Por Enrique “Gallego” Cal

Definir exactamente el contenido de la palabra libertad, parece una empresa bastante compleja. Desde los comienzos de las civilizaciones, la libertad esta intrínsecamente ligada a la justicia. Un pueblo no era libre si la justicia no garantizaba eso, y aun en aquellos pueblos que detentaban esclavos, clases o castas, estos status eran observados y fundamentados  por la justicia.

La historia oficial argentina sostiene que nuestra libertad comenzó allá por el año 1810, se robusteció en 1813, se plasmó en 1816 y se terminó de consagrar en 1853, y que, a excepción de las dictaduras populistas de Rosas, Perón y de Néstor y Cristina Kirchner, siempre fuimos un país libre, rebosante de justicia y estrictamente custodio de los derechos de los ciudadanos.

Fueron libres los animales bípedos que Sarmiento le sugería a Mitre que forzara a pelear la guerra del Paraguay. También lo fueron quienes eligieron libremente morir durante la Revolución del Parque. Los que en la Patagonia trágica morían libremente a manos de las tropas comandadas por Varela, por ejercer su libre derecho a huelga. Quienes fueron bombardeados en Plaza de Mayo en 1955 y quienes fueron fusilados un año después, también optaron libremente por morir.

Los fusilados en Trelew y Margarita Belén, los 30 mil desaparecidos, los más de treinta asesinados durante  la caída de De la Rúa y Kosteki y Santillán, asesinados por “la mejor policía del mundo” de Duhalde, durante el gobierno del mismo Duhalde, todos ellos hicieron uso de su libre derecho a morir.

Así, desde nuestro nacimiento como país, hemos gozado de todas estas libertades, que sumadas a otras complementarias, han hecho grande a nuestra nación, a saber: libertad de empresa, libertad de cambio, libertad financiera, libertad para asumir las deudas privadas de nuestros empresarios, libertad para privatizar cuanta empresa del estado se nos haya ocurrido, libertad para aplicar ajuste tras ajuste y todo ello regado por una canónica libertad de prensa que contribuyó a garantizar el éxito de todas estas libertades.

Pero lamentablemente, la llegada del populismo al poder en el año 2003, intenta poner en riesgo nuestros mas sagrados principios, y parece no entender  que las libertades tienen rangos, y que la libertad de prensa está por encima de todo, hasta de la misma Constitución Nacional, que solo nació para garantizar los derechos antes detallados.

Porque esta claro que no es lo mismo la sagrada libertad de prensa, y el derecho a circulación del diario Clarín, que los derechos sindicales que pretenden arrogarse unos animales bípedos modernos, que salvajemente cortaron por unas cuantas horas la salida de los camiones con la biblia diaria de Giudici, Carrió, Pinedo, Gil Lavedra y Pino Solanas. Y en definitiva el Grupo esta en su libre derecho de acceder a poner en la grilla televisiva lo que quiera, y elige libremente si pone a Telesur o a Paka Paka. Y Cablevisión dejar de funcionar si quiere, para eso es la libertad. Y los hijos de Noble se sacan sangre si quieren, para eso son libres de ser apropiados y de elegir libremente a sus apropiadores.

Y por eso una ministra deberá comparecer ante el Congreso, para dar explicaciones de por que no reprimió libremente a los salvajes que se interpusieron a la circulación de nuestro cuerpo y alma en forma de papel (Prensa) y tinta.

Y deberá darle explicaciones a Orsolini, quien durante cuatro meses ejerció su libre derecho a cortar rutas y a desabastecer pueblos y ciudades. Y deberá agachar la cabeza ante Patricia Bullrich, quien libremente le recorto a los jubilados y pensionados el 13% de sus haberes para garantizar la libertad bancaria. Y deberá explicarle a los representantes del PRO el porqué no reprimió a esos holgazanes, como ellos lo hacen libremente por intermedio de la UCEP en la ciudad de Buenos Aires. Deberá también darles explicaciones a los diputados radicales, quienes en sus dos últimos mandatos escaparon libremente por las azoteas huyendo de los representantes del peronismo federal, quienes libremente organizaron libres saqueos y libres desestabilizaciones para derrocar a los radicales libres.

Los populistas deberán entender de una vez y para siempre que hay libertades y libertades, y que no es lo mismo la chusma piquetera y cegetista cortando una avenida o un portón por una cuantas horas, que las señoras bien blandiendo sus looks Cardón y sus Hilux cero kilometro, apoyadas por los representantes del Grupo A y bendecidas por el Grupo Clarín.

Hay libertades y libertades, che.

Y al fin y al cabo, Argentina siempre fue el país de la libertad.

                                                                                           

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