La isla neoliberal

 Por Enrique Lacolla
 
Los hechos de Villa Soldati reavivan los espectros de la violencia social de los ’90. La culebra neoliberal serpea todavía.
 
 
 

Si se compara la situación argentina actual con la del año 2003 no queda duda del carácter positivo que ha tenido, en términos generales, la gestión de los gobiernos Kirchner. Pero cuando se producen episodios como los verificados en el Parque Indoamericano de Villa Soldati en Buenos Aires y se oyen o se leen las repercusiones que ellos generan en los personeros de la política, en los medios de prensa monopólicos y en los comentarios que estos recogen de sus lectores, no puede menos de hacerse evidente no sólo que falta mucho camino por recorrer, sino que el retroceso determinado por los estragos producidos durante la era neoliberal ha sido enorme.

Los episodios de Villa Soldati son confusos, pero lo que es evidente es que han superado a todas las autoridades de gobierno: municipales, en primer término, pero también nacionales, que sólo en estas horas están tomando cartas en el asunto, tras dejar que los acontecimientos corrieran librados a su suerte durante dos días.

Los hechos en parte parecen enmarcarse en la clásica pelea de pobres contra pobres, con gentes animadas no se sabe por quién para resolver su situación habitacional adueñándose de un espacio público y eventualmente de un complejo de viviendas en construcción, acciones que son resistidas por los vecinos, mientras que por otro lado la municipalidad de la ciudad autónoma de Buenos Aires aparece operando una represión, combinada entre la Policía Metropolitana y la Federal, para desalojar el predio ocupado. En ese trámite murieron dos personas jóvenes, una de origen boliviano y otra paraguayo, y varias más quedaron heridas. En posteriores enfrentamientos hubo al menos dos muertos más, ambos bolivianos.

Si bien todavía no se puede saber cuál fue la exacta mecánica del caso, los episodios y su secuela mediática ponen en evidencia el deterioro de la conciencia social referida a la dimensión de la nación y el reflorecimiento de preconceptos, soberbias gratuitas y pulsiones agresivas que se suponía debían ser cosa del pasado.

Mauricio Macri, jefe del gobierno porteño, señaló por ejemplo que el conflicto en el Parque Indoamericano está vinculado “a una inmigración descontrolada con un avance del delito y del narcotráfico”. Y añadió: “Parecería que la ciudad de Buenos Aires se tiene que hacer cargo de los países limítrofes y eso es imposible. Todos los días llegan entre 100 y 200 personas nuevas a la ciudad que no sabemos quiénes son, de la mano del narcotráfico y la delincuencia… Las muertes no tienen que ver con el desalojo…, sino con la inseguridad y el descontrol de la inmigración…” (La Nación, jueves 9 de diciembre). Pidiendo asistencia al gobierno nacional, Macri remató: “En estos momentos hay que mostrar coraje, el mismo coraje que mostró el presidente Lula en Brasil en su combate al narcotráfico”. Mientras tanto La Nación desparramaba en otro artículo la noción de que Río de Janeiro puede ser un espejo del futuro argentino.

Muchos de los comentarios de los lectores de ese matutino se inscriben en la misma tónica, en tono aun más crispado. “Indocumentados, vagos, atorrantes, narcos, prostitutas; primero están las necesidades de los argentinos y después las de esta gente”, etc., son algunas de las delicatessen proferidas por los comentaristas.

La clientela de Umberto Bossi en Italia o de Jean-Marie Le Pen en Francia no habla de otra manera. Aunque cabe la salvedad de que esos prohombres de la derecha xenófoba europea articulan discursos mucho más fluidos y coherentes que los del jefe de gobierno de Buenos Aires, cuya escasez de lenguaje hace juego con su pobreza de espíritu. Pero más allá de los contornos “señoritiles” de Macri y de su colosal incompetencia política, está el hecho de que la derecha argentina no le va en zaga. Lo cual es un problema, porque la cerrazón mental ocluye la vía del diálogo. ¿Se acuerdan de cuando Mariano Grondona quería sacar los tanques a la calle, en ocasión de los disturbios del 2002? Macri pide que el gobierno nacional emule a Lula –que tiene un problema descomunal en las favelas, enquistado históricamente y al cual debe resolver antes del Mundial de fútbol-, evidenciando una falta de sentido de las proporciones comparable a la que resultaría de querer matar un mosquito con un lanzallamas.

Pero no se trata sólo de esto, pues demonizar a los inmigrantes latinoamericanos que aportan su esfuerzo para la construcción de este país, identificándolos con el narcotráfico y la delincuencia, es un despropósito indignante, propio del racismo nazi. Hablar de extranjería en el caso de los inmigrantes paraguayos, bolivianos, peruanos, chilenos, es olvidar que en este país de composición aluvional los pobladores de origen latinoamericano son ciudadanos de una Patria Grande de la que todos formamos parte. La reacción xenófoba en curso recuerda mucho a la erizada indignación de los estratos medios blancos y urbanos cuando a mediados del siglo pasado la inmigración interior comenzó a afluir hacia Buenos Aires. “Cabecitas negras” se los llamó por entonces.

Las protestas diplomáticas comienzan a llover sobre la cabeza del mandatario porteño, quien si no fuera tan impermeable a la inteligencia y al sentido común ya tendría que estar presentando su renuncia. El paraguas de la gran prensa le garantiza cierta impunidad, sin embargo. Como también se la suministra la estupidez de eso que los italianos llaman el uomo qualunque, es decir, el que repite como un loro los lugares comunes que se le brindan desde arriba y que a veces lo confortan, en su inseguridad social, al inducirlo a creerse mejor que quienes están un escalón más debajo que él en la estructura de clases.

En medio de todo este barullo emerge otro problema, también significativo del retroceso producido durante los ’90. ¿Qué es eso de la “Ciudad Autónoma de Buenos Aires”¿Qué demonios significa ese engendro salido del vientre del menemismo? En un país que trabajosamente se está dando una configuración más acorde a un equilibrio que le fuera negado pues el desarrollo gravitó siempre hacia el Puerto, el carácter federal que debe tener la Capital y que fuera logrado por las armas de Roca en 1880, ha sido hasta cierto punto rebatido por una autonomía que ha consentido, entre otras cosas, que el gobierno porteño disponga de su propia policía metropolitana, creándose así una superposición de funciones que hace aun menos manejable el siempre resbaloso ámbito de los organismos de seguridad.

Así las cosas, Buenos Aires se ha constituido en una isla neoliberal que conserva muchos de los rasgos que distinguieran a esa época nefanda. Los choques de Macri con los “okupas” del Parque Indoamericano manifiestan la incompetencia y dejadez de la gestión municipal porteña hacia los sectores de menos recursos. Nunca se brindó a estos la oportunidad de salir de la precariedad en que viven procurando su rescate a través de una autoayuda controlada por el gobierno del municipio. En vez de esto el jefe de la ciudad pretende ahora la colaboración del Ejecutivo nacional para poner en práctica una metodología represiva de corte militar, mientras con sus declaraciones fomenta la xenofobia y estimula ese particularismo que durante el siglo XIX se constituyó en la maldición de la política argentina.

Ahora bien, que Macri reclame el apoyo del Poder Ejecutivo nacional por malas razones, no significa que este no deba tomar cartas en el asunto. Y me parece que ni Aníbal Fernández ni la Presidente acertaron en su política de dejar que el alcalde de Buenos Aires se cocine en su propia salsa. El gobierno de la Nación debe salir al cruce de este aclarando primero los contornos del problema y actuando luego como factor de contención para enmendar el entuerto montado por la incompetencia del PRO. No es fácil, pues entre el salvajismo represor del pasado y el garantismo chirle de los últimos tiempos, el Estado ha perdido mucho de su autoridad. Pero me parece que no tiene más remedio que bailar con la más fea, mientras busca la vía de un desarrollo nacional estructural, que reduzca progresivamente una marginalia social que, librada a sí misma, puede convertirse en una bomba de tiempo que termine explotándole en la cara. Y hay muchos interesados en que esto suceda.

Los pistoleros del PRO al desnudo

Julio Capella (izquierda) en su lucha por el espacio público. Alejandro Pastore (derecha) guarda su arma al saberse filmado. (TELAM)

Bajo la violencia desatada en Villa Lugano subyace un complejo tejido político-delictivo

Un simbolismo cargado de futuro. El 27 de febrero de 2007, Mauricio Macri lanzó su campaña electoral para la Jefatura del Gobierno porteño exhibiéndose para las fotos junto a una niña pobre en medio de un basural. Era nada menos que uno de los barrios marginales de Villa Soldati. A tres años y nueve meses de tal escena, su fervor por los desalojos compulsivos desataría en ese mismo arrabal una represión homicida seguida por una explosión racista no menos atroz.
Fue a partir de un operativo conjunto de la Policía Federal y la Metropolitana iniciado durante el anochecer del 7 de diciembre, luego de que el Poder Ejecutivo del PRO consiguiera una orden firmada por la jueza María Cristina Nazar para expulsar del Parque Indoamericano a unas 350 familias que habían tomado de modo pacífico un sector lindante al barrio Los Piletones. Semejante faena concluyó con dos cadáveres: el de Bernardo Salguero, paraguayo, de 22 años, y el de Rosemary Churapuña, boliviana, de 28. También hubo decenas de heridos; entre ellos, un bebé. Tal vez ese martes sea para la liturgia del macrismo la merecida efeméride de su cruzada por el control del espacio público. No por nada, el ministro del área, Diego Santilli, quien se encontraba en la retaguardia de los acontecimientos, expresó su lectura del asunto con las siguientes palabras: “Es un operativo valioso y prolijo; con algún problemita, claro, pero sin incidentes graves”. En aquel momento, los noticieros empezaban a informar sobre las dos muertes.
Recién el jueves, Macri desgranaría en una conferencia de prensa su versión de la masacre. Con un discurso casi hitleriano –avalado luego por cada uno de sus más estrechos colaboradores– responsabilizó de los sangrientos hechos a “los inmigrantes de países limítrofes”.
Ya se sabe que esas palabras propiciarían un pogrom, con unos 100 heridos y otros dos crímenes: el de Juan Castañares Quispe, boliviano, de 38 años, y –ya al caer la noche del viernes– la ejecución del pibe herido que fue arrancado por una horda de una ambulancia del Same, en medio de una aterradora cacería de personas que ofende a la condición humana.
Sin embargo, movileros, opinadores de toda laya y no pocos políticos deslizaban sólo su estupor ante el carácter “espontáneo” de ese enfrentamiento de “pobres contra pobres”. Como si la violentísima irrupción de un ejército de matones sindicales, barrabravas y punteros oscilantes entre el duhaldismo y el PRO fuese absolutamente natural.
Lo cierto es que –tal como adelantó una fuente policial a Miradas al Sur– efectivos de la División de Seguridad Deportiva de la Federal ya se encuentran abocados en la identificación de los barrabravas que participaron en los incidentes. Y que se están librando las correspondientes órdenes de captura. En consecuencia, ahora empezará a salir a la superficie el lado oculto de esta trama político-delictiva.

El terror azul. Ya trascendió que durante el fin de semana un sujeto vinculado al Gobierno porteño incentivaba entre los pobladores de la Villa 20 la toma del Parque Indoamericano. “El que no copa su parcela se queda sin nada”, proclamaba una y otra vez. Se refería a la supuesta entrega de títulos de propiedad sobre esa inexistente urbanización. Horas después, las primeras carpas fueron allí levantadas.
Ahora se sabe que ese tipo no era otro que Miguel Ángel Rodríguez, a quien le gusta que le digan El Comandante. Se trata de un ex convicto –purgó tres años y medio de cárcel por la venta de licencias apócrifas de taxi mientras era director de Tránsito en la gestión de Carlos Grosso–, que llegó a ser funcionario del Instituto de la Vivienda de la Ciudad (IVC). Pero tuvo que abdicar al aflorar su pasado por boca del legislador Facundo De Filippo. Entonces se convertiría en hombre de confianza de Esteban Bullrich, cuando éste era ministro de Desarrollo Social. El nexo entre ellos fue su jefa de Gabinete, Karina Leguizamón. Ella es la esposa del legislador del PRO Esteban Pagani, a su vez, un íntimo de su jefe de bancada, Cristian Ritondo. Ahora Rodríguez reporta directamente a él.
Otro incitador de la toma de terrenos –siempre con el señuelo de las escrituras– es Marcelo Chancalay, un garufero de arrabal que en sus años mozos fue boxeador; en la actualidad alterna ciertos negocios asociado al servicio de calle de la Comisaría 52ª con su condición de puntero del PRO en la Villa 20. Y también reporta a Ritondo.
Es que Cristian es un muchacho del barrio. Oriundo de Mataderos, se crió en Villa Lugano, en donde aún hoy conserva un domicilio. Tal vez por tal motivo se mostró muy contrariado con la toma del Indoamericano. Tanto es así que no dudó en escribir en su Twitter: “La Ciudad Autónoma no será territorio liberado para los que violan la ley”. Sucede que su apego al orden –y a sus agentes– no es menor.
Prueba de ello es que, en su gestión como subsecretario del Interior durante el interinato de Eduardo Duhalde, supo cultivar excelentes migas con un selecto grupo de oficiales de la Federal. Entre ellos resaltan los actuales jefes de las seccionales 36ª, 48ª y 52ª, comisarios Emilio Ramón Miragalla, Eduardo Rubén Pereyra y Miguel Ángel Cairolo, cuyas jurisdicciones se extienden entre Villa Lugano y Soldati. Dicho trío, junto con un subcomisario de la Guardia de Infantería, comandaron –en tándem con la Metropolitana– la represión del martes.En cifras, hubo unos 200 efectivos de la Federal y 60 de la Mazorca de Macri.
Una fuente confiable de la causa confirmó a Miradas al Sur que los cartuchos calibre 12 que mataron Salgueiro y Churapuña no fueron disparados con tumberas –como quisieron hacer creer los voceros de ambas fuerzas– sino que salieron de armas policiales. Por tal razón –además de ser pasados a disponibilidad–, están bajo investigación cinco suboficiales, junto con un subcomisario de la Infantería y el propio Pereyra, todos de la Federal. Y en relación con el asesinato de Quispe, hay sospechas sobre los ocupantes de un patrullero de la Metropolitana. Es por ahora difícil saber si esos homicidios fueron premeditados o, simplemente, fruto de un desborde. Pero el hecho de que algunas armas llevaran cartuchos de plomo inclina esa duda hacia la primera posibilidad. Cabría entonces un interrogante: ¿Por orden de quien? Ritondo tal vez lo sepa.

La caldera del diablo. Los hechos de sangre cometidos por las fuerzas de seguridad no son un hecho sorprendente. En cambio, el correlato civil de la matanza del Parque Indoamericano supone una siniestra bisagra en la Historia argentina: es la primera vez desde la Semana Trágica –ocurrida en 1919– que patotas reclutadas entre la sociedad civil se lanzan a la persecución de inmigrantes.
Es cierto que el discurso xenófobo de Macri bastó para que quienes integran “la parte sana” de Lugano se convirtieran en una caricatura del pueblo alemán durante la República del Weimar. No menos cierto es que en sus almas anidan los peores instintos. Pero ellos, vulgares fascistas de entrecasa, son incapaces de consumar con sus propias manos el ejercicio del terror. No así, por caso, quienes frenaron una ambulancia para asesinar a un pibe herido con un tiro en la cara. No así quienes en los incidentes del jueves fueron fotografiados con las armas en la mano.
Al respecto, el ya célebre Julito Capella -el hombre de jogging rojo que empuñaba una pistola -es un caso testigo. Es hijo del masajista de Boca, barrabrava de Huracán y empleado de la obra social del sindicato municipal (Sutecba), en donde custodia a Genaro Trovato, la mano derecha del líder del gremio, Amadeo Genta.
No menos significativa es la presencia de otro pistolero captado por las cámaras (ver foto derecha). Miradas al Sur pudo precisar que se trata de Alejandro Pastore, otro “pesado” de la obra social de Sutecba, quien con su mujer, Noemí Gómez, habita en la Torre 19 A swl complejo de Olivera y Directorio.
De ese edificio, y de otros situados en la avenida Castañares al 4200 y 4300 partieron disparos de grueso calibre sobre los habitantes de la Villa 20.
Tales construcciones fueron financiadas a través del Gobierno de la Ciudad y en su adjudicación no fue ajeno Trovato. Ni la ex directora de la Corporación Buenos Aires Sur, Esther Niti Iglesias. Ambos se dedicaban a ello en la Mutual 25 de Mayo, cuya sede estaba en el noveno piso de la Legislatura.
A la señora Niti se la vio el martes y miércoles reclutando muchachos del gremio para integrar la milicia macrista. En tales menesteres también estaba Eva Ferraro, jefa del CGP 8, quien –junto al delegado Chacho Álvarez–, recibía instrucciones telefónicas del propio Ritondo.
En la tarde del miércoles, cuando la presidenta Cristina Fernández de Kirchner expresaba en el acto del Día Internacional de los Derechos Humanos su más absoluto repudio a la xenofobia, en Lugano se iniciaba el más virulento ataque de los falsos “vecinos” contra quienes estaban en el Parque Indoamericano. En total –según calculos de los movileros presentes– eran alrededor de unos 300 matones armados hasta los dientes con pistolas y escopetas de guerra. El eje del mal no había faltado a su cita.
En tanto, Ritondo inmortalizaba sus reflexiones en el Twitter.

La discriminación, según Zaffaroni

Por Franco Mizrahi

 
El juez de la Corte Suprema consideró lamentables las declaraciones del ingeniero Macri sobre la inmigración. Afirmó que comparar la situación de los barrios precarios con las favelas es directamente falaz y aclaró que no se pueden copiar los peores ejemplos del resurgimiento racista europeo.
 Luego de los hechos sucedidos en el Parque Indoamericano de Villa Soldati y las declaraciones xenófobas que suscitaron, Tiempo Argentino se contactó con Raúl Eugenio Zaffaroni, ministro de la Corte Suprema de Justicia, docente universitario y autor de varios libros (entre ellos El enemigo en el derecho penal), para conversar sobre la discriminación desde el poder punitivo del Estado y su vinculación con la realidad social del país.   

–¿La discriminación en el ejercicio del poder punitivo es una constante? 

–El poder punitivo siempre es selectivo, por eso ninguna cárcel del mundo está llena de poderosos, salvo los raros casos en que alguno choca con otro poderoso, pierde y se le retira la cobertura de impunidad. La discriminación es el prejuicio que puede servir de base para la construcción de cualquier “enemigo”. Si la cosa avanza, se lo convierte en chivo expiatorio, se lo sindica como autor o responsable de todos los males, y ese es el inicio del camino hacia el genocidio. El poder punitivo mismo es el que lo ejecuta. Así ha sido en todos los genocidios del siglo pasado. Se trata de una progresión que, por fortuna, en la inmensa mayoría de los casos se interrumpe. Pero eso no debe ser consuelo, porque en algunas funciona hasta el final y en el siglo XX ha costado la vida a, por lo menos, uno de cada 50 habitantes de este planeta: los muertos por masacres estatales son entre unos 100 y unos 150 millones. Las guerras alcanzaron menos de la mitad de esa cifra.

–A partir de los sucesos de Soldati, el jefe de gobierno Mauricio Macri brindó una conferencia de prensa en que afirmó que esos hechos fueron consecuencia de una “inmigración descontrolada y un avance de la delincuencia y el narcotráfico”. ¿Qué opina de esta frase?

–No abro juicio sobre lo acontecido en Soldati ni sobre las responsabilidades penales y políticas al respecto. No conozco directamente la situación y sería un irresponsable si hiciese cualquier comentario. Lo que puedo afirmar es que las declaraciones del ingeniero Macri me parecen, por lo menos, lamentables. 

–¿En las cárceles argentinas, hay mayoría de extranjeros? 

–Es mentira que haya sobrerrepresentación de extranjeros en nuestras cárceles y en el número de condenados y, menos aún, de bolivianos. Los delincuentes son nuestros, bien nuestros, no lo dude nadie. El porcentaje de extranjeros que tenemos en el país no aumenta, sino que decrece, viene bajando. 

–¿Una villa de la argentina es comparable a una favela?

–La pretensión de comparar nuestros barrios precarios con el problema de las favelas cariocas es directamente falaz, o responde a la ignorancia de la realidad de Río de Janeiro, o es descarada y dolosa. Basta mirar el plano de la ciudad de Río de Janeiro para darse cuenta de que la cuestión es diferente: las favelas están en los morros y, por tanto, en toda la ciudad. Bajando de los morros están los barrios residenciales. ¿Tenemos una favela cruzando la Avenida Quintana? Por favor, miren el mapa solamente. Sin contar con otros datos, y sin contar con el problema de la propia policía de Río, bien diferente de nuestra Policía Federal, ¿de qué estamos hablando? Además, Lula no militarizó la seguridad, ni mucho menos. Se trata de una intervención puntual detrás de la cual hay un plan de urbanización de barrios precarios extensísimos, de una magnitud que no se compara con la nuestra. Lo que el ingeniero Macri propone es violar la ley que tanto nos costó y que devuelve dignidad a nuestras Fuerzas Armadas. Los soldados sirven para la defensa nacional y tienen una misión salvadora en este siglo amenazado por catástrofes ecológicas, y no para los intereses políticos coyunturales de nadie. 

–Más de uno desearía copiar la política inmigratoria xenófoba que rige en algunos países de Europa…

–No podemos copiar los peores ejemplos de resurgimiento racista europeo. “Vote a Fulano para no tener un extracomunitario debajo de su ventana”: este es el peor ejemplo de propaganda política racista europea de los últimos años. ¿Eso queremos en nuestro país? ¿Eso esperamos de nuestra política? ¿Semejantes bajezas? Eso es la vuelta a lo Völkisch (el nacionalismo racial que dio origen al nazismo), a lo peor de la degradación política, a la pérdida total de ética: ensañarse con el más débil, con el más vulnerable, con el que no tiene cómo defenderse y propugnar su estigmatización e incitar la violencia contra él.

Vivir al margen

(FOTOS DIEGO ASTARITA) *

Estación del premetro Arturo Illia, un nombre radical en un barrio tan peronista que todavía tiene, ahí cerca de la villa, al Club Sacachispas, inaugurado un 17 de octubre, compitiendo en ligas quizá menores. A 200 metros del Parque Indoamericano en Villa Soldati está el Jumbo. La gente va de compras, hay un gran cartel que dice Felices Fiestas. A sólo 100 metros del que debía ser el segundo pulmón verde de la Ciudad, donde sube Escalada desde la avenida Fernández de la Cruz, hay carteles que llaman a las elecciones en el club San Lorenzo, que está un poquito más hacia el Centro. Sobre la figura del sonriente candidato a presidente, Carlos Abdo, otro cartel encima dice Paraguayo impugnado. Esto, obviamente, fue antes del martes en que Bernardo Salgueiro volvía de trabajar y se encontró un balazo a las 7 y media de la tarde que terminaría con su vida.
La entrada de Escalada doblando por Fernández de la Cruz está cortada por un patrullero de la Federal. En cambio, el ramal que viene de la Provincia está accesible. Una mujer boliviana va con su manta típica tejida con una criatura en la espalda y otro niño que la sigue. Es una del millón ochocientos mil bolivianos en la Argentina.
Es viernes 10 de diciembre y está nublado. En unas horas se va a conmemorar ese otro 10 de diciembre, el de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, cuando el mundo se había aterrorizado por los millones de muertos justificados en que eran de otra raza, razas inferiores, razas peligrosas. Un 10 de diciembre del año pasado, el secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, había dicho que esa celebración tenía que tener como lema la no discriminación. Fue hace un año y en Europa se vive una xenofobia completa. Quizás aquí, en la Argentina, algunos laboratorios del macrismo, la derecha empresarial, se dieron cuenta de que hay caldo de cultivo para vincular la inseguridad con la xenofobia. Y entonces, un candidato de origen paraguayo que quiere ser presidente de un club o miles de bolivianos que viven en la Argentina tienen que dar fe por nuestra tierra. Al especulador financiero e inversionista húngaro-norteamericano George Soros, por supuesto, le va bastante mejor. Pudo comprar enormes extensiones de tierra en el sur y asociarse a José Aranda en un emprendimiento arrocero en Corrientes. Él sí puede tener sus propias tierras.

Tierra de inmigrantes. Soldati es un lugar que creció y se fortaleció durante el peronismo. Su inmigración era básicamente de italianos y españoles. Pero eso fue hace cien años, cuando el Cildáñez estaba muy mal entubado y todo se inundaba. Al llegar al Parque Indoamericano y verlo desde arriba, se sabe que el Cildáñez todavía no está en condiciones de garantizarle a esta tierra, que algunos la creen como provisoria, un lugar para vivir. Todavía es inundable. Para poder construir casas acá se necesitarían muchos millones, pero claro, uno mira del otro lado de Fernández de la Cruz y ve un ambiente en el cual quizás el negocio inmobiliario de los sectores medios se vería perjudicado si esto se llena de bolitas, paraguas y negros de mierda.
Aquí, desde Escalada, ya se escuchan los truenos que anuncian la tormenta. Parado frente a una escalera chiquita por la que bajan todos los vecinos, a cien metros nada más, veo unos sauces. En el último de ellos, murió el martes pasado Salgueiro. Vuelvo por segunda vez en la semana a esta villa, donde vivía este paraguayo de 22 años. Vuelvo indignado por las acusaciones de que este barrio donde viven miles de compatriotas de Salgueiro, junto a bolivianos y peruanos, que tratan de sobrevivir como pueden, es tierra de narcotraficantes. Seguramente, quien lo dijo no caminó por las calles de esta villa que pugna por dejar de serlo.
Lidia es paraguaya y me cuenta que tiene miedo. Vive acá desde hace 20 años y hace 18 que no va a su país. Como nunca se casó y no tiene hijos nacidos en la Argentina, no le daban el DNI y no tenía residencia. Recién en 2007 logró que le dieran un documento argentino, y ahora tiene un plan social y una ayuda porque tiene epilepsia. Lidia me dice que ella estuvo curioseando –así lo dice– el martes cuando se produjeron las muertes y vio a la policía disparar con armas. Claro, no puede certificar si a Salgueiro lo mataron esas balas policiales. Pero todos los vecinos, según Lidia, lo dicen. Mientras charlábamos, nos cruzamos con Irma, una chica boliviana que venía con una nena con signos claros de tener el síndrome de Down. Las dos aseguran que la gente que está tomando el Parque Indoamericano es “gente brava”, dicen que hay de todos lados, de Paraguay, de Perú, de Bolivia, de la Argentina. Según ellas, los traen los políticos, algunos de los que tienen que ver con gente que está aquí en Soldati.
Frente a una calle asfaltada, hay una zona un poco más vieja hacia la derecha y un asentamiento más reciente que tendrá tres años. Pegado a él, hay un gigantesco desarmadero de autos, muchos de ellos incendiados. Lo que separa estos sauces donde murió Salgueiro del desarmadero son dos canchitas de fútbol muy chiquititas. Aquí a la derecha, doblando por la primera calle, me dicen que está el comedor de Diosnel, uno de los que está motorizando esta ocupación de tierra. Irma, la boliviana, cree que la solución es muy simple: hay que censar, porque la mayoría de los que están ahí tienen casa, y asegura que a la mayoría de los que están ocupando ese terreno los traen.
Miro las vías del ferrocarril y pienso en este Belgrano Sur al lado del cual están construyendo, de este lado de la Villa. Pienso en Macri diciendo “qué pena que la Federal no está viniendo acá para reprimir”. En realidad no hay nadie para reprimir, se ve el movimiento de la gente normal dentro del barrio y del otro sector, la gente acampando. Nada más. Algún guardia de seguridad, algún patrullero de la Metropolitana que pasa.
Pienso en el Ferrocarril Mitre a la altura de la calle Ortiz de Ocampo. Cuando se privatizaron los ferrocarriles entregaron los terrenos fiscales a clubes que ahora son paquetísimos. Hay unos gimnasios buenísimos. Uno de ellos, el que está más pegado a la vía, es al que solía ir Mauricio Macri. Está en un terreno en el que, en la época de Menem se lo dieron a alguien para que hiciera un negocio. Ahora Macri no quiere dar terrenos fiscales. O en todo caso piensa que deberían servir para negocios inmobiliarios.

Sin títulos de propiedad. Siguen sonando los truenos. Me encuentro finalmente con Diosnel Pérez y con El Tano Nardulli. Diosnel es quien ha quedado como presidente de la Villa 20. Este domingo tenía que haber elecciones en el barrio y él está tratando de evitar que esto se profundice. Entro al barrio y me encuentro con un cartel en un balcón de una casa que tiene cuatro plantas por escalera, con ladrillo hueco terminado sin revocar. En la primera planta dice En venta y hay un celular. Uno sabe que aquí la venta no es con papeles porque no hay división catastral. Este es un barrio autogobernado desde hace tantos años, en el que nunca un gobierno se decidió a hacer un censo catastral y entregar títulos de propiedad. Pero hace pocos días, el lunes 6 de diciembre, Horacio Rodríguez Larreta dijo que iban a entregar títulos de propiedad en todas las villas, salvo en la 30-31 porque en Retiro son terrenos fiscales de la Nación. Parecía el prólogo de lo que, al otro día, fue la ocupación de las tierras en Soldati y la represión. ¿Habrá habido un comando único? ¿Habrá sido planificado? ¿O todo esto es un movimiento del desorden del Gobierno de la Ciudad que ahora encuentra a Macri queriendo adelantar elecciones, queriendo convertirse en el hombre de la mano dura y llamando a echar inmigrantes, a matar gente?
Desde el puente que está en Remedios de Escalada y que separa la villa del Parque Indoamericano, pasa el Ferrocarril Belgrano. Del lado izquierdo están los campamentos. No tienen baños, apenas estas demarcaciones hechas con los precintos que usa la policía cuando hace un procedimiento. Del otro lado hay un caballo blanco pastando. Se ven unas 300 carpas quizás, gente que viene y va, muchos jóvenes, muchos chicos. Se los ve a todos pacíficos, no hay ninguna disputa. Cuando comience la lluvia, se van a mojar todos.
Me quedo conversando con un hombre de una empresa de seguridad contratada por el Ferrocarril Belgrano Sur. Me dice que está desde hace varias horas y que su misión es avisar si hay corte, pero que hasta ahora no hubo ninguno. “Mirá, esto siempre estuvo abandonado, eran yuyales”, me cuenta. Está por comenzar a llover pero nadie se mueve. “Esto habría que lotearlo. Gratis no sirve, que lo entreguen a pagar. Ojalá a mí me entregaran una casa a pagar, yo tengo que alquilar.”

Carpitas bajo la lluvia. En medio de la lluvia se ve a un morocho de brazos fuertes que está con un buen machete desmontando. Eligió un lotecito de 10×20, pegado a Remedios de Escalada, bajando hacia dentro del Parque Indoamericano. No le importa la lluvia, está desmontando y lo único que tiene es la taperita que se hizo. Puso un colchón y se armó un ranchito con ramas en el terreno. Se prepara para el sueño de la casa propia seguramente.
Se llama Julio, es paraguayo, tiene 24 años y dos chicos. Vive enfrente, en Soldati, alquila y paga 600 pesos por mes por una habitación donde vive con su mujer y sus hijos. Me dice que lo está desmontando porque confía en que va a poder hacer su vivienda propia acá y dejar de alquilar. Dice que el problema son los que no son del barrio y están del otro lado.
Del otro lado es un parque y ahí se ve la demarcación debajo de unos árboles. Según Julio, esos son los que están llegando de afuera. Como Julio, se ven cientos de personas que están acá con sus carpitas y que, pese a que se están mojando, se quedan. Le pregunté si él se iba a mover: “No, no me queda otra. Me voy a quedar acá, aunque llueva, pase lo que pase”. Le pregunté si tenía trabajo. “Sí, soy albañil pero me tenía que tomar vacaciones en enero y me las dieron ahora. Las pedí adelantadas para poder quedarme acá”.
Me cruzo con Leonardo que tiene 15 años y con su familia también ocupó un terreno. También me dice que alquilan. Le pregunto por Diosnel y dice que es uno de los delegados, que es él quien los impulsó, los ayudó para tomar esa decisión que la venían conversando desde hace mucho tiempo. ¿Y qué tal es Diosnel?, le pregunto. “Bárbaro, nos ayuda”.
A mitad de camino frente al Parque Indoamericano y la villa, me refugio debajo de un pino mientras llueve. Frente a mí está la Escuela de Cadetes Ramón Falcón de la Policía Federal. Lleva el nombre del represor de inmigrantes y anarquistas que venían de Europa. Algunos de esos inmigrantes ahora se quejan de estos otros inmigrantes. ¿Será que para Macri es importante que la Escuela de Cadetes de la Federal tenga un baño de sangre si es posible mayor?
Sin embargo, acá no parece ni siquiera que la policía de Macri tenga trabajo. No se ve siquiera un patrullero de la Metropolitana. Sólo algunos periodistas y gente que va y que viene. Algunos llevan carritos de supermercados, otros llevan cosas como pueden. La mayoría no tiene paraguas y las carpitas no sirven para parar el agua.

La maldita inseguridad. Si uno se pasa unas horas escuchando radio y viendo televisión, se convence de que la mayoría de la sociedad está permeada por este discurso de que estamos en una situación de invasiones bárbaras, que el millón ochocientos mil bolivianos son un peligro latente. Sin embargo, son en general requeridos y demandados por la gente que tiene trabajo para dar. La mayoría de las hortalizas que llegan al Mercado Central, acá cerquita, llegan de las huertas de los bolivianos. Los paraguayos tienen trabajo en la construcción. Pero está esta idea de que el programa Patria Grande ha sido fulminante, cuando en realidad fue una decisión extraordinaria que ayudó a que Néstor Kirchner fuera el candidato natural para Unasur.
Gracias a él, Lidia tuvo por primera vez su DNI en 2007, tras 17 años en los que no había tenido ni siquiera quién la ayudara… Hoy, la mayoría de estas personas ya tienen documentación. Uno piensa en lo que pasa en los países de Europa que están expulsando rumanos de Francia, ecuatorianos de España, que no dejan pasar a los norafricanos… ¿Y a dónde miramos nosotros ahora? ¿No era que mirábamos a Europa?

Religiosidad y democracia barrial. Al bajar de Remedios de Escalada por la escalera, lo primero que se ve es una caseta que está muy bien guardada y con la puerta cerrada. Es un santuario de la Virgen de Caacupé, la que honran los paraguayos, que está adornada con ofrendas y regalos. Una comunidad que protege su religiosidad casi más que a su propia familia. Depositan la esperanza y sus sueños en esa imagen de la Virgen.
Me pregunto por qué está precisamente acá y no tardo en describir la respuesta. Baja un muchacho de pantalón corto y la camiseta de Chicago, pasa al lado del santuario, se persigna y se besa los dedos. Por eso está la Virgen acá, porque muchos paraguayos cuando vuelven a sus casas del trabajo le hacen una ofrenda, aunque sea eso, se persignan para recordar a su Virgen.
Entro al barrio y veo muchas casas que están con las puertas abiertas. Están con los televisores prendidos. En la mayoría, están viendo C5N que está transmitiendo a 200 metros desde una unidad móvil. Muestran el Parque Indoamericano y siguen bombardeando con que esto es un polvorín. Veo chicos por todos lados, voy caminando por la calle, me miran, me saludan. No veo a nadie que haga algo que convierta a esto en un polvorín. Vuelvo a pensar en el discurso que construyen los medios, que ven narcos donde hay dirigentes sociales.
Llego al comedor de Diosnel. Tiene un cartel que dice Frente Popular Darío Santillán MTD Lugano y están las fotos de Kosteki y Santillán. Hay un afiche que dice “Convocatoria. Se informa a los vecinos de la Villa 20 que quieran presentarse como candidatos para las elecciones vecinales período 2010 a 2013 que se realizará el 24 de octubre de 2010, que deberán presentarse en la sede de la Junta Electoral, con los siguientes requisitos: ser mayor de edad de 21 años, tener dos años de residencia en la Villa 20, acreditar DNI o libreta de enrolamiento; en caso de ser extranjero debe acreditar 15 años de residencia en el país. Debe figurar en el censo 2007 o acreditar ante la Junta Electoral residencia anterior a ésta con documentación respaldatoria. La convocatoria se realizará a partir del día 2 de agosto de 2010 hasta el 16 de septiembre”. Es casi una declaración de principios. Cuando uno se pregunta qué es la democracia, la puede encontrar acá, en este comedor. Abajo está la dirección de la casa, dice: “Manzana 19. Casa 16”. A veces hay que descubrir cómo funciona la democracia en un barrio como la Villa 20.
Toco el timbre pero no hay nadie. Seguramente están del otro lado porque están convocando a una reunión. Me encuentro con Brenda,
quien vive al lado del comedor donde está Diosnel. Nació aquí en Villa Soldati, tiene 21 años, terminó la primaria y la secundaria en la Escuela 4. Intentó hacer el examen de ingreso en la UBA para estudiar enfermería pero no tuvo suerte y ahora va a intentarlo en el Hospital de Clínicas. Me explica que en realidad las elecciones no tienen que llevarse a cabo este domingo y que es posible que se fije una nueva fecha. Me cuenta que efectivamente Diosnel es de las personas que están impulsando la toma y que muchos vecinos no están de acuerdo. Brenda personalmente tampoco. Incluso dice que cuando Diosnel se presente a las elecciones para presidente de la Villa, esto de la toma le va a jugar en contra. Dice que Marcelo Changalay, otro candidato, tampoco está de acuerdo, ni Víctor Hugo, que fue el vicepresidente de la Villa cuando Changalay era presidente. Changalay era boxeador, puso una escuela de boxeo y, convertido en dirigente social, se acercó al ibarrismo. Muchos hablan mal de él y lo señalan como un puntero que estuvo con distintos sectores políticos.
Brenda me cuenta que muchísimas de las personas que están cruzando allá son inquilinos. Su propia mamá tiene dos casas y una se la alquila a una familia que cruzó a ocupar allá. Pero otros de los que han seguido a Diosnel son propietarios y eso es precisamente lo que le parece mal, que estén impulsando a la toma a gente que tiene su casa en la villa. Son propietarios en un lenguaje donde no hay títulos.

Estigmatización mediática. Camino bajo la lluvia y recibo un mensaje de Irene Provenzano. Me cuenta que Erika, una chica que el otro día vino al programa de televisión Otras Voces, hoy se recibió de bachiller. Terminó su tercer año en este bachillerato acelerado que se llama Escuela La Dignidad, donde Irene es maestra. Erika fue su alumna y hoy está en la toma. Para Irene es muy importante cruzar el discurso de estigmatización que hacen los grandes medios, contando por ejemplo lo que hace el Movimiento Teresa Rodríguez. Esta Escuela tiene jardín y una serie de actividades sociales desde hace mucho tiempo, que no tienen ninguna visibilidad. Precisamente es gente de Soldati y está organizada junto con otros militantes que no buscan protagonismo, sólo tratar de hacer efectiva esa dignidad que le dio nombre a la escuela.
También hay mucha incertidumbre. Irene me cuenta que Erika pasó toda la noche en el Parque antes de que le entregaran el diploma y aclara que la entrega se postergó por la situación que vive el barrio. Me dice que anoche se vivió mucha tensión, que había mucho miedo porque, entre otras cosas, no saben quiénes eventualmente pueden estar acá.
La gente pasa incesantemente. Ahora veo gente que además de cuerdas lleva infinidad de palos. Pero no son para defenderse de nadie, son estacas para poder demarcar los terrenos que quieren que sean los terrenos de sus casas. Pasa un muchacho musculoso con una camiseta violeta llevando lo que va a ser un techo para el terreno del Parque Indoamericano. Va hablando en guaraní, saludando a sus vecinos. No saben la cantidad de casas en venta o alquiler que hay dentro de la villa, donde los pasillos y callecitas están todos asfaltados. Lo han hecho los propios vecinos. En general toda la construcción es de muy buen hormigón y otras, las más bajas, de ladrillos a la vista. Todas están cerradas, todas tienen candados, todas tienen electricidad. Hay kioscos, hay un lavadero y además de los carteles de comercios, alquiler y venta, hay muchas vírgenes de Caacupé pintadas acá en el barrio.
Hay muchas preguntas que quien no vive acá, se hace. El costo de 600 pesos de alquiler por una habitación acá. Claro, si uno piensa en la gente trabajadora, está cerca la estación de tren, hay un premetro, hay colectivos. Se puede viajar a trabajos en distintos puntos de la Capital en tiempos récord. La diferencia con la gente que vive en la periferia de Buenos Aires es muy grande. Tiene que viajar dos horas en vez de 15 o 20 minutos. Por eso un alquiler vale 600 pesos, por eso uno supone que la gente que trabaja, gana un peso, tiene documentos y entonces quiere más. Como no hay planes de viviendas sociales dice: “Bueno, digámosle a Diosnel, vamos a ver si nos quedamos acá enfrente, demarcamos y nos quedamos con nuestra casa”. Acá veo pasar a un muchacho que lleva cuatro chapas en la cabeza, va haciendo equilibrio y las lleva para mejorar la carpita que tiene acá enfrente en el Parque Indoamericano.
Es hora de salida de la escuela y veo a muchos chicos con sus mochilas y guardapolvos blancos. Tienen claramente aspecto de ser bolivianos y paraguayos que se educan aquí en la Argentina. Algo similar a lo que fue el auge de la educación pública de hace muchísimos años que permitió que otros inmigrantes fueran a la escuela pública argentina y soñaran con que su hijo pudiera ser dotor. Estos chicos también.
La tormenta empieza a ser más fuerte. Los chicos de la escuela no usan la escalera, para subir lo hacen por el costado, un terraplén rústico, al lado de donde está el desarmadero de autos apilados, destruidos, quemados, muchos de los cuales fueron parte de algún negocio turbio.
Sigue pasando incesantemente gente. Algunos consiguieron sombrillas de esas de confitería o de playa. Otros, llevan lonas, los que tienen, pero saben que lo que los espera –además de una ardua negociación, de una incierta posibilidad de que el Gobierno les otorgue los terrenos– es un aguacero. Uno dice: “Que se prepare Macri porque esa gente que está esperando bajo el agua está dispuesta a que no los mueva nadie”.

Organización popular. En un rato más regresa Diosnel Pérez con El Tano. El Frente Darío Santillán, la Corriente Clasista y Combativa, el Aníbal Verón, el Teresa Rodríguez, grupos que sobrevivieron durante años. Nunca faltan las voces que tratan de desnaturalizar a esta gente. Se podrá estar de acuerdo o no, pero cuando uno pregunta a los vecinos si la gente participa cuando hay elecciones una vez cada tres años y que van a ser ahora, sí, la gente participa. Cuando el presidente toma alguna medida, antes de decidirla llama a asamblea. Esta es la organización popular. Ahí está participando gente de diferentes agrupaciones. Algunas pueden estar más cercanas a grupos de la izquierda más combativa, otros como Changalay prefieren la interlocución con sectores de gobierno y por eso siempre se lo identifica con sectores más dialoguistas, que estuvieron con Ibarra, con Telerman. Son los distintos matices, como hay distintos matices en un sindicato y en toda la actividad política. Otra señora me dice que Changalay tiene que volver, que Diosnel Pérez es el responsable de que haya pasado todo esto. Pero es política, no es guerra de pobres contra pobres. Son diferentes políticas. Ellos las resuelven cada tres años votando autoridades para la villa. La guerra no es de pobres contra pobres, la guerra es de los policías que vinieron con armas y se cobraron dos víctimas. El resto es el día a día.

Derechos olvidados. Mientras emprendo el regreso, veo a la gente que sigue ahí, instalada, dispuesta a que le agarre una pulmonía, dispuesta a que, quizás, sus hijos pasen por las peores cosas. Veo los autos tirados, uno pegado al lado del otro en un desarmadero. Hay que vivir acá todos los días y tener la mirada donde tenemos que tenerla.
Hoy es el Día de los Derechos Humanos. ¿Qué mejor que pensar en que los derechos humanos tienen como un derecho básico la vivienda? Es un desafío que tiene la sociedad. Acá viven unas 20 mil personas en la Villa 20 de Soldati y en total, si se suman el resto de las villas de alrededor, posiblemente sean 50 mil. Muchas de ellas tienen electricidad, tienen una cantidad de condiciones de vida bastantes dignas. Sin embargo, lo que nunca hizo la Ciudad fue pensar en darles la posibilidad de que Catastro también llegue y terminar, así, con la precariedad que arrastran desde que Bernardo Verbitsky escribió Villa miseria también es América.

*FOTOS: La mayoría de los que tomaron pequeñas parcelas de tierra sólo pudieron montar una precaria choza. || A un lado del Belgrano, se ubican los campamentos, sin baños, apenas demarcados con algún precinto. || Una gran mayoría de ocupantes que se instalaron en un pequeño lote del Parque Indoamericano alquilan una pieza o casilla en alguna de las villas de los alrededores. || Bernardo Salgueiro, un joven paraguayo de 22 años, fue alcanzado por una bala de la represión del martes, cuando volvía de trabajar. || Los que participan de la toma del Parque dicen estar dispuestos a resistir, con el sueño de algún día tener allí una casita propia.

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