DEL ALTO VIENEN
 
 BAJANDO
 
   
Siendo Fiel al estilo de este Blog, tratamos de entender las causas de lo que pasó en Bariloche en los últimos días, recurriendo
a la gente del lugar, ellos , mas que ninguno, saben lo que sucedió y que hay detrás de cada disparo y de cada piedra arrojada…
   Aquí van cinco reseñas de lo que se vive en la Bariloche “Suiza y Feliz”. Espero que les sirva para sacar las conclusiones del caso. V.J.B.

 En busca de las causas
 

                              La pueblada del jueves y viernes no me sorprendió en lo más mínimo. Lo que en realidad    

me sorprende es que no haya pasado antes.

                    La parte alta de la ciudad está habitada por miles de personas que malviven, que pasan frìo,

 que hacen colas interminables a la madrugada para ser atendidos en el hospital o en una asesoría jurídica

gratuita, que están incluidos en

programas asistenciales de todo tipo que palian un poco el hambre pero horadan la dignidad.

                   Y cuando por fin se hartan -porque a un chico de 15 años un policía le dispara un tiro en la

 cabeza- los que vivimos “abajo” les pedimos buenos modales.

                  Aún los que nos jactamos de tener un discurso inclusivo y progresista, nos ocupamos de señalar

 que “ellos” no  son lo mismo que “nosotros”.- A “ellos” los tenemos que educar, cuidar, atender, porque

 son pobres y marginales, y no

 han tenido la fortuna de ser como nosotros.

                 Tal vez sea un resabio que nos ha quedado de la conquista española… La inclusión social, para

 que sea auténtica y honesta, empieza por aceptar que “ellos” y “nosotros”, somos exactamente iguales, y

que es hora de que nos tratemos como pares. Mientras tanto, agradezcamos que “ellos” sean tan pacientes,

tan tolerantes, y que reaccionen tan de vez en cuando…

María Marcela Pájaro
Bariloche

 


 

Caldo de cultivo            Sr.Director: Haciendo uso del derecho de opinión, como un ciudadano mas de Bariloche, quiero expresar

mi parecer acerca de los acontecimientos de publico conocimiento. Mucho se ha opinado sobre el particular sobre

 causas y efectos pero de todo las opiniones que consumí mediante la prensa oral escrito y televisiva local, no

encontré nada acerca del “caldo de cultivo” que ha permitido los graves hechos que acontecieron.

           Cuando me refiero al “caldo de cultivo” quiero sintetizar en un título, la cantidad de situaciones, acciones

 y omisiones que lo fomentan. Hay un cúmulo de cosas que en el tiempo que van perdurando, hacen que este

caldo en un momento entre en ebullición.

          Si tuviera que dar ejemplos no alcanzaría el espacio que se me brinda por este medio pero vayan

algunos para ilustrar: La ausencia del Estado en los planes estrategicos de contención social; la disminución

 de partidas para la atención de comedores sociales y escolares; las políticas sociales dirigidas únicamente

al “Clientelismo” politico; la falta de medios y sueldos magros de nuestra fuerza de seguridad natural, cual

es la Policía; la actuación de liviandad (yo mas bien pensaría en incapacidad) de los distintos estamentos

municipales para consensuar en proyectos de inversión en nuestra ciudad que no son resueltos

favorablemente apuntando a que generen legítimas fuentes de trabajo, o que aquellos duermen en los

 cajones hasta que alguien se cansa y se va o en su defecto publica en los medios el tiempo que lleva en

espera de una respuesta.

        La falta de trabajo para la inmensa mayoría de nuestros conciudadanos -que no son delincuentes- pero

 que viven casi en la marginalidad por no estar atentos a una migracion de población que en muy pocos

años ha llegado a casi o alrededor de 150.000 habitantes y que carecen de los mas elementales servicios a

que todo ser humano tiene derecho.

       Las organizaciones -de distinto tipo- sean sociales, empresariales, sindicales, etc que en varias

oportunidades equivocan el “Norte” y se desvían de los principios elementales de solidaridad que en toda

 sociedad deben primar precisamente, para no caer en el “caldo de cultivo” a que hago mención y caigamos

 nuevamente en hechos lamentables y que no nos benefician para nada en absoluto. Por último hago un

 llamado a la reflexión a todos aquellos que de una u otra forma tienen alguna Responsabilidad Social frente

a todos los habitantes -sin exclusión alguna- para que piensen que en este momento hay muchos padres,

madres, hijos o jóvenes, que no saben qué será mañana de ellos…

Guillermo Perícola
pericogui@speedy.com.ar Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots.

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Bariloche: las dos caras

             El motor de esta carta es la gran impotencia que siento tras los asesinatos de tres jóvenes en la

ciudad de Bariloche. Soy Julia Rogé, tengo 21 años, y actualmente soy estudiante de Sociología de la

 UNCuyo (Mendoza). Nací y crecí en Bariloche y si bien estos eventos me conmueven, no me sorprenden.

             La desigualdad social y el conflicto latente son parte de la cotidianidad de una ciudad cínica que

dirige sus esfuerzos a la rentabilidad del turismo, en beneficio de unos pocos; mientras deja librado al

azar, al mérito individual, la satisfacción de necesidades vitales de los sectores empobrecidos.

            Es imprescindible entender que los acontecimientos producidos en la Ciudad de Bariloche

son el resultado de contradicciones sociales muy fuertes y arraigadas: entre la cara de la Bariloche

“suiza y feliz”y la realidad que se vive, día a día, en “El Alto”.

           La muerte de tres jóvenes, es un claro síntoma de que tenemos que dejar de mirar al costado

ante las injusticias y sospechar de la comodidad de nuestros hogares. Porque se vuelve incomoda y

no sabemos que hacer cuando el conflicto se expresa de la manera mas cruda. Por que somos parte

de un todo, es fundamental comprender que hay gente que vive en carne propia las consecuencias

que este sistema genera: pobreza y exclusión; que se quedó afuera del turismo, el esquí y elchocolate;

que no cuenta con una educación, un trabajo, ni una vivienda digna y q hace años sufre la represión policial.

           Todo esto debería conducirnos a repensar nuestras vidas, en lugar de responder con estigmatización

 y criminalización para conservar el “orden” que posibilita los negocios de sectores dominantes de la sociedad.

         El circuito turístico no es una fuente de trabajo para todos, inevitablemente, va a haber exclusión. Año

a año, son los mismos bolsillos los que se quedan con todo, los que viven a expensas de todos, que manejan

 el narcotráfico y tienen la policía a su servicio. Dejemos de vivir en una ilusión, Bariloche no es sólo la ciudad

de la felicidad, es la ciudad donde diariamente se pagan con vidas la perpetuación de este orden establecido.

Por esto, sociedad barilochense y argentina, ¡abramos las cabezas! Es necesario cambiar el sistema por otro

en el que todos seamos iguales, en el que a nadie se le nieguen sistemáticamente los derechos para una vida

digna. Dejemos de pensarnos desde nuestra cómoda realidad individual: “yo ya tengo mi trabajo, lo único que

quiero es que mi familia viva bien”, “que se pongan a laburar y nos dejen vivir en paz”. La gente que no trabaja,

 que no tiene para comer, ni un lugar donde vivir no es masoquista. Nadie es pobre porque quiere y es mentira

que es posible ascender de posiciones sociales con merito y esfuerzo, no es cierto que “el que quiere llega”.

          Con este sistema ya violento, desde un comienzo, no podemos pretender que la respuesta de los sectores

populares no sea más violencia. No va a haber paz en tanto no haya justicia. La construcción de la paz no es un

producto voluntario, responde a una estructura social inclusiva, justa, y con acceso a una igualdad de

 oportunidades. Es necesario idear una estrategia política clara: empezar a pensarnos colectivamente buscando

 la raíz común de nuestros problemas, trabajando en conjunto y desde abajo, exigiéndole a los que hoy tienen

 el poder del Estado la articulación de políticas públicas que no se queden en el clientelismo, el asistencialismo

 y la represión que ya pasan a ser la rutina de cada elección.

         Con todo esto no estoy justificando que toda la población tenga que vivir estos momentos de violencia

y desesperación. Sin embargo es importante comprender que estos contrastes se viven desde hace muchos

años y es muy poca gente la que entiende que mediante el trabajo cotidiano, colectivo y solidario se abre

el camino para el cambio de las cosas y de las desigualdades existentes.

Julia Rogé
juliroge_89@hotmail.com  Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla  

 
 


Bariloche: Cambiar de caras y de moneda

            Tras el asesinato de un menor en manos de la policía el jueves pasado, la reacción popular y la nueva

represión que trajo dos nuevas muertes, vuelve a hablarse de la extrema desigualdad de Bariloche, y hay quienes

 buscan –o permiten- limitar el debate a las condenas o apoyo a las fuerzas policiales.

           El juez a cargo de la causa, Martín Losada, explicó que el homicidio de Diego Bonefoi motivó “otros

acontecimientos” relacionados con “reclamos sociales históricos”. Es importante esta declaración, sobre todo

viniendo de un juez. Es importante que lo escuchen quienes hablan de “no responder a la violencia con más

violencia”, y quizá así entiendan que cada asesinato, cada nuevo caso de gatillo fácil o violencia policial que 

sufren los sectores más postergados, es una nueva gota en un vaso que hace años ya ha rebalsado, o –si

gustan de otra metáfora- un típico caso de intento de apagar el fuego con nafta.

          Pero el que tira la nafta es el sistema, no la gente al apedrear una comisaría: lo aclaran los propios

policías, cuando relatan que matan “delincuentes” por pedido de “la sociedad”.

        Dividir el conflicto entre pobres y “fuerzas del orden” es simplificar la realidad de manera interesada.

 Hace unos pocos años, un policía de Bariloche me contaba cansadamente de su vida cotidiana. Eran las 3 de

 la mañana, estábamos en una de las discos más grandes de la ciudad. Hacía pocas horas había empezado su

turno –un “adicional”- que terminaría a las 8, y con las luces del amanecer se iría a cumplir su turno “oficial”,

 otras ocho horas, pero esta vez con uniforme. El boliche estaba repleto de menores, casi no había mayores.

 El alcohol se vendía –como ahora- a precios muy caros que los todavía estudiantes pagan sin chistar. La tarea

del cabo y sus compañeros es –por ejemplo- sacar afuera a los que, demasiado borrachos, ya molestan.

Es ilegal vender alcohol a menores, pero no es la única actividad ilegal que el cabo apaña con resignación.

        El dueño de ése y otros locales bailables, que ha admitido por radio que vende alcohol a menores,

mantiene excelentes relaciones con la empobrecida policía local, ya que paga miles de pesos mensuales

 (varios boliches, varios policías por turno, muchos días al mes, multipliquemos) con certera regularidad.

Empresarios como él son los primeros en levantar un teléfono para pedir que, ante alguna “crisis”, vengan

 los gendarmes para que la ciudad recupere la “paz social”.

       Preguntar el apellido al cabo es triste, es escuchar otra palabra de raíz mapuche, es confirmar cómo es

uno más del mismo barrio donde otro de su comisaría mató a Diego en la madrugada del jueves.

       La policía viene matando pibes pobres desde siempre, pero los casos de gatillo fácil aumentaron fuerte

 en los 90, y desde entonces se mantienen, persistentes.

       La desigualdad extrema de Bariloche es, lógicamente, conflictiva. La preservación de cierta tranquilidad de

los sectores más acomodados y el tranquilo paseo de los ricos por las áreas turísticas implica “guetizar” las zonas

 pobres, marcar fronteras, como La calle Brown, que corre paralela al lago. Más debajo de esa calle, prohibido

 pasar, molestar, ensuciar.

      En noviembre 2005, Bariloche fue la primer ciudad del país donde se realizaron operativos conjuntos con

 la presencia de gendarmería, prefectura y los grupos especiales de la policía provincial, para “preservar el

orden”. Los oscuros grupos de efectivos portando armas largas en actitud de ocupación apuntados en cruces

de caminos llegaron para quedarse y se sumaron al bello paisaje, para sorprender a más de un turista que

pregunta qué pasa. Así ocurre porque así lo quieren los que detentan el poder real de la ciudad y porque

una mayoría silenciosa lo permite. Porque no hay dos Bariloche, hay uno sólo.

       Uno es posible gracias al otro, el otro es resultado del uno. En aquellos barrios desvencijados viven

las mucamas y los ayudantes de cocina que disfrutan migajitas de lujo en los grandes hoteles costeros.

Las cámaras de seguridad de la famosa chocolatería Mamushka, para disminuir dulces faltantes, apuntan

 a… los empleados.

      Ante las tres muertes recientes, el intendente atinará a reunirse con los empresarios con cara de preocupado,

o se quejará de que el gobernador “ni siquiera levantó el teléfono para preguntar qué pasaba”. O dará vergüenza

con su casi mínima presencia en el pico de la crisis, o culpando a organizaciones sociales por los piedrazas que

buscan cascos negros. Pero nada dirá –no lo esperemos- de la inutilidad de su gobierno para pensar alternativas

que saquen a la ciudad del círculo vicioso del turismo exclusivo.

     Turismo exclusivo que excluye, que no cesa de pasear obscenamente ricos atendidos por pobres, que miente

sobre su sostenibilidad mientras contamina el lago y amontona desechos en su parte trasera. Y la ciudad,

enceguecida, sigue adelante sin intentar proveerse energía de otra manera, ni proveerse alimentos y servicios de

 otra manera, ni empleos o  impuestos efectivamente distributivos, y no será al gobierno o a la clase dirigente a

quienes se les caerá una idea para desconcentrar el negociado turístico.

      Así que… sí, es difícil. Además de organizarnos para resistir la represión, solidarizarnos, conectarnos, cuidarnos,

 informarnos e informar, tenemos que pensar alternativas y presionar, debatir y trabajar para poner esas

alternativas en marcha. Es difícil, pero es mejor que callarse o sumarse al coro de quienes piden “seguridad” y

“tranquilidad”, en una actitud que fortalece el estado actual de la situación.  

Juan Nicastro
 


Bajan

      “Bajan” (a propósito del asesinado de Diego Bonefoi en Bariloche) No sé cuando la escuché por primera vez,

pero si cuando fue la última vez que fui golpeada por la palabra “bajan” como si fuera una maza directa a mi

cabeza. Fue hoy.

“Bajan”  es la expresión que la Bariloche suiza, clasemediera y turística usa para decir que los otros barilochenses,

los del alto, los negros, los mapuches, los laburantes, van a la Mitre. La policía los persigue cuando “bajan” y en

las calles se pregunta siempre porqué se permite el aluvión de los que “bajan a pedir”, de los que “bajan a robar”.

Pero ayer la policía mató de un tiro en la cabeza a un pibe de 16 años y otros dos murieron después por la acción

policial, y los otros barilochenses, los que  Roban leña para la salamandra, los que no piensan en las pistas de esquí

 cuando nieva, los que viven en barrios que no son un pinar, bajaron al centro. Bajaron sin diplomacia y sin

embajadores. No traían en su protocolo el cántico ordenado, ni la pancarta moderada de “justicia”, ni a oradores

entrenados para la ocasión. Prendieron gomas, quemaron tachos, tiraron piedras. Y recibieron balas otras vez.

       Ahora me acuerdo la primera vez que yo fui al Alto, a la casa de una vecina, Blanca, con la que tratábamos

de militar bajo la forma de organización vecinal, alfabetización y lucha contra la nevada que había caído ese

invierno de 1995. A Blanca también la policía le había matado un hijo cerca del Tiro Federal. Y ella decía que le

 iban a matar a otro porque era “bocón”.Blanca era una mujer pequeña y flaquísima que un día me dijo que lo

que ella “no quería aprender” en la alfabetización “eran los números grandes” porque ella “no los necesitaba”.

      Quizás le mataron el otro hijo a Blanca, y quizás estaba ella también entre los que bajaron a patearle la

cara a la Bariloche maquillada que silencia eternamente la miseria que crece atrás del Cerro Otto. Al menos en

 mi geografía política siempre está el Alto de esa ciudad en la que nací. Duele siempre, pero no siempre duele

como hoy.

Luciana Zorzoli
zorzoli@gmail.com  Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla

  


      LAS SIGUIENTES SON ALGUNAS IMAGENES TOMADAS AL MOMENTO

      DE LOS ACONTECIMIENTOS

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