La Crispación de los Crispados
Escribe: Orlando Barone (*)

Palabra enojada y rabiosa, crispación. Hasta hace unos años, aunque figuraba en el diccionario, era casi desconocida.
Se atribuye su propagación a los dos últimos y sucesivos gobiernos. Y con preponderancia a una letra: la K.
Pero ha estado ocurriendo un extraño fenómeno por el cual la crispación parece haberse asentado más en quienes la denuncian, que en sus presuntos autores:

es decir, los dos gobiernos de los últimos años.                                                                           Los Crispados
                                                                                                                                                              
 
Así, producto de ese desplazamiento del “crispacionismo”, es que el síndrome ataque cada vez más a la oposición que al oficialismo. Cada vez más a quienes miran que a quienes hacen. Y es lógico que esté  más crispada la maza de demolición que la espátula que alisa.                                                                                    
Sería injusto atribuir exclusivamente a Elisa Carrió este cuadro de iracundia y de encono ya crónicos. Y aunque Carrió ha hecho largos méritos para aspirar al arquetipo crispado, no está sola en ese diagnóstico.
Si se pusieran una al lado de otra las caras de los protagonistas políticos, económicos y sociales, ¿quiénes están más crispadas, las del Gobierno o las de los opositores?
Es evidente que las caras de los de la “Mesa de Desenlace” les ganan fácil a los que les cobran las retenciones. ¿Y entre las de los economistas del Plan Fénix y las de los Melconian, Cachanovsky, Roque Fernández, Cavallo y Redrado cuáles les inspiran menos crispación?
No lo podría asegurar, pero Gerardo Morales, Patricia Bullrich, Luis Juez, Chiche Duhalde y Carlos Reutemann aparecen bastante damnificados por el síndrome.
Mucho más que los diputados Pichetto, Rossi o Heller. O que el licenciado Mariotto, al que después de haber logrado lo que logró lo único que lo puede crispar es que los crispados por la Ley de Medios se pongan contentos.
Cuando se enfrentan por radio Magdalena Ruiz Guiñazú y Aníbal Fernández, uno se queda pensando que la crispación está causando más devastación en Magdalena que en el ministro. Y está esa curiosidad de que cuando se debaten causas por Derechos Humanos se atacan de crispación menos los familiares de las víctimas que sus ideólogos y victimarios.
La farándula rica está crispada hasta querer instaurar el fusilamiento. Las tapas de los grandes diarios y de algunos pequeños (aunque si se crispan, hasta los grandes se vuelven tamaño gnomo) y los noticieros y sus “noticiadores”, están tan crispados que la crispación sale por las pantallas del televisor, y si el telespectador no ofrece resistencia, queda contagiado ipso facto.
Pueden dar fe de ese contagio una gran parte de los automovilistas y acompañantes que sintonizan programas de notables comunicadores crispados de alta crispación antigobierno.
La crispación se vuelve un vicio, una adicción. Para algunos ostentar un alto grado de crispación les da autoridad social en las colas del banco, en la sala de espera del coiffeur o en el intervalo de una obra de teatro de Enrique Pinti.
Se sabe ya que los más crispados son los grandes medios en todas sus versiones gráficas y audiovisuales: están crispados de la mañana a la noche. Sueñan crispados. Se crispan por todo: el calor, la lluvia, el granizo, la humedad, los piquetes, los trapitos, las murgas, el peceto, el cuaderno Avón y la verdurita.
Lo que más los crispa es que alguien mencione la esperanza y no el derrumbe. Ya hasta existe un maquillaje crispación para acentuar el síndrome en las caras de los conductores de televisión.
No se cómo no se ha compuesto aún una cumbia o un rap “La crispación”. Les regalo una estrofa…
“Si te dicen que crispás, contestá ‘más crispado estás vos’.
Si se enojan por la crispación, contestales que no.                                                               
Si te quieren crispar, contestales ‘andá’.”
 
(*) Carta abierta leída el 18 de febrero de 2010 en Radio del Plata

               

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