Murió Don Felipe

Por Maria Esperanza

El domingo murió Felipe Sapag, o, como lo conocían todos en la provincia de Neuquén, Don Felipe. Tenia 93 años.

Fue gobernador como cinco veces, y creador del Movimiento Popular Neuquino, único partido provincial del país que todavía gobierna una provincia. El MPN al principio fue sólo un nombre de fantasía, ya que en realidad era el PJ proscripto, pero luego luego adquirió una identidad propia.

Don Felipe, hijo de una familia de inmigrantes sirios, en su juventud carnicero y con primaria incompleta, fue electo gobernador de Neuquén por primera vez en 1963. En ese momento, Neuquén era una provincia de creación muy reciente, desconocida para todos, y con indicadores sociales propios de las provincias más pobres. Los sucesivos gobiernos de Felipe Sapag en la década del sesenta y setenta supieron crear un sistema educativo, una obra pública y un Plan de Salud que transformaron a Neuquén en una provincia con indicadores económicos y sociales de los primeros del país. Estos planes supieron seducir a muchos migrantes de otras provincias, como, por ser el caso, fueron mis dos viejos, que se mudaron allí para ser médicos en el flamante sistema de salud en febrero del 76.

Don Felipe vivió toda su vida en una casa de la calle Belgrano en Neuquén, y era famoso durante cincuenta años, porque todos los días (tanto cuando era gobernador como no) hizo su caminata, solo y sin custodia, por la Avenida Argentina. Mi viejo siempre contaba que una vez estaba atendiendo en el hospital público, salió a la sala de espera y estaba, sentado en un banquito, Don Felipe esperando su turno para que lo atendieran, entre todos los vecinos.

Lo cual no quiere decir que Don Felipe no haya sido un sagaz y duro político, cuya autoridad no fue desafiada por más de cuarenta años, y que entendía que el MPN debía ser un partido hegemónico, casi fusionado con el estado neuquino. Así, logró que el MPN no perdiera desde 1962 hasta la fecha ninguna elección a gobernador.

Pero, creo no equivocarme si digo que, para todos los neuquinos, aún para aquellos que militaron en contra, Don Felipe era Neuquén, de una u otra manera. Y ahora, con su muerte, se cierra una época.

El velatorio se hizo, a su pedido, en su casa particular y no en la gobernación o en la Legislatura, como es costumbre. Su hijo Luis dio a conocer ayer sus motivos. “Quiero que me velen en la casa donde yo velé a mis hijos”, les dijo Felipe Sapag a sus familiares. Fue su último homenaje a sus otros hijos, Ricardo y Enrique, militantes de la izquierda peronista asesinados durante la última dictadura militar.

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