén por el mango, de una guerra no declarada de intereses políticos? Le pregunté su opinión a un amigo alemán, que vive en Bonn y que luego de una visita de tres semanas a la Argentina se ha especializado en lunfardo porteño, quien –luego de explicarle el caso– me respondió sin pestañear: “Es una piolada porteña llevada a cabo en Córdoba”.

Bien, pasemos al caso. En la Legislatura cordobesa se presenta de pronto el diputado Passerini y propone que se trate “sobre tablas”, es decir, ya mismo, el cambio de nombre de la Avenida de Circunvalación de la ciudad de Córdoba, que pasaría de llamarse “Agustín Tosco” a “General Bustos”. Se aprueba sin discusión con el voto en contra de tres legisladores. No se dice por qué ese otro nombre. Se cambia y ya está. Como si fuese una orden cuartelera. A pesar de que el nombre de la avenida Tosco había sido aprobado por unanimidad por los representantes legales de la ciudad de Córdoba. Ante la protesta de las bases trabajadoras y principalmente ante la reacción justa de los hijos de Tosco, Malvina y Héctor Agustín, que recurrieron ante la Justicia, se produjo la resolución de ésta que en pocas horas estableció la disposición cautelar de no innovar y respetar el nombre de Tosco hasta tanto se conozca el juicio del Tribunal.

Pero ahora viene el segundo acto, ocurrido hace pocos días. El diputado Passerini propuso a la Legislatura cordobesa que se ponga el nombre de Agustín Tosco a otra avenida, la que va de Córdoba a Salsipuedes (nombre este último que parece hasta elegido para el caso). El debate que se produjo es para que quede en la historia. Los oficialistas no tuvieron ningún inconveniente en aprobar esa especie de pretexto para no reconocer que se equivocaron. Trataban de quedar bien dando ese nombre a otro lugar, sin volver atrás con la medida de quitar el nombre de Tosco a la Avenida de Circunvalación.

Se originó así un debate histórico. Salieron a relucir los verdaderos pensamientos. Hubo tres posiciones: los que siguieron la línea de Passerini de dar el nombre de Tosco a una nueva vía de tránsito, pero no dar el brazo a torcer con respecto a la Avenida de Circunvalación; luego, los que señalaron que les parecía bien el nombre de Tosco a la avenida a Salsipuedes, pero que se dejara también a Tosco en la ciudad de Córdoba. Es decir, se mostraron generosos para, así, quedar bien con todos. Y el tercer grupo que defendió con argumentos indiscutibles que se dejara el nombre a la Avenida de Circunvalación y que se acabara esa discusión inútil. La legisladora Coria, en ese sentido, citó las tres notas que publicamos en Página/12 y recalcó que lo principal era que la bancada oficialista aclarara por qué quitó el nombre de Tosco a una avenida que ya llevaba cuatro años con ese nombre. Que nada se explicaba con proponer su nombre para otra calle sino que tuvieran el coraje civil de dar la razón de esa medida tomada sin ninguna base racional, ya que a Tosco no se le podía achacar ninguna traición, ni a la sociedad, ni a la democracia.

En un momento muy lúcido del debate, la diputada Silvia Rivero –que se manifestó partidaria de que las dos avenidas lleven el nombre de Tosco– añadió a su propuesta: “A mí, por ejemplo, me encantaría que en la ciudad de Córdoba la avenida Julio A. Roca se llamara Agustín Tosco”. De haberse enterado, Agustín hubiera sonreído agradecido.

Realmente el tema se prestaba para llegar a un hondo debate histórico que tuviera como base la palabra “Etica” en nuestra Historia.

Quien tuvo en ese sentido un gesto de honradez fue el diputado Maiocco, que reconoció haber votado la anulación del nombre de Tosco de la Avenida de Circunvalación. Dijo textualmente: “Voy a hacer un mea culpa de lo que pasó cuando se cambió el nombre de la Avenida de Circunvalación. Hay temas a los que uno por ahí no los toma con la profundidad que tienen que tener y creo que muchos votamos en consecuencia”. Y propuso la solución: “El problema es que hay una medida cautelar de la Justicia de no innovar. Entonces este apuro es inexplicable; es debido a que quieren salvar el error que cometimos –me incluyo– cuando se cambió el nombre de Tosco por General Bustos. Se quiere salvar ese error haciendo una repetición de nombre. Vamos a tener una superposición; cuando hablen de la avenida Agustín Tosco, no vamos a saber si se refieren al tramo de la Circunvalación o a la ruta a Salsipuedes. Entonces no entiendo el apuro, podríamos esperar la resolución de la Justicia y, por lo tanto, no voy a apoyar este proyecto”. Es decir, el de la nueva calle Tosco para “solucionar” la increíble anulación de la avenida Tosco.

El legislador Ruiz también tuvo palabras justas y honestas. Dijo: “Lo que está en discusión es el sentido de la patrimonialización del patrimonio público. Lo que es darle un significado. Tiene mucho más sentido que la Avenida de Circunvalación siga llamándose Tosco porque precisamente él representó la lucha de los trabajadores de las fábricas; y la Avenida de Circunvalación, de alguna manera, representa y simboliza la unión de las fábricas con la ciudad de Córdoba, simboliza el vínculo para el desplazamiento y la comunicación de los trabajadores con sus viviendas, sus familias, y ése es el sentido que tuvo llamarla así. En cambio, ¿qué tiene que ver Tosco con Salsipuedes? Poner el nombre al patrimonio público no es capricho, no es un acto de soberbia, no es una ocurrencia, no es un acto autoritario. El nombre de los espacios públicos tiene que ser sometido a consulta popular para que la gente atribuya el sentido del patrimonio público, y no un acto por decreto ni por una ley de setenta legisladores”.

La diputada Dressino, por su parte, sostuvo: “No es la Legislatura, con un acto formal, la que va a mantener vivo el recuerdo de Tosco en la vida de los cordobeses. Agustín Tosco tiene ganado el corazón de los cordobeses por su trayectoria, por su honestidad y su lucha. Para quienes no lo conocieron –porque son jóvenes–, cuando vean las imágenes de la historia, los momentos de viejas luchas, seguramente retendrán en sus retinas la imagen de Agustín Tosco”. Por eso pidió que el proyecto no se aprobara y que volviera a comisión.

El diputado Jiménez, por su parte, dijo con firmeza: “Insistimos en que la Avenida de Circunvalación siga llevando el nombre de Agustín Tosco. Si esto no es así, la memoria de Córdoba va a guardar, en sus más profundas entrañas, una inexplicable torpeza, una inimaginable injusticia de la que no queremos ser parte”. Pero la mayoría votó lo de Salsipuedes. Todo, pues, queda ahora en manos de la Justicia.

Pero, como vemos, las reacciones justas han surgido ya en pleno cuerpo representativo. Nos imaginamos que estas opiniones serán respaldadas por las organizaciones obreras –tal como lo está haciendo Luz y Fuerza– y por actos vecinales en los cuales se muestre el film Tosco, de Adrián Jaime. Una verdadera joya del séptimo arte y de la verdad histórica.

Sé que por ahí algunos sostienen que en el mundo hay problemas mucho más graves que el nombre de una calle. Sí, por supuesto. Pero la dignidad también pasa por ahí. La ética de un pueblo tiene que ver también con sus verdaderos héroes populares, los que dieron su vida con su ejemplo para una auténtica democracia, que no es otra cosa que una sociedad en igualdad.

Lo acabamos de ver en Alemania, donde me encuentro actualmente, un país que se precia de ser una verdadera democracia. El gobierno –dada la inflación, poca pero constante– tuvo que ceder en dar un aumento a la ayuda de los desocupados. Y pasó algo increíble: el oficialismo (demócratas cristianos y liberales) propuso un aumento de cinco euros por mes. Sí, cinco euros por mes. La oposición –la socialdemocracia– propuso en cambio once euros. Que también es nada, de acuerdo con los precios. Se originó una discusión increíble, fue el tema de todos los días de los noticieros. Al final se llegó, por este año, a un aumento de sólo cinco euros por mes y, a partir del año próximo, de tres euros más. La ayuda, llamada “Hartz IV”, es de 347 euros por mes. Nada. Para propinas. Para un régimen de alimentación de sólo pan y agua. En los mismos días de la discusión, los medios publicaron lo que ganan los ejecutivos de las grandes empresas bancarias. Por ejemplo, el presidente del Banco Federal Alemán gana 380 mil euros por año y el presidente del Banco Central Europeo, 350 mil. Pero quien bate todos los records es Josef Ackermann, presidente del Deutsche Bank, quien en 2007 ganó 14 millones de euros.

Pensar que el pensador Eliseo Reclus sostenía que la verdadera democracia se ve en la igualdad.

Justamente eso me preguntó el amigo alemán que estudió lunfardo en Buenos Aires: “¿Qué te pareció el aumento de cinco euros para los desocupados?” Lo miré y le dije: “Es una piolada porteña llevada a cabo en Alemania”.

TOSCO: Grito de Piedra (un film de Adrián Jaime)

Biografía de Agustín Tosco

Agustín Tosco (1930 – 1975) es elegido secretario general del Sindicato de Luz y Fuerza Córdoba en 1957 cuando apenas contaba con 27 años. Tuvo una actuación relevante en la revuelta popular denominada El Cordobazo, tras el cual fue detenido en la cárcel de Rawson hasta diciembre de 1969. Tras la segunda revuelta llamada El Viborazo (15 de marzo de 1971) vuelve a ser detenido permaneciendo preso en Devoto y Rawson desde abril de 1971 hasta setiembre de 1972. Durante la intervención del Brigadier Lacabanne en la provincia de Córdoba, la Empresa Provincial de Energía de Córdoba es intervenida y Agustín Tosco cesanteado. Hay contra él una orden de captura y amenazas por parte de la banda terrorista TRIPLE A.
Pasa a la clandestinidad, enferma y fallece el 5 de noviembre de 1975 a la edad de 45 años.

Biografía del Realizador del Film

Adrián Jaime (1971) Licenciado en Cine y TV en la Escuela de Artes de la Universidad Nacional de Córdoba. Desde 1995 produce y dirige largometrajes, documentales, animaciones cinematográficas y programas para televisión en Argentina de manera independiente. Los proyectos abordan diversas temáticas siempre vinculadas a la promoción de los Derechos Humanos. La mayor parte de los trabajos que ha realizado en los últimos años se desarrollaron sobre los derechos de la mujer, la libertad sindical y la búsqueda de la identidad.

Fuente:
toscodocumental.blogspot.com/​

Publicado por las revistas  http://www.spiegel.de y http://www.rollingstone.com

 ADVERTENCIA: En el final de esta nota hay fotos en que contienen imagenes  de un alto grado de violencia, sadismo, etc. Violencia es Mentir ruega a las personas sensibles y a los menores de 18 años no verlas. Gracias

“Se mató para el entretenimiento”

El presidente afgano condena las acciones de “Kill Team “

DPA

El presidente afgano, Hamid Karzai, comentó sobre el “Kill Team ” por primera vez el miércoles en un discurso en Kabul.

El presidente afgano, Hamid Karzai, ha hablado por primera vez en las acciones del “Kill Team”, un grupo de soldados de EE.UU. acusado de asesinar a civiles afganos para la diversión. En un discurso el miércoles en Kabul, Karzai dijo que estaba “sorprendido y dolido” por las fotografías publicadas la semana pasada por Der Spiegel.//

Las fotografías que conmocionaron al mundo y dio lugar a temores de ataques de venganza contra las tropas de la OTAN en Afganistán. Ahora  las fotos de soldados de EE.UU. posando con los cuerpos sin vida de los afganos fueron publicados en Der Spiegel de Alemania , el presidente afgano, Hamid Karzai, hizo un comentario público sobre el “Kill Team” por primera vez.

Karzai dijo a una audiencia de maestros nuevos en una ceremonia de graduación en la ciudad capital de Kabul el miércoles que había sido “sorprendido y dolido” por las fotografías. Él dijo que él estaba hablando acerca de los incidentes ahora, porque el mundo tiene que “por fin despertar.” 

El líder afgano dijo que había leído acerca de la historia en una revista alemana, “una aparente referencia a Der Spiegel. “Mataron a nuestros jóvenes para el entretenimiento,” dijo.

Karzai también se refiere al consumo de drogas por los soldados, los que se menciona en los documentos judiciales relativos al caso. “Durante la noche en que fumaba marihuana y el opio y en la mañana salieron a matar a la gente local”, dijo el presidente afgano.

Horripilante Recuerdos

El grupo de cinco soldados está acusado de matar a civiles inocentes de sed de sangre pura. La unidad fue parte de la 5 ª Brigada Stryker, que vio intensos combates en torno a Kandahar, en particular a la Base de Operaciones Ramrod. Los soldados que supuestamente se llevaron a cabo los delitos entre enero y mayo de 2010 mediante el uso de armas de fuego y granadas para que pareciera que estaban siendo atacados con el fin de justificar la muerte de civiles.
Los soldados tomaron fotos de ellos mismos sonriendo mientras está de pie sobre sus víctimas como si posando con los trofeos de caza, así como tomar recuerdos horribles incluidos los huesos y los dedos cortados. Der Spiegel ha obtenido un importante número de fotos y videos tomados por las tropas. Los hombres también están acusados ​​de consumir drogas durante el servicio y golpear a un compañero que se quejó a los oficiales superiores.

 Tras la publicación de las fotografías en cuestión el 21 de marzo de Der Spiegel, la revista Rolling Stone también ha publicado más imágenes y vídeos del “Kill Team”.

La semana pasada, un juez militar en un consejo de guerra procedimiento tribunal condenó a Jeremy Morlock,  especialista del ejército, 24 años de cárcel  tras declararse culpable de asesinar a civiles inocentes en Afganistán. Fue el primer soldado que se hace responsable de los crímenes. Además de los cinco soldados acusados ​​de asesinato, otros siete han sido acusados ​​de delitos menores como profanar cadáveres y obstruir la investigación.

El Ejército de los EE.UU. emitió una declaración la semana pasada pidiendo disculpas por los delitos descritos en las imágenes, describiéndolos como “repugnante para nosotros como seres humanos y son contrarias a las normas y los valores del Ejército de Estados Unidos”.

Los temores de un nuevo Abu Ghraib 

Ha habido temores de que las fotografías atraería el tipo de la condena mundial que siguió al escándalo de las torturas en Abu Ghraib hace seis años. El gobierno de EE.UU. estaba tan preocupado por la posible reacción que el vicepresidente Joe Biden habló con Karzai personalmente a él, a prepararse para la publicación de las imágenes en Der Spiegel.

 Hasta ahora, sin embargo, la reacción internacional a la publicación de la “Kill Team” fotos ha sido silenciado. Pero eso podría cambiar después de la condena de Karzai de los eventos, lo que es probable que aumente la visibilidad del caso de Afganistán.

En su discurso del miércoles, el presidente afgano parece estar tomando en cuenta esas preocupaciones, al menos hasta cierto punto. Hizo hincapié en que los crímenes cometidos por el “Kill Team ” fueron una excepción. “Sin duda los norteamericanos son gente muy buena, al igual que el pueblo afgano y otros pueblos del mundo”, dijo. “Ellos están trabajando día y noche para que nos ayude.”

¡¡¡Increible el Presidente Afgano, un amante de la paz y ferviente defensor de su pueblo!!!

Ahora veamos el “trabajo” que hacen los boy día y noche para  “ayudarlos.”

 

 

 ADVERTENCIA: Las fotos que veran a continuación estan cargadas de un alto grado de violencia, sadismo, etc. Violencia es Mentir ruega a las personas sensibles y a los menores de 18 años no verlas. Gracias.-

GALERÍA DE FOTOS: 

El “Kill Team” del Ejercito de Estados Unidos en

Afganistán!!!

 

Tropas norteamericanas juegan a sacarse fotos con cadaveres de civiles en Afganistán. Aproximadamente mas de 4.000 fotografias y videos fueron encontrados . Aqui están solo algunas de ellas. 

El 15 de enero de 2010, soldados de EE.UU. en la Compañía Bravo estacionados cerca de Kandahar ejecuta un niño desarmado afgano llamado Gul Mudin en el pueblo de La Mohammad Kalay. Informes de los soldados en el lugar indican que Mudin tenía unos 15 años de edad. De acuerdo con declaraciones juradas, dos soldados – el cabo. Jeremy Morlock y soldado  Andrew Holmes – organizó el asesinato para hacer que parezca como si hubiesen sido objeto de ataques. Le pidieron al niño a estar quieto, se agachó detrás de una pared de barro, lanzaron una granada y le dispararon desde corta distancia. Esta fotografía muestra el cuerpo Mudin en la pared donde fue asesinado. 

El procedimiento de rutina del Ejército requiere después de cada muerte en el campo de batalla, los soldados cortaron las ropas del niño muerto y lo desnudaron para verificar la identificación de tatuajes. Aquí se muestra su exploración del iris y huellas digitales, utilizando un escáner biométrico portátil.

In this image, a different soldier poses with the same corpse. The US Army on...

 En una ruptura con el protocolo, los soldados también tomaron fotografías de sí mismos que celebran su muerte. En las fotos, Morlock sonríe y le da un pulgar hacia arriba signo como posa con el cuerpo de Mudin. Tenga en cuenta que el muchacho el dedo meñique derecho parece haber sido cortado. Sargento. Calvin Gibbs hizo un uso un par de tijeras de médico muy afilada para cortar el dedo, que presentó a Holmes como un trofeo por matar a su primer afgano.

Holmes posa con el cuerpo de Mudin. De acuerdo con un compañero, Holmes tuvo que llevar a dedo cortado Mudin con él en una bolsa zip-lock. “Quería mantener el dedo siempre y quería que se seque,” uno de sus amigos más tarde informo. “Él estaba orgulloso de su dedo.”
 Antes del asesinato de Mudin, en noviembre de 2009, los soldados de la Compañía Bravo fueron enviados a recuperar el cadáver de un insurgente que fue asesinado por los cohetes de un helicóptero de combate. A medida que se recogieron los restos, que parecen ser los que se muestran aquí, uno sacó un cuchillo de caza y apuñaló el cadáver. Sargento. Gibbs, que se había unido recientemente el pelotón como un líder de escuadrón, comenzó a tocar con un par de tijeras cerca de las manos del muerto. “Me pregunto si estos pueden cortar un dedo?”, Preguntó Gibbs.
Es evidente que puede!!!
 
 
 
 
Una pistola encontrada en la escena del ataque de un helicóptero. Gibbs recolectada de forma rutinaria este tipo de armas y las plantó en los cuerpos de civiles no armados que mataron, con el fin de enmarcar sus víctimas como combatientes enemigos. La presencia de un “drop weapon” prácticamente garantizada que un tiro se considera una presa legítima. En la foto el Cpl. Jeremy Morlock con la pistola encontrada en la escena que  Gibbs   informó  como “drop weapon.”
 Antes de que el ejército se vio reducida de las tropas en Afganistán e Irak, Morlock era el tipo de chico malo-de noticias que el ejército podría usar. Creció cerca de Sarah Palin en Wasilla, Alaska, y su hermana salía con Bristol y Morlock jugado hockey. En aquellos días, parecía como si estuviera constantemente en problemas: emborracharse y en peleas, conducir sin una licencia, huyendo del escenario de un grave accidente de coche. Incluso después se incorporó al Ejército, Morlock seguido se mete en problemas. En 2009, un mes antes de que desplegó en Afganistán, fue acusado de conducta desordenada después de quemar a su mujer con un cigarrillo. Después de su llegada a Afganistán, uso y abuso de cualquier droga que pudiera tener en sus manos: opio, hachís, Ambien, amitriptilina, Flexeril, Phenergan, la codeína, la trazodona.
 Morlock posando con un niño afgano. Las fotos recopiladas por soldados incluyen muchas fotos de niños de la localidad, a menudo presentada junto con imágenes de víctimas sangrientas. En un momento dado, los soldados en el 3er Pelotón habló de tirar caramelos de un vehículo Stryker mientras se dirigían a un pueblo y disparar a los niños que acudieron a recoger los dulces.
 Sargento Gibbs en la parte trasera de un vehículo Stryker, y sus famosas tijeras visible en el bolsillo superior de su uniforme. Gibbs utilizó un par  de tijeras para cortar el dedo de al menos dos civiles afganos asesinados por miembros de su pelotón.
 En el proceso de ocultar las fotografías, el Ejército también han estado tratando tapar  un secreto  a voces: Que los asesinatos de civiles fue más allá de unos pocos hombres en el 3er Pelotón. En esta imagen, los cuerpos de dos hombres afganos han sido unidos, atados a sus manos, y  colocados junto a una carretera.

Un signo – escrito a mano sobre cartulina hecha de una caja descartados de las raciones – se cuelga alrededor del cuello de los hombres muertos. Dice así: los talibanes han muerto. Según una fuente de la Compañía Bravo, quien habló en condición de anonimato, los hombres fueron asesinados por soldados de otro pelotón, que aún no ha sido implicados en el escándalo. “Esos fueron algunos agricultores inocente que fueron asesinados”, dice la fuente. “Su procedimiento operativo estándar después de matar a tipos se les arrastra hasta el lado de la carretera.”

 La colección de fotos incluye imágenes de varias decenas de víctimas no identificadas, incluida ésta de una cabeza cortada. En muchas de las fotos no está claro si los cuerpos son civiles o los talibanes. Es posible que las muertes no identificados están relacionados al 3 de Pelotón.-

              Los soldados solo tomaron esas fotos para compartir con los demás soldados del glorioso Ejercito  de EE.UU , el país mas “Democrático” del mundo y el cual su presidente Barak Obama ganó el Premio Nobel de La Paz, entre otras cosas no menos importantes, por “liberar” al Pueblo Afgano.-

Tiene razón el presidente Afgano cuando dice:

 ¡¡¡”Sin duda los norteamericanos son gente muy buena”!!!

                                                          

Por Pablo Marchetti

Si hay algo que hay que reconocerle al Gobierno que comenzó el 25 de mayo de 2003 es haber sacado al 24 de marzo de las tinieblas. No hace falta que aclare que el 24 de marzo es una fecha que invoca a las tinieblas. Pero la oscuridad que distinguía a esa efeméride no sólo tenía que ver con la evocación de la fecha más siniestra de la historia argentina reciente. Tenía que ver, además, con la paradoja de que un hecho tan masivo hubiera sido relegado a un lugar tan marginal. Hasta la llegada del kirchnerismo, el 24 de marzo era una fecha de invocación subterránea. Sí, es cierto, éramos miles, decenas, a veces cientos de miles los que participábamos en las marchas. Pero el asunto seguía siendo marginal.

Probablemente el dato más elocuente sobre el carácter subterráneo de esta celebración fuera la ausencia del Estado en las marchas donde se recordaba una fecha tan nefasta. Había un abismo entre la necesidad de un montón de gente (y de organismos de derechos humanos, y de sindicatos, y de partidos políticos, y de agrupaciones sociales, estudiantiles y de todo tipo) de recordar lo ocurrido y la absoluta indiferencia del Estado en posibilitar este ejercicio de la memoria. Y aclaro que usé la palabra “memoria” (un término que nunca me gustó demasiado) de manera absolutamente intencional.

Me parece bien que el Gobierno haya decidido hacerse cargo del 24 de marzo. O, mejor dicho, me parece muy bien que el actual Gobierno haya decidido que era hora de que el Estado se hiciera cargo del 24 de marzo. Y hago esta salvedad porque el Gobierno es quien administra el Estado ocasionalmente, pero el Estado somos todos. Entonces, de algún modo, esto es poner las cosas en su lugar. Algo así como curar la bipolaridad que definía a la relación entre manifestantes y Estado cada 24 de marzo.

También me parece bien que el Gobierno haya decidido que el 24 de marzo sea el Día de la Memoria. Mi hija de 9 años sabe que el 24 de marzo es feriado, que no tiene clases porque se conmemora el Día de la Memoria. Y puede contarme con lujo de detalles por qué es el Día de la Memoria: qué hicieron los militares, qué es la democracia, qué significa la palabra “desaparecido”… todo eso se lo enseñaron en la escuela. Y es allí donde lo de la Memoria funciona perfectamente, más allá de que, insisto, no me gusta mucho el término.

Aclaro: me parece muy bien la memoria cuando se trata de enseñarle historia a los chicos en la escuela. Y me parece también muy bien lo del Día de la Memoria, como para que quede claro qué es lo que se está invocando. Sin embargo, siempre creí que la Memoria no era más que un consuelo. El consuelo de quienes celebrábamos el 24 de marzo de las tinieblas en las tinieblas, fuera de toda injerencia estatal. La memoria era lo único que nos quedaba ante la falta de justicia. Porque en realidad, lo que todo crimen reclama no es memoria, sino justicia.

Si un crimen (por más atroz que sea, por más que se trate de delitos de lesa humanidad, por más que haya un plan sistemático de exterminio impulsado desde el Estado) tiene su condena y se hace justicia, la necesidad de memoria es relativa. Por supuesto, está
muy bien para el ámbito escolar, para el recuerdo mediático, pero no mucho más que eso. La memoria puede ser, en todo caso, algo íntimo para las víctimas. Pero cuando no sólo no se hace justicia, sino que además se alardea con la impunidad, la memoria es el único consuelo posible.

La memoria, pues, fue una bandera de quienes recordamos cada 24 de marzo que ese día había comenzado no sólo un gobierno siniestro, sino también la impunidad para los crímenes cometidos durante ese gobierno. Hablar de Día de la Memoria es recordar también que durante muchos años esos crímenes no tuvieron justicia porque se pensaba que no podía haber justicia, que la justicia tenía límites precisos y no abarcaba ni a las torturas, ni a los secuestros, ni a las violaciones, ni a las desapariciones, ni a los crímenes cometidos por la dictadura cívico-militar que gobernó el país entre 1976 y 1983.

Por eso es una gran noticia que exista el Día de la Memoria y que el 24 de marzo se haya transformado en algo totalmente distinto de lo que era antes de 2003. Claro que todo cambio, en política, tiene un componente traumático. Y el paso de la clandestinidad a la
oficialidad es algo que, obviamente, implica un salto enorme que no puede terminar de satisfacer a todos. La marginalidad tiene algo de heroico que la celebración oficial desconoce. Y eso genera cortocircuitos.

Antes, ir a la plaza el 24 de marzo era ir a un lugar homogéneo. Obviamente, las internas existían y las peleas fraternas también, pero quedaban diluidas frente a la descomunal indiferencia oficial. Hoy, en cambio, ir a la plaza suele ser un motivo de
enfrentamiento para sectores que, hasta hace no mucho, estaban parados en la misma vereda. No es grato reconocer esto, pero sería muy necio negarlo.

Sería faltar a la verdad ocultar que con este Gobierno el Estado argentino se hizo cargo del 24 de marzo. Podemos discutir después si está bien que sólo se mencione la expresión “derechos humanos” para hablar de los crímenes de la última dictadura militar, pero
no para hacer referencia a los casos de gatillo fácil, a la alarmante situación en las cárceles o a la desaparición de Luciano Arruga. Pero está claro que ampliar el concepto de Justicia es un paso adelante, aún para discutir los temas pendientes en materia de “derechos humanos”.

Rescatar de las tinieblas el 24 de marzo es un paso adelante, sin dudas. Por eso, vaya donde uno vaya, se encolumne donde se encolumne cada uno, el 24 de marzo, hay que salir a la calle. Como siempre. Porque se puede ser oficialista u opositor, se puede estar más o menos de acuerdo con el Gobierno Nacional, pero está claro que las personas que salen a la calle el 24
de marzo nunca fueron ni serán mis enemigos. Puedo estar más o menos de acuerdo con algunos y coincidir más con otros. Pero mis enemigos son los que creen que hay que olvidarse del 24 de marzo, no los que salen a la calle a poner un poco de luz en ese día de tinieblas.

 

Por Eduardo Anguita
eanguita@miradasalsur.com

La fotografía que encabeza la portada de la edición de el 5 de diciembre de Miradas al Sur es un documento inédito. Esta imagen nítida fue tomada a fines de 1975, en pleno desarrollo de la eliminación física de la militancia popular tucumana a manos del general Acdel Vilas, el jefe del Operativo Independencia y defensor confeso de la tortura y el exterminio físico de quienes consideraba sus enemigos. Vilas puso especial énfasis en la persecución de maestros, profesores, psicólogos y cualquiera que pudiera ser un ideólogo.

Por entonces, Joaquín Morales Solá trabajaba en La Gaceta de Tucumán y era corresponsal de Clarín en esa provincia. Se publicaron varias informaciones que daban cuenta de la estrecha relación del actual columnista estrella de La Nación con el represor Vilas y con quien lo sucedió en sus genocidas tareas, Antonio Domingo Bussi. Sin embargo, nunca pudo verse, como ahora y por primera vez, a Morales Solá de paisano, con una comitiva de militares con uniforme y casco de combate en pleno operativo.

Esta foto, que fue guardada celosamente durante años por quien la registró, habría sido tomada en el lugar más escabroso del exterminio en Tucumán. En efecto, según dos fuentes calificadas, el edificio al cual va a ingresar la comitiva es la tenebrosa Escuelita de Famaillá, el principal centro de exterminio por entonces. Una tercera fuente calificada también consultada por Miradas al Sur, considera, en cambio, que se trata de otro lugar de torturas y eliminación de detenidos, ubicado en las instalaciones del Ingenio Santa Lucía. Quedará en manos de la Justicia Federal tucumana definir el lugar y tratar de averiguar las circunstancias que llevaron a Morales Solá a acompañar al carnicero Vilas a un operativo. El trabajo de los periodistas es buscar aquellos documentos que contribuyan a echar luz sobre lo actuado por personas e instituciones. También el de consultar fuentes confiables para orientar el esclarecimiento de la verdad. Lo que no puede ni debe hacer el periodismo es intentar reemplazar las actuaciones periciales que sí puede la Justicia.

Dicho esto, es preciso encuadrar lo que se vivía 35 años atrás en el llamado Jardín de la República. En su informe final, la Conadep puntualiza: “A la provincia de Tucumán le cupo el siniestro privilegio de haber inaugurado la ‘institución’ Centro Clandestino de Detención, como una de las herramientas fundamentales del sistema de represión montado en la Argentina. La ‘Escuelita’ de Famaillá fue el primero de estos lugares de tormento y exterminio…”. Una escuela en construcción fue el lugar elegido por el primer jefe de la Operación Independencia, Acdel Edgardo Vilas, para instalar el campo de concentración por el que pasaron –entre febrero y diciembre de 1975- más de 1.500 personas. La mayoría fueron asesinados, todos bárbaramente torturados.

La escuela está a unas cuatro cuadras de la plaza principal de Famaillá, en el camino que une a esa población con el ingenio Fronterita. Ahora se llama Diego de Rojas y a ella concurren cientos de alumnos de primaria. En 1975 la escuela era apenas una obra en construcción. Solo existían una galería, un patio y cinco aulas. Todo estaba cercado por una alambrada y la galería y las aulas no eran visibles desde el exterior porque estaban tapadas por lonas y plásticos, a la manera de cortinas. En dos aulas los militares mantenían en las peores condiciones a grupos que oscilaban entre 20 y 40 prisioneros. Otra aula era utilizada para descanso de las guardias, la cuarta estaba destinada a tareas administrativas y para fotografiar a los secuestrados. La quinta aula era el lugar de los tormentos.

En noviembre de 1975 La Escuelita y otros centros clandestinos de detención ya habían sido visitados por funcionarios civiles y militares de la Nación y de la Provincia, por legisladores. Algunos sobrevivientes señalaron que fueron varios obispos y sacerdotes. Sería muy útil saber si Joaquín Morales Solá estuvo en ese lugar de exterminio y, si es así, en carácter de qué fue. Cualquiera que recorra una hemeroteca y se detenga en las ediciones de La Gaceta y de Clarín encontrará gran cantidad de artículos firmados por el periodista mencionado. En ningún caso dando cuenta de la verdad que, de modo incontrastable, fue relatada en el Nunca Más y que luego encontró muchos más testimonios en los juicios que actualmente se sustancian en Tucumán.

Los militares, en 1975, ejercían un férreo control sobre lo que se publicaba en relación al Operativo Independencia. Por ejemplo, hicieron echar al corresponsal de Télam en la provincia y pusieron en su reemplazo a dos hombres de Inteligencia del Ejército, comandados por uno de los fundadores de Fasta, la organización del cura dominico filo nazi Aníbal Fósbery. En ese momento, los artículos de Morales Solá, tal como puede constatarse ahora, eran una caja de resonancia de la acción psicológica de los militares. Un artículo publicado en Clarín el 12 de noviembre –que lleva la firma del corresponsal Morales Solá- es elocuente. Se valió de la vieja metáfora de la parición, del alumbramiento, de la vida para explicar lo que era, en realidad, la matanza que llevaban a cabo las hordas de Vilas: “Han pasado ya 36 semanas, el tiempo de una gestación”. Se trataba de “el primer síntoma de que las Fuerzas Armadas adoptaban una posición ofensiva frente a la intolerancia ideológica”. También expresó su apoyo incondicional: “Ha cambiado, sin duda, la imagen revoltosa, rebelde y disconforme que Tucumán supo formarse a través de largos años”. Más adelante agrega: “La presencia militar ha aquietado las aguas siempre turbulentas y, como barridas por un fuerte viento, han desaparecido huelgas, manifestaciones y disturbios”. El informe de la Comisión Bicameral que investigó las violaciones de los derechos humanos en Tucumán dedicó un párrafo muy elocuente a esa desaparición de huelgas, manifestaciones y disturbios a los que se refiere Morales Solá, al señalar que se montó “un vasto aparato represivo, que orienta su verdadero accionar a arrasar con las dirigencias sindicales, políticas y estudiantiles”. La Comisión Bicameral concluyó, en su informe, que “nueve de cada 10 personas, fueron secuestradas en sus domicilios, lugares de trabajo o en la vía pública” y que “en la mayoría de los casos, estas acciones se desarrollaron en horas de la noche”.

Como muestra la foto que da soporte a este artículo, Morales Solá fue tomado in fraganti
En aquel Tucumán desangrado día a día, con centenares de destacados dirigentes políticos, gremiales y estudiantiles secuestrados y desaparecidos, donde noche a noche las bandas de Vilas y el comisario Roberto -el Tuerto- Albornoz -recientemente condenado a prisión perpetua- colocaban explosivos y hacían volar por los aires locales partidarios, casas de familias y sedes de la Universidad, Morales Solá no tenía miedo.

Hasta ahora, Morales Solá eludió hablar de su vida en esos años. Las pocas veces que hizo referencias, quedó en evidencia que no está dispuesto a decir la verdad. En una polémica con el periodista Hernán López Echagüe dijo que en 1976 ya no estaba en Tucumán, por lo cual mal se lo podía acusar de cercanía con Antonio Domingo Bussi. El sitio Diarios sobre Diarios probó, con fotografías, que no era verdad lo que decía. Es más, él mismo escribió, en una nota en el diario El País de Madrid, que había asistido a la asunción de Bussi la noche del 24 de marzo de 1976. También dijo, en esa nota en el diario español, que había huido de Tucumán por haber sido amenazado por la Triple A. Los dirigentes de la Asociación de Prensa tucumana de aquellos tiempos, que sufrieron persecución y atentados terroristas, lo desmintieron. Ellos llevaban un registro diario de las amenazas y agresiones y aseguraron que Morales Solá nunca fue molestado. En realidad, su viaje a Buenos Aires fue una combinación que conjugó las necesidades de flamantes autoridades periodísticas de Claríny la recomendación de un importante general, mano derecha de Videla. Se trataba de José Rogelio Villarreal, quien estuvo al frente de la Quinta Brigada del Ejército en la última fase del Operativo Independencia y que luego saltó a jefe de Operaciones del Estado Mayor General por pedido expreso de Jorge Videla, que lo necesitaba a su lado en el momento de consumar el golpe de marzo de 1976. Villarreal jugó un papel muy importante en la política de integración de los grupos empresariales de medios y los jerarcas militares, tal como lo prueban los documentos que hoy están en sede judicial y que surgen de la comisión Papel Prensa – La verdad. con los militares en por lo menos un operativo. Alguien consideró que ya era hora de que tanto cinismo sea confrontado con documentos gráficos incontrastables.

 El jueves pasado se cumplieron 35 años de la voladura de la casa de la familia Lea Place por una patota integrada por militares y policías. Después del atentado, los encapuchados asesinaron a balazos en medio de los escombros a Arturo Lea Place, padre de Clarisa, uno de los mártires de Trelew, y de Luis, preso en Rawson. 

Miradas al Sur

de Jorge Raúl Agnese

 MASSERA: UN PERSONAJE ANTIDEMOCRATICO Y ASESINO DESDE JOVEN

El 16 de junio, en el mediodía de otoño del año 1955, formaciones de las aviaciones de Marina y Aeronáutica, haciendo su bautismo de fuego, sobrevolaron el centro porteño y descargaron toneladas de explosivos sobre la población civil. El bombardeo dejó, aproximadamente, 350 muertos, cifras nunca confirmadas, como en Guernica, se ocultan los efectos de la masacre, y más de 2000 heridos, entre ellos casi un centenar de lisiados para el resto de su vida. Otras fuentes reflejadas en este trabajo hablan de 700 tumbas cavadas en el cementerio porteño de la Chacarita. En ese ataque participaron activamente jóvenes que después aparecerían como miembros de la dictadura que nos gobernó desde 1976 hasta 1983

 A continuación parte del articulo publicado en Argenpress de Juan Carlos Cena y Elena Luz González Bazan

EL 16 DE JUNIO

 Previo a este ataque se encuentran otros intentos, como el de Benjamín Menéndez en 1951, familia de golpistas y represores. El mes de junio no era un mes cualquiera en la etapa que vivía el proceso del segundo gobierno peronista. Las contradicciones se profundizaban y continuaron el 10 de junio con la manifestación de la iglesia católica en la procesión de Corpus Chisti, esto, hay que decirlo, excedía lo religioso. Por la noche la quema de una Bandera Argentina, que el gobierno de Perón se lo adjudica a la oposición.

EL PERONISMO Y ANTIPERONISMO ERAN UNA REALIDAD

 La mañana del 16 de junio de 1955 fue el bautismo de fuego de los aviones de la aeronáutica contra el pueblo, aunque lo quieran negar. Operaron esos aviones los aviadores argentinos, arrojando nueve toneladas y media de explosivos, según algunas fuentes, otras, catorce toneladas sobre la población civil inerme. Fijaron sus objetivos de ataque en los puntos del centro neurálgico de la Plaza de Mayo, la casa de gobierno, donde lanzaron sus bolas de fuego y muerte contra los trolebuses repletos de pasajeros, en su mayoría trabajadores que se desplazaban hacia sus tareas, o bien transeúntes distraídos que recorrían ese lugar histórico, mientras se escondían como podían ante la sorpresiva y violenta lluvia de bombas y metrallas. Eran aviones de la Fuerza Área y de la Marina de Guerra Argentina que actuaron con los mismos objetivos y la misma saña criminal. Aquel 16 de junio, el capitán de fragata Néstor Noriega, de 39 años de edad, esperaba que el cielo se despejara, la escuadrilla formaba escalonada hacia arriba. A las 12,40 Noriega al mando de su Beechcraft descarga una bomba de 100 kilos que cae sobre la sede presidencial; a continuación los North American al mando del capitán de corbeta Santiago Sabarots descargan bombas de 50 kilos cada uno. La Plaza de Mayo era un incendio, quienes salían de las bocas del subte se encentraron con la nube de pólvora, los aviones rasantes sobre el casco porteño, la gritería, la desesperación, la gente intentando esconderse como podía, heridos, muertos, mutilados, así comienza la masacre del 16 de junio. Noriega y Sabarots son los responsables materiales junto a los aviadores de aquel día de masacre, hay otros responsables intelectuales.

 En el trabajo por recuperar históricamente aquella masacre, realizado por Gonzalo Cháves, titulado la Masacre de Plaza de Mayo, pasa revista a los nombres de muertos y heridos, lugares donde fueron alojados y la cantidad de muertos NN que aparecen en el listado. Por otro lado, Gonzalo Cháves afirma en un reportaje concedido a un diario de Rosario: Me sorprendió descubrir entre los protagonistas de la masacre del 16 de junio de 1955 a hombres y nombres que participaron en el golpe del 24 de marzo de 1976, como los dos secretarios del ministro de Marina Olivieri, que fueron Emilio Eduardo Massera y Horacio Mayorga, dos marinos importantes en el último golpe de Estado. Ellos estuvieron al tanto de lo que iba a pasar y no detuvieron la acción militar contra los civiles. El ministro Olivieri dio parte de enfermo y sólo regresó al despacho dos días más tarde del 16 de junio. Lo mismo hicieron “Emilio Eduardo Massera y Horacio Mayorga, sus jóvenes ayudantes”.

 De esa investigación se desprende que estuvieron involucrados activos participantes de la última dictadura militar como son: Carlos Suárez Mason (En ese momento exiliado en Uruguay junto a Alejandro Lanusse desde 12951) y Osvaldo Cacciatore, intendente porteño durante la dictadura, el de las famosas autopistas, que integraba la escuadrilla de la aeronáutica que bombardeó la Plaza de Mayo. Otro de los personajes que estuvo en el bombardeo fue el hermano de Massera, Carlos Massera como piloto de la marina. “La sublevación contó en forma activa con el respaldo de la base naval de Punta Indio que estaba al mando del capitán de marina Néstor Noriega; del BIM 4 (Batallón de Infantería de Marina), asentado en Puerto Nuevo y de parte de la oficialidad de la Aeronáutica hubo dos aviones Catalina que llegaron de la base Espora. Entre esos pilotos estaba Máximo Rivero Kelly, quien fue jefe de la aviación naval durante el Proceso y número dos de la Armada en el gobierno de Alfonsín. Kelly fue quien escoltó con un avión caza de la Fuerza Aérea argentina, al hidroavión Catalina paraguayo donde Perón viajaba al exilio, tras su autoconfinamiento en una cañonera de esa nacionalidad. Kelly es el mismo que está involucrado en la violación de los derechos humanos en los «fusilamientos» de la base Almirante Zar de Trelew en los ´70. La noche del 15 de junio copó Ezeiza, con el objetivo de reabastecerse de combustible y explosivos, porque la base de Punta Indio quedaba muy lejos. De allí los pilotos con sus aviones fueron y volvieron varias veces, entre ellos Cacciatore”, sostiene Cháves. Hay un testigo incomparable, el camarógrafo de Sucesos Argentinos, Carlos de la Fuente, víctima del bombardeo, que a pesar de estar herido, no perdió la conciencia, llegó a contabilizar “pilas de muertos detrás de la Casa Rosada”, con una etiqueta atada con un hilo en el dedo gordo del pie con los datos de cada una de las victimas. Dice lacónicamente: todo fue un pandemonium. Siempre se trató de minimizar esta masacre, hecho aberrante y criminal si los hubo. Hoy aparecen una serie de lenguaraces hablando y otros escribiendo sobre el bombardeo a la Plaza de Mayo hipócritamente; otros pidiendo resarcimiento económico para las víctimas, toda una burla caricaturesca, cuando, durante años ni se acordaron de ese pueblo masacrado, ni que los fusilados en León Suárez que eran trabajadores y resistentes. Cuando se asesina al pueblo, los plumíferos y charlatanes se hunden en el silencio. Son otras muertes. Otros, falsarios presurosos y oportunistas, dicen, hablan, y del mismo modo, deletreando algunas frases para no quedar fuera en este cincuentenario. Hoy olvidado momento histórico, Repetimos, siempre se trató de minimizar y ocultar por derecha este hecho monstruoso, pero no podemos callarnos y denunciar la carga de hipocresía de algunos que detentan el rótulo de progresistas y adelantados.

Por otro lado el reconocido periodista Gregorio Selser sostiene lo siguiente: “Como culminación de la serie de actos de desagravio a la bandera, se dispone que una escuadrilla de diez aviones a retropropulsión sobrevuelen la Catedral de Buenos Aires, en Plaza de Mayo. Ignorándolo Perón, ese vuelo debe convertirse en la señal de una insurrección conjunta de las tres fuerzas armadas y comandos civiles, que debía iniciarse a las 8”. Pero debido a una imprevista niebla, los aviones sólo pueden alzar vuelo a las 10. Durante ese lapso Perón es informado de la conjura y se traslada al Ministerio del Ejército. Al mediodía aviones navales bombardean la Casa Rosada y sus adyacencias, al tiempo que fracasan los intentos de la infantería de marina de apoderarse del sector. Las víctimas se cuentan por centenares. Los aviones que participaron de la acción se refugiaron en Uruguay”, es decir, se fugan llenos de cobardía. Dice Roberto Bardini, en un trabajo, que los agresores huyen hacia Uruguay, donde solicitan asilo político, eran tiempos de Battle Barres. “Al día siguiente, el diario Clarín -que no se caracteriza por sus simpatías peronistas- escribe: ‘Las palabras no alcanzan a traducir en su exacta medida el dolor y la indignación que ha provocado en el ánimo del pueblo la criminal agresión perpetrada por los aviadores sediciosos que ayer bombardearon y ametrallaron la ciudad’. “El ataque a traición de los aviadores navales subversivos produce un terrible impacto emotivo en la población. Durante meses no se habla de otra cosa en los hogares de todo el país. En ‘Dossier Secreto – El Mito de la Guerra Sucia -, el periodista norteamericano Martin Andersen cita el informe de un analista de la embajada de Estados Unidos en Buenos Aires, quien describe este estupor generalizado en un mensaje enviado a Washington a las tres semanas del sangriento acontecimiento” continua Bardini. La masacre de junio de 1955 costó la vida aproximadamente a 350 ciudadanos, otras fuentes más precisas sostienen 367, y a más de dos millares de heridos, sin contar las profundas secuelas de terror que se instaló en gran parte de la población que vivió, asistió y sufrió aquellos bombardeos encabezados por los aviones de la marina y Aeronáutica, acción indudablemente repudiable. García Acosta sostiene en una nota publicada por este medio, en el 2005 que: “En la Mesa de Entradas General de la DAOM, donde trabajaba, se llevaba el registro de todo lo que se emitía como notas, órdenes de trabajo. Cada dependencia tenía un número y una barra, al que seguía el número de la actuación. La Dirección de Construcciones tenía el número 1/. A primera hora un ordenanza trajo una nota con una orden de trabajo urgente: informaba que la Dirección de Construcciones procedería a cavar 700 tumbas en el Cementerio de la Chacarita. Al asentarla en el libro tuve clara conciencia de la masacre. Muchos años después, ya disuelta la DAOM y yo fuera de ella, por razones de investigación histórica, traté de ubicar en el Archivo Municipal ese enorme libro de Registro de la Dirección de Construcciones para volver a ver, allí registrada con mi letra, ese macabra orden de trabajo, tétrico reflejo del doloroso enfrentamiento que dividió a los argentinos y que tuvo formas de barbarie”. Los hospitales que brindaron ayuda en el momento que se producía la caída de casi 14 toneladas de explosivos sobre la Plaza de Mayo y adyacencias fueron: la denominada y conocida Asistencia Pública, los hospitales Argerich, Rawson, Clínicas, Alemán, Policlínico del Ministerio de Hacienda, Policlínico Militar y Policlínico Rivadavia. Otras fuentes tienen la información sobre los muertos y heridos en el hospital Ramos Mejía y Español y el Policlínico Durand; otro grupo lo conforman los Policlínicos Fernández, Álvarez y Las Heras. Lo de policlínicos es la denominación de la época. En la Morgue Judicial como en los listados de los hospitales y policlínicos se encontraba la lista de muertos y heridos. Las mujeres fallecidas e identificadas son 50, 9 las NN femeninas, los hombres no identificados son dos decenas. Asimismo, en la Asistencia Pública aparecen 25 cadáveres no identificados y el Policlínico Las Heras no se suministró, en su momento, la lista de los muertos. Además, hay una lista de enfermeras y enfermeros que prestaron ayuda a los atacados y fueron muertos en el bombardeo, sumando otros seis asesinados. Un cable de ANSA, por otro lado, informaba sobre los sublevados que piden asilo en Uruguay: la lista de 27 rebeldes, incluyendo a un civil. Un párrafo aparte sobre la participación de los civiles, ya que esta sublevación militar contó con comandos civiles que luego actuarían durante la denominada Revolución Libertadora. La lista es publicada por el diario La Nación del 8 de julio de 1955, donde se incluyen las bajas o retiros entre los militares insurrectos: Aeronáutica: 26 miembros y en la Marina, 78 marinos. Estos destierros de las fuerzas fueron refrendadas por los ministros de Marina y Aeronáutica. Además el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas informaba que habían sido encuadrados en el marco de rebeldía al personal interviniente en los sucesos del 16 de junio, de acuerdo al Código de Justicia Militar. Pero la realidad posterior ocultó la masacre del 16 de junio, se conoció más la quema de las iglesias que este momento histórico, que no sólo marcaba el comienzo del final del gobierno peronista, sino, el recomienzo e implementación por parte del Estado, la puesta en marcha de la maquinaria represiva.

APARECIÓ LA CONSIGNA: CRISTO VENCE

Se cumple más de medio siglo de este suceso aberrante, es la inauguración de un proceso histórico que brota de las entrañas de lo más rancio del poder oligárquico con violencia y represión, era la ofensiva de las fuerzas de ese poder para apoderarse del aparato del Estado: comenzaba en el campo social el desmontaje de una formación ideológica de carácter nacional. Luego del bombardeo, parte del pueblo salió a la calle enardecido. Perón trató de contenerlos. En esa reacción, donde le solicitaron armas al Perón, se cometieron algunos desmanes como respuesta a la masacre. Se cumplió más de medio siglo y, sin embargo, la masacre sigue impune, como tantas otras aberraciones contra el pueblo. Por eso, debe aparecer la memoria histórica, rescatar la identidad colectiva y que estos asesinatos queden escritos en los anales de la historia, los nombres de sus autores. El 16 de septiembre, de ese mismo año, se termina de consumar lo iniciado el 16 de junio de 1955; La masacre de Plaza de Mayo. Luego de la caída de Perón vendrán los asesinatos a mansalva en José León Suárez y los fusilamientos de junio de 1956. Comenzaba la construcción de un andamiaje legal de un gobierno militar de facto, con la vigencia del Decreto 4161 que preveía cárcel para todo aquel que mostrara sus simpatías peronistas, luciera emblemas o fuera miembro de la Resistencia Peronista. El odio de clase se mostró en la quema de todas las bibliotecas que tenían libros de aquellos que eran teñidos de peronistas. Los 9 tomos del sanitarista Ramón Carrillo, Teoría del Hospital son quemados, y así todo lo que había pertenecido al gobierno peronista, como la anterior residencia presidencial que fue devorada por las llamas. La destrucción de la Fábrica Argentina de Locomotoras instalada en talleres Liniers fue desguazada y los prototipos de las locomotoras Justicialista y Argentina cortadas con sopletes, entre tantos hechos de verdadera violencia.

EL GOBIERNO MILITAR, POR PRESIÓN DE LA OLIGARQUÍA VACUNA, ANULA LA LEY DEL PEÓN RURAL

Muchos de los que participaron en el bombardeo guerniquiano a Plaza de Mayo, luego del derrocamiento de Perón, ocuparon altos cargos en los distintos gobiernos civiles y militares, como el radical Miguel Angel Zavala Ortiz (Copioto de Cacciatore en el bombardeo). Otros fueron premiados colocando sus nombres a algunas de nuestras calles y al nombre de una estación de subterráneos como Ing. Roque Carranza, conspicuo comando civil durante la Libertadora. Y autor del primer atentadoen el mundo contrra un subterráneo, hecho ocurrido en 1953 y que causo mas de un centenar de muertos. En el caso de Francisco Manrique fue funcionario en la liberadora con Lanusse, otros como el contralmirante y ex ministro de Marina de Perón (a quien traiciono) Anibal Olivieri fue premiado y el cargo fue representante ante la ONU – Organismo de las Naciones Unidas, Vicchi, embajador en Estados Unidos de América; y en el caso de Samuel Toranzo Calderón, uno de los responsables fundamentales de aquella matanza fue a la España franquista como embajador, donde mostró orgulloso el Guernica Argentino.

Una costumbre de las clases dominantes instalada en este país, con un fuerte contenido de clase, es que casi todos los genocidas en la Argentina son homenajeados de una u otra manera, con sus nombres señalan calles o plazas, como Juan de Garay o Julio A. Roca, dos ejemplares genocidas, entre otros. Varias décadas llevó instalar el tema del Guernica Argentino, miles de muertos y desapariciones hay en esta historia, sin embargo, es bueno comenzar por donde empezó. Porque los nombres de los aviadores son los comandantes y principales figuras del 24 de marzo de 1976 y de los hechos posteriores.

 Y en esa misma cadena de realidades, que se conectan, están todas las violaciones a los derechos humanos y la implementación de otras formas para dejar impune todo este largo proceso de dolor y muerte, represión y desaparición. Es bueno comenzar por el principio. Aquella mañana nublada y fría de junio, un jueves, como hoy 22 North American, 5 Beerchraft, 4 Gloster y 3 Anfibios catalina, 34 aviones en total nublaron el cielo de Buenos Aires, durante el espacio de horas de terror, y a partir de las 12:40 y con vuelos rasantes y asesinos, hasta entrada la tarde otoñal de junio, acumularon muertos, heridos y desesperación.

Dos décadas después muchos de estos marinos y aviadores iniciaban el camino de la última dictadura militar. Hoy muchos de ellos, están sindicados en las fojas enrojecidas de la represión estatal.

Nota de Agnese : Un dato que no es menor. El Guernica argentino ostenta varios record macabros después de la Segunda Guerra Mundial:  el primer record, fue el primer pueblo civil bombardeado sin previo aviso, sin estar en guerra, sin estado de sitio y sin estado de conmoción interna. Fue bombardeado –segundo record – por sus propias Fuerzas Armadas. Ese día sobre el Río de La Plata se produjo el verdadero bautismo de fuego de la Fuerza Aérea – antes de Malvinas – donde leales y rebeldes se enfrentaron… cayeron los rebeldes y allí el tercer record: un Gloster Metor rebelde, fue el primer avión a reacción que fue abatido en Latinoamérica.

Disculpen la extensión, pero estos temas deben conocerse.

Emilio Massera fue genocida antes de integrar el proceso. Como sostiene el poeta Roque Dalton: no se puede construir nada que se parezca a reconciliación con este “inmenso mar de mierda”. .